Alejar la tristeza

Y sucede que no puedo alejarme
tan fácil como yo quisiera.
– Qué fácil si la tristeza fuera un lugar.
Chloe
Ella que no sabía
que dentro le crecía un nenúfar 
(porque esas cosas sólo pasan
en los universos de Vian),
quería arrancarse eso
lo que fuera
que llaman Tristeza.
Nadie le traía flores de vainilla
y no paraban de crecerle
poemas del cabello,
poemas que hablaban
de jardines 
aún no plantados.
Ella que no sabía
que se le encogía la habitación
(porque esas cosas sólo pasan
en los universos de Vian),
quería inmortalizar eso
lo que fuera
que llaman Juventud.
Nadie encontraría ratones
y no paraban de caerle
sueños entre los pies,
sueños que hablaban
de cielos
de infinitos colores. 
Ella lo que no sabía
es que no quería vivir
en un universo de Vian. 
 

Plato caliente

 

Yo también querría que todo hubiera pasado de otra forma, que nunca hubiera tenido que irme, que nunca se rompiera nuestro universo felino, que arreglásemos todo conflicto en ese lugar donde sirven ese plato que tanto me gusta o haciéndote gala de uno de tus platos favoritos.
Al final fuimos los valientes que caen por el precipicio, yo también quería saltar, y no pudimos salvarnos.
El mundo no es para nadie, no te engañes. Yo también podría llorar todas mis derrotas, pero el mundo no es para nadie. Estamos hipotecados y hasta nuestros sueños, vienen de fábrica.
Yo, decidí no vender más veces mi alma, y aunque quisieras, no puedo sentirme culpable por ello.
Nunca volvimos a ser los mismos desde que dejamos de felicitarnos diariamente por estar juntos, porque dejamos de estar juntos, y no estábamos preparados para ello.
Siempre fui una soñadora suicida a la que no puedes enseñar un capote rojo, mi naturaleza me lanza contra él con una fiereza inexplicable.
No son mejores los días sin ti, no soy otra que ahora quiera otras cosas, soy la misma poeta incomprendida que morirá sola.
Aveces me tienta una vocecilla oscura en mi cabeza y me dice que mis castillos en el aire son locuras Quijotescas¿ Y si es verdad que soy un Don Quijote que lucha contra molinos? ¿ Y si no tiene cura mi locura? Créeme que mi peor enemigo soy yo misma, ya quisieran mis enemigas hacerme tanto destrozo como me hago yo: Lleno mi mundo de jirones, de pedazos rotos que luego no se cómo volver a juntar. Y cuando estoy apunto de rendirme, la luna me coge del lomo, como si fuera un gatito pequeño en las fauces de su madre y me enseña mi filosofia.
¡Ay! ¡Qué sencillo cuando lo veo todo desde fuera, ahí no tengo dudas ni flaquezas. Lo veo tan obvio, tan sencillo. Y sé que es precisamente ser yo misma, con mis ideas de hidalga colgada las que me hacen sentirme viva, las que me definen más allá de mis triunfos. No es orgullo terco, no.
Es la sensación de seguir adelante con el proyecto de mi misma, es ser la persona que soy y ser feliz. Tú no querrías que fuera otra tampoco, te enamoraste de mis alas violáceas, te gustaba tanto cómo las tendía al sol y la forma en la que la luz las proporcionaba ese color, esos brillos.
De noche, las acariciabas con cautela.
¿Cuántas veces estuvieron apunto de quebrarse, eh? Todas ellas, te alejaron más de mí que la propia distancia.
No, no soy animalillo que puedas encerrar por mucho tiempo. Necesito mis dosis de sol para poder existir. Y en el fondo sabes que nada es culpa de nadie, porque aprendimos que las cosas que hoy puedes reprocharme, eran las historias de otros, no éramos nosotros, nunca lo fuimos.
Y hoy leo tus letras, y sé que no esperas con el plato caliente a la chica que soy hoy, no, no me esperas a mi, esperas a la que un día tuvo que abandonar Madrid, dejar la azotea manchada de nosotros y que dejó de existir ese día.
Lo que quedó de ella en mí, para ti, no fue suficiente, no pudimos saltar el precipicio con mis alas secas. Sólo puedo volar con ellas, cuando lucen, y sabes que hace mucho que no lucían para nadie. Yo no puedo sentirme culpable por haberme ido, por dejar todo manchado y no recoger los pedazos. Me hubiera gustado que no fuera así. Yo también quería poderes infinitos y no haberme tenido que ir. Yo también nos echo de menos…
Pero ahora, ya es tarde para buscar culpables.

El cementerio de amor muerto II: Tú, de mi colección de tús

Tú, de mi colección de tús.
Esos, a los que escribo constantemente.

Hoy, de golpe
aparecerás en mi vida, sin yo planearlo,
y una obsesión te llevará a buscarme,
a seducirme, a volverme loca,
y yo, una vez más, caeré en tus redes,
siempre es igual, me dejaré llevar,
despertarás en mi complicidad,
me encariñaré contigo,
me acostumbraré a ti,
me dirás que soy perfecta,
que nunca has conocido a nadie como yo,
te creeré, te creeré vehemente
con la fé del que quiere creer.

Creeré que estamos predestinados
que el entramado exotérico
ha tramado algo especial para nosotros.

Y el día menos pensado
una sombra funesta
acabará con alguno de nosotros
el amor penderá de uno de los dos.
Se acabará el misticismo, la magia,
los ojos brillantes…
y arañaré el pozo de los recuerdos
intentando encontrar
una cura misteriosa.

Nos alejaremos.
Nada volverá a ser como antes,
nunca igual.

Otro amor más
muerto para mi cementerio,
los tús de mi vida,
que se acumulan en mi garganta,
en mi cabeza.

Me asusta pensar
en que algún día pierda la fé
la fé de que existe un amor que no muera
que no irá a parar a mi cementerio
de amor muerto.

Y Madrid me dijo: Vuela

–    I    –

Llegué y Madrid no era la misma.
Una pesadez se posó sobre mi cuerpo
y me costaba respirar.
Tal vez los universos paralelos
me estaban invitando a marcharme
siempre dije que aquí
se había acabado una etapa
y que debería seguir en otra parte.

Madrid se mostraba ante mi
esta vez vacía
y difícil,
como una yegua salvaje
que no quisiera ser montada.

Sus calles olían distinto
pero la misma sensación de siempre
de sentirme en casa,
siempre me siento en casa
cuando me sumerjo en el centro
de forma anónima.
Me encanta la soledad
de mi paseo, perdida,
deambular sin sentido,
libre, sin esperar ver a nadie conocido.

Incluso la improbabilidad
hace mucho más felices
las casualidades de los encuentros fortuitos.

–   II    –

Estaba en casa, eso era seguro,
pero una fuerza invisible
renegaba de mi.
Como el ave que empuja a sus polluelos
al vacío.

– Vuela –

Sentía que me estaba invitando a volar,
de nuevo.

– No te encariñes
Las alas no son para quien se encariña
y echa raices. –

De todas formas
hacía tiempo
que no tenía raices en ningun sitio.

Y Madrid ya no era
uno de mis próximos destinos.
Pero sentirme así, distinta
me perturbaba.

–   III    –

Me sumergí en el metro.
El metro siempre me había mecido en su seno.
Me dieron ganas
de pasarme todo el día
subterráneamente
apegada al cordón umbilical
que aún nos unía.

Sola,
mecida en el asiento
que me permitía recostar la cabeza
mientras,
mis ojos me mostraban
la silueta de mi cuerpo sin cabeza,
presa fácil de cualquier selfie instantáneo
de los nuevos alienadores.

Quien habló de le holocaustro zombie
creo que nunca imaginó
que ya lo vivíamos.
Los zombies se alimentan
del cerebro alienado de otro
que como él
dispara me gustas como recompensa.

Todos nos vamos infectando
de esta enfermedad
que nos atrofia social y motivacionalmente.

Mientras pensaba esto
llegué a mi destino
lugar que alguna vez fue uno de mis dos grandes hogares
los cuales até a mi como apellidos.

La 13:47 y 31ºC, Agosto, Madrid.
Y no hacía calor.
Igual estaba muerta también,
era otro zombie
que observaba todo desde el papel de cuadrícula
que me hacía sentirme acompañada.

Hacía millones de años
que había sustituido el diario
por pensamientos desordenados
y emociones encapsuladas
que algunos
(y yo misma aveces)
llamaban poesía.

–   IV    –

Me fascina como los barrios perduran
cuando mutan sus gentes.
Yo era una antigua inquilina
de las plazas que ofrecían ropas en mantas,
de las paradas de autobuses y farolas
empapeladas de anuncios
que apenas vería nadie
antes de su limpia,
de la mezcla de acentos
de una lengua parecida.

Sentía algo interno
que me unía a esta ciudad
más allá del convencionalismo.
Algo místico.
La confluencia
de todo lo que en ella pasaba
de lo que me arrastraba
en una u otra dirección.

Me sentía más yo
aunque me invitara
a seguir mi camino.

Mi romanticismo,
que me dibujaba destinos caprichosos
que me colocaba personajes que me invitaban
a probar mundos nuevos y excitantes
los cuales ingería con un hambre desmedida,
me decía
que existían otras ciudades
que me harían sentir en casa
que me secarían las alas
para continuar mi vuelo
que aún quedaba mucho de mi andanza,
personajes nuevos descubriéndome
los placeres que el mundo
había dejado encriptados para mi.

Puto romanticismo sin sentido.

–   V    –

35º y seguía sin tenercalor
puede que el termómetro estuviera estropeado.
la temperatura era tan distinta
y el agua….

Me detuve a observar
la estampa de mi cuerpo sin cabeza
que anotaba frases en un cuaderno.
Ahora, la sombra dibujaba en el asfalto mi pelo
que se mecía suavemente.
Miraba mis rizos como ajenos
como si pertenecieran a otra muchacha.
Una muchacha que me atraía.

Había pasado dos años de prestado
y estaba empezando a olvidar
quién era yo,
debía dejar esa etapa atrás
y zambullirme de nuevo
convertirme en piraña sedienta de vida.

Llevaba días pensando
en cortarme el cabello
pero ese momento
el pelo ondeando
meciéndose de un lado a otro
se me antojó una señal
y temí acabar como sansón.

–   VI    –

Me enamora el pensamiento exotérico
que a muchos les hace verme como loca.
Probablemente
son pequeñas superticiones  aleatorias
movidas por la teoría del Kaos.

Pero en mi caso,
son experiencias
que llenan de motivación mis actos.

Fluir.
Siempre con la teoría del fluir.

Había abandonado
casi toda atadura
o sensación de pertenencia
voluntariamente.

Y aún así
me dolían aveces
algunas costras
de las heridas del proceso.

Cada vez me quedaban menos.

Madrid era esa segunda piel
de la que era difícil renunciar,
con ese “Vuelvo a tí”
repiqueando en mi cabeza.

Los lunes de agosto
puede que tengan también
una configuración astrológia
que me hagan cambiar.

Otra influencia más,
como mi condición lunática,
como mi apego a los círculos
o mi devoción por los azules.

Hubo un tiempo
en el que me tropezaba
cada 9 de Diciembre.

Lunes, Luna, Lunática,
en el fondo
trazar un mapa de uno mismo
no es más que un compendio
de pequeñas locuras.

 

 

Cofrecito Mequiversia

Hace poco leí un poema de una chica que se llama Carla Lorente y me encantó. No pude resistirme y grabé una locución con mi versión del mismo. Lo mismo me pasó con Vicente Magraner. Y ayer me volvió a pasar con unos poemas de Óscar Sejas.
He decidido compartir estas pequeñas joyitas que voy encontrando y espero que las disfrutéis tanto como yo, a lo que he decido llamar: Cofrecito Mequiversia.

Cicatrices de Óscar Sejas:

cicatrices 1 y 2

cicatrices 3 y 4

Evae de Vicente Magraner:


evae

Te diría de Carla Lorente:

 
te diria