LAURA MEQUINENZA

Antología

Algunos de mis poemas
salvate tu laura mequinenza

Invisiblemente humano

Quiero un lugar real, tangible
donde mano, mano,
boca, boca,
seamos otra vez seres de carne y hueso

Donde piel y piel
y oler la risa
y morder el miedo
y otra vez.

Me gusta pensar
que es tu voz
la temeraria viajera
que te trae
invisiblemente humano
a mi oído
pedacito
a pedacito

Mandarina

Estaba pelando una mandarina
quitando una a una las fibras blancas
que se adhieren a los gajos
degustando despacio su sabor
al ritmo que mi dedo
desliza la pantalla hacia abajo
mostrándome eslóganes baratos

“Tóxico, quejarse es tóxico,
sonreír demasiado también”

Una vez me gritaron
políticamente correcto
que me deberían haber enseñado a mentir
que cuando uno come fuera
hay que decir siempre
que todo está muy bueno.

Qué atrevido ser poeta

Qué atrevido ser poeta
y degustar con los sentidos
y transformar en palabras
el sabor, que las letras no saben
el amor, que las letras no aman
la lucha, que las letras no luchan
y confiar, que al otro lado,
alguien toma las letras
y sabe, ama y lucha.

Qué atrevida la boca apresurosa
que viene a perder el juicio
en su te entiendo, yo también,
se equivoca.

Y también yo que propago el viento en versos
con mis pensamientos, reflexiones y recuerdos
a quien no los tuvieron,
a quien mi mente no roza,
a quien mi cuerpo no goza.

Y enjuagado, cada uno en su propio embeleso
entienda las palabras que escucha
en sus propias noches y no en la mías.

Qué atrevido ser poeta
y pensar que se puede capturar lo efímero
sin ser impreciso
compartirlo
sin ser incompleto
alzarlo sin dañarlo
conservarlo
sin profanarlo.

Que mis tercas metáforas
sean depositarias de alguna remota verdad
y no sólo meras catalizadoras
emitiendo frecuencias
que nos hacen creer que todos
sentimos con el mismo latido.


Pertenece a Desfragmentando

Las palomas locas

Dedicado a tantas víctimas sin nombre.

El ala, el ala, el ala
recompensa
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
recompensa
si sigo moviendo el ala, habrá nuevas recompensas
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala…
y así la paloma se volvió loca
moviendo frenéticamente el ala.

Botón, adrenalina, botón, adrenalina, botón, adrenalina

Skinner la hubiera colocado en una caja
si ella fuera una paloma
pero ella no era una paloma
era una persona
y su forma de mover el ala
era apretar un botón
su recompensa
también aleatoria
un ardid para el juego perdedor.

Cuando no puedes controlar
el ala, el ala, el botón, el botón,
el una y otra, y otra, y otra, y otra
y otra, y otra, y otra, y otra vez
repetir compulsivamente la misma rutina
es cuestión de tiempo
convertirte en una de esas palomas.

Los locos que aprietan botones
no nacieron solos
ellos, también, son fruto de un experimento
uno rentable.

La búsqueda patológica de la recompensa
no debería ser el negocio de ninguna empresa.
La enfermedad crónica, tampoco.

Despertar al monstruo latente
estimulando la reiteración de la conducta
de apretar el botón, apretar el botón, apretar el botón,
el botón, el botón, el botón, el botón, el botón, el botón…

No culpes a la ludopatía
si la has metido en una caja
no digas adicción
si has llenado de experimentos nuestros barrios
sois asesinos en serie, asesinos
y vuestras víctimas no tienen nombre
caen en nuestro bando, en nuestras calles, en nuestras manos.

Las muertes sin nombre
son ahogadas vidas que se lleva el dinero
y llevan la mancha de vuestras casas.


Pertenece a El Cristal de la Pecera

Lo que no se ve, no existe

Lo que no se vé, no existe
lo que no existe, no es importante
lo que no importa, nadie lo tiene en cuenta.
 
En la sombra yace todo lo que dejó de importar
lo que dejó de contar, lo que nadie recuerda que existió
y en torno a la luz escasa,
sólo unos pocos, toman decisiones
alrededor de la vela que calienta el mundo.
 
Las esquinas, las paredes, los techos, y gran parte del suelo
están sumisos en una sombra, una gran sombra
que nadie mira
que nadie ve
lo que se acumula en ella, ahí está,
invisible, para la luz, para el exterior, para el mundo.
Mas existe, y no solo existe, sino que importa.
 
Quizás, es demasiado ambicioso querer alumbrar con una sola bombilla
todos los lugares que se hayan en las sombras,
ya sea donde la vela no llega,
ya sea en la oscuridad profunda.
Quizás si cada uno alumbra lo que de de sí su bombilla
habrá mucho que empiece a contar
empiece a existir,
y vuelva a ser una parte importarnte a la que cuidar.

Sobre mi – Hematofilia

Siento cómo el agua baña mi cuerpo
apenas cierro los ojos
el agua se hace pesada y espesa
la acaricio resbalando por mi cuerpo.

Mis yemas aún saben a ti
entre hierro y dulce
te saboreo.

Deslizándote entre mis dientes
juegas con mi lengua
eres adictivo, quiero más.

Quiero morderte, arrancar un quejido de tu boca
notar la sangre fluyendo, el charco de tu cuello.

Beberte.
Embriagarme.

Sentir el líquido viscoso tiñendo mis labios
calentándolos.

Lamer la herida, degustar gota a gota
las pinceladas que se derraman en el lienzo de tu cuerpo.

Agotar mi sed.
Saciarme.

El agua sigue cayendo sobre mi.

Esparciéndose sobre mi. Mojándome entera.
Cae sobre mi. Recorriéndome sin prisa
pasando por mis ojos, mi boca, mi cuello, mi pecho, mi ombligo
sentirla sobre mi. Recreándome despacio
pensando en tus manos,
tu tacto acuoso reptando por mi piel hasta detenerse en mi boca
queriendo que te pruebe, dándome un poco de ti
para que cierre los ojos y te pida más.

Te gusta jugar.

Tus manos arden, llenas de sangre caliente
sobre mi.