Categoría: Crónicas

Abriendo madrugadas

Abriendo madrugadas con las uñas teñidas de negro
esta noche tal vez no me acueste tan tarde
es una aventura vivir sin brújula
me sigue sorprendiendo
mi absoluta falta de orientación.

Cada vez estoy más segura
de que mi cabeza no sabe sentarse
nunca he sido de amaestrar a las fieras

Trampa de esturiones

Se habían partido todos los haces de luz
que anunciaban el principio del día
era rojo el color que se me antojaba en la retina
y los espejos nos quedaban demasiado altos.

Las sábanas
aún parecían el pasado de los caracoles
y reptando acabamos frente a frente
en una lucha de pujas a ciegas.
Estratega avanzaste posiciones
para empezar la avanzadilla
desde mis talones emprendiste
una ruta acelerada
para que tu lengua vibrara
entre mis labios
lejos de mi boca.

Elegías miradas verdugas
desafiando sobre tus rodillas
invitando a mi lengua
a participar en el juego.

Observé la curvatura que se erguía
cual perchero desprendado
y me propuse cubrirlo.

Fue en ese momento
en el que se dilataba breve el deseo
en el que te desarmaste entero,
la guerra incendiaria de tus pupilas
se convertía
en  marejada mediterránea
la serpiente que trepaba decidida
mutaba a rama florida
a pistilos vírgenes
repletos de polen.

Tus piernas arqueadas y vencidas
tu vientre pálido
la brisa del vello
de tu cuerpo salpicado
con un universo inverso,
era el templo a profanar,
tanta armonía,
tanta vulnerabilidad.

Ahora mis manos era contrafuertes
mis piernas catapultas
y mi cuerpo,
una trampa de esturiones.

Me veías amazónica con el pelo ardiendo
yo me sentía colonizadora
de un mundo nuevo.

Horacia

¡Oh Horacia!
¿Nos encontraremos hoy?

Cada encuentro contigo siempre fue un misterio, con tus juegos laberínticos buscando recrear París en un Madrid descafeinado.
Me buscabas, siempre me buscaste, con tus enigmas, tus códigos y tu constancia.
Inventando las reglas de nuestros encuentros, planificando alargar el deseo.

Te vi aquella noche, a lo lejos, sin planificar, tras tantas que no surgieron. Apareciste por imposición de tu voluntad cazadora, inquiriendo a tu presa, enmarcándome en un plan con receta para experimentar con el deseo. El deseo de besarnos, de estrecharnos entre los brazos.

Y así fue como empezamos el ritual de regalarnos fruta, de beber cerveza en las calles, emborracharnos juntas y desaparecer siempre, antes de empezar la noche, como una cenicienta maldita.

Me buscabas, con la dedicación del relojero, paciente nos envolvías en conversaciones cómplices, andábamos en sendas paralelas que buscaban no mezclarse pero nos sedujimos, la lluvia nos azotó en plena noche.

Tú, siempre tú, decidiste que sería yo, la maga, tu muñeca tonta que  frágil se rompe en pedazos. Me encontraste y dijiste quiero conocerte, antes de que pudiera oirte, antes de que pudiera percibirte.

La lluvia, digo, la lluvia nos caló y no nos dejó elegir, que fuera en aquel sitio, en aquel rincón, bajo mi abrigo, aquel día negro, el olor a perro mojado, la iglesia…

Y tú me mirabas, arrastrándome a tu mágico juego, el vuelo libélula de tu plan encriptado y me lanzaste garrafas de agua ante mis botellas al mar.

Fuimos la pareja suicida que se agarra de la mano, cayendo felices al desastre, al escombrarse neurótico de tus ausencias repentinas. Tú, anzuelo-tirita, mercromina-tóxica, endulzándome deshaciendo la madeja que agrandaba mi vacío. Bebiéndonos la soledad en vasos de sidra, mordiendo las normas, las pautas, las costumbres y despertarse con la sensación de que hay otro lugar al que arrojarnos.

Las azoteas nos hicieron emisarias de nuestros desencuentros y la madeja convertida en mariposas-piraña nos empujaba al choque frontal. Igual que aparecimos, desaparecimos, el mismo vacío silencioso nos convirtió en reflejo de nuestra historia. Dejamos de buscarnos para quedarnos, para ser otras, atrás los juegos, los abismos, los trapecios, las sonrisas funambulistas, eliminando así el riesgo de quemarnos.

Ahora tú partes a Italia y yo lejos de Madrid, ¡Oh querida Horacia! ¿Nos encontraremos?

 

 

 

Paris

Hoy me humedezco
pensando en la prohibición
de dormir con bragas.

En alguna parte, duermes,
en una buhardilla.

Pienso en la noche, la primera,
en la que sobre tu cama,
nos desarmemos, sin habernos nunca aún besado,
sin habernos profanado.

Sin bragas.

Puede que no sea en París,
puede.

Liar

Si me vas a mentir
hazlo
hazlo con descaro,
con alevosia, miénteme
pero no te arrepientas, hazlo, pero de veras,
compórtate como si la creyeras,
no, como no, créete la mentira, hazla verdad.

Que no exista nadie que sepa que es mentira,
borra el rastro, las huellas, comete el crimen perfecto.

Miénteme, como tú  sabes hacerlo
con esa perversidad inocente,
con esa mirada desafiante, del que se siente ofendido,
del que quieres creer, necesitas creer, y crees.

Cayendo en la tejida trampa de seda que se acomoda
según voy escuchando cómo formulas tus palabras.
Hipnóticas.
Falsas. Siempre falsas, pero tan tuyas, que parecen verdad.

 

Recitada:

29 de Enero en sessió de micro obert en Ca Revolta, Valencia

17 de Febrero en fiesta Privada en Ondara, Alicante

20 de Febrero en micro abierto arte no apto en Chamarel  en Dénia, Alicante

 

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