Bitácora de una soñadora a tiempo completo.

Laura Mequinenza - Empezar de cero - ¿Cuántas veces se puede volver a empezar?
Infinitamente redefiniéndome. Hasta que el cuerpo aguante.

Pues sí, otra vez voy a deciros eso de » el 2024 va a ser nuestro año». ¿Por qué no?

Hoy es nochebuena, y yo soy bastante El Grinch, así que aprovecho estas fechas para hacer balance o borrón y cuenta nueva, emprender nuevos rumbos. Probablemente si una persona me observa desde fuera diría, anda que nuevos rumbos ni que niño muerto, si siempre es lo mismo. Desfragmentarme y volverme a armar. Ahora nos expandimos en mi direcciones, ahora me contraigo y hacemos un Frankestein con todos mis yos.

Y ahí andamos. creando el mounstruo perfecto, o la novia con la que bailar una vez que el rayo produzca el milagro. En este caso el hijo fruto de pegar mil cadáveres es el Mequiverso, del que siguen colgando vomitonas emocionales desde hace 15 años. Pero este mounstruo se ha convertido en la piedra que no me deja avanzar, en lugar del universo motivacional donde dejarme fluir que pretendía ser. Peso muerto. Por tanto he decidido enterrarlo. dejarlo marchar y empezar de cero. Lo que se pueda recuperar se recuperará, y lo que no, pues que se pudra. Hay que saber soltar. Y vamos a soltar. ¡Suelta ya coño!

¿Cuántas veces se puede volver a empezar? No voy a negar que me inspira mucho Batania@neorrabioso/ Vanessa@maricronica, ójala tener más personas que ante las crisis existenciales de cómo sobrevivir a nuestros personajes, y no tener miedo a volver a empezar, a reinventarse las veces que haga falta. Al fin al cabo, entiendo que es una necesidad natural, seguir creciendo, apartar la coraza anterior que se ha quedado pequeña y continuar. Redefinirse es una tarea para toda la vida. Yo al menos voy a seguir haciéndolo mientras el cuerpo aguante.

Y bien, ya he perdido la cuenta de cuánto tiempo llevo en esta locura del Mequiverso. Pero, hace un año, decidí sacudir mi mundo y volver a empezar de cero en una nueva ciudad. Sí, estoy loca, muy radical, y más en esta etapa de la vida, y he de reconocer que me lo estoy tomando con bastante tranquilidad, si es que ese término puede aplicarse a una persona como yo que nació para elefante en una cacharrería. Así que aún estoy terminando de degustar la primera temporada, y decir adios a los personajes secundarios con sus tramas y aventuras que hemos tenido este año pasado y creo que ya estoy lista para empezar la nueva temporada. ¿ La empezamos?

Es sabido que yo no puedo con mis propias expectativas. Un ejército de yos, no podrían con ellas. Y me estoy resistiendo a hacer una lista de la de cosas que me apetece contaros (proyectos que quien sabe si podré llevar adelante) , las cosas que tengo en mente, pero… pero… pero… para que esto funcione, me he propuesto (a ver cuanto duro) hablaros poco o nada de lo que está por venir, y más de lo que va sucediendo. Estas navidades, que como buena duende verde antinavidad, voy a estar muy tranquilita, voy a ir dejarlo todo listo para cuando terminen las fiestas lanzarnos y fluir. Fluir…, no sabéis la rabia que me da la cantidad de veces que oigo a gente referirse a la palabra fluir con desprecio, imagino que porque ha ido sembrando muchas heridas alrededor. Pero vamos, eso no va a evitar que para mí sea una especial, tanto, que la siento mía, casi como si la hubiera inventado yo.

Y eso, que me gustaría que El Mequiverso se convierta en un reflejo de ese fluir. Fluimos? Vamos a por ese 2024!

Soñadora poniendo en orden sus sueños
Cuando un sueño se cumple, hay que ir a por el siguiente

Creo que esta soñadora ha tardado mucho en empezar a escribir este post. Mi blog, adoro releerme con el tiempo. A veces con cierto pudor, por mostrarme tan apasionada. Imagino que en el fondo todos tenemos un lado intenso, pero que si no le pones un marco, pasa desapercibido en el tiempo.

Uno va deseando, deseando y el tiempo pasa tan rápido que a veces no te das cuenta que las cosas que deseabas, anhelabas, suceden, pasan, y quedan atrás. Yo, en el último año por ejemplo, he ido cumpliendo varios hitos, cosas que me parecían inalcanzables, en mi mente eran la panacea de la felicidad, y no voy a negar que me están devolviendo a la vida. Y estos pequeños o grandes sueños, que una vez se han incorporado en mi día a día, quedando atrás como sueños, siendo ahora realidades, han dejado un hueco grande y espacioso para albergar nuevos anhelos. pero en la vida frenética que llevo, no he tenido tiempo aún de ponerme cara a cara conmigo misma y organizar ese Hoy, escuchando uno de los podcast que escucho yo, estaban hablando de las sufragistas, creo que de reino unido, y de cómo una de ellas dijo algo así como que nunca esperaba ver que se consiguiera el voto femenino, pero que una vez conseguido, había que ir a por el siguiente sueño.

Y sí, la verdad es que sí, que aunque no hay prisa, hay que proyectar la energía en nuevos hitos. Es cierto que este año me lo he tomado un poco como toma de contacto con esta nueva ciudad, pero este veranito estoy empezando a quitarme el polvo y aunque me encanta dejarme llevar, es hora de organizar un poco mi caótico mundo interior y poner en orden mis prioridades. Como soñadora a tiempo completo, me entristece cada vez que me cruzo con alguien que no le mueve nada su mundo, y sé que los años pesan en este proceso. Ayer mismo estaba viendo una serie muy dura, del mismo autor que cortar por la línea de puntos, que ya es dura de por sí, que se llama Esta vida no me hará mala persona, y mi personaje favorita en uno de los capítulos habla del tema que hay un momento en la vida que parece que todas las puertas están abiertas pero llega un momento en que las puertas se van cerrando. Imagino que ese debe ser un catalizador de la hostia para las crisis existenciales.

Por suerte yo no soy ambiciosa, idealista, soñadora quizás, pero las cosas que me producen felicidad son bastante sencillas. De hecho soy una amante de las rutinas. No sé por qué todo el mundo habla tan mal de las rutinas, yo creo que son parte de la salsa de la vida, de hecho creo que en esos momentos de crisis existencial son las que te mantienen a flote. No siempre se puede contar con la motivación. Y ese es verdaderamente uno de mis objetivos, ir ampliando mi catálogo de rutinas placenteras. ¿Te imaginas que consigo volver a crearme la rutina de escribir en el blog? Bueno, ya veremos qué tal se presenta el próximo curso.

Mientras tanto, iremos sacando el embolicado arcón de sueños, y poco a poco poner orden. Hay qué decidir cuales van a ser los protagonistas de mis próximas aventuras. Hoy, en otro podcast, hablaban de que cada uno tenemos un tipo diferente de motivación. Y sinceramente creo que la mía es más exploradora, hedonista, curiosa que orientada a cualquier cosa productiva. Me mueven cosas extrañas y no me identifico con la palabra fracasada, la cual cada vez se cuela más en las bocas de la gente de mi generación. Las malditas expectativas de mierda. Fluir cuesta mucho cuando se pretende llegar a algún lado. Igual por eso me gusta tanto esa palabra. ¿Fluirán los científicos?¿ Y los artistas? Desde luego los soñadores no tenemos otra. ¿Acaso es una locura ser una apasionada del fluir y a la vez de las rutinas?

Creo que cada vez se me va más a la cabeza, pero antes de terminar este post, no me gustaría irme sin comentar que me ha encantado la parte de cambiar el significado al adjetivo dinosaurios, en la misma serie que comentaba antes. Como los seres más molones, ese tipo de persona con unos ideales de otra época que te gustaría tener. Pues si me molaban poco ya los dinosaurios, solo faltaba que me dieran la excusa para convertirlo en sinónimo de persona idealista, reivindicativa, muy consecuente con sus valores.

Y ahora sí. Rutinas, sueños, dinosaurios, por hoy creo que ya tenemos suficiente.