El Salvador

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el salvador laura mequinenza

La primera vez que fuí a Los Diablos Azules fue a un recital multitudinario que me invitó Leo Celada con motivo del día de poesía. Por aquel entonces yo todavía no había participado aún en ningún recital maratoniano de este tipo y me tomé la invitación muy en serio.

Nada sabía yo por entonces de la libidinosa vida nocturna de los antros de poetas y además gozaba de unas bonitas esposas matrimoniales que aún me durarían algunos pares de meses más.

Como carne fresca que era y esa mirada de “soy tan nueva que no me entero de qué va esto” se me acercó tanto varón con buenas intenciones a felicitarme que creo recordar que nunca he sufrido un asedio tal de cumplidos por parte de desconocidos.

Entre la fauna varia que conocí aquel día, quiero destacar la historia de un joven que le costaba articular palabra. Y yo, que siempre he tenido un síndrome parecido al de Tyron de tener debilidad por las cosas rotas, sentí lástima pensando en lo difícil que debía ser moverse en esos eventos para un tartamudo.

Y con la típica escusa de “me gusta lo que escribes” comenzamos un intercambio virtual de impresiones y textos, así fué como conocí su blog, una suerte de anecdotario fantástico misógeno de un tipo marginado que en el fondo se sentía superior. Ciertamente no recuerdo ya las historias que en él se contaban, ni las conversaciones que pudimos llegar a mantener, pero sí recuerdo la última. Él intentaba convencerme con un delicado plan fruto de su inclinación natural a despreciar a la mujer de que me acostara con él. Argumentaba firmente que me quedaban pocos años de buen ver, 5 o 10 a los sumo. Y que tenía que aprovechar el tiempo porque después me arrepentiría de no haber follado lo suficiente.

Hoy, en el cenit de tal supuesta crisis, más que aprovechar mis últimos días de sexo y desenfreno con cualquier desesperado que me haga caso me planteo lo terriblemente cansinos que me resultan la mayoría de los tíos con sus ofertas sexuales carentes de interés y de imaginación. Yo, que siempre he presumido que seré una vieja verde pervertidora de jovencitos, no sé si es que todos me quieren salvar de mi futura vida sin sexo y pronto me arrepentiré y seré yo quien comience a perseguirlos. Por el momento, me siguen pareciendo, unos absolutos gilipollas.

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19 Diciembre 2017 micro abierto Arte no Apto en Denia, Alicante

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