Recuperar el control del contenido

Foto-bitácora
Laura Mequinenza
Laura Mequinenza

Artista multidisciplinar

Hola, os quiero presentar esta nueva sección de mi página: Foto-Bitácora, mi contenido personal. Ésta va a ser la primera entrada, a modo de presentación y os voy a hablar de por qué he creado esta sección y lo que quiero abordar en ella.

Quiero ir subiendo aquí mis estados, mis momentos, mis recuerdos. En definitiva, mi contenido personal. Ir derivando mi yo de las redes sociales a mi página. Mi objetivo es trabajar más en darle una consistencia a mi página para que sea mi nuevo hogar virtual. Aún ando reconfigurando y reestructurando toda la página, poco a poco la iré haciendo disponible, de momento ésta va a ser la primera parte que voy a habilitar.

Estaba acordándome cuando empecé a escribir blogs, esa delgada línea entre el desahogo y el diario confesional. Aquella sensación de soledad y exhibicionismo oscuro, como una voz narrando tu historia, o tus ocurrencias. Sin interferencias, sin competencias, sin me gustas. Un lugar donde reencontrarme constantemente conmigo misma, y en el camino, igual con alquien más. Y desde entonces mi objetivo es recuperar esa sensación. Hace unos años di alud a mi propio Frankesteing, o mejor dicho mi “Mequinenza”, mi página Laura Mequinenza. Una página mounstruosa donde traté de aunar mi yo personal y mi yo artístico, junto con algunos otros yos que también fueron apareciendo por el camino. Pero todos esos yos naufragaban en un mar de entradas y páginas perdiendo su esencia, su individualidad. Ahora ando trabajando en darle espacio a cada parte del todo para que tenga su propia identidad, me está encantando el proceso, pero está siendo más laborioso de lo que esperaba. Es mi propio mundo, así que puede que sea infinito el proceso.

Extimidad

Recuerdo una exposición que hizo Diablo llamada extimidad, que lo que me parece recordar de su presentación es un poco lo que siento que es la realidad virtual, ese desfile de el que exponemos nuestra intimidad. Esa forma de intimidad expuesta era muy patente en la poesía, luego en los diarios virtuales, una especie de botella al mar y ahora es tendencia. Como todo lo que se pone de moda suele causarme rechazo, pero a la vez, llevo años desarrollando exhibicionismo emocional, es decir exponiendo parte de mi intimidad de forma más o menos artística dependiendo el momento, especialmente mis desamores o desencuentros amorosos. También mi forma de pensar.

Y sí, de momento sigo queriendo escribir, escribir sobre todo: Sobre amores, sobre temas que me interesan, sobre mis preocupaciones, sobre lo que pienso. Sigo siendo una exhibicionista emocional. Pero quiero exhibirme a mi modo, en un sitio cómodo, familiar que yo pueda controlar. Quizás sea ego, o timidez, o que siempre me canso de todo, pero quiero que quien venga a leer mi contenido sea de forma intencionada, picado por la curiosidad o realizando búsquedas.

¿Qué por qué digo esto?

Por que hace tiempo que siento que el mundo virtual, las redes sociales son una especie de tele social, en la que nuestros amigos son los canales emitiendo su programación y nosotros vemos lo que echen, o hacemos zapping. Y ahora, ahora leo algunos textos de esa extimidad ajena y me pregunto si las redes sociales nos están acercando o alejando con tanta sobreinformación de la personas que forman parte de tu entorno. Desarrollando un vouyerismo aleatorio marcado por el ritmo del algoritmo de la red social de moda, radicalizando nuestras posturas.

Y me gusta y me horroriza a partes iguales. Me gusta lo fácil, lo cómodo, lo “al día” que me hace sentir a todo el mundo, a todo el mundo que está en redes claro. Me horroriza la tendencia creciente de convertir nuestra vida en un producto de consumo rápido, quizás fuera de contexto, mezclado entre churras y meninas y luchando por sobresalir, luchando por tener más me gustas, más seguidores, ser más guay, compitiendo contra marcas, negocios, influencers y demás personal que gana dinero con las redes sociales.

Y desde hace un tiempo le doy vueltas al tema de borrarme las redes sociales, que como buena friki tengo un montón de cuentas diferentes. Pienso pros y contras, las razones por las que las abrí y por las que aún las mantengo, las cosas que me gustan y las que no. Y parte de traer contenido a mi página es precisamente tras racionalizar el uso que quiero hacer y que quiero continuar teniendo.

¿A quién se dirige el contenido que creamos?

Una de las cosas que me inquieta como creadora compulsiva de contenido es la importancia que tiene para nosotros el contenido y el objetivo de éste. Cuándo tiene un objetivo efímero y cuando atemporal. Cuándo es contenido o cuando es mera distracción, un elemento más de ocio. A quién está dirigido y por qué. Especialmente esta última parte me parece relevante, porque al final acaba tomando el rumbo. Sobre todos estos temas he reflexionado mucho a través del mundo de la poesía, al que me siento íntimamente ligada.

Yo siempre he escrito porque necesito escribir, porque me gusta escribir y porque adoro luego con el tiempo leer mis escritos. Este círculo hedonista en el que me encontraba, un día, abrió su zona de confort, y empecé a encontrar placer exhibiendo mis escritos. Y esto llegó a su culmen cuando empecé a recitar, que me hacía sentir mucho placer recitando mis escritos. En algún momento de todo este onanismo empecé a tener en cuenta al espectador y a escribir para él, un él ajeno a mí o a la persona destinataria real del texto. Convirtiéndose en un ser difuso, no concreto, al que dirigir parte de mis textos. Y es aquí donde más me he sentido extraña, porque ese ser al que yo escribo en cada texto es diferente, en unos casos es afin a mí, en otros no. En algunos casos son personas conocidas, pero no concretas y otras no. Y al mostrar mis textos, al exhibirme, nunca sé si ese ser difuso estará escuchando o no mis escritos, pero la mera posibilidad de que pueda llegar a su destinatario me produce placer. Eso, o que los textos escritos para mí puedan hacer sentirse identificado a alguien, sintiéndolos suyos, aunque su experiencia o sensación en absoluto tenga algo que ver con la mía o lo que yo siento. Una especie de empatía mística. Lo que no me produce placer es la constante competición en la que parece haberse convertido cualquier cosa. Y quizás, esa constante especulación de nuestro contenido, como cotizando en bolsa, me hace querer huir de todo esto.

Pero aún hay Laura Mequinenza para rato, como digo, soy hedonista, y ahora, también exhibicionista. El placer es mío.

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