La herida crónica

Son las lunas que no se ven
las que de forma regular
me desconectan de este razonar
me hacen caer en las redes de todo mal.
Vierten sobre mi vientre gritos
que irán tejiendo una nueva cueva
en la que guarecerme.

Mientras la herida sigue abierta,
Pandora acariciará cada uno de mis pensamientos
le dará de beber agua salada.
Las cuencas desbordarán
en un alud contínuo de roer el llano.

Como parte de la rueda que se pisa a si misma,
la herida que se abre y se cierra,
cada vez dolerá más y se sentirá menos.

Anestesiada la preocupación
dejaremos que las voces agudas
rasguen el tejido conectivo
que separa una vida con otra.
Cada porción de tela
colgando a un extremo
para contar un paréntesis
que se cierra sobre si mismo
para dejar de existir.

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