(A mis enemigas)

Me han crecido los senos

y no paro de alimentar

pequeñas ratas que los muerden

buscando hacer sangre.

Aún no ha nacido el niño muerto

que asomará la cabeza entre mis piernas,

pero todas quieren beber de él.

 

El ocaso recubre las paredes

de óxido y flujos

donde el olor a sexo se confunde

con hedor de entrañas pútridas

y las alimañas

no dejan de lamer

allá donde el negro se confunde con el rojo

esperando encontrar gritos

donde solo hay silencio.

 

Pero nadie grita

Solo hay frío y eco

solo hay frío y viscosidad

solo hay frío y hedor.

 

A hurtadillas

se acumulan jadeos en las esquinas

y se esfuman sin mayor importancia.

En mis piernas mil cicatrices

compiten por perdurar contra las mil que aparecerán mañana.

En mi boca, moscas

y en mi mano

una caricia antes de olvidarlas.

 

Han salido a buscar

un ataúd para mis muertos

alguien gritará en alguna ventana roja

pidiendo que los enterremos.

¡Mis muertos ya están en el ataúd de mi cuerpo!

Pero pronto vendrá el tiempo a desenterrarlos.

 

Y mientras mis pechos siguen creciendo

pariré de nuevo con dolor estéril

y lo dejaré abandonado en el suelo

y engendraré nuevas ratas,

nuevas paredes y nuevos muertos.

 

Con con bonito que puede llegar a ser el ser humano, tanto por dentro como por fuera, algunas personas eligen ser verdaderamente horribles. Igual no por fuera, pero cuando una persona es horrible por dentro, ya no puedo percibir el encanto de su belleza, la magia, todo se enturbia y hasta los rasgos se me hacen vomitivos. Las ratas no tienen la culpa, pobres, de esas personas. Pero este poema está dedicado a ellas. No debería escribir poemas a la mala bilis que las mueve, no debería inmortalizar sus bajezas, sus envidias y sus artimañas. Por eso quizás en el poema están transformadas en ratas, que son animales infinitamente más agradables, infinitamente mejores. ¿Pero quién soy yo para decirle a mi inspiración qué trocito de mi vomitar hoy?

Así que sí, este poema va para mis enemigas, muchas de ellas incluso sé que existen, pero incluso para ellas, también van estas palabras.

poema arena poember deidad
Si la arena fuese tú
si tú fueses la arena
toda la arena
El romanticismo me hizo imaginarte joven, esbelto, con poderes sobrenaturales que tu boca en mi cuello me podría hacer inmortal o morir a tu voluntad.
Sabran los peces del azul poema sobre peces
Imagina, quién sabe
ser, por ejemplo, un pez
un pez sobre azul
que no es azul
bajo este cielo
que...

Tu mensaje: