Nadie a quien amar

Texto perteneciente al poema Cementerio de amor muerto. Parte I

A altas horas de la madrugada,
buscar a alguien que haga de salvavidas.
Esta noche,
miro náufragos que posiblemente,
aunque callados,
anden necesitando lo mismo.

Qué silenciosa es la noche
y lenta
cuando no hay nadie a quien llamar
nadie que te rescate
nadie que te eche de menos
nadie
mirando un móvil
inerte
mirando el techo
mirando el azul
tiñéndolo todo.
Una noche más,
no puedo dormir.

A mi cabeza
vienen tantos tús,
tús que no lo son tanto,
podría abrazarme
a cualquiera de ellos
y seguiría sintiendo este vacío.

No lo llenarán, no,
solo, tal vez,
una sola noche.

Mañana todo sabrá a marchito.
Cariño usado de contrabando.
Adioses
que parecen hasta luegos,
pero son eternos.

Esta noche lloraré a todos mis muertos
caerán sus cenizas sobre mí
y cada silencio
será una nueva losa.
Vendrán a mí
cada uno de sus funerales
vacío,
más silencio,
sigo sola.

Esta noche pesa sobre mí
el tiempo parece no querer avanzar
me empeño en fingir
que voy a dormir.

Catálogo de preguntas
existenciales y suicidas
crece esta ansiedad
este esperar que algo suceda
algo mágico que me salvará de mí misma.
Vuelvo a los tús, a los milagros,
a refugiarme en el papel
a sembrar ejércitos de poemas,
a rasgar el tiempo
a inundar telas
a vomitar letras
la melancolía invade,
ahora, todo mi cuarto.

No puedo dormir
no puedo
no consigo dormirme
ni salvarme
ni llamarte
ni olvidarte
esta noche
que parece no querer,
nunca, terminar.

Incluído en el poemario La coleccionista de Azules

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