Antología de los poemas publicados en esta página

Me he tropezado con tu abrazo
que esta noche estaba de saldo,
igual que el mío.
Arremolinados en los brillos
que se van consumiendo
en los vasos que apuramos.
Mientras me sonríes,
mientras me sonríes.

Mientras buscamos excusas estúpidas
para no separarnos
y que tu brazo
pase por mi cintura
si me descuido
y yo que no me doy cuenta
pero me acomodo
a la forma de tu cuerpo.

Tropezamos con historias
que nos marcan ya distancias,
con largas distancias
para que no nos enredemos demasiado.
No sea que se confundan
nuestras ropas en la madrugada
debajo de la cama.

Somos transeúntes,
transeúntes que tropiezan, se sonríen,
que mezclan el sabor de sus bocas,
el tacto de sus manos.

Pero que
cuando llegue la mañana,
se despedirán apresurados
recordando
con la culpa en tus ojos
que son dos desconocidos
que tropiezan sólo de madrugada,
para no despertar más cariño.

Yo tenía un clon
si un clon de esos
que son igual igual a ti
pues, ¿que va a ser sino un clon?

Y cuando yo levantaba la mano
mi clon levantaba la mano
y cuando yo abría la boca
el clon abría la boca
pero sucedía
que cuando yo hablaba
el clon no decía nada
que cuando yo sentía
el clon no lo hacía.

Yo tenía un clon
boca vacía, sin corazón.

Y nunca enfadado
y nunca triste
y nunca débil
y nunca enamorado.

Yo seguía levantando la mano
y como un títere
rápido, mi clon, la mano alzando
y yo seguía abriendo la boca
y los labios de mi clon, mis gesto imitando.

Era tan fácil ser clon
y tan difícil ser yo.
Y me miraba en el espejo
buscando trazas de clon
¿Era yo? ¿Era el clon?

Y en mi cabeza
el clon, el clon, el clon.
Y los martes
el clon, el clon , el clon
y de noche
el clon, el clon, el clon,
y en mi cama
el clon, el clon, el clon

Zas
las tijeras cortaron mi pelo
cayó al suelo, y el resto se volvió rojo.
Me marché lejos
por el camino nació una nueva yo.

Sentía el acecho del clon
en cada esquina, en cada banco, en cada acera

Huí, huí, huí
pero retumbaba en mi cabeza
el clon, el clon, el clon
y yo
lejos, ausente, no existía.

Pero no podía evitar
espiar
espiar a mi clon.

Y ahora todos solo conocían al clon
el clon que no hablaba
el clon que no sentía
pero que a todos tanto agradaba.

Ahora mi clon era más yo,
más yo que yo,
y yo,
menos yo,
menos yo que el clon.

El clon, el clon, el clon,
Y tanto pensaba en el clon que no atendía
no me daba cuenta
que mi ahora nueva yo,
otra yo más,
otra yo
que no sentía igual que yo,
que no veía igual que yo,
que no quería igual que yo,
me salpicaba por todas partes.

Mientras yo era la sombra muda
exiliada, prisionera
y no podía evitar, controlar,
que moviera mi mano,
que moviera mi boca,
y vaya que si hablaba,
hablaba, hablaba tan fuerte
y tan lejos
que ya no tenía sentido seguir huyendo.

Y en el reflejo, de nuevo
buscaba trazas de clon
¿Era yo? ¿Era el clon?
¿Era yo? ¿Era mi nueva yo?

Y en mi cabeza
el clon, el clon, el clon.
Y los jueves
mi nueva yo, mi nueva yo, mi nueva yo
y de noche
el clon, el clon, el clon,
y en mi cama
mi nueva yo, mi nueva yo, mi nueva yo

Entonces
se abrió la puerta
y ya no había un clon,
había dos,
mi clon era mi clon,
y el nuevo clon,
era el clon de mi nueva yo.

Por primera vez, en mucho tiempo
levanté la mano, abrí la boca
y el clon de la nueva yo
empezó a levantar la mano,
empezó a abrir la boca.

Si la arena fuese tú
si tú fueses la arena
toda la arena
el mundo tililante
dependiente
oscilante
la humanidad
bajo tus pies, tu piel, tú
suspendida
pieza única, onírica, lírica
que sostiene todo
que es todo
porque tú
porque la arena
deidad sin lanza
deidad sin mantra
deidad sin mancha
si tú fueses la arena
la arena toda
si la arena fuese tú.

El romanticismo me hizo imaginarte
joven, esbelto,
con poderes sobrenaturales
que tu boca en mi cuello
me podría hacer inmortal
o morir a tu voluntad.
Una increíble melena
Infartando mi deseo
ciega como grupie adolescente
Víctima inevitable
A una mirada hipnótica
Estroboscópica
Incapaz de negarme
Después de que llevaras
Océanos de tiempo
Buscándome.

Sin embargo
al caer la noche
he deseado acabar con tu estirpe
tu especie y cualquier otra
que, como tú,
se alimente de sangre.
Malditos hematófagos
Fetiche perverso
Degustar el dulce cáliz
Que nuestro cuerpo segrega

Sangre que no solo atrae
a aradores o candirus
jejenes, chipos, chinches, pulgas, piojos o mosquitos
también atrae  ladillas
también atrae a la tenia
también vendrán los tábanos
adictos a la sangre
sanguijuelas
lampreas
garrapatas
y tú
el más peligroso de todos
hematófago
corrupto
impasible
insaciable
asfixiándonos
succionando no eróticamente
hasta dejarnos totalmente
secos
no inmortalmente no vivos
no realmente muertos
indefensos
¡Vampiros!
Hasta la última gota de sangre
me cuesta llamaros humanos
os quedáis absolutamente con todos los recursos
os habéis apropiado del nuestro mundo.

Sin haber vertido aún
el secreto definitivo,
vamos acumulando
el lado equivocado de la balanza.

Marcamos la distancia
que aún nos queda por recorrer
con el soliloquio de aquel
que aún no ha decidido.

Avanzando,
entre despedidas de papel y cartón,
embalando sueños,
aplazando para un quizás,
para un mañana, para otra vida.

Vistiendo besos marchitos
escribimos la historia del vencedor,
el incansable domado,
que ganó una vida.

Me han avisado que aún no es tarde
para convertirse en uno mismo,
pero creo que perdí la referencia del pedido
y me llegó un yo erróneo.

Si fuera un poco más…y un poco más…
siempre a la sombra de nuestro yo crecido,
esperando que los yo menguados de los demás
sean tal vez más valientes y no se apeen como nosotros.

¿Me dedicas una vida mejor?
Lactantes, que no eligieron existir,
llevando el peso de otras riendas.

Serpentea la caricia
que llega entretiempos por la espalda
alabando las medallas que nos hacen llevar puestas.

En el plato,
dos trozos menos,
pero aún queda vino para largo.

Ahora,
nos miramos,
frente a frente
en la antesala del momento
que maneja el epicentro,
estiras tu mano
y se esfuma la conversación,
mientras acaricio el placer de engordar
la despensa del que no lo necesita,
acumulando
el lado equivocado
de la balanza.

Qué embrujo pensar
poder convertirse, por un momento,
en otros seres
con otras vidas
en otros mundos
en los que la realidad
se presenta tan diferente.

Imagina, quién sabe
ser, por ejemplo, un pez
un pez sobre azul
que no es azul
bajo este cielo
que, a veces, como hoy, llueve.

Me pregunto cómo se siente la lluvia
Allá abajo, cuando uno es un pez
cómo será sentir dolor
cómo serán los colores
cómo serán los sonidos.

Qué magia extraña
Debe ser respirar en el agua
o dormir
o simplemente desplazarse
con el vaivén, volando eternamente
en lo que nosotros llamamos
agua.

O asomar tímidamente
la cabeza a nuestro mundo y…
Qué locura creer
que podemos sentir
lo que sentirían ellos
que podemos, si quiera
entenderlos
cuando los seres de nuestra misma especie
siendo más parecidos
no conseguimos hacerlo.

Cuando

aún tenía 21

me independicé

compartía piso

mañanas en la uni

tardes trabajando.

Una mañana de jueves

no cogí el tren

no me llevó a clase.

Explotó.

Yo no.

Había huelga

yo aún dormía

y me despertaron

miles de mensajes

pero

lo que verdadermente me asustó

fue el mar de ambulancias

– aún vienen a mí

en cada sirena.

<No cojas el metro

no viajes en tren

amenaza bomba>

No hice caso.

Esa tarde

yo cogí esos transportes

Tenía que llegar al trabajo.

Y llegué pero

apenas nadie,

apenas.

¿Qué haces allí, loca?

¿Por qué has ido?

¿No has oído que…?

Aquel jueves de marzo

descubrí

que tenía más miedo

a perder mi trabajo que a morir.

El ala, el ala, el ala
recompensa adrenalina
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
recompensa adrenalina
si sigo moviendo el ala, habrá nuevas recompensas
el ala, adrenalina el ala, el ala, el ala, el ala,adrenalina, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el
ala, el ala, el ala, el ala, el ala, recompensa adrenalina
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
el ala…

y así la paloma se volvió loca
moviendo frenéticamente el ala en busca de su recompensa

La persona protagonista de nuestra historia , le pasó algo parecido

Botón, recompensa, adrenalina
botón, botón recompensa adrenalina,
botón, adrenalina
botón, botón, botón …
Skinner la hubiera colocado en una caja
si ella fuera una paloma
pero ella no era una paloma
era una persona
y su forma de mover el ala
era apretar un botón
su recompensa
también aleatoria
un ardid para el juego perdedor.
Cuando no puedes controlar
el ala, el ala, el botón, el botón,
el una y otra, y otra, y otra, y otra
y otra, y otra, y otra, y otra vez
repetir compulsivamente la misma rutina
es cuestión de tiempo convertirte
en una de esas palomas locas.

Los locos que aprietan botones
no nacieron solos
ellos, también, son fruto de un experimento
uno rentable.

La búsqueda patológica de la recompensa
no debería ser el negocio de ninguna empresa.
La enfermedad crónica, tampoco.
Despertar al monstruo latente
estimulando la reiteración de la conducta
de apretar el botón, apretar el botón, apretar el botón,
el botón, el botón, el botón, el botón, el botón, el botón…

No culpes a la ludopatía
si te has dedicado a meterlos
uno a uno en cajas
y entrenado desde pequeño
hasta convertilos
en palomas locas
no digas adicción
si has llenado de experimentos nuestros barrios
si has ensuciado la mente adolescente
sois asesinos en serie, asesinos
y vuestras víctimas no tienen nombre
caen en nuestro bando, en nuestras calles, en nuestras manos.


Las muertes sin nombre
son ahogadas vidas que se lleva el dinero
y llevan la mancha de vuestras casas.

Cada vez me voy acostumbrando más a estos bailes en los que nos movemos, me siento como cuando aveces he bailado salsa con los ojos cerrados con alguien que baila muy bien. Cuanto más me dejo llevar mejor muevo los pies y cuando trato de pensar para seguir el ritmo, lo pierdo por completo, y los nervios me hacen cada vez bailar peor, chocarme, pegar pisotones. Y tengo que parar, respirar ondo y relajarme. Y volver a dejarme llevar, despacio y poco a poco fusionarme con la música, con el ritmo y disfrutar. Así me siento. Creo que he conseguido, tras varios traspiés, empezar a coger el ritmo, acostumbrarme a la música y dejarme llevar.

Cada vez se me hace más fácil sentirte, estoy empezando acostumbrarme a esa manera tuya de darte a sorbitos. De retenerte para entregarte luego entero. Como esa frase que me sueles decir, lo de que eres complaciente. Complaciente, ¿Quién diría que alguien que se define complaciente pudiera ser tan difícil? Y a la vez tan fácil. Esta semana nos vemos de nuevo. Te tengo ganas, al menos esta vez no te temo como la vez anterior, en la que la incertidumbre me hacía esperarte inquieta. En esa casa de la mujer loca, la del bisel de tul que nos cargamos el último día. Miraba el bisel y te imaginaba frío y esquivo. Qué difícil es la distancia aveces.

-Me gustaría verte desnuda

Y la ropa cayó al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

No. No me refiero a que te quites la ropa y verte la piel.

Quiero verte desnuda,

desnuda de verdad.

Quiero ver lo que te inunda por dentro,

quiero saber qué mueve tus gestos,

quiero perderme en tus historias,

quiero fundirme en las costuras que disimulas con pliegues…

Quiero…

Y la piel se empezó a abrir

a caer del cuerpo por capas

y cada capa era un río de abundancia y sangre

el ansia de conocer más

hacía inevitable devorar cada una de ellas

y cada vez quería más y más.

-No temas. Quiero conocerte realmente.

Es fácil ver a una mujer desnuda,

lo difícil es que se desnude realmente,

que te deje ver lo que tiene dentro.

Y así se volvía a cuartear el tejido

y manaba un torrente infecto,

una cascada de agua estancada

o miles y miles de canicas encapsuladas

que se rompían al tocar el suelo.

-Yo quiero cuidarte. Déjame cuidarte,

déjame mimarte, quiero conocerte toda tú,

destrozar tus demonios,

descubrirte nuevas formas de hacerte sonreír,

no temas, no voy a huir, me interesa todo,

todo lo que venga de ti,

saberte tanto me acerca más a ti.

Me hace quererte más.

Déjame entrar… déjame entrar.

Y en las grietas empezaron a salir los vientos, los ciclones y torbellinos

que tan pronto volaban a los labios

como creaban tormentas.

La carne se tornaba fría y húmeda al tocarla

por muy roja que manara la sangre.

Los ecos que resonaban dentro

tenían voces graves y tenebrosas.

-¿Aún quieres entrar?

En las manos empezaron a caer pedazos mientras abría con cuidado,

quería ver, quería observar, pero no veía nada.

Así que cada vez iba adentrándose más y más,

pero sólo encontró una nada inmensa, un agujero profundo

que no se acababa.

Ya no quería conocer más.

Echaba de menos,

cuando sólo se quitaba la ropa.

He capturado un recuerdo olvidado que viene de mi pasado

un fragmento de silencios y pausas en los que detenerse

cuando, conoces la belleza de la espera y la incertidumbre

por primera vez

cuando no todo se compra o se obtiene fácilmente

aunque sea fácil, aunque sea placentero, aunque todo fluya.

He recuperado una porción de la ilusión que nace al degustar la magia

reaprender a sentir sin prisa, a sentir sin expectativas, a sentir sin comodidad consumista

elaborando una distancia segura donde poder desarrollar nuestro yo mismo

para descubrirnos, para que nos descubran.

He vuelto a tocar el tiempo con las manos

y notar esa caricia efímera que no te deja atraparlo

aunque aveces, lo retengas con fuerza

sabes que se acabará escapando.

 

La cascada no tiene que llegar hoy

podemos remar en todas las demás direcciones

hay tantas formas de trazar un mapa

y nadie nos obliga a llegar a ningun sitio

improvisemos una ruta aleatoria

adentrémonos a la senda sin brújula

la fantasía de desvirtualizarnos en todos los sentidos

y dejemos la ficción para cuando se cierna el bosque entre nosotros

en la frenética jungla que nos devora.

 

 

 

 

 

(A mis enemigas)

Me han crecido los senos

y no paro de alimentar

pequeñas ratas que los muerden

buscando hacer sangre.

Aún no ha nacido el niño muerto

que asomará la cabeza entre mis piernas,

pero todas quieren beber de él.

 

El ocaso recubre las paredes

de óxido y flujos

donde el olor a sexo se confunde

con hedor de entrañas pútridas

y las alimañas

no dejan de lamer

allá donde el negro se confunde con el rojo

esperando encontrar gritos

donde solo hay silencio.

 

Pero nadie grita

Solo hay frío y eco

solo hay frío y viscosidad

solo hay frío y hedor.

 

A hurtadillas

se acumulan jadeos en las esquinas

y se esfuman sin mayor importancia.

En mis piernas mil cicatrices

compiten por perdurar contra las mil que aparecerán mañana.

En mi boca, moscas

y en mi mano

una caricia antes de olvidarlas.

 

Han salido a buscar

un ataúd para mis muertos

alguien gritará en alguna ventana roja

pidiendo que los enterremos.

¡Mis muertos ya están en el ataúd de mi cuerpo!

Pero pronto vendrá el tiempo a desenterrarlos.

 

Y mientras mis pechos siguen creciendo

pariré de nuevo con dolor estéril

y lo dejaré abandonado en el suelo

y engendraré nuevas ratas,

nuevas paredes y nuevos muertos.

 

Los que establecemos las reglas del juego
hemos decidido
que para poder mutilar las ya precarias condiciones de lo que viene siendo la clase baja
vamos a sacrificar varias generaciones y condenarlas a que no tengan

NI una sola oportunidad de estabilidad
NI organismo regulador que se preocupe lo más mínimo en arreglarlo.

Crearemos una ilusión óptica en las que las condiciones actuales
harán creerse a la población en una aparente burguesía
y se llamarán así mismos clase media
diferenciándose de las generaciones que vamos a sacrificar.

Echaremos las culpas y responsabilidades sobre los condenados
forzándoles a estar constantemente en formación
o en trabajos no remunerados
a las espaldas de los que puedan apostar por ellos
y quizás así consigan eximir su maldición.
Al resto

NI estabilidad, NI oportunidades
NI perspectivas, NI opciones

Condenados,
la maldición de suplicar que sean bendecidos
con un trabajo miserable
que sea pan para hoy
y hambre para mañana

NI casa, NI familia
NI ocio, NI futuro

Sólo les quedará rogar para poder producir
y mientras no produzcan
inventaremos términos despectivos
para que interioricen la culpa,
para que el resto,
los que viven la ilusión óptica o los mantenidos por ésta
les responsabilicen de su maldición.

Nosotros, los que inventamos las reglas del juego,
al enfrentarlos,
habremos vuelto a hacer un trabajo perfecto.

A media cerveza de más,

vocalizamos peor,

pero hablamos más claro.

Hubiera jurado

que habías dejado de quererme,

de perseguirme,

que ya sólo eran sombras

tus ojos brillantes en la madrugada.

 

Y con la voz tomada,

acariciando la mano

que siempre evitas tocar,

me di cuenta que tú

no eres más que otro

que echa de menos esa chica

que desecho cada verano.

 

Y nos cuesta entender

que ambos nos buscamos

en lados equivocados

y hablamos

como si estuviéramos en el mismo momento.

 

Entonces

la cerveza

me ayuda a entender

todo aquello que no somos capaces de entender

cuando no estamos borrachos.

Hemos aniquilado la última botella
y todavía no he decidido
dónde voy a dormir esta noche.

Es probable que haga círculos
aprovechando el sudor de la mesa
recalculando el trayecto de vuelta.

Cualquier excusa es buena para seguir la noche
cuando no quieres volver a casa
pero no todos los destinos llevan a una cama.

Normalmente disfruto con el placer
de acabar en habitaciones de personas
que aún no he besado
relamer la impaciencia
de quien te tiene cerca
te desea, pero aún no te ha probado.

Siempre me ha gustado jugar,
pero sólo si tengo enfrente
un rival adecuado, alguien
que también disfrute de este juego.

Esta noche, sin embargo
necesito otra botella
tanta sobriedad me desconcierta
me siento el personaje equivocado
en una película empezada.

Demasiadas explicaciones
exceso de confidencias
el recuerdo latente
de quién no está.

Creo que yo sobro en esta habitación
está llena de fantasmas
madriguera infecta de inseguridades.

Posiblemente otra noche
hubiera sido todo distinto
o no, quién sabe.


 

Yo no tengo alacena, pero me gusta la palabra,

me gusta tanto que decidí inventarme una, una ficticia,

donde almaceno todo aquello que no puedo guardar en otro sitio.

Y  cuando voy, más que alacena,

tengo un auténtico trastero.

Y me reencuentro con las cosas

que siento que ya no tenemos,

y sin querer piso las que creo que compartimos.

Andan por ahí perdidas, sueltas

y tan sucias que es fácil no reparar en ellas.

Alguna vez, he pensado en ir a la alacena y limpiarlo todo

y quedarme sólo  con lo que realmente vale la pena,

pero tengo miedo a que el impulso me haga deshacerme de cosas que están ahí,

pero que no sé que aún necesito.

No quiero deshacerme de ellas.

¿Y si rompo o pierdo algo? Algo de esa magia

¿Y si desaparece la telaraña que la sujeta?

¿y si me equivoco y al barrer, la hago desparecer ?

Así que aveces, voy a la alacena, doy una vuelta por allí.

Y curioseo,

pero no toco nada, lo dejo todo en su sitio

y confio en que todo está bien y que cuando llegue el momento

sabré rearmar el puzzle de nosotros que aún guardo en la alacena.

Siento cómo el agua baña mi cuerpo
apenas cierro los ojos
el agua se hace pesada y espesa
la acaricio resbalando por mi cuerpo.

Mis yemas aún saben a ti
entre hierro y dulce
te saboreo.

Deslizándote entre mis dientes
juegas con mi lengua
eres adictivo, quiero más.

Quiero morderte, arrancar un quejido de tu boca
notar la sangre fluyendo, el charco de tu cuello.

Beberte.
Embriagarme.

Sentir el líquido viscoso tiñendo mis labios
calentándolos.

Lamer la herida, degustar gota a gota
las pinceladas que se derraman en el lienzo de tu cuerpo.

Agotar mi sed.
Saciarme.

El agua sigue cayendo sobre mi.

Esparciéndose sobre mi. Mojándome entera.
Cae sobre mi. Recorriéndome sin prisa
pasando por mis ojos, mi boca, mi cuello, mi pecho, mi ombligo
sentirla sobre mi. Recreándome despacio
pensando en tus manos,
tu tacto acuoso reptando por mi piel hasta detenerse en mi boca
queriendo que te pruebe, dándome un poco de ti
para que cierre los ojos y te pida más.

Te gusta jugar.

Tus manos arden, llenas de sangre caliente
sobre mi.

No soy tu dueña
ni tú mi perro
no vendo, ni expido permisos
ni quiero hacerlo.

El mundo es ancho
aunque aveces lo siento extrecho
y aunque parece larga,
la vida se consume
un incienso enorme
que al final se apaga.

No soy tu perra
ni tú mi dueño
no doy, ni invento explicaciones
ni quiero hacerlo.

Quiero fumarme los días
y vivir mis mil gatunas vidas,
descubrir los lados de la luna
aorillarme en cada sonrisa
rejuvenecer al mediodía
con todos, con todas
compartir esta gran pipa.

No busco atar a nadie
ni tampoco que me aten
buscar un estado intermedio
está en querer hacerlo.

No hablo de sexo sin conversación
no hablo de esconderme en una relación
no hablo de vivir mentiras al portador
no hablo de saberme olvidada en un rincón
no hablo de esquivar las caricias
no hablo de fingidas indiferencias

Estoy hablando de querernos libres
de saborearnos y sabernos libres
Yo no soy tu perra…
ni tú mi perro.

.