Tranquilidad

Cada vez me voy acostumbrando más a estos bailes en los que nos movemos, me siento como cuando aveces he bailado salsa con los ojos cerrados con alguien que baila muy bien. Cuanto más me dejo llevar mejor muevo los pies y cuando trato de pensar para seguir el ritmo, lo pierdo por completo, y los nervios me hacen cada vez bailar peor, chocarme, pegar pisotones. Y tengo que parar, respirar ondo y relajarme. Y volver a dejarme llevar, despacio y poco a poco fusionarme con la música, con el ritmo y disfrutar. Así me siento. Creo que he conseguido, tras varios traspiés, empezar a coger el ritmo, acostumbrarme a la música y dejarme llevar.

Cada vez se me hace más fácil sentirte, estoy empezando acostumbrarme a esa manera tuya de darte a sorbitos. De retenerte para entregarte luego entero. Como esa frase que me sueles decir, lo de que eres complaciente. Complaciente, ¿Quién diría que alguien que se define complaciente pudiera ser tan difícil? Y a la vez tan fácil. Esta semana nos vemos de nuevo. Te tengo ganas, al menos esta vez no te temo como la vez anterior, en la que la incertidumbre me hacía esperarte inquieta. En esa casa de la mujer loca, la del bisel de tul que nos cargamos el último día. Miraba el bisel y te imaginaba frío y esquivo. Qué difícil es la distancia aveces.

Confusión

Tanto me confunden los ritmos en los que nos movemos, cómo me haces girar a tu alrededor como una quinceañera, hablándome con la dulzura de quien te quiere para sí. Y me hipnotizas con tus frases, en las que me sumerjo y me dejo llevar. Los días contigo son breves e intensos, pareciera que nunca nos vamos a volver a separar y entonces otra vez, el adios…la distancia. Otra vez acostumbrarme a sentirte lejos, muy lejos, en esa lejanía mental, en la que ninguno de los dos nos queremos dejar caer, pero que este mundo virtual nos empuja como una paradoja.

¿Cómo fue aquello cuando sólo éramos seres virtuales que nos podíamos comunicar con profundidad, con locura, con complicidad? Y ahora, que la desvirtualización nos hace sentirnos aún más afines, más cercanos, más parecidos, la virtualización se yergue sobre nosotros como un muro frío e inexpugnable, que me hace percibirte extraño, desconocido.

Y pensar que mi voz, mis palabras, también te amenzan en la distancia. Tocada y hundida, al escucharte relatar los desencuentros conmigo, quizás mi llanto no sea único, quizás todos lloramos en silencio los desencuentros con las musas, en un delirio que nos hace ver moustruos en la oscuridad, en el frío, en la soledad. Y ambos, alejados, sintiendo un frío que nos hiela, y que amenza con herir al otro de frío sin decidimos tocarlo con nuestras palabras, nuestras palabras enllantadas.

Melissandre

¿Y qué tal si empiezo a escribirte bruja roja para poder hablar sinceramente contigo?

Hablarte de la lejanía que empiezo a percibir en nuestras conversaciones, en la sutil manera que tienes de esquivar cuando te adulo. Eres una pared, eres herméticamente infranqueable, cierto que me confesaste que nunca te habías enamorado, que eres de ritmo lento. Cuando tenemos nuestros encuentros eres cercano, adolescentemente cercano. Con esa dulzura del que no teme que le amen ni ser amado. Fogoso, incansablemente fogoso. De trato fácil, de mirada tierna…y me confundes. Me confundes porque una podría enamorarse fácilmente de ti pero pones un muro y siento que no quieres que entre, que no entre más allá de lo que crees prudente. Y me siento bailando sola en mi dejarme llevar. Porque yo siempre me quiero dejar llevar, pero no me llevas, no me llevas.

A momentos pienso que es bueno ir lento, porque me marcas una distancia que aleje mis mil demonios que no dudan en aparecer cuando las cosas van bien. Me marcas una distancia que evita que adquiera sensación de propiedad. Recuerdo cuando me dijiste que era “tu peorcito”, o cuando nos fuimos de casa de tu amigo que me dijiste que estaba muy guapa pero que te daba vergüenza decirmelo allí, y me haces pensar que realmente sí que tienes otro ritmo, que quizás no me doy cuenta que necesitas ir demasiado despacio. Nuestros encuentros me despistas, te veo tan natural, tan cómodo, tan fluido, que me cuesta creer que realmente sea así, que tus tiempos sean tan pausados, en el fondo me gusta pensar que si, que eres una damisela que se hace de rogar para que la conquisten, pero a momentos me inquieta que te asfixie mi intensidad, que halla otras que te tienen mejor que yo y pienso en dejarte escapar.

Me dices que vas por rachas y que cada uno es como es…Mientras no haya extremismos ni necesidades insatisfechas… ¿Qué me quieren decir estas palabras Melissandre? ¿Podré bailar a este ritmo que me marcas sin desesperarme?

Me gustas pero siento que eres un capricho, un capricho que no sé cuánto durará.