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Realidad de mentira

Desde donde desentonan mis recuerdos

aveces caen pedacitos

de ese yo, de ese tú, de ese nosotros

que parecen patalear en esta pantalla

que ahora lo domina todo

donde todo (el mundo) se ha vuelto virtual

donde la vida se ha convertido en un desfile de fotografías

chistes y gatitos, sobretodo gatitos

y los recuerdos, desentonando

efemérides sorpresa

tiñendo esta realidad de mentira

en algo, que algún día

parece que sí fue verdad.

 

Los principios

Siempre me han gustado los principios

empezar un curso, una nueva casa, un nuevo proyecto

todo desde el principio.

 

Quizás es porque me crié en un barrio sin pasado

allí todos nos echábamos abuelas a las que ir a visitar a otras ciudades

allí todos éramos tan antiguos como nuestros hermanos o nuestros padres.

El tiempo estaba parado pero aún todo estaba por estrenar:

las calles, las aceras, los portales, las farolas, los escondites, las trampas…

A nuestro lado seguían creciendo lugares nuevos

parecía que nunca jamás se terminarían

sin embargo, se convertían en nuestros escenarios de fechorias.

 

Siempre he odiado tener que empezar de nuevo

cuando todo huele a muy usado, muy establecido, muy hermético

sobretodo cuando sobreviene de golpe y sin retorno.

 

Quizás es porque siempre he tenido que renunciar a todos mis pasados de forma brusca

allí donde me sentía en casa, reconocida, mi lugar de confort

tener que ponerle flores sobre su tumba

allí donde estaba todos, todos lo días, ya nunca más

y aquellos, los otros y los de más allá

únicamente personajes secundarios

en la filmoteca de mi memoria.

 

El tiempo va hacia atrás y todo lo que tocas tiene alma,

tiene dueño, está contaminado de pasado.

Al recorrer los entresijos, éstos tienen surco

y los lados te hacen resbalar hacia el centro.

cerca, lejos, son dimensiones abstractas cuando pisas con pies foráneos

alrededor del lejos salen madreselvas

y del cerca trepan zarzas.

 

Siempre me han gustado los principios,

pero desde el principio.

laura mequinenza poesia denia soho
Laura Mequinenza recitando Los principios – 16 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

 

 

Follarse a una misma

    – I –

    Entonces sucedió
    que no podía dejar
    de follarme a mi misma
    y de buscar un yo nuevo
    cada vez que se me acababa el anterior.

    Cada noche me transformaba
    en la treinteañera de quince
    y despertaba emborrachada
    de versos que me devolvían a mi celda.

    Pensé tantas veces en escapar del renglón
    que incluso tejí recuerdos falsos
    en los que vencía quimeras
    que embalsamaban mis muertos.

    Acercarse demasiado a las respuestas
    se convirtió en mi deporte de riesgo favorito.

    Nunca tuve demasiado apego
    a los cuentos con finales felices
    y desarrollé inmunidad crónica
    a las armas de destrucción masiva.

    Al principio lloraba al comenzar capítulos.
    Después desarrollé
    un síndrome de estocolmo compulsivo
    que me empujaba al descariño progresivo.

    La decadencia se apoderó de mi
    como una diabetes de una bulímica.

    Los martes(antes miércoles) como oasis
    fueron el salvavidas que vuela circular
    antes de caer sobre el cuerpo cansado.

    Peligrando el boceto que daría forma
    a la enredadera de mi vida
    salvaguardé las historias
    en pequeñas metáforas mal encriptadas.

    Temiendo quizás perder demasiado pronto
    los recuerdos que algun día olvidaría
    que algún día querría recordar.
    Pasaporte efímero a una inmortalidad de pega.

     

      – II –

      Nadie sabrá de nosotros
      los padres insumisos
      de una generación
      que se consume a si misma.

      Creyendo que decidimos
      mientras tiramos unos dados
      que no mueven nuestras fichas.

      Seremos el fracaso de nuestra especie
      convencidos de nuestros ahoras.
      Renunciar, como hábito burgués,
      asumir, como gesto incosciente.

      Nadie sabrá de nosotros,
      nosotros que vivimos en la generación
      más documentada de la historia
      y nadie sabrá nada de nosotros.

       

        – III –

      Me fuí, como siempre.
      Siempre abandonando todos los escenarios
      dejando silencios en mis cuentas pendientes.
      Apelando a mi naturaleza circular
      que me haría volver, algún día.

      Cuando ya no escueza
      cuando nada importe
      cuando ya todo sea inevitable.

      Huir de los futuribles
      como defensa personal.
      Una vez lejos, nadie inventará
      un final de mentira.

      Sólo hace falta esperar
      a que las piezas vayan ocupando
      el lugar adecuado.

      Para entonces, mi piel
      ya habrá caido
      y podrá devorar fantasmas
      y aliñarlos con la melodía
      de los que siempre sienten envidia,
      así ganen, así pierdan.

      Y continuar, al fin y al cabo para eso estamos
      hasta que no suene el silbato final
      una debe seguir corriendo.

       

        – IV –

      El perdón de los perdones
      a ti misma, / por ser tú, / por seguir siéndolo,
      por no dejar de serlo.

      Perdonada.

       

        – V –

      Y todas mis penas
      vestían de largo,
      las encerré en fiestas aburridas
      a las que no pensaba acudir.

      Las traicioné con penas de mentira
      que vestían de alcohol,
      estupideces adolescentes
      que me entretenían los días.

       

        – VI –

      Apareciste tú, tú, tú y tú también.
      Y cuando creía que no habría más
      siempre aparecía un nuevo tú.
      Y me acostumbré.

      Todos necesarios,
      en la cronología taxidérmica
      de mis decisiones decisivas.

      Fluir cuesta menos,
      cuando una fé enfermiza
      te guía en una senda oscura.
      Algunos lo llamarán destino,
      otros, cosas peores.

      la paz maldita laura mequinenza circulo crisalido

      La Paz Maldita

      La paz maldita es aquella paz en la que dormita el polvo sobre los muebles,
      el silencio de las paredes, el rechinar de las puertas, pero que guarda la incertidumbre,
      saberse en la inquietud de no saber cuánto durará esta frágil tregua.

      Amanecer calzando una cabeza más pesada, podría caerse en cualquier momento,
      podría estallar. Sabría a poco decir que es dolor, sabría poco decir que es cansancio.
      Es dolor, es cansancio, es incertidumbre, es la paz maldita, que vive dentro de mi,
      no hay sangre hirviendo, no hay rechinar de dientes, no hay adrenalina en las manos,
      pero lo habrá.

      Y no suceden, amenazas, y no suceden, mentiras, y no sucede NADA.
      El tiempo inmóbil me recuerda que temblaré, cuando pueda moverme, que gritaré,
      cuando empiece a despegarme de la melaza envenada.
      Me asusta volver a la vida cuando ya no quede nada,
      cuando ya no tenga alas, cuando…
      cuando los créditos me recuerden que no vi la película.

      Y ahora, saborear, la paz maldita, mientras avanzo por los pasillos,
      saborearla fingiendo no probarla, cerrando candados,
      fingiendo avanzar, cosiendo remiendos,
      probando su amargor, quemando salidas,
      atrangantarme y querer beber, beber, beber, olvidar, fingir, escapar, no volver.

      Acabar ya de una puta vez de llamar paz a esta maldita guerra fría.

      Reencarnación

      Renacer, tras tantos personajes,
      quién dijo que la reencarnación
      es después de muerto?

      Es cierto,
      cada vez que rompes la crisálida
      todo lo bueno y lo malo
      pesa en el expediente.

      Ahora, convertida en devoradora del tiempo
      trato de ajustar las manecillas
      para volverlas en la dirección,
      en el instante correcto.

      Merendando la ansiedad
      de quién necesita una y otra vez
      repasar los capítulos
      para reescribirlos
      ésta vez, sin tachaduras.

      Y me doy cuenta
      en cada vida
      lo que la hace realmente avanzar
      que coja inercia
      es conseguir un punto de apoyo
      desde el que saltar
      o en este caso, rodar
      dibujando en el suelo
      las trazas de lo que parece
      a simple vista un círculo
      que no es más que la línea
      que une una vida con otra.

      Ahora y siempre,
      coleccionando trazas
      amando las líneas
      a las que me anudo
      mis queridos círculos
      en los que me envolveré
      nuevamente
      cuando necesite
      renacer de nuevo.

       

      Hacia dentro laura mequinenza poesia intimista circulo crisalido

      Hacia adentro

      Me refugio en las letras de nuevo

      soy cíclica, como las mareas,

      como las fases del sueño,

      y otra vez me retuerzo

      tiendo hacia mi centro

      me busco

      como si hubiera un sitio

      donde realmente me encontrara

      y tuviera sentido decir

      ey aquí estoy

      me he encontrado

      aunque me siento otra vez perdida

      sino seguramente

      no me buscaría

      no tiraría de mi hacia el centro

      escurriendome del mundo

      tirando de las puntas

      para no ver a nadie

      para que no me vean

      esquivando el silencio

      que me hace tirarme en picado

      como un kamikace

      sin paracaidas

      y de nuevo a las páginas

      a la sonrisa cómplice

      que me hace quedarme dormida

      pensando que es algo pasajero

      por algo soy cíclica,

      como las mareas,

      como las fases del sueño,

      y saldré hacia afuera

      como un pollo

      que picotea la cáscara que lo envuelve

      y buscaré esa energía

      que me hace seguir hacia adelante.

       

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