Felicitación navidad

A todos los que ya no están, pero aún no han muerto, al menos físicamente

Este texto lo escribí la última vez que mandé postales
de navidad para celebrar las fiestas.
Antes lo hacía todos los años, igual que los
mensajes de texto, igual que llamar
para celebrar el año, y los cumpleaños.

Feliz Navidad

A las singulares horas que dedico en estas fechas
y también a lo largo del año
a recordar momentos que llegué a compartir con aquellas personas
que sé que ya nunca volverán a formar parte de mi vida
y que, sin embargo, de alguna manera sigo teniendo presentes.

A la estúpida sensación de alegría que me produce saber
que he logrado con esfuerzo pasar por fin página y no vivir más en el pasado.
Llegar a pensar que arañar mis recuerdos y teñirlos con olvido
me conduce a un espeso y confuso estado de normalidad y de no infelicidad.

A las nuevas costumbres, hábitos, a las nuevas experiencias
que me conforta mi nuevo yo
que marca un infinito entre lo que soy y lo que era,
entre lo que quiero y lo que quería,
entre lo que siento y lo que sentía,
entre lo que sueño y lo que soñaba
que me produce una profunda desorientación en el coexistir de mi personalidad
y dibujo mundos paralelos para exiliar a mi antiguo yo y no echarle de menos.

A las promesas y expresiones de eternidad y futuro
que pasaron por mi vida que se ahogaron alguna mañana
y no volví a escuchar.
A todos los Te quiero que escuchado y que escucharé
sin dejar de pensar en que las palabras no son más que palabras
y que igual que vinieron un día más tarde o temprano también se irán.

Al sentimiento que albergo de olvido, a pesar del tiempo y la distancia,
que anida en mi interior y emite pequeños afectos que se disipan
y que nada puedo hacer por evitarlo.

Deseo
que invisibles se hagan sus huellas
y que se alejen de mi camino
para nunca más despertar mi melancolía.

Que los vientos helados
cierren la puerta de mis sentimientos
y desaparezca mi escondida agonía.

Por una Inmortal Felicidad
que no me pueda hundir ni siquiera en Navidad,
deseo
que dichosos sean los caminos que nos separan
y solo me queda, tal vez,
caer en la tentación
de desear
Feliz Navidad.



Este texto también sería en el futuro el primer texto que elegiría para recitar en público, en Casa Merani, en diciembre del 2008. Llena de amistades nuevas, pocas caras de mi pasado (sino ninguna) estará en aquella noche. Haciéndolo más vivido. Pero será una gran noche, decisiva, que hará de recitar en escenarios parte vital en mi vida. Pero para eso faltan aún unos añitos. De momento, no más postales por navidad.

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