Amo la decadencia

Amo la decadencia.

El hilo transparente cayendo por la comisura de los labios, el azul grisáceo de las piernas amoratadas, el cansancio reflejado en los ojos, la ropa remendada, el papel descolorido, las uñas mal pintadas y mordidas, el cabello pajoso y estropeado, el maquillaje corrido, las medias rotas, la silueta oscura de la decepción asomando al torcer la esquina, la antesala al suicidio.

Los sueños rotos. La mirada perdida. No poder huir.

Las arrugas, las imperfecciones de la piel, el asomar desmedido de las costillas o la clavícula, el pelo recogido con prisas y sin coqueteo. El miedo, la ira, arañar la piel, los dientes hincados, la sangre, la oscuridad, el color desaturado. Morir joven. Ser inmortal. El minimalismo obligado al que empuja la pobreza. Enamorarse del ser equivocado. La belleza gastada, la pasión sin frenos, el alcohol usado como antidepresivo. Perderse en los brazos de un desconocido. El sufrimiento teñido de romanticismo.

Las cuerdas. Las cadenas. Todo lo envejecido.

Amo la decadencia y sus mil caras, sus personajes, sus pasajes, sus recónditos lugares. Amo la decadencia y la sensación de auxilio que produce, el lugar que siempre te acoje, la segunda casa que todos anhelamos, donde acabamos regresando, de donde nunca nos llegamos a marchar. Amo la decadencia y todo lo que ello conlleva.

Buscando poemas para el recital encontré unas líneas 
que resumen las cosas que me parecen bellas, posiblemente
un montón de elementos para empezar a expresar.

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