Sálvate tú



Sálvate tú…

que yo hoy no tengo fuerza

he caido rendida

después de darme cuenta

que no soy tan fuerte

como aveces me creo

y me estoy haciendo ovillo

de tanto deshilacharme

y no encuentro las aceras

a las que poder abrazarme

para luego salir ahullando

para correr sin zapatos

para perder el tiempo

sin saber el camino de regreso

sabiendo que hoy no seré tu cíclope

sabiendo que hoy no temblaré

como una luna de agua

que pertenezco a esa clase de seres

que padecen bipolaridad crónica

y que según me cierro hacia adentro

mis pies se van hundiendo

perdiérdose

abandonados al tragar sin compasión

de los días que me atusa la marea.

Sálvate tú

que no quiero arrastrarte conmigo

en mi delirio advenedizo

donde se pierde el juicio

donde las entradas y salidas

se convierten en látigos de fuego

en callejones mortales

en la tortura de ver

lo que no quieres ver.

Que no quiero que veas

cómo la calabaza se convierte en carroza.

Vendido todo el minuto, el segundo

la centésima para entenderme

y aún asi las paredes me hacen rebotar

para darme cuenta que vivo en un espejismo

que al tratar de tocarlo con las manos

se desvanece y se convierte en arena.

Intentaré que las corrientes no me arrastren

no quiero llegar a la playa

pero tampoco perderme en alta mar

es paradógico pensar

que siempre nado en círculos

y no me atrevo a alejarme

más allá de la tercera boya.

Sálvate tú

Aún recuerdo aquel día, en el que casi muero ahogada,

cuando dejé de ver la playa y sólo veía la tercera boya.

Quizá, es que no oigo los gritos que me llaman desde la playa,

quizás nadie sale corriendo atemorizado de que no vuelva,

quizá la resaca es fuerte y por eso prefiero que los demás se salven,

que esta vez igual no encuentre el camino de vuelta.

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