Quiero escribir como Anne Carson. Ando enganchadísima al poemario La Belleza del Marido. Siempre me enamoro de los libros en los que envidio cómo escriben. Esa forma de meterte y sacarte de su mundo y pasar de una realidad y un plano a otro, mezclando anécdotas, datos, curiosidades, citas y sin dejar de contar su historia. Y un poema y otro enlazado. Cada vez me enamora más la locura de los artistas.

Últimamente salta mucho en mi redes el tema de la técnica, como piedra angular del arte de la creatividad. La técnica… la técnica está muy bien, no lo niego le da ese punto de profesionalidad, de calidad, de armonía de lo conocido que tanto nos tranquiliza. Y no digo que la técnica no sea amiga de auténticas maravillas, pero también lo es de inmensidad de creaciones sin corazón, que guiadas por la técnica han caído en un inmenso saco de cosas estéticas, con calidad, que no dicen nada. Profesionalizarse, hay quien solo sabe dicotomizar entre profesional y hobby. Recuerdo una charla que nos dieron cuando estudiaba imagen, que un autor nos señaló que no es lo mismo ser un profesional que un artista, ni llevan los mismo caminos. Puedes dedicarte a ello, y no ser un artista, puedes ser un artista y no dedicarte a ello. Y puedes ambas dos, por supuesto. Pero en esta época en que parece que todo lo mide el dinero, cada vez veo más que la gente que necesita rentabilizar los títulos y estudios que le hacen sentirse superior, superior a…quien no los tienen? Inquiriendo una sarta de argumentos clasistas, sin darse cuenta, que en ese juego de clases, ese montón de papeles no es más que calderilla. Qué fácil es darle a alguien un poco de aires y perderse en tierra enemiga.

En cualquier caso, estaba hablando de la forma de escribir de Anne Carson, o la forma de crear. Me encanta el mundo que crea, la forma en la que desarrolla sus obras, y hablando de la técnica, desconozco si existe una técnica anterior que ella haya aprendido y que esté replicando, pero me aventuraría a jugármela a que es una autora que disfruta de desarrollar sus propios métodos y juegos. Y que es esa locura creativa la que me encanta.

El otro día acudí a un recital en el que un autor presentaba su libro y hablaba del concepto poemario, que le desagradaba. Que para él un poemario era un puñado de poemas metidos a capón en un libro. Y que él lo que hacía no eran poemarios, sino libros de poemas, en el que el propio libro es un conjunto, que cuenta una historia, o un concepto.

Y ciertamente disfruto de que los poemarios, o «libros de poemas», sean un conjunto. Y que tengan sus propios juegos internos. Y no para de rebotarme en la cabeza esto, ahora que ando con tantos proyectos a medias. Este año quiero dedicarlo a hacer crecer mis proyectos. Ya cuando empiecen a crecer veré qué haré con ellos. Pero ando muy creativa, hasta estoy escribiendo, y por supuesto desbordándome de ideas. Fue buena idea lo de probar a escribir en el movil, aunque no lo esté subiendo a la página, aunque esté en el movil y aún no lo haya volcado al ordenador.

Esta semana pasada conocí a una persona, a través de la poesía, le pregunté por su poemario. Y me desanimó la forma tan poco pasional con la que intentar contarme su proceso creativo, de dónde habían nacido sus poemas, echaba de menos la locura. Y aunque me volví un poco loca con La coleccionista de azules, creo que no me volví auténticamente loca. Y me apetece dejarme llevar en esta etapa que está viniendo a mí. Como cuando al malo de la película le vuelven los poderes…no en vano diré que me está volviendo mi lado oscuro. Así que no descarto habilitar un espacio aquí en la web, para dejarme ser oscura. Aunque yo sea de esas oscuras ñoñas, de esas oscuras son como Kevin de Múltiple.

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