Categoría: Infancia asfaltada

Acantilados y mares adolescentes, resquicios de una infancia asfaltada.

Bajo el agua

No sabría decirte

cómo antes de todo

las cosas se toman sin reservas

las manos en la nieve

el placer perecedero

que se convertirá en tortura

ardiendo

latiendo fuertemente

arterias como cuchillas

arruinando la experiencia futura

de jugar, ingenuo

con el fuego blanco.

O las rodillas peladas

acariciadas por ásperas aceras

 

La alquimia del conocimiento

nos proveerá de poderes mentales y

mágicamente nos anticiparemos al peligro

Cada vez más a salvo

alejados de la realidad

decoraremos enciclopedias

con milagrosas recetas.

Nuestros hijos serán almidón y plástico

para que puedan rebotar indemnes

por los bosques alquitranados.

 

Análisis de sangre, será nuestro cupido

el currículum, nuestra identidad

el capital,  el ángel de la guarda

la probabilidad, la experimentación, el azar

romanticismo quebrado

papel de periódico mojado

anticipando la lluvia ácida.

 

Pero los pantalones y los guantes

harán sorda nuestra piel

no sabrá,

no conocerá

no tocará la hierba

y si me sacas el paraguas

por miedo a que te pueda mojar

quizás evites que el ácido borre tu cara

o puede que nunca descubras

que se puede respirar bajo el agua.

 

 

Los principios

Siempre me han gustado los principios

empezar un curso, una nueva casa, un nuevo proyecto

todo desde el principio.

 

Quizás es porque me crié en un barrio sin pasado

allí todos nos echábamos abuelas a las que ir a visitar a otras ciudades

allí todos éramos tan antiguos como nuestros hermanos o nuestros padres.

El tiempo estaba parado pero aún todo estaba por estrenar:

las calles, las aceras, los portales, las farolas, los escondites, las trampas…

A nuestro lado seguían creciendo lugares nuevos

parecía que nunca jamás se terminarían

sin embargo, se convertían en nuestros escenarios de fechorias.

 

Siempre he odiado tener que empezar de nuevo

cuando todo huele a muy usado, muy establecido, muy hermético

sobretodo cuando sobreviene de golpe y sin retorno.

 

Quizás es porque siempre he tenido que renunciar a todos mis pasados de forma brusca

allí donde me sentía en casa, reconocida, mi lugar de confort

tener que ponerle flores sobre su tumba

allí donde estaba todos, todos lo días, ya nunca más

y aquellos, los otros y los de más allá

únicamente personajes secundarios

en la filmoteca de mi memoria.

 

El tiempo va hacia atrás y todo lo que tocas tiene alma,

tiene dueño, está contaminado de pasado.

Al recorrer los entresijos, éstos tienen surco

y los lados te hacen resbalar hacia el centro.

cerca, lejos, son dimensiones abstractas cuando pisas con pies foráneos

alrededor del lejos salen madreselvas

y del cerca trepan zarzas.

 

Siempre me han gustado los principios,

pero desde el principio.

laura mequinenza poesia denia soho
Laura Mequinenza recitando Los principios – 16 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

 

 

Follamigos

Follar como dos desconocidos

sin caricias, sin besos, sin afecto,

salvaje, rudo, en cualquier parte.

Luego volveremos

a nuestra aséptica amistad sin roces.

Sólo podremos achucharnos

cuando llegue la noche

nos abrazaremos

como dos enamorados,

sin sexo, sin besos,

solo caricias y abrazos.

Luego volveremos

a nuestra aséptica amistad sin roces.

Nos despediremos

siempre con un abrazo, con dos besos.

Siempre dudando si nos volveremos a ver.

Cada vez más lejos

en esta extraña amistad

aséptica sin roces,

con sexo, con abrazos,

pero sin besos.

Recitada:

09 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

29 de Enero en sessió de micro obert en Ca Revolta, Valencia

delincuente habitual silla no dejarse llevar rio corriente peces

Reincidente habitual

No, no reconozco haberme equivocado al enchufar el interruptor de amar descontroladamente, más bien, descuidé las escotillas de salida y en algún momento estuvimos a punto de morir en un incendio, pero coño, dicen que sólo se vive una vez y me lo tomé tan al pie de la letra que no quise perder el tiempo ideando el plan perfectamente montado en el que no sobrara ni una sola pieza.

No, no creo que sea que descuidé ahorrando en afecto, si si tal vez peco de algo es de malgastar los recursos naturales que me han sido dados con la fé ferviente de que poseo una fuente inagotable y por ello he estado apunto de morir ahogada de tanto abrir el chorro y dejar que me llegara hasta el cuello. Hasta aquí arriba y subiendo, ingenua, tal vez de que lo que me hacía flotar nunca me arrastraría hasta el fondo.

No, no voy a asentir y decir que si, que todo es culpa de haber dejado todas las puertas y ventanas abiertas, que tenía que haberme dejado gobernar por el miedo y llenado de clavos los tacones de mis idas y venidas. Pero quien sabe. Puede que aún esté a tiempo de encadenarme a una causa y no dejar que la talen de mi lado. Disfrazarme de activista suicida y atravesarme la piel con ideas preconcevidas que me traigan de vuelta al engranaje de una vez.

No, no voy a arrepentirme de haber roto todas las cláusulas y contratos que nunca elegí firmar en mi vida, ni de escaparme de vez en cuando a mirar por la mirilla los fantasmas de mis no vidas vividas que se pasean por Utopía. En todo caso sí, de haberme hecho de vez en cuando el pez muerto para que me llevara la corriente sabiendo que no duraría mucho mi mentira y que ésta, pronto me haría saltar por los aires. La absurdez crónica de coleccionar piedras que decoren mi camino.

No, nunca he tenido superpoderes, al igual que todos: yo también sangro, aunque quizás lo que no me guste es sangrar demasiado.

Recitada:

12 de Diciembre del 2017 en micro abierto Arte no Apto en Denia, Alicante

 

 

 

La ciudad

La ciudad está llena de miradas
tanto de día, como de noche.
Y las calles vacías
no son más que un espejismo.
Los muros no pueden contener
tantas palabras,
que de una forma voraz,
necesitan decirse.

El liquen frío que surca las aceras,
cada vez endurece más
a prueba de sonrisas-cuchillo.

A lo lejos se escuchan
estrepitosas carcajadas,
pero el viento huele raro,
no hay rastro de leña cálida
deben estar quemando
enredaderas y madreselvas.

El invierno
se ha posado en la cornisa
algunas aves dejaron de volar,
es más seguro reptar por las paredes
o dejarse rodar por las cuestas.
Las alturas son frías y peligrosas.

Las armas blancas
se confunden en la nieve,
sólo son visibles
cuando hacen sangre.
Entonces apareceran los devoradores
y los que temen a los devoradores.
Ambos se comportaran igual
para no levantar sospechas.
Pronto los huesos brillaran
y se espondrán en las plazas.

La luna lucirá para todos,
encriptada, sólo mandará señales
a unos pocos, salvaconducto
de una tierra no conocida,
donde las miradas se convierten en piedra
y el calor de la lumbre
no procede de arbol caido,
donde en la cornisa florece la primavera,
los polluelos pueden alzar el vuelo.

La ciudad calla, mientras el rojo
tiñe las frías aceras.

Follarse a una misma

    – I –

    Entonces sucedió
    que no podía dejar
    de follarme a mi misma
    y de buscar un yo nuevo
    cada vez que se me acababa el anterior.

    Cada noche me transformaba
    en la treinteañera de quince
    y despertaba emborrachada
    de versos que me devolvían a mi celda.

    Pensé tantas veces en escapar del renglón
    que incluso tejí recuerdos falsos
    en los que vencía quimeras
    que embalsamaban mis muertos.

    Acercarse demasiado a las respuestas
    se convirtió en mi deporte de riesgo favorito.

    Nunca tuve demasiado apego
    a los cuentos con finales felices
    y desarrollé inmunidad crónica
    a las armas de destrucción masiva.

    Al principio lloraba al comenzar capítulos.
    Después desarrollé
    un síndrome de estocolmo compulsivo
    que me empujaba al descariño progresivo.

    La decadencia se apoderó de mi
    como una diabetes de una bulímica.

    Los martes(antes miércoles) como oasis
    fueron el salvavidas que vuela circular
    antes de caer sobre el cuerpo cansado.

    Peligrando el boceto que daría forma
    a la enredadera de mi vida
    salvaguardé las historias
    en pequeñas metáforas mal encriptadas.

    Temiendo quizás perder demasiado pronto
    los recuerdos que algun día olvidaría
    que algún día querría recordar.
    Pasaporte efímero a una inmortalidad de pega.

     

      – II –

      Nadie sabrá de nosotros
      los padres insumisos
      de una generación
      que se consume a si misma.

      Creyendo que decidimos
      mientras tiramos unos dados
      que no mueven nuestras fichas.

      Seremos el fracaso de nuestra especie
      convencidos de nuestros ahoras.
      Renunciar, como hábito burgués,
      asumir, como gesto incosciente.

      Nadie sabrá de nosotros,
      nosotros que vivimos en la generación
      más documentada de la historia
      y nadie sabrá nada de nosotros.

       

        – III –

      Me fuí, como siempre.
      Siempre abandonando todos los escenarios
      dejando silencios en mis cuentas pendientes.
      Apelando a mi naturaleza circular
      que me haría volver, algún día.

      Cuando ya no escueza
      cuando nada importe
      cuando ya todo sea inevitable.

      Huir de los futuribles
      como defensa personal.
      Una vez lejos, nadie inventará
      un final de mentira.

      Sólo hace falta esperar
      a que las piezas vayan ocupando
      el lugar adecuado.

      Para entonces, mi piel
      ya habrá caido
      y podrá devorar fantasmas
      y aliñarlos con la melodía
      de los que siempre sienten envidia,
      así ganen, así pierdan.

      Y continuar, al fin y al cabo para eso estamos
      hasta que no suene el silbato final
      una debe seguir corriendo.

       

        – IV –

      El perdón de los perdones
      a ti misma, / por ser tú, / por seguir siéndolo,
      por no dejar de serlo.

      Perdonada.

       

        – V –

      Y todas mis penas
      vestían de largo,
      las encerré en fiestas aburridas
      a las que no pensaba acudir.

      Las traicioné con penas de mentira
      que vestían de alcohol,
      estupideces adolescentes
      que me entretenían los días.

       

        – VI –

      Apareciste tú, tú, tú y tú también.
      Y cuando creía que no habría más
      siempre aparecía un nuevo tú.
      Y me acostumbré.

      Todos necesarios,
      en la cronología taxidérmica
      de mis decisiones decisivas.

      Fluir cuesta menos,
      cuando una fé enfermiza
      te guía en una senda oscura.
      Algunos lo llamarán destino,
      otros, cosas peores.

      San Juan

      Quién pudiera caer al fuego
      y purificarse,
      nacer de nuevo,
      revivir de las cenizas
      como un ave fenix.

      Dejar atrás la sensación putrefacta
      que nos hace ser débiles
      dejar atrás el olor nauseabundo
      de las inseguridades.

      Quemar todo
      quemarse por fuera
      y por dentro
      hasta que la piel nueva
      nos haga sentir infantes,
      nuevos,
      todo pureza e inocencia.

      Quién pudiera
      esta noche
      arrojarse a la hoguera
      y reaparecer
      una vez se apaguen las llamas
      como una maldita Targarian.

       

      la paz maldita laura mequinenza circulo crisalido

      La Paz Maldita

      La paz maldita es aquella paz en la que dormita el polvo sobre los muebles,
      el silencio de las paredes, el rechinar de las puertas, pero que guarda la incertidumbre,
      saberse en la inquietud de no saber cuánto durará esta frágil tregua.

      Amanecer calzando una cabeza más pesada, podría caerse en cualquier momento,
      podría estallar. Sabría a poco decir que es dolor, sabría poco decir que es cansancio.
      Es dolor, es cansancio, es incertidumbre, es la paz maldita, que vive dentro de mi,
      no hay sangre hirviendo, no hay rechinar de dientes, no hay adrenalina en las manos,
      pero lo habrá.

      Y no suceden, amenazas, y no suceden, mentiras, y no sucede NADA.
      El tiempo inmóbil me recuerda que temblaré, cuando pueda moverme, que gritaré,
      cuando empiece a despegarme de la melaza envenada.
      Me asusta volver a la vida cuando ya no quede nada,
      cuando ya no tenga alas, cuando…
      cuando los créditos me recuerden que no vi la película.

      Y ahora, saborear, la paz maldita, mientras avanzo por los pasillos,
      saborearla fingiendo no probarla, cerrando candados,
      fingiendo avanzar, cosiendo remiendos,
      probando su amargor, quemando salidas,
      atrangantarme y querer beber, beber, beber, olvidar, fingir, escapar, no volver.

      Acabar ya de una puta vez de llamar paz a esta maldita guerra fría.

      Y no sé ni tu nombre

      Y entonces no para de sonar
      “y no sé ni tu nombre”
      una y otra vez
      y se mete en mi cabeza
      amartilleándome
      y los muebles comienzan a moverse
      los cajones se abren y se cierran
      y tú no estás
      y no lo puedes ver
      y me digo < No es verdad.
      Esto no existe, no puede existir>
      Y aparece una aguja gigante
      en la esquina de mi habitación
      precipita sobre mi
      intentando alcanzarme
      y me digo < Otra vez no>
      Y me quedo muda
      cierro los ojos
      y los cajones paran de abrirse
      y la aguja no me alcanza
      se queda inmóvil a un centímetro
      todavía la siento
      sé que está ahi, señalándome
      y yo con los ojos cerrados
      pero no me muevo.

       

      Aunque la canción no se llame así
      y nadie crea mi historia ^^

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