Categoría: Círculo crisálido

Círculo crisálido es un poemario fruto de mis katarsis cíclicas. Poesías de corte intimista unidas irremediablemente a los procesos cíclicos y al renacer tras convertirme una y otra vez en crisálida.

No movimiento

No recordaba haberme movido, pero el no movimiento era un movimiento en sí que me cambiaba de lugar.

Avanzar había sido resistir conseguir volver a pataletas a mi sitio

los objetivos no perder demasiado en cada pataleta

gastar las fuerzas, todas las fuerzas, hasta no poder más.

 

Solo fuí capaz de ver que me había movido cuando las pataletas me trajeron de vuelta a mi sitio.

 

 

 

realidad de mentira redes sociales

Realidad de mentira

Desde donde desentonan mis recuerdos

aveces caen pedacitos

de ese yo, de ese tú, de ese nosotros

que parecen patalear en esta pantalla

que ahora lo domina todo

donde todo (el mundo) se ha vuelto virtual

donde la vida se ha convertido en un desfile de fotografías

chistes y gatitos, sobretodo gatitos

y los recuerdos, desentonando

efemérides sorpresa

tiñendo esta realidad de mentira

en algo, que algún día

parece que sí fue verdad.

 

Abriendo madrugadas

Abriendo madrugadas con las uñas teñidas de negro
esta noche tal vez no me acueste tan tarde
es una aventura vivir sin brújula
me sigue sorprendiendo
mi absoluta falta de orientación.

Cada vez estoy más segura
de que mi cabeza no sabe sentarse
nunca he sido de amaestrar a las fieras

a raves del agua

A través del agua

Atravesando las paredes
con cada una de mis manos
se acaban los moldes
las esquinas
los límites.
Comienzo a tirar de la espiral
tú, yo, él, ella
y se enreda el sentido
de las palabras
que no pronuncio.
Paramos.
Realizo una trenza
todos en su sitio
volvemos a los moldes.

Deslizo mis manos
se sumergen
me dejo mojar
poco a poco
hasta zambullirme
entera.

Ahora
dejándome mecer por la corriente
nutrida por las aguas
todo vuelve a cobrar sentido.
Me siento llena de vida
en esta danza mística
mi piel muda
más allá de la desnudez
una nueva yo
dibuja una sonrisa en cada palabra.

Y eso que aún
la arena
cubre mis pies.

El cementerio de amor muerto I : Insomnio

A altas horas de la madrugada,
buscar a alguien que haga de salvavidas esta noche,
miro náufragos que posiblemente, aunque callados,
anden necesitando lo mismo.

Qué silenciosa es la noche
y lenta
cuando no hay nadie a quién llamar
nadie que te rescate
mirando la pantalla de un movil inerte
mirando el techo que cubre mi cama
mirando la luz azulada
que tiñe todo desde mi ventana.

Una noche más, que no puedo dormir.

A mi cabeza vienen tantos tús,
que no lo son tanto,
podría abrazarme esta noche
a cualquiera de ellos
y sentiría que llenan mi vacío.
Pero no lo harán,
sólo tal vez esta noche.

Mañana todo me sabrá a marchito.
El cariño usado de contrabando.
Adioses que parecen hasta luegos,
pero que son eternos.

Esta noche lloraré a todos mis muertos
caerán las cenizas sobre mí
y cada silencio será una losa en mi cabeza.
Mañana vendrán a mi cada uno de sus funerales
y otra vez vacío, más silencio, sigo sola.

La noche pesa sobre mi
mientras el tiempo parece no querer avanzar
mientras me empeño en fingir
que voy a dormir.

Catálogo de preguntas existenciales y suicidas
que no llevarán a ninguna parte
pero que acrecientan esta ansiedad
este esperar que algo suceda
algo mágico que me salvará de mi misma.

Vuelvo a los tús, a los milagros,
siempre a refugiarme en el papel
y sembraré un ejército de sueños nuevos,
un campo de poemas que tal vez,
nunca recitaré
y una melancolía
que invade todo mi cuarto.

No puedo dormir
no puedo
no consigo dormirme
ni salvarme
en esta noche
que parece no querer terminar.

 

Follarse a una misma

    – I –

    Entonces sucedió
    que no podía dejar
    de follarme a mi misma
    y de buscar un yo nuevo
    cada vez que se me acababa el anterior.

    Cada noche me transformaba
    en la treinteañera de quince
    y despertaba emborrachada
    de versos que me devolvían a mi celda.

    Pensé tantas veces en escapar del renglón
    que incluso tejí recuerdos falsos
    en los que vencía quimeras
    que embalsamaban mis muertos.

    Acercarse demasiado a las respuestas
    se convirtió en mi deporte de riesgo favorito.

    Nunca tuve demasiado apego
    a los cuentos con finales felices
    y desarrollé inmunidad crónica
    a las armas de destrucción masiva.

    Al principio lloraba al comenzar capítulos.
    Después desarrollé
    un síndrome de estocolmo compulsivo
    que me empujaba al descariño progresivo.

    La decadencia se apoderó de mi
    como una diabetes de una bulímica.

    Los martes(antes miércoles) como oasis
    fueron el salvavidas que vuela circular
    antes de caer sobre el cuerpo cansado.

    Peligrando el boceto que daría forma
    a la enredadera de mi vida
    salvaguardé las historias
    en pequeñas metáforas mal encriptadas.

    Temiendo quizás perder demasiado pronto
    los recuerdos que algun día olvidaría
    que algún día querría recordar.
    Pasaporte efímero a una inmortalidad de pega.

     

      – II –

      Nadie sabrá de nosotros
      los padres insumisos
      de una generación
      que se consume a si misma.

      Creyendo que decidimos
      mientras tiramos unos dados
      que no mueven nuestras fichas.

      Seremos el fracaso de nuestra especie
      convencidos de nuestros ahoras.
      Renunciar, como hábito burgués,
      asumir, como gesto incosciente.

      Nadie sabrá de nosotros,
      nosotros que vivimos en la generación
      más documentada de la historia
      y nadie sabrá nada de nosotros.

       

        – III –

      Me fuí, como siempre.
      Siempre abandonando todos los escenarios
      dejando silencios en mis cuentas pendientes.
      Apelando a mi naturaleza circular
      que me haría volver, algún día.

      Cuando ya no escueza
      cuando nada importe
      cuando ya todo sea inevitable.

      Huir de los futuribles
      como defensa personal.
      Una vez lejos, nadie inventará
      un final de mentira.

      Sólo hace falta esperar
      a que las piezas vayan ocupando
      el lugar adecuado.

      Para entonces, mi piel
      ya habrá caido
      y podrá devorar fantasmas
      y aliñarlos con la melodía
      de los que siempre sienten envidia,
      así ganen, así pierdan.

      Y continuar, al fin y al cabo para eso estamos
      hasta que no suene el silbato final
      una debe seguir corriendo.

       

        – IV –

      El perdón de los perdones
      a ti misma, / por ser tú, / por seguir siéndolo,
      por no dejar de serlo.

      Perdonada.

       

        – V –

      Y todas mis penas
      vestían de largo,
      las encerré en fiestas aburridas
      a las que no pensaba acudir.

      Las traicioné con penas de mentira
      que vestían de alcohol,
      estupideces adolescentes
      que me entretenían los días.

       

        – VI –

      Apareciste tú, tú, tú y tú también.
      Y cuando creía que no habría más
      siempre aparecía un nuevo tú.
      Y me acostumbré.

      Todos necesarios,
      en la cronología taxidérmica
      de mis decisiones decisivas.

      Fluir cuesta menos,
      cuando una fé enfermiza
      te guía en una senda oscura.
      Algunos lo llamarán destino,
      otros, cosas peores.

      Y Madrid me dijo: Vuela

      –    I    –

      Llegué y Madrid no era la misma.
      Una pesadez se posó sobre mi cuerpo
      y me costaba respirar.
      Tal vez los universos paralelos
      me estaban invitando a marcharme
      siempre dije que aquí
      se había acabado una etapa
      y que debería seguir en otra parte.

      Madrid se mostraba ante mi
      esta vez vacía
      y difícil,
      como una yegua salvaje
      que no quisiera ser montada.

      Sus calles olían distinto
      pero la misma sensación de siempre
      de sentirme en casa,
      siempre me siento en casa
      cuando me sumerjo en el centro
      de forma anónima.
      Me encanta la soledad
      de mi paseo, perdida,
      deambular sin sentido,
      libre, sin esperar ver a nadie conocido.

      Incluso la improbabilidad
      hace mucho más felices
      las casualidades de los encuentros fortuitos.

      –   II    –

      Estaba en casa, eso era seguro,
      pero una fuerza invisible
      renegaba de mi.
      Como el ave que empuja a sus polluelos
      al vacío.

      – Vuela –

      Sentía que me estaba invitando a volar,
      de nuevo.

      – No te encariñes
      Las alas no son para quien se encariña
      y echa raices. –

      De todas formas
      hacía tiempo
      que no tenía raices en ningun sitio.

      Y Madrid ya no era
      uno de mis próximos destinos.
      Pero sentirme así, distinta
      me perturbaba.

      –   III    –

      Me sumergí en el metro.
      El metro siempre me había mecido en su seno.
      Me dieron ganas
      de pasarme todo el día
      subterráneamente
      apegada al cordón umbilical
      que aún nos unía.

      Sola,
      mecida en el asiento
      que me permitía recostar la cabeza
      mientras,
      mis ojos me mostraban
      la silueta de mi cuerpo sin cabeza,
      presa fácil de cualquier selfie instantáneo
      de los nuevos alienadores.

      Quien habló de le holocaustro zombie
      creo que nunca imaginó
      que ya lo vivíamos.
      Los zombies se alimentan
      del cerebro alienado de otro
      que como él
      dispara me gustas como recompensa.

      Todos nos vamos infectando
      de esta enfermedad
      que nos atrofia social y motivacionalmente.

      Mientras pensaba esto
      llegué a mi destino
      lugar que alguna vez fue uno de mis dos grandes hogares
      los cuales até a mi como apellidos.

      La 13:47 y 31ºC, Agosto, Madrid.
      Y no hacía calor.
      Igual estaba muerta también,
      era otro zombie
      que observaba todo desde el papel de cuadrícula
      que me hacía sentirme acompañada.

      Hacía millones de años
      que había sustituido el diario
      por pensamientos desordenados
      y emociones encapsuladas
      que algunos
      (y yo misma aveces)
      llamaban poesía.

      –   IV    –

      Me fascina como los barrios perduran
      cuando mutan sus gentes.
      Yo era una antigua inquilina
      de las plazas que ofrecían ropas en mantas,
      de las paradas de autobuses y farolas
      empapeladas de anuncios
      que apenas vería nadie
      antes de su limpia,
      de la mezcla de acentos
      de una lengua parecida.

      Sentía algo interno
      que me unía a esta ciudad
      más allá del convencionalismo.
      Algo místico.
      La confluencia
      de todo lo que en ella pasaba
      de lo que me arrastraba
      en una u otra dirección.

      Me sentía más yo
      aunque me invitara
      a seguir mi camino.

      Mi romanticismo,
      que me dibujaba destinos caprichosos
      que me colocaba personajes que me invitaban
      a probar mundos nuevos y excitantes
      los cuales ingería con un hambre desmedida,
      me decía
      que existían otras ciudades
      que me harían sentir en casa
      que me secarían las alas
      para continuar mi vuelo
      que aún quedaba mucho de mi andanza,
      personajes nuevos descubriéndome
      los placeres que el mundo
      había dejado encriptados para mi.

      Puto romanticismo sin sentido.

      –   V    –

      35º y seguía sin tenercalor
      puede que el termómetro estuviera estropeado.
      la temperatura era tan distinta
      y el agua….

      Me detuve a observar
      la estampa de mi cuerpo sin cabeza
      que anotaba frases en un cuaderno.
      Ahora, la sombra dibujaba en el asfalto mi pelo
      que se mecía suavemente.
      Miraba mis rizos como ajenos
      como si pertenecieran a otra muchacha.
      Una muchacha que me atraía.

      Había pasado dos años de prestado
      y estaba empezando a olvidar
      quién era yo,
      debía dejar esa etapa atrás
      y zambullirme de nuevo
      convertirme en piraña sedienta de vida.

      Llevaba días pensando
      en cortarme el cabello
      pero ese momento
      el pelo ondeando
      meciéndose de un lado a otro
      se me antojó una señal
      y temí acabar como sansón.

      –   VI    –

      Me enamora el pensamiento exotérico
      que a muchos les hace verme como loca.
      Probablemente
      son pequeñas superticiones  aleatorias
      movidas por la teoría del Kaos.

      Pero en mi caso,
      son experiencias
      que llenan de motivación mis actos.

      Fluir.
      Siempre con la teoría del fluir.

      Había abandonado
      casi toda atadura
      o sensación de pertenencia
      voluntariamente.

      Y aún así
      me dolían aveces
      algunas costras
      de las heridas del proceso.

      Cada vez me quedaban menos.

      Madrid era esa segunda piel
      de la que era difícil renunciar,
      con ese “Vuelvo a tí”
      repiqueando en mi cabeza.

      Los lunes de agosto
      puede que tengan también
      una configuración astrológia
      que me hagan cambiar.

      Otra influencia más,
      como mi condición lunática,
      como mi apego a los círculos
      o mi devoción por los azules.

      Hubo un tiempo
      en el que me tropezaba
      cada 9 de Diciembre.

      Lunes, Luna, Lunática,
      en el fondo
      trazar un mapa de uno mismo
      no es más que un compendio
      de pequeñas locuras.

       

       

      San Juan

      Quién pudiera caer al fuego
      y purificarse,
      nacer de nuevo,
      revivir de las cenizas
      como un ave fenix.

      Dejar atrás la sensación putrefacta
      que nos hace ser débiles
      dejar atrás el olor nauseabundo
      de las inseguridades.

      Quemar todo
      quemarse por fuera
      y por dentro
      hasta que la piel nueva
      nos haga sentir infantes,
      nuevos,
      todo pureza e inocencia.

      Quién pudiera
      esta noche
      arrojarse a la hoguera
      y reaparecer
      una vez se apaguen las llamas
      como una maldita Targarian.

       

      Pez

      Hoy es una vez más
      un lugar donde dejar caer mis dedos
      delante de la pantalla
      mientras una melodía
      me recuerda al azul
      meciéndose en mis oídos.

      Me gusta coleccionar melodías.
      Una de mis drogas particulares

      para paliar esta necesidad de
      intentar inventar
      una forma
      de salir de este mundo
      mientras se van formando
      otro cada vez menos ostentoso

      Esta noche me sobra todo el mundo
      y las paredes
      necesito ser pez que atraviese las dimensiones
      agua , sólido, aire, aire
      música, nota
      pez

      Convertirme en bucle,
      recogimiento
      a mi naturaleza cíclica
      que me empuja a los círculos.

      Hoy me siento…

      Me siento, me siento, me siento
      qué decir,
      cómo expresar,
      palabras vanas,
      estúpido entendimiento,
      qué sabes, ni qué sabras
      me apetece rebozarme
      en todas las locuras
      que hace tiempo que no me rebozo
      me tienta
      la línea
      oscura
      que me dice que no, que no
      y me acerco
      al borde
      traviesa
      y juego a no hacer caso
      a no saber, a no oir
      hoy me siento tan …

      la paz maldita laura mequinenza circulo crisalido

      La Paz Maldita

      La paz maldita es aquella paz en la que dormita el polvo sobre los muebles,
      el silencio de las paredes, el rechinar de las puertas, pero que guarda la incertidumbre,
      saberse en la inquietud de no saber cuánto durará esta frágil tregua.

      Amanecer calzando una cabeza más pesada, podría caerse en cualquier momento,
      podría estallar. Sabría a poco decir que es dolor, sabría poco decir que es cansancio.
      Es dolor, es cansancio, es incertidumbre, es la paz maldita, que vive dentro de mi,
      no hay sangre hirviendo, no hay rechinar de dientes, no hay adrenalina en las manos,
      pero lo habrá.

      Y no suceden, amenazas, y no suceden, mentiras, y no sucede NADA.
      El tiempo inmóbil me recuerda que temblaré, cuando pueda moverme, que gritaré,
      cuando empiece a despegarme de la melaza envenada.
      Me asusta volver a la vida cuando ya no quede nada,
      cuando ya no tenga alas, cuando…
      cuando los créditos me recuerden que no vi la película.

      Y ahora, saborear, la paz maldita, mientras avanzo por los pasillos,
      saborearla fingiendo no probarla, cerrando candados,
      fingiendo avanzar, cosiendo remiendos,
      probando su amargor, quemando salidas,
      atrangantarme y querer beber, beber, beber, olvidar, fingir, escapar, no volver.

      Acabar ya de una puta vez de llamar paz a esta maldita guerra fría.

      Reencarnación

      Renacer, tras tantos personajes,
      quién dijo que la reencarnación
      es después de muerto?

      Es cierto,
      cada vez que rompes la crisálida
      todo lo bueno y lo malo
      pesa en el expediente.

      Ahora, convertida en devoradora del tiempo
      trato de ajustar las manecillas
      para volverlas en la dirección,
      en el instante correcto.

      Merendando la ansiedad
      de quién necesita una y otra vez
      repasar los capítulos
      para reescribirlos
      ésta vez, sin tachaduras.

      Y me doy cuenta
      en cada vida
      lo que la hace realmente avanzar
      que coja inercia
      es conseguir un punto de apoyo
      desde el que saltar
      o en este caso, rodar
      dibujando en el suelo
      las trazas de lo que parece
      a simple vista un círculo
      que no es más que la línea
      que une una vida con otra.

      Ahora y siempre,
      coleccionando trazas
      amando las líneas
      a las que me anudo
      mis queridos círculos
      en los que me envolveré
      nuevamente
      cuando necesite
      renacer de nuevo.

       

      Hacia dentro laura mequinenza poesia intimista circulo crisalido

      Hacia adentro

      Me refugio en las letras de nuevo

      soy cíclica, como las mareas,

      como las fases del sueño,

      y otra vez me retuerzo

      tiendo hacia mi centro

      me busco

      como si hubiera un sitio

      donde realmente me encontrara

      y tuviera sentido decir

      ey aquí estoy

      me he encontrado

      aunque me siento otra vez perdida

      sino seguramente

      no me buscaría

      no tiraría de mi hacia el centro

      escurriendome del mundo

      tirando de las puntas

      para no ver a nadie

      para que no me vean

      esquivando el silencio

      que me hace tirarme en picado

      como un kamikace

      sin paracaidas

      y de nuevo a las páginas

      a la sonrisa cómplice

      que me hace quedarme dormida

      pensando que es algo pasajero

      por algo soy cíclica,

      como las mareas,

      como las fases del sueño,

      y saldré hacia afuera

      como un pollo

      que picotea la cáscara que lo envuelve

      y buscaré esa energía

      que me hace seguir hacia adelante.

       

      Y no sé ni tu nombre

      Y entonces no para de sonar
      “y no sé ni tu nombre”
      una y otra vez
      y se mete en mi cabeza
      amartilleándome
      y los muebles comienzan a moverse
      los cajones se abren y se cierran
      y tú no estás
      y no lo puedes ver
      y me digo < No es verdad.
      Esto no existe, no puede existir>
      Y aparece una aguja gigante
      en la esquina de mi habitación
      precipita sobre mi
      intentando alcanzarme
      y me digo < Otra vez no>
      Y me quedo muda
      cierro los ojos
      y los cajones paran de abrirse
      y la aguja no me alcanza
      se queda inmóvil a un centímetro
      todavía la siento
      sé que está ahi, señalándome
      y yo con los ojos cerrados
      pero no me muevo.

       

      Aunque la canción no se llame así
      y nadie crea mi historia ^^

      De azules y círculos incompletos

      Tranquila…

      Esta noche dibujamos círculos concéntricos incompletos
      que se van uniendo por sus extremos a otros círculos
      formando infinitas espirales que conectan una curva con otra.

      Los azules se están destiñendo,
      clarean en esta paleta que recorro con mis dedos.
      Me da miedo su tacto.
      Mis yemas tiemblan al posarse sobre los azules.
      Temen que se agote,
      finalmente se agote el concepto
      y nunca más pueda trazar una línea azulada
      en este gastado lienzo.

      Tranquila…
      Te he dejado una taza de leche caliente
      para que puedas dormir.
      Me he inventado una trampa de sueños
      para que sin darte cuenta me reveles tus misterios.
      Me dejes caminar en el laberinto oscuro
      para derribar las simetrías que te atormentan.
      Y fabricar el cielo de las dualidades
      donde diferentes “yos” no se enfrentan.

      La vitrina.
      La vitrina está vacía.
      Las muñecas nunca deberían tener consciencia
      y poder escapar de la cárcel de cristal.
      Sus ojos vidriosos ya no miran buscando admiración
      sus delgadas piernas apenas soportan el peso.
      A menudo pierde el equilibrio
      y lanza una mano a la deriva
      arañándote entrañas para seguir en pie.

      Tranquila…
      Esta noche vamos a desordenar los mundos
      vamos a mezclar realidades, a trazar un oasis
      donde no tengan cabida las cadenas.
      Seamos libres en nuestro oasis
      donde tú me besas intensa
      y yo te abrazo entera.

      ” A la robadora de almas… que se escapó un día por la cornisa del entendimiento y nunca más volvimos a hablar el mismo idioma, aún así, hubo un tiempo en el que nos hablábamos sin hablar, nos comunicábamos en sueños y nos protegíamos del resto del mundo, del que creíamos transcender”
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