Las palomas locas

 Poema de Laura Mequinenza

Introducción

Las palomas locas, es la historia de los locos que apretan botones, un poema dedicado a tantas víctimas sin nombre de la ludopatía, escondidas de la sociedad que los criminaliza mientras las industrias mal llamadas del juego se enriquecen cuanto más perfeccionan su capacidad para crear adicción. Una adicción digital que aliena de realidad vendiendo una falsa sensación de control y posibilidad de enriquecimiento, un fraude legal, que ataca, principalmente, a barrios marginales y obreros.
Palomas locas de skinner poema ludopatía

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Como diría un grande: «Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación,
os harán amar al opresor y odiar al oprimido». No puedo estar más de acuerdo con Malcolm X en este caso. Tengo una cruzada contra las palabras que se inventar para que las víctimas se perciban como culpables, no sólo por los demás, sino incluso desde uno mismo.

¡Y no, no acepto, ni quiero,vuestros términos de mierda,son veneno por muy de moda que queráis ponerlos!

¿Sabrán los peces del azul?

Un día, estaba en Valencia en una casa muy guay que tenía una especie de estanque en la entrada con peces, el fondo del estanque era azul, y me puse a delirar, imaginando cómo sería para esos peces vivir allí, de decoración en esa casa y si serían conscientes de alguna forma de los surrealista de su existencia en ese lugar.

Las palomas locas

El ala, el ala, el ala
recompensa adrenalina
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
recompensa adrenalina
si sigo moviendo el ala, habrá nuevas recompensas
el ala, adrenalina el ala, el ala, el ala, el ala,adrenalina, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el
ala, el ala, el ala, el ala, el ala, recompensa adrenalina
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
el ala…

y así la paloma se volvió loca
moviendo frenéticamente el ala en busca de su recompensa

La persona protagonista de nuestra historia , le pasó algo parecido

Botón, recompensa, adrenalina
botón, botón recompensa adrenalina,
botón, adrenalina
botón, botón, botón …
Skinner la hubiera colocado en una caja
si ella fuera una paloma
pero ella no era una paloma
era una persona
y su forma de mover el ala
era apretar un botón
su recompensa
también aleatoria
un ardid para el juego perdedor.
Cuando no puedes controlar
el ala, el ala, el botón, el botón,
el una y otra, y otra, y otra, y otra
y otra, y otra, y otra, y otra vez
repetir compulsivamente la misma rutina
es cuestión de tiempo convertirte
en una de esas palomas locas.

Los locos que aprietan botones
no nacieron solos
ellos, también, son fruto de un experimento
uno rentable.

La búsqueda patológica de la recompensa
no debería ser el negocio de ninguna empresa.
La enfermedad crónica, tampoco.
Despertar al monstruo latente
estimulando la reiteración de la conducta
de apretar el botón, apretar el botón, apretar el botón,
el botón, el botón, el botón, el botón, el botón, el botón…

No culpes a la ludopatía
si te has dedicado a meterlos
uno a uno en cajas
y entrenado desde pequeño
hasta convertilos
en palomas locas
no digas adicción
si has llenado de experimentos nuestros barrios
si has ensuciado la mente adolescente
sois asesinos en serie, asesinos
y vuestras víctimas no tienen nombre
caen en nuestro bando, en nuestras calles, en nuestras manos.


Las muertes sin nombre
son ahogadas vidas que se lleva el dinero
y llevan la mancha de vuestras casas.

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¿Sabrán los peces del azul?

Un día, estaba en Valencia en una casa muy guay que tenía una especie de estanque en la entrada con peces, el fondo del estanque era azul, y me puse a delirar, imaginando cómo sería para esos peces vivir allí, de decoración en esa casa y si serían conscientes de alguna forma de los surrealista de su existencia en ese lugar.