El sin sentido ha venido a reinar a la no paz de mi vida,
es un mounstruo caprichoso que se alimenta de la desesperación.
Los días se convierten en una bobina áspera de palabras vacías.
Hoy pensé en la ventana, ayer en un maratón a ninguna parte,
mañana probablemente en una bombona.

El tiempo se pliega sobre si mismo
y un año es un segundo y un segundo un año,
y los dos al mismo tiempo pesan sobre mi.

Si me pongo a correr las manos se me atrofian,
y al usar las manos me quedo sin pies, así pasan los días
y yo cada vez más eso que no quiero ser,
el anticiclón convertido en globo atado.

Piedras, tejados, la siembra del barbecho,
“algún día…” como alimento diario.
Perderemos como los perdedores más obstinados,
de todas formas, es imposible ganar.

Hoy puede ser el día más elevado,
a partir de ahora, continuaremos el descenso.
Pero antes, arrasaré con todo sentimiento.

Buenas noches, dirían otros.

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