El par 23

Era el momento perfecto

para darse cuenta que no somos tan diferentes

aunque nos separen años

aunque nos separen números

aunque nos separe sólo

un cromosoma del par 23

 

 

 

Elegir

Esos momentos en los que, sobre nosotros, caen las oportunidades

y antes que desaparezcan como pompas de jabón en el suelo

debemos rápidamente saber elegir con presteza

y elegir

no siempre

es fácil.

¿Quién sabe qué otras oportunidades nos hubieran llevado dónde?

Los futuribles, mejor para las fantasías y para alimentar la creatividad

las opciones que elegimos libremente

indiferentemente dónde nos lleven

que no pesen como losa

sino como recordatorio

de que aún hay trazas de vida

donde podemos saborear la libertad.

La hegemonia del tiempo

I

 

La hegemonía dice que el tiempo va hacia adelante en forma lineal y que es posible medirlo

consensuemos un ciclo, una medida estándar, dividámoslo en porciones cada vez más pequeñas

y apliquemos dicha medida a la durabilidad de las cosas.

 

Ahora, de verdad, estamos definiendo el tiempo

y como animal, ser humano, o mero ser productivo en la estructura jerárquica que establece los estereotipos

seremos encasillados en diferentes definiciones delimitadas por espacios de tiempo.

 

La mutación de nuestra identidad, y no estado transitorio, podrá ser consultada y revisada a través de signos gráficos

cifras numéricas, que se acumulan unidad a unidad cual manzanas en un cesto.

Y ahí, en el cesto, la cantidad siempre creciente de tiempo, será una nueva excusa para dividir, etiquetar, reprimir y controlar.

 

Taxonomicemos la equidistancia perfecta del ser ideal

organicemos al conjunto de la población en torno este parámetro,

las desviación típica nos dirá el grado que nos aleja del ideal, como objetivo a alcanzar o privilegio perdido.

 

Antagónico y versátil, el trampa-disfraz será el nuevo ardiz del imperio capitalista

inventando ungüentos y estrategías milagrosa para desafiar las leyes que dicta la hegemonía del tiempo

rindiendo culto a la efímera porción de tiempo idílica.

 

El hedonismo

la nueva tierra prometida a la que destinar el fruto de nuestras plusvalías y esmeros tras su paso

convirtiendo en descartes toda muestra visible o social de lo contrario.

 

II

 

Miénteme. Dime que sigo formando parte de la élite.

Miénteme, dime que no he sufrido la erosión que se hace visible en el rostro.

Miénteme y dime que mis privilegios no han cambiado.

 

Mientras se acumulan las mentiras

una pregunta existencial acompañará las intervenciones sociales

expresando animadamente interés por la actividad gravitatoria de nuestro planeta

durante nuestra existencia

– Dime ¿Cuántos ciclos tienes?

 

 

 

 

 

 

Tranquilidad

Quizás
un estado de sosiego y tranquilidad
es lo más deseable
saber con exactitud
cómo será el final de la jornada, al llegar a casa
sin sobresaltos,
sin conflictos,
un silencio mudo que sólo tú puedas alterar

Una estancia completa,
con tus cosas exactamente en el lugar que elegiste dejarlas
La cinematográfica escena de un rayo de luz
atravesando la ventana
revelando cuantos días hace que no se retira el polvo
La maravillosa agenda culinaria
donde no hay horas o comidas prohibidas.

Y dormir,
en el lado exacto de la cama,
con absoluta la certeza de que la manta, será nuestra.

Nuestras aficciones serán intocables,
poder abastecerlas con toda dedicación,
volcarnos a la marejada de nuestra inspiración sin reservas,
atravesar el umbral del tiempo decentemente aceptado
poder transgredirlo sin pudorlas reglas del tiempo y saber estar

Tambien cultivar una agenda de amistades con las que poder desarrollar rutinas elegidas,
un abanico de opciones destinadas a fortalecer y satisfacer los gustos e inquietudes particulares
o aprender el noble arte de estar solo en los placeres de la vida.

Disfrutar de la tranquilidad…ser uno mismo sin reservas

Sin embargo,
el estado inherente al que me empuja mi querencia
es volverme a enamorar
pero no a enamorarme apaciblemente, no

sino a caer en la locura

despersonalizarte hasta la obsesión

las mariposas tejiendo vacíos en el estómago

que no te dejes recuperar el aliento

la abrasadora inercia de caer al vacío

sin red, sin freno, sin control

abandonar la lógica, la razón

la droga venenosa que nos haga morir de amor,

en un deleite suicida y masoca

de buscarla en nuestra agonía

darte de bruces contra el muro

abrasarte

inmolarte

el dulce infierno

sabiendo
que inevitablemente
alterará
toda tranquilidad.

 

 

 

Hazte Valer

Ultimamente cada vez que pasa un giro argumental en mi vida la gente de mi alrededor viene a terminar diciendo algo como: Hazte valer. Y como todas las frases básicas y bonitas que bien podrían protagonizar un capítulo de un manual de autoayuda me hace gracia lo estandarizada que está la hipocresía. Ya que los mismos que me vienen diciendo hazte valer y lo dispensan como remedio cada dos por tres llegado el momento sólo hacen uso de ese valor cuando se encuentran con alguien en desventaja.

Tenemos todos la boca llena de buenas intencciones que vamos escupiendo aquí y allá como si los demás no supieran autogesionarse la vida, si fuera por consejos podría forrarme la casa dos veces y aún me sobraría tela, incluso si mi casa fuera más grande.

Como decía, hazte valer, qué bien suena, oye, demuestra lo que vales, que no te tomen por tonta, es que eres tan buena, es que no puedes dejar que te pasen por encima. Cuando en realidad, todos estos supuestos consejos vienen a mi cuando tengo un conflicto. Conflicto dicho sea que si “no me hiciera valer” propablemente no existiría, conflicto que más antes o después seguramente tendré con quien hasta ahora me tomaba en confianza y me dice que mire a los demás con desconfianza.

Y mira, no creo que haya que mirar con desconfianza constantemente, pero si que es cierto que a más desilusiones, más cautela, a más traiciones, más prudencia.

Y si, más sola, pero no por “no hacerte valer”, sino por lo contrario, por decir esta boca es mía, por tener opinión aunque no me convenga, porque a todos les gusta decir hazte valer y luego mirarte con reproche cuando lo haces.

Sinceramente, para mi, hacerme valer aprovechando la desventaja no me parece un mérito, y tener que tragar en el caso contrario, pues que como que tampoco.

Por suerte desde hace un mes o mes y medio ando positiva, llena de energía y con ganas de comerme el mundo, probablemente sea otro año más, pero de momento, a una noche de cambiar de año, siento el 2018 suculento, apetecible, puesto para mi, para que lo devore, para que me llene, para que me defina aún más.

Y esa energía se nota, lo invade todo, me ando reencontrando con gentecilla que se habían ido quedando atrás en mi vida, por desencuentros, porque hay momentos para desencontrarse y hay momentos para volverse a encontrar… despacito, con calma. Y me hace feliz, porque en el fondo siempre soy una moñas y aunque cambie el fondo, aunque cambien los sentimientos no hay tantas personas afines como para ir perderdiéndolas de forma definitiva. Cada vez que salgo de una de mis katarsis lo hago de forma renovada, dejando lo malo atrás, atrayendo lo bueno.

Y es en mi fin de la crisálida que siempre tengo este estado de conocer, de encontrar, de querer, de reencontrar

…siempre confío quedarme en este estado…

Así que andaremos y veremos qué pasa “mañana”

Volver otra vez

Recuerdo cuando era adolescente y me declaraba abiertamente asexual. Lo poco o nada que me interesaban los amoríos y desamoríos de nadie. La pasividad con la que acontecían los encuentros sociales. La atracción fatal hacia sumergirme en mi mundo y no tener prisa por salir de él.

Como un niño. Eternamente niños.

Ahora que estoy empezando a aborrecer todo contacto social que no sienta demandado con entusiasmo, que me he cansado de conocer nuevos túes, no me apetece aprenderme a alguien de nuevo y encontrar en qué falla esta vez. Me ando reconciliando con mi mundo interior y cada vez paso más tiempo en él. 

Me estoy volviendo otra vez asexual, y no por moda, en todo caso por escuchar.

Lo bueno es que me deja mucho tiempo libre para darle tregua a mis proyectos

 


 

 

Reincidente habitual

No, no reconozco haberme equivocado al enchufar el interruptor de amar descontroladamente, más bien, descuidé las escotillas de salida y en algún momento estuvimos a punto de morir en un incendio, pero coño, dicen que sólo se vive una vez y me lo tomé tan al pie de la letra que no quise perder el tiempo ideando el plan perfectamente montado en el que no sobrara ni una sola pieza.

No, no creo que sea que descuidé ahorrando en afecto, si si tal vez peco de algo es de malgastar los recursos naturales que me han sido dados con la fé ferviente de que poseo una fuente inagotable y por ello he estado apunto de morir ahogada de tanto abrir el chorro y dejar que me llegara hasta el cuello. Hasta aquí arriba y subiendo, ingenua, tal vez de que lo que me hacía flotar nunca me arrastraría hasta el fondo.

No, no voy a asentir y decir que si, que todo es culpa de haber dejado todas las puertas y ventanas abiertas, que tenía que haberme dejado gobernar por el miedo y llenado de clavos los tacones de mis idas y venidas. Pero quien sabe. Puede que aún esté a tiempo de encadenarme a una causa y no dejar que la talen de mi lado. Disfrazarme de activista suicida y atravesarme la piel con ideas preconcevidas que me traigan de vuelta al engranaje de una vez.

No, no voy a arrepentirme de haber roto todas las cláusulas y contratos que nunca elegí firmar en mi vida, ni de escaparme de vez en cuando a mirar por la mirilla los fantasmas de mis no vidas vividas que se pasean por Utopía. En todo caso sí, de haberme hecho de vez en cuando el pez muerto para que me llevara la corriente sabiendo que no duraría mucho mi mentira y que ésta, pronto me haría saltar por los aires. La absurdez crónica de coleccionar piedras que decoren mi camino.

No, nunca he tenido superpoderes, al igual que todos: yo también sangro, aunque quizás lo que no me guste es sangrar demasiado.

Recitada:

12 de Diciembre del 2017 en micro abierto Arte no Apto en Denia, Alicante

 

 

 

Detener el tiempo

Nadie me ha explicado cómo detener el tiempo
sigo arrastrada por la aguja que me obliga a cumplir años
no sé explicarle que yo me bajé del tren
y que ahora estoy en tiempo muerto, en el limbo.

Pero el tiempo, sigue corriendo
y no antiende a razones, ni circunstancias.

En el exilio de los niños que no quieren crecer
pero que tampoco están en el mundo real
caemos en las redes de los piratas
que marcan el ritmo único y estándar.

Yo nunca fuí de estándares
ni de ritmos de otros.

Convencida de que la edad es teoría
y envejecer inevitable
busco el lugar, en el que dejen de sonar los tic tacs
por mucho que la vida surque mis manos.

Tampoco sé si volverá a pasar el tren
o si , si llegara a pasar, cómo subirme a él.

El cementerio de amor muerto III: Cementerio

Si no muero demasiado pronto
sé que moriré sola.
Soy una romántica extravagante
enamorada del concepto del amor
una kamikace adicta
al vuelco emocionante
del salto al vacio.

Me siento una coleccionista inconformista
cada vez más obsesionada
con la piezza perfecta.

Hoy, se ha vuelto a romper,
como siempre me sucede,
después del insomnio adolescente
viene la gran caída,
el despegarse esa magia
que estaba cubriendo la piel
una vez que pierde su efecto.

Frío y vacío.

Silencio.

Mi cementerio está lleno
de amor muerto.

El cementerio de amor muerto II: Tú, de mi colección de tús

Tú, de mi colección de tús.
Esos, a los que escribo constantemente.

Hoy, de golpe
aparecerás en mi vida, sin yo planearlo,
y una obsesión te llevará a buscarme,
a seducirme, a volverme loca,
y yo, una vez más, caeré en tus redes,
siempre es igual, me dejaré llevar,
despertarás en mi complicidad,
me encariñaré contigo,
me acostumbraré a ti,
me dirás que soy perfecta,
que nunca has conocido a nadie como yo,
te creeré, te creeré vehemente
con la fé del que quiere creer.

Creeré que estamos predestinados
que el entramado exotérico
ha tramado algo especial para nosotros.

Y el día menos pensado
una sombra funesta
acabará con alguno de nosotros
el amor penderá de uno de los dos.
Se acabará el misticismo, la magia,
los ojos brillantes…
y arañaré el pozo de los recuerdos
intentando encontrar
una cura misteriosa.

Nos alejaremos.
Nada volverá a ser como antes,
nunca igual.

Otro amor más
muerto para mi cementerio,
los tús de mi vida,
que se acumulan en mi garganta,
en mi cabeza.

Me asusta pensar
en que algún día pierda la fé
la fé de que existe un amor que no muera
que no irá a parar a mi cementerio
de amor muerto.

San Juan

Quién pudiera caer al fuego
y purificarse,
nacer de nuevo,
revivir de las cenizas
como un ave fenix.

Dejar atrás la sensación putrefacta
que nos hace ser débiles
dejar atrás el olor nauseabundo
de las inseguridades.

Quemar todo
quemarse por fuera
y por dentro
hasta que la piel nueva
nos haga sentir infantes,
nuevos,
todo pureza e inocencia.

Quién pudiera
esta noche
arrojarse a la hoguera
y reaparecer
una vez se apaguen las llamas
como una maldita Targarian.

 

Reclamación

Posiblemente algun día me llegue la hora
y demande por daños y perjuicios
reclamaré indemnización de las horas no vividas
y del tiempo no amortizado.

 

porque hasta en la fantasía
me vienen términos 
de esta sociedad extraña 
que todo el mundo ve normal