Sobre mi – Hematofilia

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Marzo 2012 Siento cómo el agua baña mi cuerpo apenas cierro los ojos el agua se hace pesada y espesa la acaricio resbalando por mi cuerpo. Mis yemas aún saben a ti entre hierro y dulce te saboreo. Deslizándote entre mis dientes juegas con mi lengua eres adictivo, quiero más. Quiero morderte, arrancar un quejido de tu boca notar la sangre fluyendo, el charco de tu cuello. Beberte. Embriagarme. Sentir el líquido viscoso tiñendo mis labios calentándolos. Lamer la herida, degustar gota a gota las pinceladas que se derraman en el lienzo de tu cuerpo. Agotar mi sed. Saciarme. El…

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Como un gato negro

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No nos han presentado oficialmente pero cada noche paseas por mis mantas aveces cuando tecleo el ordenador aveces cuando me dejo caer en las sábanas cierro los ojos y te siento, sobre mi como un gato negro no me preguntes por qué negro te deleitas en tus movimientos amasando remolinos en los bordes acomodándote a mi lado.   Otras , aprovechas cuando escasea la luz y en esa complicidad mágica merodeas mi mano suelta mi mano que ondea dormida mi mano que descansa en mi regazo mi mano que acaricia el aire y la olfateas y meces en tu mejilla…

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A mis enemigas

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Me han crecido los senos y no paro de alimentar pequeñas ratas que los muerden buscando hacer sangre. Aún no ha nacido el niño muerto que asomará la cabeza entre mis piernas, pero todas quieren beber de él.   El ocaso recubre las paredes de óxido y flujos donde el olor a sexo se confunde con hedor de entrañas pútridas y las alimañas no dejan de lamer allá donde el negro se confunde con el rojo esperando encontrar gritos donde solo hay silencio.   Pero nadie grita Solo hay frío y eco solo hay frío y viscosidad solo hay frío…

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Agnosticismo

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Texto de la profeta IV Hubo un día en el que los campos se volvieron violetas el cielo lloraba porque tenía que matar a las bestias el olor espeso y enviciado de las ciudades ahora llenas de insectos las flores empujaban hacia arriba pero nadie las dejaba crecer los cascarones se negaban a abrir por miedo a ser engullidos el rocío teñía todo de magenta el barro cada vez más alto el sol de contrabando cadenas friccionando óxido y mordazas paralizando la humanidad en el suelo, ojos y corazones abandonados.   Recuerdo estar allí y no recordar cómo había llegado…

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