Horacia

¡Oh Horacia!
¿Nos encontraremos hoy?

Cada encuentro contigo siempre fue un misterio, con tus juegos laberínticos buscando recrear París en un Madrid descafeinado.
Me buscabas, siempre me buscaste, con tus enigmas, tus códigos y tu constancia.
Inventando las reglas de nuestros encuentros, planificando alargar el deseo.

Te vi aquella noche, a lo lejos, sin planificar, tras tantas que no surgieron. Apareciste por imposición de tu voluntad cazadora, inquiriendo a tu presa, enmarcándome en un plan con receta para experimentar con el deseo. El deseo de besarnos, de estrecharnos entre los brazos.

Y así fue como empezamos el ritual de regalarnos fruta, de beber cerveza en las calles, emborracharnos juntas y desaparecer siempre, antes de empezar la noche, como una cenicienta maldita.

Me buscabas, con la dedicación del relojero, paciente nos envolvías en conversaciones cómplices, andábamos en sendas paralelas que buscaban no mezclarse pero nos sedujimos, la lluvia nos azotó en plena noche.

Tú, siempre tú, decidiste que sería yo, la maga, tu muñeca tonta que  frágil se rompe en pedazos. Me encontraste y dijiste quiero conocerte, antes de que pudiera oirte, antes de que pudiera percibirte.

La lluvia, digo, la lluvia nos caló y no nos dejó elegir, que fuera en aquel sitio, en aquel rincón, bajo mi abrigo, aquel día negro, el olor a perro mojado, la iglesia…

Y tú me mirabas, arrastrándome a tu mágico juego, el vuelo libélula de tu plan encriptado y me lanzaste garrafas de agua ante mis botellas al mar.

Fuimos la pareja suicida que se agarra de la mano, cayendo felices al desastre, al escombrarse neurótico de tus ausencias repentinas. Tú, anzuelo-tirita, mercromina-tóxica, endulzándome deshaciendo la madeja que agrandaba mi vacío. Bebiéndonos la soledad en vasos de sidra, mordiendo las normas, las pautas, las costumbres y despertarse con la sensación de que hay otro lugar al que arrojarnos.

Las azoteas nos hicieron emisarias de nuestros desencuentros y la madeja convertida en mariposas-piraña nos empujaba al choque frontal. Igual que aparecimos, desaparecimos, el mismo vacío silencioso nos convirtió en reflejo de nuestra historia. Dejamos de buscarnos para quedarnos, para ser otras, atrás los juegos, los abismos, los trapecios, las sonrisas funambulistas, eliminando así el riesgo de quemarnos.

Ahora tú partes a Italia y yo lejos de Madrid, ¡Oh querida Horacia! ¿Nos encontraremos?

 

 

 

El espejo

El espejo
Ojos con ojos
nariz con nariz
mimetismo perfecto
labio con labio
frenético beso
mano con mano
seno con seno
es la postura del espejo

ombligo con ombligo
vello con vello
revueltas
rítmico movimiento
otra vez
labio con labio
mágico beso
marea de piernas
entrecruzadas
es la mujer y su reflejo
es la postura del espejo.

Pequeña dama escurridiza


NoS ALEjamos o nOs acerCAMos?

Cada día ando más desorientada,
espero al menos
siempre tener ocasión
de poder compartir
un puñado de fruta
y alguna cerveza
en las plazas o calles
en los infectos bares
o donde me dejes
volver a encontrarte.

H(art) tura

Ese, tu libro, que me hace desaparecer del tiempo
ahora que tendría que estar huyendo o muriendo
o ambas a la vez,
ahora te encuentro
ahora que estoy desgastada
que las ganas están manchadas
exhaustas
He querido dibujar una tregua a mis días
pero no puedo
no debo
pero acaricio las frases
me cobijo en esos, tus besos, tus besos
a ratos me arranco los ojos
a ratos me muero en la pantalla
y pasa el tiempo

Me alegro de conocerte
alguien debe hacerse cargo de encender mi risa

En el andén

Y entonces va y sucede
de la forma más extraña
en un andén hacia ningun sitio
y tú te marchas
y yo me quedo
imaginando
fantaseando
con que tal vez
sólo tal vez
en realidad no te has ido
y que apareces de golpe
y me abrazas
y me vuelves a besar
ahora si
sin prisas
sin sobresaltos
pero el andén está vacío
y yo todavía
sin saber muy bien lo que ha pasado.

Espero verte pronto y que esta vez todo sea, como tú dices,
de otra manera, aunque nunca me gustó imaginarme
cómo van a suceder las cosas,
siempre fuí de las que les gusta dejarse llevar.

Deshilando

Deshojando las palabras, deshilando los momentos que bailamos en este baile de máscaras, en el que tú me quitas el miedo y yo te voy descubriendo poco a poco, aveces arrolladora, aveces frágil mientras me miras de puntillas a punto de quebrarte.

Hoy desconcertada miro entre notas cómo jugamos sin sacarnos las uñas, acercándonos con cada distancia que nos proponemos, acariciándonos con cuchillos afilados, embargando palabras, apurando los sentimientos que no guardamos en formol.

¿Quién dijo miedo?

Hoy que llueve….

Hoy estás en alguna parte, tal vez tecleando cosas en un ordenador, o tomando una copa de vino, o escuchando como repiquetea la lluvia en el techo, en esas ventanas que temes que por descuido dejes abiertas y se inunde la casa.

Tal vez piensas en mi, o tal vez te dejes seducir por otros pensamientos que desordenen tu consciencia. Yo fantaseo con que me pides que vaya a salvarte de tus soledades y que me invites a compartir contigo una botella de vino, que me descubras la sonrisa y te abraces buscando mi abrigo. Que nos amanezca divagando realidades y fantasias mientras tus dedos juegan con mi pelo.

Será la noche, será la lluvia, será la melancolía, serán los abrazos furtivos que nos damos y las despedidas apresuradas pensando cuando nos volveremos a ver, pero esta noche me gustaría pasarla en tu compañía.