Hay dos caras

una, la que siempre veo

la que me hace identificarte

la que no permuta, invariable, plana,

inexpresiva en lo afectivo

vividora pasiva de los días.

 

Pero existe otra, la otra,

que aparece a veces, que transforma los rasgos,

que te envilece y te convierte en frágil

en humano, te enfatiza los rasgos de niña

supura la dulzura en las comisuras

transforma el rostro

ya no es igual.

 

Barajas el azar de la metamorfosis

esa persona no es la misma

la piel se vuelve permeable

los ojos se enternecen

y aparece la inocencia perdida

el origen de todo

y la atracción actúa.

 

La atmósfera se llena de partículas

que te van acercando a la otra

la que sólo a veces aparece

el corazón responde a ese impulso de atracción

es como si su boca se convirtiera

en el epicentro de tu cosmos

y la sangre te llamara

se convirtiera en torrente

lava arrastrando todo raciocinio

espontánea ebriedad incontrolable.

 

La otra cara

que a medida que la observas

nada se parece a la anterior

sabes que es la misma persona

lo sabes, pero por instantes lo dudas

y observas cómo los gestos

se van integrando a la escena.

 

Tú me miras, me atraes,

me miras, me acerco,

(nunca pruebo a besar antes

de que aparezca la otra cara,

siempre espero, espero

esa mágica transformación)

me miras, te miro

me has reconocido

juntamos las bocas

y nos besamos.


 

Me pregunto si yo también tendré “otra cara”

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