Golpes en la ventana

A menudo golpean en mi ventana pequeños seres

a menudo arañan con sus patitas esperando ver mi respuesta

deseando colarse en mi habitación

y que mis besos sean su trampolín de seda hasta mis bragas

golpes, arañazos

incluso susurros

intentando llamar mi atención

a través de mi ventana

al otro lado del cristal

miro, a la calle, atravesándolos

y no veo más que el viento

no veo a los seres

los pequeños insectos

que mueren sin que mis ojos

sean su salvación.

La Alacena

Yo no tengo alacena, pero me gusta la palabra,
me gusta tanto que decidí inventarme una, una ficticia,
donde almaceno todo aquello que no puedo guardar en otro sitio.

Y cuando voy, más que alacena,
tengo un auténtico trastero.
Y me reencuentro con las cosas
que siento que ya no tenemos,
y sin querer piso las que creo que compartimos.
Andan por ahí perdidas, sueltas
y tan sucias que es fácil no reparar en ellas.

Alguna vez, he pensado en ir a la alacena y limpiarlo todo
y quedarme sólo con lo que realmente vale la pena,
pero tengo miedo a que el impulso me haga deshacerme de cosas que están ahí,
pero que no sé que aún necesito.
No quiero deshacerme de ellas.

¿Y si rompo o pierdo algo? Algo de esa magia
¿Y si desaparece la telaraña que la sujeta?
¿y si me equivoco y al barrer, la hago desparecer ?

Así que aveces, voy a la alacena, doy una vuelta por allí.
Y curioseo, pero no toco nada,lo dejo todo en su sitio
y confio en que todo está bien y que cuando llegue el momento
sabré rearmar el puzzle de nosotros que aún guardo en la alacena.

La Alacena : Video de Micro abierto Arte no Apto 2018 – Dénia

Polillas

Tengo una yaga en la mano,

una herida que traspasa

de lado a lado, pero no duele.

La piel de mi mano

se ha vuelto fluorescente

y brilla en la oscuridad.

Aveces, se posan polillas

y me lamen los contornos,

se meten dentro

y succionan con fuerza.

Entonces empiezo a sentir un dolor,

un dolor neutro,

que se atrinchera en el estómago

y que me devuelve esa tos asmática y nerviosa

que me hace estornudar todo el polvo.

A menudo les cojo cariño,

aunque duelan

de esa forma escasa, insuficiente.

Pronto llegarán las lluvias

y desaparecerán todos mis parásitos,

con suerte,

habrán dejado huevos

que eclosionen otra primavera.

Hasta entonces,

miraré a través de mi mano,

mi otra mano completa.

Desnudez

-Me gustaría verte desnuda

Y la ropa cayó al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

No. No me refiero a que te quites la ropa y verte la piel.

Quiero verte desnuda,

desnuda de verdad.

Quiero ver lo que te inunda por dentro,

quiero saber qué mueve tus gestos,

quiero perderme en tus historias,

quiero fundirme en las costuras que disimulas con pliegues…

Quiero…

Y la piel se empezó a abrir

a caer del cuerpo por capas

y cada capa era un río de abundancia y sangre

el ansia de conocer más

hacía inevitable devorar cada una de ellas

y cada vez quería más y más.

-No temas. Quiero conocerte realmente.

Es fácil ver a una mujer desnuda,

lo difícil es que se desnude realmente,

que te deje ver lo que tiene dentro.

Y así se volvía a cuartear el tejido

y manaba un torrente infecto,

una cascada de agua estancada

o miles y miles de canicas encapsuladas

que se rompían al tocar el suelo.

-Yo quiero cuidarte. Déjame cuidarte,

déjame mimarte, quiero conocerte toda tú,

destrozar tus demonios,

descubrirte nuevas formas de hacerte sonreír,

no temas, no voy a huir, me interesa todo,

todo lo que venga de ti,

saberte tanto me acerca más a ti.

Me hace quererte más.

Déjame entrar… déjame entrar.

Y en las grietas empezaron a salir los vientos, los ciclones y torbellinos

que tan pronto volaban a los labios

como creaban tormentas.

La carne se tornaba fría y húmeda al tocarla

por muy roja que manara la sangre.

Los ecos que resonaban dentro

tenían voces graves y tenebrosas.

-¿Aún quieres entrar?

En las manos empezaron a caer pedazos mientras abría con cuidado,

quería ver, quería observar, pero no veía nada.

Así que cada vez iba adentrándose más y más,

pero sólo encontró una nada inmensa, un agujero profundo

que no se acababa.

Ya no quería conocer más.

Echaba de menos,

cuando sólo se quitaba la ropa.

Desnudez : Video de Micro abierto Arte no Apto 2016 – Dénia

Personas invisibles

No se ven

son invisibles

podría ser un hombre o podría ser una mujer

podría ser una máquina,

o una pegatina

o un holograma

apenas habría diferencia.

No tienen corazón,

no tienen sentimientos

se les puede insultar y mirar mal

solo están ahí

para servirnos.

 

Solo están para servirnos

no hay que mirarles a los ojos

no hay que preguntarles cómo están

no hay que tratarles como personas.

Una operación más

limpia

insignificante.

 

Todos los días los seres invisibles

conviven entre nosotros.

No importan

no les mires

no les saludes

no los tengas en cuenta

Siempre ha sido así

¿Por qué debería ser especial hoy?

 

Formas de trazar un mapa

He capturado un recuerdo olvidado que viene de mi pasado

un fragmento de silencios y pausas en los que detenerse

cuando, conoces la belleza de la espera y la incertidumbre

por primera vez

cuando no todo se compra o se obtiene fácilmente

aunque sea fácil, aunque sea placentero, aunque todo fluya.

He recuperado una porción de la ilusión que nace al degustar la magia

reaprender a sentir sin prisa, a sentir sin expectativas, a sentir sin comodidad consumista

elaborando una distancia segura donde poder desarrollar nuestro yo mismo

para descubrirnos, para que nos descubran.

He vuelto a tocar el tiempo con las manos

y notar esa caricia efímera que no te deja atraparlo

aunque aveces, lo retengas con fuerza

sabes que se acabará escapando.

 

La cascada no tiene que llegar hoy

podemos remar en todas las demás direcciones

hay tantas formas de trazar un mapa

y nadie nos obliga a llegar a ningun sitio

improvisemos una ruta aleatoria

adentrémonos a la senda sin brújula

la fantasía de desvirtualizarnos en todos los sentidos

y dejemos la ficción para cuando se cierna el bosque entre nosotros

en la frenética jungla que nos devora.

 

 

 

 

 

No tienes que entenderlo

No tienes que entenderlo

pero hay lugares donde encontrarse

apagando el cristal que evita que entre de nuevo el invierno

aunque también nos privará de primavra

y en la parte de abajo del contrato

escribiremos que no hay contrato.

Así podremos aplicar una pomada

que cubra toda la superficie de la piel

hasta hacernos fluir, resbalar

y chocar sin hacernos daño,

blanditos.

Tocarnos con todas las manos,

todas las lenguas, todos los ojos,

todas las palabras y descorchar también los tabúes.

Quiero que me quites los bloqueos sin prisa

abriendo el corsé con las uñas

y estirando de las cintas hasta que caiga al suelo

que degustes la piel escondida que se halla debajo

con uñas y dientes, con besos y caricias, con lengua y sin prisa.

 

No tienes que entenderlo

pero me puedes buscar entrehoras

las horas en las que no hace falta

que tengamos que construirnos

o dejar de ser nosotros mismos.

Abriendo la boca sin cepos

que atrapen la lengua,

sin bridas que nos obliguen a estar erguidos.

Hazme cosquillas con tus palabras

ven a desnudarme con tus frases

a recorrerme entera, acariciándome

con la forma en la que dices que me deseas.

Empótrame con tu lógica,

desgárrame con tu filosofía,

hazme el amor con tu mundo interior.

 

Déjame sin aliento, pero sin prisa.

 

No tenemos por qué entederlo.

Tranquilidad

Quizás
un estado de sosiego y tranquilidad
es lo más deseable
saber con exactitud
cómo será el final de la jornada
sin sobresaltos,
sin conflictos,
un silencio mudo que sólo tú puedas alterar

Una estancia completa,
con las cosas exactamente en el lugar que elegiste dejarlas
La cinematográfica escena de un rayo de luz
atravesando la ventana
revelando cuantos días hace que no se retira el polvo
La maravillosa lista culinaria
donde no hay horas o comidas prohibidas.

Y dormir,
en el lado exacto de la cama,
con la absoluta certeza de que la manta, será nuestra.

Nuestras aficciones intocables,
abastecidas con toda dedicación,
volcarnos a la marejada de nuestra inspiración sin reservas,
atravesar el umbral de la cantidad de tiempo decentemente aceptado
parar transgredirlo sin pudor

Tambien cultivar nuestra agenda de amistades a fuego lento
un abanico de rutinas destinadas a fortalecer y satisfacer los gustos e inquietudes particulares
sin consenso, sin acuerdo, sin límites
o aprender el noble arte de estar solo en los placeres de la vida.

Disfrutar de la tranquilidad…siendo uno mismo sin reservas

Sin embargo,
el estado inherente al que me empuja mi querencia
es volverme a enamorar
pero no a enamorarme apaciblemente, no

sino a caer en la locura

despersonalizarte hasta la obsesión

las mariposas tejiendo vacíos en el estómago

que no me dejen recuperar el aliento

la abrasadora inercia de caer al vacío

sin red, sin freno, sin control

abandonar la lógica, la razón

la droga venenosa que nos haga morir de amor,

en un deleite suicida y masoca

de buscarla en nuestra agonía

darme de bruces contra el muro

abrasarme

inmolarme

el dulce infierno

sabiendo
que inevitablemente
alterará
toda tranquilidad.

 

 

 

Bajo el agua

No sabría decirte

cómo antes de todo

las cosas se toman sin reservas

las manos en la nieve

el placer perecedero

que se convertirá en tortura

ardiendo

latiendo fuertemente

arterias como cuchillas

arruinando la experiencia futura

de jugar, ingenuo

con el fuego blanco.

O las rodillas peladas

acariciadas por ásperas aceras

 

La alquimia del conocimiento

nos proveerá de poderes mentales y

mágicamente nos anticiparemos al peligro

Cada vez más a salvo

alejados de la realidad

decoraremos enciclopedias

con milagrosas recetas.

Nuestros hijos serán almidón y plástico

para que puedan rebotar indemnes

por los bosques alquitranados.

 

Análisis de sangre, será nuestro cupido

el currículum, nuestra identidad

el capital,  el ángel de la guarda

la probabilidad, la experimentación, el azar

romanticismo quebrado

papel de periódico mojado

anticipando la lluvia ácida.

 

Pero los pantalones y los guantes

harán sorda nuestra piel

no sabrá,

no conocerá

no tocará la hierba

y si me sacas el paraguas

por miedo a que te pueda mojar

quizás evites que el ácido borre tu cara

o puede que nunca descubras

que se puede respirar bajo el agua.

 

 

Realidad de mentira

Desde donde desentonan mis recuerdos

aveces caen pedacitos

de ese yo, de ese tú, de ese nosotros

que parecen patalear en esta pantalla

que ahora lo domina todo

donde todo (el mundo) se ha vuelto virtual

donde la vida se ha convertido en un desfile de fotografías

chistes, videos, selfies y gatitos, sobretodo gatitos

y los recuerdos, desentonando

efemérides sorpresa

tiñendo esta realidad de mentira

en algo, que algún día

parece que sí fue verdad.

 

Follamigos

Follar como dos desconocidos

sin caricias, sin besos, sin afecto,

salvaje, rudo, en cualquier parte.

Luego volveremos

a nuestra aséptica amistad sin roces.

Sólo podremos achucharnos

cuando llegue la noche

nos abrazaremos

como dos enamorados,

sin sexo, sin besos,

solo caricias y abrazos.

Luego volveremos

a nuestra aséptica amistad sin roces.

Nos despediremos

siempre con un abrazo, con dos besos.

Siempre dudando si nos volveremos a ver.

Cada vez más lejos

en esta extraña amistad

aséptica sin roces,

con sexo, con abrazos,

pero sin besos.

Recitada:

09 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

29 de Enero en sessió de micro obert en Ca Revolta, Valencia

A mis enemigas

Me han crecido los senos

y no paro de alimentar

pequeñas ratas que los muerden

buscando hacer sangre.

Aún no ha nacido el niño muerto

que asomará la cabeza entre mis piernas,

pero todas quieren beber de él.

 

El ocaso recubre las paredes

de óxido y flujos

donde el olor a sexo se confunde

con hedor de entrañas pútridas

y las alimañas

no dejan de lamer

allá donde el negro se confunde con el rojo

esperando encontrar gritos

donde solo hay silencio.

 

Pero nadie grita

Solo hay frío y eco

solo hay frío y viscosidad

solo hay frío y hedor.

 

A hurtadillas

se acumulan jadeos en las esquinas

y se esfuman sin mayor importancia.

En mis piernas mil cicatrices

compiten por perdurar contra las mil que aparecerán mañana.

En mi boca, moscas

y en mi mano

una caricia antes de olvidarlas.

 

Han salido a buscar

un ataud para mis muertos

alguien gritará en alguna ventana roja

pidiendo que los enterremos.

¡Mis muertos ya están en el ataud de mi cuerpo!

Pero pronto vendrá el tiempo a desenterrarlos.

 

Y mientras mis pechos siguen creciendo

pariré de nuevo con dolor estéril

y lo dejaré abandonado en el suelo

y enjendraré nuevas ratas,

nuevas paredes y nuevos muertos.

 

Recitada:

09 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

Reincidente habitual

No, no reconozco haberme equivocado al enchufar el interruptor de amar descontroladamente, más bien, descuidé las escotillas de salida y en algún momento estuvimos a punto de morir en un incendio, pero coño, dicen que sólo se vive una vez y me lo tomé tan al pie de la letra que no quise perder el tiempo ideando el plan perfectamente montado en el que no sobrara ni una sola pieza.

No, no creo que sea que descuidé ahorrando en afecto, si si tal vez peco de algo es de malgastar los recursos naturales que me han sido dados con la fé ferviente de que poseo una fuente inagotable y por ello he estado apunto de morir ahogada de tanto abrir el chorro y dejar que me llegara hasta el cuello. Hasta aquí arriba y subiendo, ingenua, tal vez de que lo que me hacía flotar nunca me arrastraría hasta el fondo.

No, no voy a asentir y decir que si, que todo es culpa de haber dejado todas las puertas y ventanas abiertas, que tenía que haberme dejado gobernar por el miedo y llenado de clavos los tacones de mis idas y venidas. Pero quien sabe. Puede que aún esté a tiempo de encadenarme a una causa y no dejar que la talen de mi lado. Disfrazarme de activista suicida y atravesarme la piel con ideas preconcevidas que me traigan de vuelta al engranaje de una vez.

No, no voy a arrepentirme de haber roto todas las cláusulas y contratos que nunca elegí firmar en mi vida, ni de escaparme de vez en cuando a mirar por la mirilla los fantasmas de mis no vidas vividas que se pasean por Utopía. En todo caso sí, de haberme hecho de vez en cuando el pez muerto para que me llevara la corriente sabiendo que no duraría mucho mi mentira y que ésta, pronto me haría saltar por los aires. La absurdez crónica de coleccionar piedras que decoren mi camino.

No, nunca he tenido superpoderes, al igual que todos: yo también sangro, aunque quizás lo que no me guste es sangrar demasiado.

Recitada:

12 de Diciembre del 2017 en micro abierto Arte no Apto en Denia, Alicante

 

 

 

A media cerveza de más

A media cerveza de más,

vocalizamos peor,

pero hablamos más claro.

Hubiera jurado

que habías dejado de quererme,

de perseguirme,

que ya sólo eran sombras

tus ojos brillantes en la madrugada.

 

Y con la voz tomada,

acariciando la mano

que siempre evitas tocar,

me di cuenta que tú

no eres más que otro

que echa de menos esa chica

que desecho cada verano.

 

Y nos cuesta entender

que ambos nos buscamos

en lados equivocados

y hablamos

como si estuviéramos en el mismo momento.

 

Entonces

la cerveza

me ayuda a entender

todo aquello que no somos capaces de entender

cuando no estamos borrachos.

La última botella

Hemos aniquilado la última botella

y todavía no he decidido dónde voy a dormir esta noche.

Es probable que haga círculos

aprovechando el sudor de la mesa

recalculando el trayecto de vuelta.

Cualquier excusa es buena para seguir la noche

cuando no quieres volver a casa

pero no todos los destinos llevan a una cama.

 

Normalmente disfruto con el placer

de acabar en habitaciones de personas que aún no he besado

relamer la impaciencia de quien te tiene cerca

te desea, pero aún no te ha probado.

Siempre me ha gustado jugar,

pero sólo si tengo enfrente

un rival adecuado, alguien

que tb disfrute de este juego.

 

Esta noche, sin embargo

necesito otra botella

tanta sobriedad me desconcierta

me siento el personaje equivocado

en una película empezada.

Demasiadas explicaciones

exceso de confidencias

el recuerdo latente

de quién no está.

Creo que yo sobro en esta habitación

está llena de fantasmas

madriguera infecta de inseguridades.

Posiblemente otra noche

hubiera sido todo distinto

o no, quién sabe.

 

Sin embargo ésta

sé que no voy a volver

y mientras me marcho

sonrío y digo

“lo siento, pero yo

necesito más vino”.

 

Recitada:

08 de Noviembre del 2017 en Anverso: tema “borrachera”, en Valencia

Listas Negras

“Una Semilla Nunca Se Pregunta Si Va A Ser Tal O Cual Árbol… Simplemente Crece”

Alejandro Jodorowsky


No pierdas el tiempo,

elige meterme en alguna de tus listas negras

y no intentes conocerme, acercarte, descubrirme, amarme.

 

Soy la antítesis de todo lo que puedes buscar o querer en alguien de forma teótica.

Soy la heredera de todas las que alguna vez apedrearon,

la reencarnación de aquellas que quemaron por brujas, poe herejes.

Soy la pieza defectuosa que decidió no preocuparse por encajar.

 

El quemazón de una existencia inverosimil que se empeña en seguir viva,

a pesar del incontable número de listas negras en las que hayan metido.


No intentes entenderlo. Fluye.

 

La naturaleza es una fuerza incontrolable

regida por el kaos que no necesita entrar en ningún teorema aúreo y lógico,

fluye, desordenadamente,

fluye, esperpénticamente,

fluye, sin dar cuentas a nadie,

fluye, fluye, fluye,

fluye de forma taaaaan bella,

tan / natural

que se me antoja perfecta.

 

Y en ese baile grotesco del fluir descontroladamente

me siento en paz

me siento libre

me siento en casa.


Viajo por las líneas de los muertos en vida

que me dejaron señales en cada uno de mis estigmas

cada uno de los cuales los baña una capa escarlata.

Soy la visionaria de los cuerpos que no me tocaron,

soy la cobaya que no teme al destino,

soy la suicida que aprieta la vida como si fuera eterna,

soy como el cáncer que se propaga

desafiando a su cura.

 

Recitada:

14 de Noviembre 2017 en el micro abierto Arte no Apto en Dénia

A través del agua

Atravesando las paredes
con cada una de mis manos
se acaban los moldes
las esquinas
los límites.
Comienzo a tirar de la espiral
tú, yo, él, ella
y se enreda el sentido
de las palabras
que no pronuncio.
Paramos.
Realizo una trenza
todos en su sitio
volvemos a los moldes.

Deslizo mis manos
se sumergen
me dejo mojar
poco a poco
hasta zambullirme
entera.

Ahora
dejándome mecer por la corriente
nutrida por las aguas
todo vuelve a cobrar sentido.
Me siento llena de vida
en esta danza mística
mi piel muda
más allá de la desnudez
una nueva yo
dibuja una sonrisa en cada palabra.

Y eso que aún
la arena
cubre mis pies.

El armario

Ya verás, ese, algún día, saldrá del armario, te lo digo yo.

El armario,
como si sólo existiera un armario.
Uno sólo.
Y cuando se saliera
ya no se pudiera volver atrás, nunca.

Uno saliera, y la primavera
le azotara en la cara y le dijera:
– Muy bien muchacho, no tienes nada que temer,
aquí estábamos todos esperando que salieras del armario.
Y qué feliz él, de salir de ese lugar
y que nunca más fuera un problema.

Pero el armario es otra cosa,
son colecciones de muñecas rusas
que no acaban.
Un armario (los padres) dentro de otro(La familia),
un armario(los amigos) dentro de otro(gente cercana), dentro de otro(conocidos)
dentro de otro, dentro de otro, dentro de otro…

Y allí metido, solo, el alma de un niño
que no tiene todas las respuestas.
Un día, tal vez,
se empiece a dar cuenta
que siente amor y afecto
como no manda la norma.
Y entonces
es cuando se dará cuenta
que vive dentro de un armario,
antes, antes de sentirse diferente
las paredes no se habían hecho presentes.

Y por debajo de la puerta
empezará a entrar la brisa.
Ninguno sabe con certeza qué le espera
al abrir por primera vez
ni si estará preparado para ello.

Aveces, la brisa es cálida, agradable,
e invita a abrir la puerta.
El corazón palpita con fuerza
ante la emoción de poder sentirse liberado,
ser uno mismo, no tener que esconderse,
poder compartir, poder ser sin miedos.
Pero siempre existe el miedo,
el miedo a lo real
a no soportar estar fuera del armario.
Dentro, se está solo, pero también protegido.
Fuera, quizás la brisa cambie
y no sea, tan cálida como parece.
Aún así, ese niño asustado
decide temeroso ir abriendo la puerta poco a poco
para darse cuenta,
que ahora ya no está tan sólo,
pero sigue estando en un armario
que le separa del mundo.

Otras veces, en cambio,
se cuela un viento gélido
que aporrea la puerta
que hace apretar la puerta con fuerza
para que no se abra.
El corazón palpita,
pero no de emoción
sino de miedo.
Sentirse uno mismo,
liberado, compartir
pierden prioridad y lo importante
es esconderse,
esconderse para que nadie le encuentre
esconderse temeroso de que alguien
pueda abrir la puerta desde fuera.
Se apuntala con clavos y maderas
y se tapa cualquier orificio.
Y comienza la asfixia
el vivir casi sin aire
dentro del armario.

La primera vez que se sale del armario
marca la siguiente,
aveces la calidez breve del verano
no hace prever el invierno. 
Porque no todos los armarios
que se habitan, son iguales.

Pero cuando uno sale de un armario
es porque antes alguien
inventó unas cajas cuadradas
con las que observar el mundo.

Yo espero que algún día
se ponga de moda salir de las cajas
así nadie tendrá que salir
de ningún armario.

Chloé

Ella que no sabía

que dentro le crecía un nenúfar

(porque esas cosas sólo pasan

en los universos de Vian),

quería arrancarse eso

lo que fuera

que llaman Tristeza.

 

Nadie le traía flores de vainilla

y no paraban de crecerle

poemas del cabello,

poemas que hablaban

de jardines

aún no plantados.

 

Ella que no sabía

que se le encogía la habitación

(porque esas cosas sólo pasan

en los universos de Vian),

quería inmortalizar eso

lo que fuera

que llaman Juventud.

 

Nadie encontraría ratones

y no paraban de caerle

sueños entre los pies,

sueños que hablaban

de cielos

de infinitos colores.

 

Ella lo que no sabía

es que no quería vivir

en un universo de Vian.

 

 

A nadie le importa

“Nos enseñan a olvidarnos de los que caen

a reclamarles cuando están intentando levantarse

a cuestionarles cuando consiguen ponerse en pie

y a admiralos cuando del suelo despegan los pies”

 

Va a ser en uno de esos silencios tuyos,pausados,
en los que se detuvo la luna a descansar
y no volvió nadie a reclamar que las mareas vinieran con retraso,
que tu cólera se encendiera a destiempo
o que el viento peinara los campos equivocados.

Nadie vino a quejarse.

Luego sucedió eso, lo de los renglones
que primero leíamos de dos en dos
y al final daba igual el órden
o si leíamos o llorábamos.

Y nadie, otra vez,
vino arreglar las sílabas
ni a ordenar las frases
ni a devolverte las oraciones.

Nadie vino a arreglarlo.

Recuerdo que la lluvia se enamoró de tus cabellos
y llovía tan a menudo por aquí,
que tu piel empezó a oler a tierra mojada.

Y sé que nadie vino a cambiar los ríos
que hacían mares de tus ojos
ni el rocío que brillaba en tus flores,
ni las eternas primaveras
que llenaban nuestras paredes
de humedades y enredaderas.

Nadie vino a cambiarlo.

Después llegó el invierno cansado
abrazando la puerta
y se quedó allí descansando.
Y tú que si de rosas alegrías,
madreselvas dónde están
y noches de San Juan,
intentabas seducirlo con sonrisas
àra que se marchara,
para que pudiéramos abrir tranquilas la puerta
sin llenarnos los pies de nieve,
y no sólo se quedó
sino que nos entró dentro.

Y nadie.
Nadie vino a quejarse del final de tus sonrisas,
de la tiritera del enjambre de tu temperamento.
Nadie.

Nadie vino a cambiar la escarcha de tu pecho,
el frío de tu aliento, la duda de tu mirada.
Nadie.

Nadie vino a arreglar los silencios,
tus silencios pausados,
las canicas en el techo,
el gorgoteo de las cañerías,
la charca en el estómago,
las aceras de periódico,
los castillos de cartón,
las telarañas en los bolsillos,
el hormigueo en las manos.
Nadie.

Y ahora, ahora vienen a buscarte
y dicen y redicen
y que si azul, que si violeta.

Y les hablamos de la luna, y la lluvia,
esa que trajo el invierno
y que no se nos olviden los renglones,
qué pasó con los renglones.

Pero a nadie le importaba
cómo se te erizaba el rictus,
ni si se nos acabaron los girasoles
y sólo nos quedaban giralunas.

A nadie le importaba
de dónde salían los negros del vestido
pero sí los remiendos.

A nadie le importa
el color de tus mejillas
el tacto de tus yemas
pero sí
cómo dejarlas
sin agua.

Nadie vino a cambiarlo laura mequinenza flexio verbal poesia denia
Fotografía de Txin – Flexió Verbal 2015 – Dénia Performance poética junto a Sergi, Joaquín y Sandra

A nadie le importa : Video de Performance poética en la Flexió Verbal 2015 – Dénia

A nadie le importa: Vídeo íntimo – 2018

A ellas

Me han crecido los senos

y no paro de alimentar pequeñas ratas

que los muerden

buscando hacer sangre.

Aún no ha nacido el niño muerto

que asomará la cabeza entre mis piernas

pero todas quieren beber de él.

El ocaso recubre las paredes de óxido y flujos

donde el olor a sexo

se confunde con hedor de entrañas pútridas

y las alimañas no dejan de lamer

allá donde el negro se confunde con el rojo

esperando encontrar gritos donde sólo hay silencio.

Pero nadie grita.

Sólo hay frío y eco,

sólo hay frío y viscosidad

sólo hay frío y hedor.

A hurtadillas se acumulan jadeos en las esquinas

y se esfuman sin mayor importancia.

En mi piernas mil cicatrices

compiten por perdurar

contra las mil

que aparecerán mañana.

En mi boca, moscas.

En mi mano, una caricia

antes de olvidarlas.

Han salido a buscar

un ataúd para mis muertos

y alguien gritará en alguna ventana roja

que nos enterremos.

Mis muertos ya están en el ataud de mi cuerpo,

pronto vendrá el tiempo a desenterrarlos.

Y mientras mis pechos siguen creciendo

pariré de nuevo con dolor estéril

dejando todo abandonado en el suelo.

Y engendraré nuevas ratas,

nuevas paredes y nuevos muertos.

Apúntame la dirección

El corazón que bosteza en la mano
los días pares, en los que parece que no te acuerdas de mi, (dice)

-Claro, claro, “ahora me encanta buscarte”.

En la papelera del ya es tarde,
como todos, como todas,
incluso sin klennex somos dramáticos,
quieres verme desnuda de nuevo,
o puede que azul de mis rizos
bajo la luna sea más intenso,
me gritan los párpados
de buscar en los silencios.

Cada viernes,
se arranca una teja de mi mejilla,
me gusta inventarme el desenlace final,
adicta a los finales a la francesa,
todos nos queremos en silencio
y no me hace falta más que una sonrisa,
para olvidarnos con cariño,
para aparcar el día a día
en el cajón de los para luego.

– ¿Me invitas al balcón de tus ojos?
– Sólo si saltas esta noche.

Mañanas con prisa y sin prisa,
con el mismo sabor a fin de temporada

Aparcamiento de los sentimientos
en fase de demolición,
agárrame del pecho
y dibujemos una flecha aleatoria.

Para fallar, yo también sé ser profesional,
regálame la risa, lo demás, no importa,
apúntame la dirección de aquella tarde,
en la que reímos tanto,
quisiera volver a ella algún día.

Entonces ella se volvió loca

Entonces ella se volvió loca
y no había forma de conversar
gritaba que quitaran la luna, que no podía verla más
que no lo soportaba.

Entonces ella era una niña
y hablaba como un adulto
pero ya no lo era, y danzaba con su cetro
imaginando que convertía todo en oro.

Entonces ella comenzó a gritar
y la noche se hacía día y el día noche
se bebía el agua del mar
y no paraba de acumular piedras.

Entonces ella inventó un juego
en el que se podía hablar sin palabras
y se podía gritar en silencio
y la “a” era “z” y la “z” no existía.

Entonces ella olvidó todo
y empezó a dibujarlo de nuevo
mezclaba el gris con el negro
y quería dibujar arcoiris rosas.

Entonces ella me echó de su vida
y yo pensé que había camino de vuelta
pero tronaban las paredes
cada vez que me acercaba.

Entonces ella se volvió loca
y no quería el sol, ni las estrellas,
ni el día, ni la noche. Tiraba del cielo
y decía que lo quitaran, que lo quitaran.

Y entonces ella nunca volvió a ser la misma.
Ni yo tampoco.

La alacena

Yo no tengo alacena, pero me gusta la palabra,

me gusta tanto que decidí inventarme una, una ficticia,

donde almaceno todo aquello que no puedo guardar en otro sitio.

Y  cuando voy, más que alacena,

tengo un auténtico trastero.

Y me reencuentro con las cosas

que siento que ya no tenemos,

y sin querer piso las que creo que compartimos.

Andan por ahí perdidas, sueltas

y tan sucias que es fácil no reparar en ellas.

Alguna vez, he pensado en ir a la alacena y limpiarlo todo

y quedarme sólo  con lo que realmente vale la pena,

pero tengo miedo a que el impulso me haga deshacerme de cosas que están ahí,

pero que no sé que aún necesito.

No quiero deshacerme de ellas.

¿Y si rompo o pierdo algo? Algo de esa magia

¿Y si desaparece la telaraña que la sujeta?

¿y si me equivoco y al barrer, la hago desparecer ?

Así que aveces, voy a la alacena, doy una vuelta por allí.

Y curioseo,

pero no toco nada, lo dejo todo en su sitio

y confio en que todo está bien y que cuando llegue el momento

sabré rearmar el puzzle de nosotros que aún guardo en la alacena.

La Alacena : Video de Micro abierto Arte no Apto 2018 – Dénia

A mi crisálida

 

Es aveces cocinarse tan lento

estando dentro de la crisálida

el rumor, echas de menos, del viento

y flotar sobre flores ingrávida

 

Metamorfosis: inmóvil me siento

anhelando transformarme rápida

aleteo inquieta este sentimiento

de quedarme sin alas, inválida.

 

Mis matices se pintan poco a poco

mis cicatrices lentamente borro

de todo lo malo ya no hay recuerdo.

 

Se están volviendo más largas mis alas

y está creciendo mi sonrisa ansiada

sueños, con que alzar el vuelo, remiendo.

El día más triste del año

Ahora nos dicen cuando tenemos que ser felices

y cuando dejar de serlo, después de la navidad,

otro término comercial, blue monday o

el día más triste del año

 

He oído que hoy es el día más triste del año

y he pensado que igual era mejor no levantarse de la cama.

Fuera nieva y me parece gracioso pensar que llegue a nevar en una ciudad como ésta

y sin embargo ni el frío, ni la nieve, ni el día más triste del año me han hecho sentir mal.

 

No estoy triste,

yo que ando luchando con el nenufar que me parasita

yo que he desestimando las sendas de baldosas de azúcar

porque me van los callejones oscuros

yo que a cada caricia de menos pierdo razones para querer verte

yo que no sé escribir poemas alegres de cosas tristes

yo que tengo una montaña encima del pecho

yo que dibujo tristezas en la gente que no tiene

y se marchitan en mis retratos.

Yo que colecciono jardines de ausencias

y planto rosales con orgullo.

 

No estoy triste, el día más triste y frío del año.

No me he muerto, ni se me ha escapado el alma por la boca

ni se me han fermentado tus escusas

no se me achica el cuarto

ni se me hunde el cuerpo en la cama

no se precipita el techo

ni se me escaman las costillas

No te echo de de menos

No / te / echo / de / menos

 

No se me encoge el estómago

ni me veo fea y vieja en el espejo

no me faltan todas las personas que me faltan

ni asoma hoy el cráter oscuro de mi futuro

No me asusta el fantasma de yo misma

ni vienen las druidas a quemarme en vida.

 

Mañana, quién sabe,

quizás venga la tristeza a adueñarse de mi

pero hoy

no estoy triste

el día más triste del año.

 

Liar

Si me vas a mentir
hazlo
hazlo con descaro,
con alevosia, miénteme
pero no te arrepientas, hazlo,
créete tu propia mentira, hazla verdad.

Que no exista nadie que sepa tu mentira,
borra el rastro, las huellas, comete el crimen perfecto.

Miénteme, como tú sabes hacerlo
con esa perversidad inocente,
con esa mirada desafiante, del que se siente ofendido,
del que quieres creer, necesitas creer, y crees.

Cayendo en la tejida trampa de seda que se acomoda
según voy escuchando cómo se formulan tus palabras.
Hipnóticas.
Falsas. Siempre falsas, pero tan tuyas, que parecen verdad.

 

 

El cementerio de amor muerto III: Cementerio

Si no muero demasiado pronto
sé que moriré sola.
Soy una romántica extravagante
enamorada del concepto del amor
una kamikace adicta
al vuelco emocionante
del salto al vacio.

Me siento una coleccionista inconformista
cada vez más obsesionada
con la piezza perfecta.

Hoy, se ha vuelto a romper,
como siempre me sucede,
después del insomnio adolescente
viene la gran caída,
el despegarse esa magia
que estaba cubriendo la piel
una vez que pierde su efecto.

Frío y vacío.

Silencio.

Mi cementerio está lleno
de amor muerto.

El cementerio de amor muerto II: Tú, de mi colección de tús

Tú, de mi colección de tús.
Esos, a los que escribo constantemente.

Hoy, de golpe
aparecerás en mi vida, sin yo planearlo,
y una obsesión te llevará a buscarme,
a seducirme, a volverme loca,
y yo, una vez más, caeré en tus redes,
siempre es igual, me dejaré llevar,
despertarás en mi complicidad,
me encariñaré contigo,
me acostumbraré a ti,
me dirás que soy perfecta,
que nunca has conocido a nadie como yo,
te creeré, te creeré vehemente
con la fé del que quiere creer.

Creeré que estamos predestinados
que el entramado exotérico
ha tramado algo especial para nosotros.

Y el día menos pensado
una sombra funesta
acabará con alguno de nosotros
el amor penderá de uno de los dos.
Se acabará el misticismo, la magia,
los ojos brillantes…
y arañaré el pozo de los recuerdos
intentando encontrar
una cura misteriosa.

Nos alejaremos.
Nada volverá a ser como antes,
nunca igual.

Otro amor más
muerto para mi cementerio,
los tús de mi vida,
que se acumulan en mi garganta,
en mi cabeza.

Me asusta pensar
en que algún día pierda la fé
la fé de que existe un amor que no muera
que no irá a parar a mi cementerio
de amor muerto.

El cementerio de amor muerto I : Insomnio

A altas horas de la madrugada,
buscar a alguien que haga de salvavidas esta noche,
miro náufragos que posiblemente, aunque callados,
anden necesitando lo mismo.

Qué silenciosa es la noche
y lenta
cuando no hay nadie a quién llamar
nadie que te rescate
mirando la pantalla de un movil inerte
mirando el techo que cubre mi cama
mirando la luz azulada
que tiñe todo desde mi ventana.

Una noche más, que no puedo dormir.

A mi cabeza vienen tantos tús,
que no lo son tanto,
podría abrazarme esta noche
a cualquiera de ellos
y sentiría que llenan mi vacío.
Pero no lo harán,
sólo tal vez esta noche.

Mañana todo me sabrá a marchito.
El cariño usado de contrabando.
Adioses que parecen hasta luegos,
pero que son eternos.

Esta noche lloraré a todos mis muertos
caerán las cenizas sobre mí
y cada silencio será una losa en mi cabeza.
Mañana vendrán a mi cada uno de sus funerales
y otra vez vacío, más silencio, sigo sola.

La noche pesa sobre mi
mientras el tiempo parece no querer avanzar
mientras me empeño en fingir
que voy a dormir.

Catálogo de preguntas existenciales y suicidas
que no llevarán a ninguna parte
pero que acrecientan esta ansiedad
este esperar que algo suceda
algo mágico que me salvará de mi misma.

Vuelvo a los tús, a los milagros,
siempre a refugiarme en el papel
y sembraré un ejército de sueños nuevos,
un campo de poemas que tal vez,
nunca recitaré
y una melancolía
que invade todo mi cuarto.

No puedo dormir
no puedo
no consigo dormirme
ni salvarme
en esta noche
que parece no querer terminar.

 

Follarse a una misma

    – I –

    Entonces sucedió
    que no podía dejar
    de follarme a mi misma
    y de buscar un yo nuevo
    cada vez que se me acababa el anterior.

    Cada noche me transformaba
    en la treinteañera de quince
    y despertaba emborrachada
    de versos que me devolvían a mi celda.

    Pensé tantas veces en escapar del renglón
    que incluso tejí recuerdos falsos
    en los que vencía quimeras
    que embalsamaban mis muertos.

    Acercarse demasiado a las respuestas
    se convirtió en mi deporte de riesgo favorito.

    Nunca tuve demasiado apego
    a los cuentos con finales felices
    y desarrollé inmunidad crónica
    a las armas de destrucción masiva.

    Al principio lloraba al comenzar capítulos.
    Después desarrollé
    un síndrome de estocolmo compulsivo
    que me empujaba al descariño progresivo.

    La decadencia se apoderó de mi
    como una diabetes de una bulímica.

    Los martes(antes miércoles) como oasis
    fueron el salvavidas que vuela circular
    antes de caer sobre el cuerpo cansado.

    Peligrando el boceto que daría forma
    a la enredadera de mi vida
    salvaguardé las historias
    en pequeñas metáforas mal encriptadas.

    Temiendo quizás perder demasiado pronto
    los recuerdos que algun día olvidaría
    que algún día querría recordar.
    Pasaporte efímero a una inmortalidad de pega.

     

      – II –

      Nadie sabrá de nosotros
      los padres insumisos
      de una generación
      que se consume a si misma.

      Creyendo que decidimos
      mientras tiramos unos dados
      que no mueven nuestras fichas.

      Seremos el fracaso de nuestra especie
      convencidos de nuestros ahoras.
      Renunciar, como hábito burgués,
      asumir, como gesto incosciente.

      Nadie sabrá de nosotros,
      nosotros que vivimos en la generación
      más documentada de la historia
      y nadie sabrá nada de nosotros.

       

        – III –

      Me fuí, como siempre.
      Siempre abandonando todos los escenarios
      dejando silencios en mis cuentas pendientes.
      Apelando a mi naturaleza circular
      que me haría volver, algún día.

      Cuando ya no escueza
      cuando nada importe
      cuando ya todo sea inevitable.

      Huir de los futuribles
      como defensa personal.
      Una vez lejos, nadie inventará
      un final de mentira.

      Sólo hace falta esperar
      a que las piezas vayan ocupando
      el lugar adecuado.

      Para entonces, mi piel
      ya habrá caido
      y podrá devorar fantasmas
      y aliñarlos con la melodía
      de los que siempre sienten envidia,
      así ganen, así pierdan.

      Y continuar, al fin y al cabo para eso estamos
      hasta que no suene el silbato final
      una debe seguir corriendo.

       

        – IV –

      El perdón de los perdones
      a ti misma, / por ser tú, / por seguir siéndolo,
      por no dejar de serlo.

      Perdonada.

       

        – V –

      Y todas mis penas
      vestían de largo,
      las encerré en fiestas aburridas
      a las que no pensaba acudir.

      Las traicioné con penas de mentira
      que vestían de alcohol,
      estupideces adolescentes
      que me entretenían los días.

       

        – VI –

      Apareciste tú, tú, tú y tú también.
      Y cuando creía que no habría más
      siempre aparecía un nuevo tú.
      Y me acostumbré.

      Todos necesarios,
      en la cronología taxidérmica
      de mis decisiones decisivas.

      Fluir cuesta menos,
      cuando una fé enfermiza
      te guía en una senda oscura.
      Algunos lo llamarán destino,
      otros, cosas peores.

      Y Madrid me dijo: Vuela

      –    I    –

      Llegué y Madrid no era la misma.
      Una pesadez se posó sobre mi cuerpo
      y me costaba respirar.
      Tal vez los universos paralelos
      me estaban invitando a marcharme
      siempre dije que aquí
      se había acabado una etapa
      y que debería seguir en otra parte.

      Madrid se mostraba ante mi
      esta vez vacía
      y difícil,
      como una yegua salvaje
      que no quisiera ser montada.

      Sus calles olían distinto
      pero la misma sensación de siempre
      de sentirme en casa,
      siempre me siento en casa
      cuando me sumerjo en el centro
      de forma anónima.
      Me encanta la soledad
      de mi paseo, perdida,
      deambular sin sentido,
      libre, sin esperar ver a nadie conocido.

      Incluso la improbabilidad
      hace mucho más felices
      las casualidades de los encuentros fortuitos.

      –   II    –

      Estaba en casa, eso era seguro,
      pero una fuerza invisible
      renegaba de mi.
      Como el ave que empuja a sus polluelos
      al vacío.

      – Vuela –

      Sentía que me estaba invitando a volar,
      de nuevo.

      – No te encariñes
      Las alas no son para quien se encariña
      y echa raices. –

      De todas formas
      hacía tiempo
      que no tenía raices en ningun sitio.

      Y Madrid ya no era
      uno de mis próximos destinos.
      Pero sentirme así, distinta
      me perturbaba.

      –   III    –

      Me sumergí en el metro.
      El metro siempre me había mecido en su seno.
      Me dieron ganas
      de pasarme todo el día
      subterráneamente
      apegada al cordón umbilical
      que aún nos unía.

      Sola,
      mecida en el asiento
      que me permitía recostar la cabeza
      mientras,
      mis ojos me mostraban
      la silueta de mi cuerpo sin cabeza,
      presa fácil de cualquier selfie instantáneo
      de los nuevos alienadores.

      Quien habló de le holocaustro zombie
      creo que nunca imaginó
      que ya lo vivíamos.
      Los zombies se alimentan
      del cerebro alienado de otro
      que como él
      dispara me gustas como recompensa.

      Todos nos vamos infectando
      de esta enfermedad
      que nos atrofia social y motivacionalmente.

      Mientras pensaba esto
      llegué a mi destino
      lugar que alguna vez fue uno de mis dos grandes hogares
      los cuales até a mi como apellidos.

      La 13:47 y 31ºC, Agosto, Madrid.
      Y no hacía calor.
      Igual estaba muerta también,
      era otro zombie
      que observaba todo desde el papel de cuadrícula
      que me hacía sentirme acompañada.

      Hacía millones de años
      que había sustituido el diario
      por pensamientos desordenados
      y emociones encapsuladas
      que algunos
      (y yo misma aveces)
      llamaban poesía.

      –   IV    –

      Me fascina como los barrios perduran
      cuando mutan sus gentes.
      Yo era una antigua inquilina
      de las plazas que ofrecían ropas en mantas,
      de las paradas de autobuses y farolas
      empapeladas de anuncios
      que apenas vería nadie
      antes de su limpia,
      de la mezcla de acentos
      de una lengua parecida.

      Sentía algo interno
      que me unía a esta ciudad
      más allá del convencionalismo.
      Algo místico.
      La confluencia
      de todo lo que en ella pasaba
      de lo que me arrastraba
      en una u otra dirección.

      Me sentía más yo
      aunque me invitara
      a seguir mi camino.

      Mi romanticismo,
      que me dibujaba destinos caprichosos
      que me colocaba personajes que me invitaban
      a probar mundos nuevos y excitantes
      los cuales ingería con un hambre desmedida,
      me decía
      que existían otras ciudades
      que me harían sentir en casa
      que me secarían las alas
      para continuar mi vuelo
      que aún quedaba mucho de mi andanza,
      personajes nuevos descubriéndome
      los placeres que el mundo
      había dejado encriptados para mi.

      Puto romanticismo sin sentido.

      –   V    –

      35º y seguía sin tenercalor
      puede que el termómetro estuviera estropeado.
      la temperatura era tan distinta
      y el agua….

      Me detuve a observar
      la estampa de mi cuerpo sin cabeza
      que anotaba frases en un cuaderno.
      Ahora, la sombra dibujaba en el asfalto mi pelo
      que se mecía suavemente.
      Miraba mis rizos como ajenos
      como si pertenecieran a otra muchacha.
      Una muchacha que me atraía.

      Había pasado dos años de prestado
      y estaba empezando a olvidar
      quién era yo,
      debía dejar esa etapa atrás
      y zambullirme de nuevo
      convertirme en piraña sedienta de vida.

      Llevaba días pensando
      en cortarme el cabello
      pero ese momento
      el pelo ondeando
      meciéndose de un lado a otro
      se me antojó una señal
      y temí acabar como sansón.

      –   VI    –

      Me enamora el pensamiento exotérico
      que a muchos les hace verme como loca.
      Probablemente
      son pequeñas superticiones  aleatorias
      movidas por la teoría del Kaos.

      Pero en mi caso,
      son experiencias
      que llenan de motivación mis actos.

      Fluir.
      Siempre con la teoría del fluir.

      Había abandonado
      casi toda atadura
      o sensación de pertenencia
      voluntariamente.

      Y aún así
      me dolían aveces
      algunas costras
      de las heridas del proceso.

      Cada vez me quedaban menos.

      Madrid era esa segunda piel
      de la que era difícil renunciar,
      con ese “Vuelvo a tí”
      repiqueando en mi cabeza.

      Los lunes de agosto
      puede que tengan también
      una configuración astrológia
      que me hagan cambiar.

      Otra influencia más,
      como mi condición lunática,
      como mi apego a los círculos
      o mi devoción por los azules.

      Hubo un tiempo
      en el que me tropezaba
      cada 9 de Diciembre.

      Lunes, Luna, Lunática,
      en el fondo
      trazar un mapa de uno mismo
      no es más que un compendio
      de pequeñas locuras.

       

       

      Insonmio

      Algo falla
      cuando este insonmio
      me planta
      a estas 4 y 15 de la madrugada
      y no me sale
      un poro de ganas
      de intentar
      afrontar
      que ya es mañana
      y empezar a hacer
      las cosas que son de “mañana”.

      Me aferro a este hoy
      atemporal
      infinito
      mientras no amanezca
      mientras tecleo
      absorta en la dejadez
      de quien espera que pase algo
      que no pasa

      Algo falla
      mientras espero
      mientras consumo
      las horas que deberían ser de sueño.
      Estática
      gasto el tiempo
      como quien se agarra
      a un clavo ardiendo.

      La cuesta a los 32 se presenta
      como el tiempo que pierdo
      de mi última juventud

      Amo la decadencia

      Amo la decadencia.

      El hilo transparente cayendo por la comisura de los labios, el azul grisáceo de las piernas amoratadas, el cansancio reflejado en los ojos, la ropa remendada, el papel descolorido, las uñas mal pintadas y mordidas, el cabello pajoso y estropeado, el maquillaje corrido, las medias rotas, la silueta oscura de la decepción asomando al torcer la esquina, la antesala al suicidio.

      Los sueños rotos. La mirada perdida. No poder huir.

      Las arrugas, las imperfecciones de la piel, el asomar desmedido de las costillas o la clavícula, el pelo recogido con prisas y sin coqueteo. El miedo, la ira, arañar la piel, los dientes hincados, la sangre, la oscuridad, el color desaturado. Morir joven. Ser inmortal. El minimalismo obligado al que empuja la pobreza. Enamorarse del ser equivocado. La belleza gastada, la pasión sin frenos, el alcohol usado como antidepresivo. Perderse en los brazos de un desconocido. El sufrimiento teñido de romanticismo.

      Las cuerdas. Las cadenas. Todo lo envejecido.

      Amo la decadencia y sus mil caras, sus personajes, sus pasajes, sus recónditos lugares. Amo la decadencia y la sensación de auxilio que produce, el lugar que siempre te acoje, la segunda casa que todos anhelamos, donde acabamos regresando, de donde nunca nos llegamos a marchar. Amo la decadencia y todo lo que ello conlleva.

      Buscando poemas para el recital encontré unas líneas 
      que resumen las cosas que me parecen bellas, posiblemente
      un montón de elementos para empezar a expresar.

      Entonces ella se volvió loca

      Entonces ella se volvió loca
      y no había forma de conversar
      gritaba que quitaran la luna, que no podía verla más
      que no lo soportaba.

      Entonces ella era una niña
      y hablaba como un adulto
      pero ya no lo era, y danzaba con su cetro
      imaginando que convertía todo en oro.

      Entonces ella comenzó a gritar
      y la noche se hacía día y el día noche
      se bebía el agua del mar
      y no paraba de acumular piedras.

      Entonces ella inventó un juego
      en el que se podía hablar sin palabras
      y se podía gritar en silencio
      y la “a” era “z” y la “z” no existía.

      Entonces ella olvidó todo
      y empezó a dibujarlo de nuevo
      mezclaba el gris con el negro
      y quería dibujar arcoiris rosas.

      Entonces ella me echó de su vida
      y yo pensé que había camino de vuelta
      pero tronaban las paredes
      cada vez que me acercaba.

      Entonces ella se volvió loca
      y no quería el sol, ni las estrellas,
      ni el día, ni la noche. Tiraba del cielo
      y decía que lo quitaran, que lo quitaran.

      Y entonces ella nunca volvió a ser la misma.
      Ni yo tampoco.

      La no paz

      El sin sentido ha venido a reinar a la no paz de mi vida,
      es un mounstruo caprichoso que se alimenta de la desesperación.
      Los días se convierten en una bobina áspera de palabras vacías.
      Hoy pensé en la ventana, ayer en un maratón a ninguna parte,
      mañana probablemente en una bombona.

      El tiempo se pliega sobre si mismo
      y un año es un segundo y un segundo un año,
      y los dos al mismo tiempo pesan sobre mi.

      Si me pongo a correr las manos se me atrofian,
      y al usar las manos me quedo sin pies, así pasan los días
      y yo cada vez más eso que no quiero ser,
      el anticiclón convertido en globo atado.

      Piedras, tejados, la siembra del barbecho,
      “algún día…” como alimento diario.
      Perderemos como los perdedores más obstinados,
      de todas formas, es imposible ganar.

      Hoy puede ser el día más elevado,
      a partir de ahora, continuaremos el descenso.
      Pero antes, arrasaré con todo sentimiento.

      Buenas noches, dirían otros.

      Tren en marcha

      Hay varias paradas
      antes de bajarse del tren en marcha
      y cada una de ellas
      es más emocionante que la anterior.

      Arrancas el techo y siento miedo
      no hay vuelta atrás
      el corazón se ha descosido
      para que lo abramos en canal
      y bebamos de él.

      Lo agarras con las uñas
      con cuidad
      y lo vas bordando despacio
      a ritmo de lengua y delirio.

      Bebemos sangre hasta caer borrachos
      yo de tu lado, tú del mío.
      Nadie entenderá esta sed inagotable
      (sin correas perennes)

      Esta noche
      agarras mi cuello al borde del abismo
      Me cuesta respirar
      y tú tiras despacio de mi.
      Despacio, despacio. Avivando el fuego.
      Despertando los vampiros de pandora
      El camino de vuelta borrado
      entre los espacios que separan
      los dedos de tus pies.

      Uno, dos, el siguiente, el siguiente, el siguiente
      ¡Mañana no existe!¡La cordura no es una opción!

      Maquiavélico
      engarzas tus cuerdas de títere
      abres las paredes
      con la misma delicadeza
      que abres tu boca
      para dejar escapar
      las palabras que me hipnotizan
      los besos que me embriagan
      que utilizas como arma
      ante las comitivas explosivas de mis cavilaciones.

      No dejamos pistas en mi cuerpo
      todos los mártires yacen en tí
      en tu espalda, en tu cuello, en tu aliento

      Me explicas con tus miradas
      lo que no me puedes explicar con palabras.
      Abro los ojos en medio de un desierto
      y tiro del alambre
      que muta en mil direcciones.

      Deshojas la mañana
      desgarrando mis costados para hacerlos coincidir
      giramos en todos los sentidos
      y me convierto en puzzle, en muñeca, en invisible,
      en tormenta, en pregunta, en respuesta.

      Y el sentido deja de tener sentido para convertirse en:

      “Tú y yo estamos en un tren en marcha que no sabemos donde va
      pero que cada estación es mejor que la anterior.”

      La Otra

      Hay dos caras

      una, la que siempre veo

      la que me hace identificarte

      la que no permuta, invariable, plana,

      inexpresiva en lo afectivo

      vividora pasiva de los días.

       

      Pero existe otra, la otra,

      que aparece a veces, que transforma los rasgos,

      que te envilece y te convierte en frágil

      en humano, te enfatiza los rasgos de niña

      supura la dulzura en las comisuras

      transforma el rostro

      ya no es igual.

       

      Barajas el azar de la metamorfosis

      esa persona no es la misma

      la piel se vuelve permeable

      los ojos se enternecen

      y aparece la inocencia perdida

      el origen de todo

      y la atracción actúa.

       

      La atmósfera se llena de partículas

      que te van acercando a la otra

      la que sólo a veces aparece

      el corazón responde a ese impulso de atracción

      es como si su boca se convirtiera

      en el epicentro de tu cosmos

      y la sangre te llamara

      se convirtiera en torrente

      lava arrastrando todo raciocinio

      espontánea ebriedad incontrolable.

       

      La otra cara

      que a medida que la observas

      nada se parece a la anterior

      sabes que es la misma persona

      lo sabes, pero por instantes lo dudas

      y observas cómo los gestos

      se van integrando a la escena.

       

      Tú me miras, me atraes,

      me miras, me acerco,

      (nunca pruebo a besar antes

      de que aparezca la otra cara,

      siempre espero, espero

      esa mágica transformación)

      me miras, te miro

      me has reconocido

      juntamos las bocas

      y nos besamos.


       

      Me pregunto si yo también tendré “otra cara”

      Y no sé ni tu nombre

      Y entonces no para de sonar
      “y no sé ni tu nombre”
      una y otra vez
      y se mete en mi cabeza
      martilleándome
      y los muebles comienzan a moverse
      los cajones se abren y se cierran
      y tú no estás
      y no lo puedes ver
      y me digo < No es verdad.
      Esto no existe, no puede existir>
      Y aparece una aguja gigante
      en la esquina de mi habitación
      precipita sobre mi
      intentando alcanzarme
      y me digo < Otra vez no>
      Y me quedo muda
      cierro los ojos
      y los cajones paran de abrirse
      y la aguja no me alcanza
      se queda inmóvil a un centímetro
      todavía la siento
      sé que está ahí, señalándome
      y yo con los ojos cerrados
      pero no me muevo.

       

      Aunque la canción no se llame así
      y nadie crea mi historia ^^

      Madrid gris


      Y hay tanta gente en todas partes y todos recluidos en sus distintos rincones, el ser humano se está conviertiendo en un ser asocial que exporádicamente sale a emborracharse para calmar sus necesidades vitales de sociabilidad e instintos más carnales, como el sexo o el afecto.

      Creo que las ciudades están hechas de un gel que insensibiliza, se va pegando a la piel y poco a poco vas dejando de sentir, de pensar, de querer, de querer hacer, las inquietudes se van muriendo y cayendo como piel muerta. Los días van pasando y las calles son ríos de zombis con los ojos vidriosos que miran al frente, podrías matarlos con ametralladoras y seguirían saliendo más y más como cucarachas que no se acaban y el efecto sería el mismo. Un sin fin de cuerpos vacíos, sin alma, sin motivaciones diferentes a seguir hacia el final destino.

      Hoy que llueve no sucede, todos huimos despavoridos a los soportales
      y nos juntamos como polluelos, dan ganas de abrazarse
      y sentir el calor de otro brazos que te acogen.

      La luna y el árbol – Parte I: El Árbol

      Desde la letanía de no poder alcanzarte
      te escribo en esta noche cerrada
      donde me hallo mecido por el viento
      en el desconsuelo de no poder verte.

      ¿De qué me sirve saber que me amas
      sino puedo estrecharte
      y mecerte entre mis ramas?

      ¿De qué me sirve esta vil existencia
      mirándote cada noche en el cielo altanera?

      Princesa maldita, musa de tantos trobadores,
      que con tu manto a todos embrujas
      que a todos nos sumes en esta locura.

      Miro al tiempo y dibujo sueños con ecos.
      Finjo no ser consciente de tus innumerables amantes
      de tantas historias de amores.

      Tú, la más deseada
      tú, dama blanca de la noche
      tú, mi carcelera,
      tú, mi protectora
      tú, mi liberadora.

      Guardas en tu alcoba
      los besos que nunca podré darte
      que me hacen maldecir
      este suelo al que estoy atado
      esta falta de alas
      esta mirada eterna
      buscándote,
      pensándote

      Muriéndome cada noche como ésta
      en la que las nubes te cubren
      y me desgarran los celos
      imaginándome que te escapas del cielo.

      Que huyes de tus dominios y te dejas querer
      y olvidas a este viejo árbol
      que te llora y te venera
      que te ama y te “des-ama”

      Al que una noche tal como ésta
      encontraste bañado en estas aguas
      y prometiste amor eterno
      aquella noche
      que te escapaste del cielo.”

      La luna y el árbol – Parte I, el árbol: Video de Recital en el Mercado ecológico en La Fustera 2014 – Benissa

      La luna y el árbol – Parte I, el árbol: Video de Ciclo poético El espíritu de la Escalera 2011 – Madrid

      La luna y el árbol – Parte II: La Luna

      “¿Quién es la carcelera
      sino hay en el mundo
      mayor prisionera?

      Que ondea en el cielo
      para que todos la vean
      que ondea en el cielo
      para que todos la vean.

      Que finge siempre
      estar alegre
      que dibuja sueños
      para que otros los tengan.

      Que no quiero ser
      la que todos quieren que sea
      ni ser de tantos amores
      (imagen o idea) tan deseada.

      Que no quiero ver
      ojos que me admiran
      que se apague la noche
      y sea el cielo solo de estrellas.

      Quien pudiera descansar
      y caer en el remanso de tus aguas
      acariciar tu corteza curtida
      mecerse hasta el amanecer en tus ramas.

      Hablar en silencio
      descubriendo los secretos del viento
      y trazar con la lluvia
      el sendero de tus misterios.

      Embriagarme de tu fragancia
      filtrarme en la savia de tus venas
      encender tu interior con suspiros
      estar hasta el final de los tiempos contigo
      lejos (de los ojos) de todos

      Que no quiero ser la dama blanca dueña de la noche
      que busca caerse de lo alto y romperse en pedazos
      Que no recuerdo ya quién me castigó
      y condenó a vivir así, de esta manera

      Inventé una extrategia para encontrarte
      confundiendo a las gentes con mis bailes
      escondiéndome un poco cada noche
      hasta del cielo poder escaparme

      Pero en la oscura noche no consigo hallarte
      maldita me engañan mis huellas
      y me pierdo en las tinieblas
      entonces exhausta regreso a mi cielo.

      Crezco y crezco, enchida me ilumino
      y miro a la tierra y te observo desde lo alto
      comienzo de nuevo mi plan, pero se borran las sendas
      se confunden los caminos.

      Y una y otra vez te busco
      y una y otra vez
      no te logro encontrar.”

      La luna y el árbol – Parte II, la luna: Video de Recital en el Mercado ecológico en La Fustera 2014 – Benissa

      Parte II del reto de Borja para el día 13 de Abril. Porque sigamos teniendo inquietud por seguir escribiendo y retándonos 🙂

      De azules y círculos incompletos

      Tranquila…

      Esta noche dibujamos círculos concéntricos incompletos
      que se van uniendo por sus extremos a otros círculos
      formando infinitas espirales que conectan una curva con otra.

      Los azules se están destiñendo,
      clarean en esta paleta que recorro con mis dedos.
      Me da miedo su tacto.
      Mis yemas tiemblan al posarse sobre los azules.
      Temen que se agote,
      finalmente se agote el concepto
      y nunca más pueda trazar una línea azulada
      en este gastado lienzo.

      Tranquila…
      Te he dejado una taza de leche caliente
      para que puedas dormir.
      Me he inventado una trampa de sueños
      para que sin darte cuenta me reveles tus misterios.
      Me dejes caminar en el laberinto oscuro
      para derribar las simetrías que te atormentan.
      Y fabricar el cielo de las dualidades
      donde diferentes “yos” no se enfrentan.

      La vitrina.
      La vitrina está vacía.
      Las muñecas nunca deberían tener consciencia
      y poder escapar de la cárcel de cristal.
      Sus ojos vidriosos ya no miran buscando admiración
      sus delgadas piernas apenas soportan el peso.
      A menudo pierde el equilibrio
      y lanza una mano a la deriva
      arañándote entrañas para seguir en pie.

      Tranquila…
      Esta noche vamos a desordenar los mundos
      vamos a mezclar realidades, a trazar un oasis
      donde no tengan cabida las cadenas.
      Seamos libres en nuestro oasis
      donde tú me besas intensa
      y yo te abrazo entera.

      ” A la robadora de almas… que se escapó un día por la cornisa del entendimiento y nunca más volvimos a hablar el mismo idioma, aún así, hubo un tiempo en el que nos hablábamos sin hablar, nos comunicábamos en sueños y nos protegíamos del resto del mundo, del que creíamos transcender”

      Incomprendida


      Y si gritara y me quedara sin voz???? Y si me quedara sin voz para siempre de tanto que pude llegar a gritar?

      Quisiera gritar y desgarrarme la voz cuando me siento herida, pero mis heridas…me las formo yo misma? O son los demás que al no alcanzar mis espectativas hunden clavos desde los que se despeñan en mi cuerpo?

      Y cuánto he de esperar de los demás??? No debería acaso dejar al azar ir rodando y que nos conduzca libremente por sus senderos misteriosos. Cuánto han de esperar los demás de mi?

      Siempre, siempre, siempre había afirmado que cada uno es como es, y que cada uno debe actuar libremente según le dicte su corazón. Y que si otro espera otra cosa, si se enfada, si no es lo que esperaba, que se dé de cabezazos contra la pared para deshagar esa ansiedad injustificada.

      Y hoy, ahora, me siento un ser ansioso, pienso en romperme la cabeza contra las paredes, pero aún así, no lo veo suficiente. Creo que soy un ser incomprendido y simplemente me he equivocado tal vez con las espectativas que me he marcado, con la vida, con las personas…

      Y sin embargo estoy bien… en una enajenada realidad en la que parece que la anestesia nos sume en un estado de aparente felicidad.
      El mundo puede acabarse hoy mismo, y me siento como si hubiera una droga general que nos afectara, de la que no fuésemos conscientes, que nos hiciera sonreir hacia nuestro inevitable fín.

      De igual forma, siento que cada vez me cuesta más poderme quejar de la forma que quiero. Cada vez me siento que mis gritos se ahogan antes, y que aunque quisiera seguir gritando, seguir ahullando dolorida para mitigar mi pena…la voz se me quiebra y pesada cae como una piedra en el suelo. Es como si al mirarme en el espejo, al no poder ver mi reflejo me pegara de golpes contra el cristal para intentar conseguir verme, y en lugar de eso, al romperlo, me hiriera. Y no llegara a ser consciente de esas herida hasta que no pensara en una lejana yo de otro tiempo, que jamas se hubiera lanzado contra el cristal, y entonces es cuando pudiera percibir la sangre brotando a borbotones…

      (¿De qué hablo? ¿Qué más dá…mis palabras no pueden emerger…hoy me quedé sin voz)