Últimamente escribo poco.

Pienso en escribir constantemente. Pero estoy haciendo otras cosas. Pero lo pienso. En mi mente navegan infinitas aventuras, historias que nunca escribiré. A veces estoy largas temporadas resolviendo incongruencias de esos mundos. Con el tiempo olvido la mayoría. También tengo conversaciones mentales. Infinitas conversaciones mentales de temas que me interesan, fantaseo escribir sobre ellos, divago mucho. Pienso en cómo enfocarlos, lo que escribiría, hablo mucho y al final se me va de la mente. Y no he escrito nada sobre ello.

Pero ¿por qué no escribo? Tengo poemas a medias, ideas para series de poemas muriendo en mi cabeza, principios, versos, miles de posibles que nunca llegaran a materializarse. Y cuadernos, muchos cuadernos. Con trozos de pedazos de fragmentos de…

He pensando mucho por qué me puede pasar esto. Aparte, claro está de por lo ocupada que estoy. Últimamente me ha rondado mucho la frase esa de que escribimos cuando no somos felices y que cuando somos felices, pues como que…casi que tenemos que forzarnos. Pero me quiero resistir a esa vaga conclusión. Soy feliz, se acabó escribir? No puede ser tan simple.

Así que pensando, me puse a recordar épocas en las que más he escrito. Y los medios en los que más escribía eran en el ordenador y en cuadernos. Cuando escribía mucho a ordenador, solía ser de noche, de madrugada. Ya sabéis, la hora bruja. ¿Y … ahora qué es lo que hago a esa hora? Desde luego no quedarme en el ordenador escribiendo. De hecho, casi todas las noches que no salgo, realmente lo paso con el marido. Da igual que la distancia se quiera interponer entre nosotros, a nosotros, eso no nos separa. ¿Y será por eso que me cuesta dejarme caer por aquí?

También escribía mucho en cuadernos, pero normalmente fuera de casa, camino de, o en bares, esperando a…ahora, los trayectos los hago andando, y aunque muchas veces ando esperando a alguien, mayormente estoy leyendo que escribiendo. Y luego está eso, lo que están llenos de medias cosas, y la mayoría de las veces ni las continuo y me está costando llevarme lo que me gusta al ordenador.

Todo aquello que no escribo, nada en mi mente hasta ahogarse formando parte de Lo que nunca escribiré. y no quiero que sea así.

Así que como propósito, no sé si decir de año nuevo, me he propuesto volver a dejar pasar por aquí mis pensamientos. Quizás aproveche y me inspire en autores que estoy leyendo, o simplemente me deje llevar por la marea que me azota en la mente, así, sin avisar.

Quería intalarme WordPress en el movil. Pensé que quizás así me ayudaría a pegarle más al tema, la instalé pero funciona fatal. Más que animarme, me desanima más. Pero… he rescatado una app que me instalé hace años para escribir mi novela, sí, mi novela, esa que anda entre ya no se cuantos cuadernos, archivos en mi ordenador en recuperaciones de discos duros que se han ido muriendo. Y acabo de descubrir que la app no solo es para planificar, sino también para escribir y voy probar lo fácil o difícil que me resulte exportar el contenido ( seguro que esto ya lo he hecho en el pasado) y posiblemente sea una forma de volver más dinámico mi contenido.

Porque todo el mundo me ha recomendado que escriba en el movil. Y me he dado cuenta que escribir en el movil, aparte de la ventaja de tenerlo accesible en todo momento, tiene otra ventaja, y es que te permite estar escribiendo boca arriba y que no necesitas donde apoyarte, y como es muy recurrente estar con el movil. Puedes incluso dejar lo que estabas haciendo y ponerte a escribir. Confío en que el movil va a proporcionarme muchos más escritos y afianzar mis ideas. Aunque todavía estoy familiarizándome con incorporar a mi vida eso de escribir en el móvil.

Hace poco, empecé uno de los retos de poesía y decidí forzarme a hacerlo en el blog de notas para acostumbrarme a este medio. También me he creado una nueva red social, threads, el twitter de Instagram y ando trasteando con ella. Alguna vez he probado a escribir en Instagram, pero reconozco que después de venir de los blogs en el ordenador, el microblogging se me hace insufrible a la hora de escribir, pero imagino que todo es acostumbrarse.

Una de las cosas que siempre he detestados de escribir en medios digitales es la facilidad con lo que la mayoría de lo escrito acaba borrado. Siempre he odiado esa pulsión digital de borrar, y no dejar rastro. Nada de tachón o borrón: ¡muerto para siempre!. Demasiado tentador para momentos exaltados. O perderlo. Quizás por eso me gustan los blogs, es como si pensaras que ahí va a durar más tiempo.

Dije que no iba a declaración de intenciones, y ya he caído en la primera. Pero allá vamos.

Pienso mucho. Escribo poco. Y quizás debería dejar tanto de pensar y ponerme a escribir más, y que la musa me pille, aunque sea, escribiendo estas tonterías. No me gustaría agregar más capítulos a Lo que nunca escribiré.

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