De enfermedades y cosas parecidas

03 06 11
Te conocí de casualidad, y una necesidad superior a mi me lleva a buscarte, creo que te desconcierto y no quiero alejarte, de madrugada me siento más débil para controlar mis impulsos, por tanto he decidido abrir un blog para desahogarme, ya que yo misma encuentro inexplicable este sentimiento.

Te conocí apenas hace una semana, apenas hablamos, apenas tuvimos trato, yo pensaba que yo no te caía bien, que me esquivabas, pero aún asi tuvimos un retiro en la tienda de campaña, tú y yo solos, contándonos la vida, impresiones de lo que es importante, recuerdo sentir la complicidad suficiente para desahogarte mis temores, mis miedos, mi soledad actual, la cual normalemente me cuesta reconoce. La primera noche dormimos muy juntos, rozándonos pero sin tocarnos, sin intentarlo, sin poder dormir debido al ruido, a la conversación política y pseudo flirteo que nuestros acompañantes profesaban, estabas ahi, a mi lado, pero a la vez estábamos tan lejos…
Al día siguiente sentía un balcón profundo en tus ojos donde me invitabas a asomarme pero que sentía lejos, una espesa distancia que nos separaba. Estabas ahí pero no te conseguía tocar. Pero a la noche, en una cama de 4, nuevamente 4, volvías a estar a mi lado, cerca, sintiendo tu respiración, no pude resistirme y te cogí la mano y te invité a que me abrazaras… seguimos con pequeñas caricias entre las manos, como reconociéndonos, una comunicación inocente que por fín a ti me acercaba. Estabas ahí y el corazón se me aceleraba, sin hablar, sin mirarnos, solo tu abrazo en la oscuridad, tus manos jugando con mis manos, no podía más, todo me invitaba, a pesar de nuestros acompañantes a quererte besar. Nos besamos, nuestros acompañantes huyeron y entonces nosotros quedamos, nos hablábamos y nos besábamos, tú que tan lejos hasta hacía poco estabas, te sentía cerca, te sentía a mi unido, la complicidad de tus palabras, el miedo en las mismas. Cerca y lejos, lejos y cerca. Me temes, por ser sincera, te temo porque no te conozco pero a la vez te siento como de toda la vida. Qué es esto que me hace querer estar de ti cerca y no quererme separar?
Hace tiempo que no creo en las relaciones, y menos a distancia, tú tendrías que irte en unos días, yo no puedo comprometerme con nadie, ando demasiado seducida por la liberdad, cosa que te hace sentir inseguro en mi presencia, en cierta medida, al oirme te relajas, pero se nota que sigues alerta. Me imaginas soberana del mal, pero cuando me fundo en tus brazos y pierdo mis armas en tus labios, me miras sorprendido y no sabes cómo tratarme.
Pero tú tampoco quieres algo o no algo, no sabes qué ha sido este encuentro. Sigues atado en tu ciudad, a quien no sabes si quieres o no quieres o que es lo que tienes allá. Creo saber lo que sientes, pero no lo puedo asegurar.
Tú inminente despedida me pilló de sorpresa, te imaginaba conmigo una noche más, una noche en la que yo no tuviera que madrugar, no tuviera que escapar de tus brazos, no tuviera que dejarte mientras mi cuerpo se quejara por no quererse marchar. Pero te ibas… y tu rostro me reflejaba distancia, aparentemente volvía a haber un muro, que rompimos en el último momento, con esos últimos besos, con esa despedida apresurada de la que no me he podido reponer.
En tus mensajes me preguntas por el detonante, en que momento me empecé a sentir así? No lo sé, elaboro hipótesis. Pienso en mis melopeas… pero al fin y al cabo, en estas cosas, de qué sirve teorizar? Y me siento agusto pensando en ti, pero me agobio pensando en que tal vez te estoy rayando con mis mensajes, mis poesías, mis confesiones. Así que procuro evitar contactar contigo, pero… no lo consigo. Por eso este blog, para matar estas ansias y resistir hablarte, porque aveces pienso que esto es mi paranoia, y que tal vez a ella te estoy arrastrando.

Hoy hablé con una amiga, me decía que su novia sentía tantísimo por ella, que (en fin, justo ahora me acabas de llamar por tlf, me rompes… yo con mis movidas, y tú vas y me llamas todo feliz tras haber recitado mi poesía, esa que dices que has sentido un montón, esa que tanto te gusta, para desmontarme con tus palabras, cada día me siento más extraña con esta historia) ella aunque no la quería, se dejaba llevar por ese sentimiento, creyendo que también provenía de ella. Al hablar de eso, de su reciente ruptura, temo que eso de que empiezo a llamarte la atención más de lo normal sea algo parecido, pero en realidad… no busco nada de tí, tal vez solo compartir contigo esto que siento, sin más aspiración. Y con el deseo idealizado tal vez, de volver a encontrarnos, tal vez, de volver a besarnos.

Así que antes de empezar con paranoias nuevas… (puf, ahora tengo el pecho revolucionado tras tu llamada) voy a transcribir las cosas que te escrito de forma cronológica. Por ordenar mis ideas. Entre ellas, tu poesía, que ya la siento más tuya que mía, de tantas veces que me has dicho que te encanta, de tantas veces que me has dicho que la has leido, que de hecho la has leido tú, antes que yo, ante un público.

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