yo de mayor quiero
Laura Mequinenza
Laura Mequinenza

De mayor quiero…

De mayor quiero ser como esas viejitas que tienen el pelo canoso y largo, se hacen trenzas de india y visten un look atemporal

Siempre digo de mayor quiero… o cuando sea viejita yo seré… pero me resisto a la idea de envejecer. Pasan los años y me siento anclada a la juventud, pero no a cualquier juventud, sino a la mía. A mi época. Quizás tenga más experiencia, esté más cansada o no pare de ampliar los prismas con los que ver el mundo.

Hay un monólogo de Goyo Jimenez que habla de estas cosas, que me encanta. En el fondo todos nos quedamos anclados en nuestra juventud. En la nuestra. Y todos nos vamos desfasando y viendo un mundo que no es el nuestro que se quiere imponer, pero no. El mundo dentro, seguirá siendo otro.

Pero el cuerpo ¡ah! es otra cosa…Ahí no hay romanticismos posibles. Es la víctima que me atestigua el inexorablemente paso del tiempo, del cambio, rehén social que trata de convencerme de que ya no me pertenece esa juventud a la que me aferro. Pero mi juventud, la mía, no me la pueden arrebatar, porque no está en la parte material. Esa sí envejece. Sino que la juventud es una parte de mí, que va unida indivisiblemente a mi existencia, al menos mientras siga recordando. Igual que la niña, esa niña que nunca he dejado de ser. Unida a todos los estados por los que he pasado y que pasaré, y que forman parte de mí les pongamos o no nombre. Porque la vida va sumando etapas, no restando.

Aún así, reconozco que siento la presión social filtrarse asfixiantemente en todos los aspectos y todos los contextos. Como una persona que cree perder el juicio debo recordarme que no, que no son las cosas así, que no debo aferrarme al autoconcepto de mi misma basada en mi parte física, caduca, mortal. Sino en todo lo que soy más allá del alcance que pueda tener. Y es ahí cuando me renacen más las ganas de escribir, de volver a dialogar conmigo, haya público hoy o no.  

Y me pregunto si los 40 albergarán tantas crisis como la década de los treinta. Recuerdo cuando mi madre me contaba que a veces parece que el tiempo se estanca, y sientes que no pasa el tiempo, pasan años y años y te sientes igual y que de repente da un giro el tiempo y cambias de golpe. Pero oírlo y vivirlo son dos cosas distintas. Cada uno tiene su rodaje y cada uno lo sufrirávivirá a su manera, imagino. Aunque todos viviremos, en el fondo, procesos parecidos. Y es hoy, recordando estas palabras en las que me inspiro porque es la parte material en la que sentimos el paso del tiempo y la que nos hace sentir que se ha parado o que ha cambiado de golpe, al percibirlo en la imagen que proyectamos. No en el verdadero paso del tiempo. Y no es baladí, porque todos sentimos la presión de sentirlo así, porque imagino que en cierta manera, también, nuestro cerebro asocia los cambios físicos al paso del tiempo y todo esto se retroalimenta diariamente de infinitas formas.

Hoy mismo vi la fotografía en redes de un chico con el que tuve un rollo, y el cambio que ha sufrido en un solo año me ha impresionado. Parece que en lugar de un año hubieran pasado diez, veinte, no sé. Y lo primero que he pensado es que quizás hubiera sufrido una enfermedad. Y  claro, me pregunto si él mismo ahora siente esa presión externa de asociar que el él del año pasado y el él de este año están separaos por una barrera psicológica que le hace abandonar esa etapa y le coloca en otra. En plan, ya no eres esa persona, eres otra.

En este sentido, pertenecer a la generación del amor líquido, sí, me ando leyendo el libro ahora, me hace tener cierta envidia a ese vínculo que comparten las parejas que llevan juntos toda la vida. Recuerdo a mi madre cuando me decía eso, de que cuando llevas muchos años con una persona, aunque cambie por fuera, para ti sigue siendo esa persona que era cuando la conociste y todos los que fue después. Y que cuando lo miras, ves eso. Y lo entiendo, perfectamente porque en realidad nos pasa con la gente de nuestro entorno con los que tienes contacto de toda la vida. Ya sean amigos o hermanos. Que, aunque físicamente lo puedas percibir de una forma determinada, para ti es todos los estados que has vivido con esa persona. Lo que me lleva a pensar que quizás parte de la pérdida de esas etapas estriba en que eso que suma en tu interior es algo íntimo, personal y que sólo lo puedes realmente compartir con un número reducido de personas. Aquellas que pueden vivir contigo experiencias, y conocer con más profundidad la persona que has llegado a ser con la suma de todas tus etapas. El resto, la parte externa, foránea, lejana, circunstancial sólo puede estimar los cambios, las escasas referencias que le llegan, en su mayor parte, por la carcasa. Todos somos desconocidos para la mayoría. Incluso circunstanciales para muchos alguienes. Somos ciegos ante la evidencia de que nosotros de alguna forma también negamos, incidimos, presionamos ante la existencia anacrónica de la juventud de los demás conviviendo con una época que ya nos les pertenece. Y por supuesto, los demás, de una u otra forma también lo harán, en su momento, con nosotros. Como dice Goyo, a todo cerdo le llega su San Martín.

Así que creo, que aunque se arrugue mi cuerpo (más), y se me vaya deteriorando (más aún), tendré esa sensación de futuro más allá de mí que me empujará a seguir diciendo Yo de mayor quiero…Porque en el fondo nunca he sentido que he dejado de ser joven, aunque ciertamente poco a poco mi cuerpo ha empezado a envejecer.

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Última vez modificado abril 21, 2021

Laura Mequinenza
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