Realidad de mentira

Desde donde desentonan mis recuerdos

aveces caen pedacitos

de ese yo, de ese tú, de ese nosotros

que parecen patalear en esta pantalla

que ahora lo domina todo

donde todo (el mundo) se ha vuelto virtual

donde la vida se ha convertido en un desfile de fotografías

chistes, videos, selfies y gatitos, sobretodo gatitos

y los recuerdos, desentonando

efemérides sorpresa

tiñendo esta realidad de mentira

en algo, que algún día

parece que sí fue verdad.

 

Los principios

Siempre me han gustado los principios

empezar un curso, una nueva casa, un nuevo proyecto

todo desde el principio.

 

Quizás es porque me crié en un barrio sin pasado

allí todos nos echábamos abuelas a las que ir a visitar a otras ciudades

allí todos éramos tan antiguos como nuestros hermanos o nuestros padres.

El tiempo estaba parado pero aún todo estaba por estrenar:

las calles, las aceras, los portales, las farolas, los escondites, las trampas…

A nuestro lado seguían creciendo lugares nuevos

parecía que nunca jamás se terminarían

sin embargo, se convertían en nuestros escenarios de fechorias.

 

Siempre he odiado tener que empezar de nuevo

cuando todo huele a muy usado, muy establecido, muy hermético

sobretodo cuando sobreviene de golpe y sin retorno.

 

Quizás es porque siempre he tenido que renunciar a todos mis pasados de forma brusca

allí donde me sentía en casa, reconocida, mi lugar de confort

tener que ponerle flores sobre su tumba

allí donde estaba todos, todos lo días, ya nunca más

y aquellos, los otros y los de más allá

únicamente personajes secundarios

en la filmoteca de mi memoria.

 

El tiempo va hacia atrás y todo lo que tocas tiene alma,

tiene dueño, está contaminado de pasado.

Al recorrer los entresijos, éstos tienen surco

y los lados te hacen resbalar hacia el centro.

cerca, lejos, son dimensiones abstractas cuando pisas con pies foráneos

alrededor del lejos salen madreselvas

y del cerca trepan zarzas.

 

Siempre me han gustado los principios,

pero desde el principio.

laura mequinenza poesia denia soho
Laura Mequinenza recitando Los principios – 16 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

 

 

Mala

Dedicada a todas esas personas que en su ir y devenir de la vida

me definen como una persona fría y sin sentimientos,

específicamente alegando que soy…”

Mala. Soy mala.

Por obtusa. No confusa. Digamos mas bien

clara, sincera pero rara. Tal vez extraña.

Ambigua en los conceptos que en un si y un no, no encajan.

Concreta en las ideas, en lo que verdaderamente entrañan.

Mas prefiero no opinar.

Mala. Soy mala.

Porque hago lo que me da la gana.

Porque te miro cuando me hablas.

Porque además te escucho y a mi no me engañas.

Por que te digo lo que pienso sin trabas.

Porque divago con las verdades y les saco faltas.

Porque no soy como esperas, los tópicos me resbalan.

Mas prefiero no opinar.

Mala. Soy mala.

Atea, considerablemente imperfecta. Soñadora,

pesimista, no cegada por la intangible belleza.

Apasionada y fría. Descubridora, inconformista,

Vividora, vaga, simpatizante de la pereza.

Mas prefiero no opinar.

Encerrada en morales que no entiende mi cabeza.

La razón trepa a los árboles de mi conciencia.

Mas en mi mundo no impera Dios sino la ciencia.

Camino sola en un mundo en el que soy ciega.

Mala. Soy Mala

 

Recitada: : 09 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

29 de Enero en sessió de micro obert en Ca Revolta, Valencia

A mis enemigas

Me han crecido los senos

y no paro de alimentar

pequeñas ratas que los muerden

buscando hacer sangre.

Aún no ha nacido el niño muerto

que asomará la cabeza entre mis piernas,

pero todas quieren beber de él.

 

El ocaso recubre las paredes

de óxido y flujos

donde el olor a sexo se confunde

con hedor de entrañas pútridas

y las alimañas

no dejan de lamer

allá donde el negro se confunde con el rojo

esperando encontrar gritos

donde solo hay silencio.

 

Pero nadie grita

Solo hay frío y eco

solo hay frío y viscosidad

solo hay frío y hedor.

 

A hurtadillas

se acumulan jadeos en las esquinas

y se esfuman sin mayor importancia.

En mis piernas mil cicatrices

compiten por perdurar contra las mil que aparecerán mañana.

En mi boca, moscas

y en mi mano

una caricia antes de olvidarlas.

 

Han salido a buscar

un ataud para mis muertos

alguien gritará en alguna ventana roja

pidiendo que los enterremos.

¡Mis muertos ya están en el ataud de mi cuerpo!

Pero pronto vendrá el tiempo a desenterrarlos.

 

Y mientras mis pechos siguen creciendo

pariré de nuevo con dolor estéril

y lo dejaré abandonado en el suelo

y enjendraré nuevas ratas,

nuevas paredes y nuevos muertos.

 

Recitada:

09 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

Reincidente habitual

No, no reconozco haberme equivocado al enchufar el interruptor de amar descontroladamente, más bien, descuidé las escotillas de salida y en algún momento estuvimos a punto de morir en un incendio, pero coño, dicen que sólo se vive una vez y me lo tomé tan al pie de la letra que no quise perder el tiempo ideando el plan perfectamente montado en el que no sobrara ni una sola pieza.

No, no creo que sea que descuidé ahorrando en afecto, si si tal vez peco de algo es de malgastar los recursos naturales que me han sido dados con la fé ferviente de que poseo una fuente inagotable y por ello he estado apunto de morir ahogada de tanto abrir el chorro y dejar que me llegara hasta el cuello. Hasta aquí arriba y subiendo, ingenua, tal vez de que lo que me hacía flotar nunca me arrastraría hasta el fondo.

No, no voy a asentir y decir que si, que todo es culpa de haber dejado todas las puertas y ventanas abiertas, que tenía que haberme dejado gobernar por el miedo y llenado de clavos los tacones de mis idas y venidas. Pero quien sabe. Puede que aún esté a tiempo de encadenarme a una causa y no dejar que la talen de mi lado. Disfrazarme de activista suicida y atravesarme la piel con ideas preconcevidas que me traigan de vuelta al engranaje de una vez.

No, no voy a arrepentirme de haber roto todas las cláusulas y contratos que nunca elegí firmar en mi vida, ni de escaparme de vez en cuando a mirar por la mirilla los fantasmas de mis no vidas vividas que se pasean por Utopía. En todo caso sí, de haberme hecho de vez en cuando el pez muerto para que me llevara la corriente sabiendo que no duraría mucho mi mentira y que ésta, pronto me haría saltar por los aires. La absurdez crónica de coleccionar piedras que decoren mi camino.

No, nunca he tenido superpoderes, al igual que todos: yo también sangro, aunque quizás lo que no me guste es sangrar demasiado.

Recitada:

12 de Diciembre del 2017 en micro abierto Arte no Apto en Denia, Alicante

 

 

 

Listas Negras

“Una Semilla Nunca Se Pregunta Si Va A Ser Tal O Cual Árbol… Simplemente Crece”

Alejandro Jodorowsky


No pierdas el tiempo,

elige meterme en alguna de tus listas negras

y no intentes conocerme, acercarte, descubrirme, amarme.

 

Soy la antítesis de todo lo que puedes buscar o querer en alguien de forma teótica.

Soy la heredera de todas las que alguna vez apedrearon,

la reencarnación de aquellas que quemaron por brujas, poe herejes.

Soy la pieza defectuosa que decidió no preocuparse por encajar.

 

El quemazón de una existencia inverosimil que se empeña en seguir viva,

a pesar del incontable número de listas negras en las que hayan metido.


No intentes entenderlo. Fluye.

 

La naturaleza es una fuerza incontrolable

regida por el kaos que no necesita entrar en ningún teorema aúreo y lógico,

fluye, desordenadamente,

fluye, esperpénticamente,

fluye, sin dar cuentas a nadie,

fluye, fluye, fluye,

fluye de forma taaaaan bella,

tan / natural

que se me antoja perfecta.

 

Y en ese baile grotesco del fluir descontroladamente

me siento en paz

me siento libre

me siento en casa.


Viajo por las líneas de los muertos en vida

que me dejaron señales en cada uno de mis estigmas

cada uno de los cuales los baña una capa escarlata.

Soy la visionaria de los cuerpos que no me tocaron,

soy la cobaya que no teme al destino,

soy la suicida que aprieta la vida como si fuera eterna,

soy como el cáncer que se propaga

desafiando a su cura.

 

Recitada:

14 de Noviembre 2017 en el micro abierto Arte no Apto en Dénia

Detener el tiempo

Nadie me ha explicado cómo detener el tiempo
sigo arrastrada por la aguja que me obliga a cumplir años
no sé explicarle que yo me bajé del tren
y que ahora estoy en tiempo muerto, en el limbo.

Pero el tiempo, sigue corriendo
y no antiende a razones, ni circunstancias.

En el exilio de los niños que no quieren crecer
pero que tampoco están en el mundo real
caemos en las redes de los piratas
que marcan el ritmo único y estándar.

Yo nunca fuí de estándares
ni de ritmos de otros.

Convencida de que la edad es teoría
y envejecer inevitable
busco el lugar, en el que dejen de sonar los tic tacs
por mucho que la vida surque mis manos.

Tampoco sé si volverá a pasar el tren
o si , si llegara a pasar, cómo subirme a él.

El día más triste del año

Ahora nos dicen cuando tenemos que ser felices

y cuando dejar de serlo, después de la navidad,

otro término comercial, blue monday o

el día más triste del año

 

He oído que hoy es el día más triste del año

y he pensado que igual era mejor no levantarse de la cama.

Fuera nieva y me parece gracioso pensar que llegue a nevar en una ciudad como ésta

y sin embargo ni el frío, ni la nieve, ni el día más triste del año me han hecho sentir mal.

 

No estoy triste,

yo que ando luchando con el nenufar que me parasita

yo que he desestimando las sendas de baldosas de azúcar

porque me van los callejones oscuros

yo que a cada caricia de menos pierdo razones para querer verte

yo que no sé escribir poemas alegres de cosas tristes

yo que tengo una montaña encima del pecho

yo que dibujo tristezas en la gente que no tiene

y se marchitan en mis retratos.

Yo que colecciono jardines de ausencias

y planto rosales con orgullo.

 

No estoy triste, el día más triste y frío del año.

No me he muerto, ni se me ha escapado el alma por la boca

ni se me han fermentado tus escusas

no se me achica el cuarto

ni se me hunde el cuerpo en la cama

no se precipita el techo

ni se me escaman las costillas

No te echo de de menos

No / te / echo / de / menos

 

No se me encoge el estómago

ni me veo fea y vieja en el espejo

no me faltan todas las personas que me faltan

ni asoma hoy el cráter oscuro de mi futuro

No me asusta el fantasma de yo misma

ni vienen las druidas a quemarme en vida.

 

Mañana, quién sabe,

quizás venga la tristeza a adueñarse de mi

pero hoy

no estoy triste

el día más triste del año.

 

Aprincesada y pasada de moda

Te anuncio que las princesas están pasadas de moda,
pero yo sigo teniendo alma de chica dulce,
aprincesada, a la que le gusta que la mimen,
no con empalagosismos de manual,
pero si con caricias del que teme romper algo preciado,
pero si con besos que se estrellan
en el paradigma que para el tiempo,
pero si con sonrisas del que disfruta
sin esperar nada a cambio.

Te anuncio, que yo no vine al mundo
para hacer feliz a nadie
y que no tengo la responsabilidad moral
de tener que hacerlo, sin embargo
no me importaría embarcarme en proyectos,
en los que lo consiguiéramos de forma adyacente,
como consecuencia lateral.
Mientras dure, mientras nos valga,
sin culpabilidades una vez
que desaparezca la magia.

Te anuncio que hace mucho tiempo
que me desapunté del club de las guerras frías,
nunca sé cómo llegué a entrar en un lugar así,
pero sí sé que no pienso volver.
No echo de menos los juegos de egos,
y perdóname, si me cansan los tira y afloja.
Prefiero, otro tipo de juegos.

Te anuncio que no busco al padre de mis hijos
ni al ladrón que me robe el corazón una madrugada,
aunque tal vez fantasee con la piezza perfecta
que encumbre mi colección
y me arrincone tanto intelectual
como pasionalmente.
No creo en los reyes magos
pero, me lo pido este año como regalo de reyes.
Este año creo que he sido demasiado buena
y me lo merezco.

Te anuncio que la verdad,
está sobrevalorada, 
pero que aún así, soy defectuosa
y me hacen más mal las mentiras
que cualquiera de las fechorias.
Confío en la gente,
hasta que dejo de confiar.
No quiero lunas ni cielos,
no quiero promesas de reinos,
mi princesismo es romántico
y sólo añoro y deseo lo que acordamos,
lo que planificamos, lo que nos decimos.

Te anuncio desde ya,
que los cuentos siempre acababan mal,
pero alguien decidió cambiarlos
para vendernos un mundo de mentira.
Yo soy una ingenua que quiere seguir creyendo
en los mundos de mentira,
en los sueños de mentira,
en las promesas de mentira.

Y me resisto a creer, que no puedo ser
la protagonista de mi propio cuento.

El cementerio de amor muerto III: Cementerio

Si no muero demasiado pronto
sé que moriré sola.
Soy una romántica extravagante
enamorada del concepto del amor
una kamikace adicta
al vuelco emocionante
del salto al vacio.

Me siento una coleccionista inconformista
cada vez más obsesionada
con la piezza perfecta.

Hoy, se ha vuelto a romper,
como siempre me sucede,
después del insomnio adolescente
viene la gran caída,
el despegarse esa magia
que estaba cubriendo la piel
una vez que pierde su efecto.

Frío y vacío.

Silencio.

Mi cementerio está lleno
de amor muerto.

El cementerio de amor muerto II: Tú, de mi colección de tús

Tú, de mi colección de tús.
Esos, a los que escribo constantemente.

Hoy, de golpe
aparecerás en mi vida, sin yo planearlo,
y una obsesión te llevará a buscarme,
a seducirme, a volverme loca,
y yo, una vez más, caeré en tus redes,
siempre es igual, me dejaré llevar,
despertarás en mi complicidad,
me encariñaré contigo,
me acostumbraré a ti,
me dirás que soy perfecta,
que nunca has conocido a nadie como yo,
te creeré, te creeré vehemente
con la fé del que quiere creer.

Creeré que estamos predestinados
que el entramado exotérico
ha tramado algo especial para nosotros.

Y el día menos pensado
una sombra funesta
acabará con alguno de nosotros
el amor penderá de uno de los dos.
Se acabará el misticismo, la magia,
los ojos brillantes…
y arañaré el pozo de los recuerdos
intentando encontrar
una cura misteriosa.

Nos alejaremos.
Nada volverá a ser como antes,
nunca igual.

Otro amor más
muerto para mi cementerio,
los tús de mi vida,
que se acumulan en mi garganta,
en mi cabeza.

Me asusta pensar
en que algún día pierda la fé
la fé de que existe un amor que no muera
que no irá a parar a mi cementerio
de amor muerto.

El cementerio de amor muerto I : Insomnio

A altas horas de la madrugada,
buscar a alguien que haga de salvavidas esta noche,
miro náufragos que posiblemente, aunque callados,
anden necesitando lo mismo.

Qué silenciosa es la noche
y lenta
cuando no hay nadie a quién llamar
nadie que te rescate
mirando la pantalla de un movil inerte
mirando el techo que cubre mi cama
mirando la luz azulada
que tiñe todo desde mi ventana.

Una noche más, que no puedo dormir.

A mi cabeza vienen tantos tús,
que no lo son tanto,
podría abrazarme esta noche
a cualquiera de ellos
y sentiría que llenan mi vacío.
Pero no lo harán,
sólo tal vez esta noche.

Mañana todo me sabrá a marchito.
El cariño usado de contrabando.
Adioses que parecen hasta luegos,
pero que son eternos.

Esta noche lloraré a todos mis muertos
caerán las cenizas sobre mí
y cada silencio será una losa en mi cabeza.
Mañana vendrán a mi cada uno de sus funerales
y otra vez vacío, más silencio, sigo sola.

La noche pesa sobre mi
mientras el tiempo parece no querer avanzar
mientras me empeño en fingir
que voy a dormir.

Catálogo de preguntas existenciales y suicidas
que no llevarán a ninguna parte
pero que acrecientan esta ansiedad
este esperar que algo suceda
algo mágico que me salvará de mi misma.

Vuelvo a los tús, a los milagros,
siempre a refugiarme en el papel
y sembraré un ejército de sueños nuevos,
un campo de poemas que tal vez,
nunca recitaré
y una melancolía
que invade todo mi cuarto.

No puedo dormir
no puedo
no consigo dormirme
ni salvarme
en esta noche
que parece no querer terminar.

 

Follarse a una misma

    – I –

    Entonces sucedió
    que no podía dejar
    de follarme a mi misma
    y de buscar un yo nuevo
    cada vez que se me acababa el anterior.

    Cada noche me transformaba
    en la treinteañera de quince
    y despertaba emborrachada
    de versos que me devolvían a mi celda.

    Pensé tantas veces en escapar del renglón
    que incluso tejí recuerdos falsos
    en los que vencía quimeras
    que embalsamaban mis muertos.

    Acercarse demasiado a las respuestas
    se convirtió en mi deporte de riesgo favorito.

    Nunca tuve demasiado apego
    a los cuentos con finales felices
    y desarrollé inmunidad crónica
    a las armas de destrucción masiva.

    Al principio lloraba al comenzar capítulos.
    Después desarrollé
    un síndrome de estocolmo compulsivo
    que me empujaba al descariño progresivo.

    La decadencia se apoderó de mi
    como una diabetes de una bulímica.

    Los martes(antes miércoles) como oasis
    fueron el salvavidas que vuela circular
    antes de caer sobre el cuerpo cansado.

    Peligrando el boceto que daría forma
    a la enredadera de mi vida
    salvaguardé las historias
    en pequeñas metáforas mal encriptadas.

    Temiendo quizás perder demasiado pronto
    los recuerdos que algun día olvidaría
    que algún día querría recordar.
    Pasaporte efímero a una inmortalidad de pega.

     

      – II –

      Nadie sabrá de nosotros
      los padres insumisos
      de una generación
      que se consume a si misma.

      Creyendo que decidimos
      mientras tiramos unos dados
      que no mueven nuestras fichas.

      Seremos el fracaso de nuestra especie
      convencidos de nuestros ahoras.
      Renunciar, como hábito burgués,
      asumir, como gesto incosciente.

      Nadie sabrá de nosotros,
      nosotros que vivimos en la generación
      más documentada de la historia
      y nadie sabrá nada de nosotros.

       

        – III –

      Me fuí, como siempre.
      Siempre abandonando todos los escenarios
      dejando silencios en mis cuentas pendientes.
      Apelando a mi naturaleza circular
      que me haría volver, algún día.

      Cuando ya no escueza
      cuando nada importe
      cuando ya todo sea inevitable.

      Huir de los futuribles
      como defensa personal.
      Una vez lejos, nadie inventará
      un final de mentira.

      Sólo hace falta esperar
      a que las piezas vayan ocupando
      el lugar adecuado.

      Para entonces, mi piel
      ya habrá caido
      y podrá devorar fantasmas
      y aliñarlos con la melodía
      de los que siempre sienten envidia,
      así ganen, así pierdan.

      Y continuar, al fin y al cabo para eso estamos
      hasta que no suene el silbato final
      una debe seguir corriendo.

       

        – IV –

      El perdón de los perdones
      a ti misma, / por ser tú, / por seguir siéndolo,
      por no dejar de serlo.

      Perdonada.

       

        – V –

      Y todas mis penas
      vestían de largo,
      las encerré en fiestas aburridas
      a las que no pensaba acudir.

      Las traicioné con penas de mentira
      que vestían de alcohol,
      estupideces adolescentes
      que me entretenían los días.

       

        – VI –

      Apareciste tú, tú, tú y tú también.
      Y cuando creía que no habría más
      siempre aparecía un nuevo tú.
      Y me acostumbré.

      Todos necesarios,
      en la cronología taxidérmica
      de mis decisiones decisivas.

      Fluir cuesta menos,
      cuando una fé enfermiza
      te guía en una senda oscura.
      Algunos lo llamarán destino,
      otros, cosas peores.

      Y Madrid me dijo: Vuela

      –    I    –

      Llegué y Madrid no era la misma.
      Una pesadez se posó sobre mi cuerpo
      y me costaba respirar.
      Tal vez los universos paralelos
      me estaban invitando a marcharme
      siempre dije que aquí
      se había acabado una etapa
      y que debería seguir en otra parte.

      Madrid se mostraba ante mi
      esta vez vacía
      y difícil,
      como una yegua salvaje
      que no quisiera ser montada.

      Sus calles olían distinto
      pero la misma sensación de siempre
      de sentirme en casa,
      siempre me siento en casa
      cuando me sumerjo en el centro
      de forma anónima.
      Me encanta la soledad
      de mi paseo, perdida,
      deambular sin sentido,
      libre, sin esperar ver a nadie conocido.

      Incluso la improbabilidad
      hace mucho más felices
      las casualidades de los encuentros fortuitos.

      –   II    –

      Estaba en casa, eso era seguro,
      pero una fuerza invisible
      renegaba de mi.
      Como el ave que empuja a sus polluelos
      al vacío.

      – Vuela –

      Sentía que me estaba invitando a volar,
      de nuevo.

      – No te encariñes
      Las alas no son para quien se encariña
      y echa raices. –

      De todas formas
      hacía tiempo
      que no tenía raices en ningun sitio.

      Y Madrid ya no era
      uno de mis próximos destinos.
      Pero sentirme así, distinta
      me perturbaba.

      –   III    –

      Me sumergí en el metro.
      El metro siempre me había mecido en su seno.
      Me dieron ganas
      de pasarme todo el día
      subterráneamente
      apegada al cordón umbilical
      que aún nos unía.

      Sola,
      mecida en el asiento
      que me permitía recostar la cabeza
      mientras,
      mis ojos me mostraban
      la silueta de mi cuerpo sin cabeza,
      presa fácil de cualquier selfie instantáneo
      de los nuevos alienadores.

      Quien habló de le holocaustro zombie
      creo que nunca imaginó
      que ya lo vivíamos.
      Los zombies se alimentan
      del cerebro alienado de otro
      que como él
      dispara me gustas como recompensa.

      Todos nos vamos infectando
      de esta enfermedad
      que nos atrofia social y motivacionalmente.

      Mientras pensaba esto
      llegué a mi destino
      lugar que alguna vez fue uno de mis dos grandes hogares
      los cuales até a mi como apellidos.

      La 13:47 y 31ºC, Agosto, Madrid.
      Y no hacía calor.
      Igual estaba muerta también,
      era otro zombie
      que observaba todo desde el papel de cuadrícula
      que me hacía sentirme acompañada.

      Hacía millones de años
      que había sustituido el diario
      por pensamientos desordenados
      y emociones encapsuladas
      que algunos
      (y yo misma aveces)
      llamaban poesía.

      –   IV    –

      Me fascina como los barrios perduran
      cuando mutan sus gentes.
      Yo era una antigua inquilina
      de las plazas que ofrecían ropas en mantas,
      de las paradas de autobuses y farolas
      empapeladas de anuncios
      que apenas vería nadie
      antes de su limpia,
      de la mezcla de acentos
      de una lengua parecida.

      Sentía algo interno
      que me unía a esta ciudad
      más allá del convencionalismo.
      Algo místico.
      La confluencia
      de todo lo que en ella pasaba
      de lo que me arrastraba
      en una u otra dirección.

      Me sentía más yo
      aunque me invitara
      a seguir mi camino.

      Mi romanticismo,
      que me dibujaba destinos caprichosos
      que me colocaba personajes que me invitaban
      a probar mundos nuevos y excitantes
      los cuales ingería con un hambre desmedida,
      me decía
      que existían otras ciudades
      que me harían sentir en casa
      que me secarían las alas
      para continuar mi vuelo
      que aún quedaba mucho de mi andanza,
      personajes nuevos descubriéndome
      los placeres que el mundo
      había dejado encriptados para mi.

      Puto romanticismo sin sentido.

      –   V    –

      35º y seguía sin tenercalor
      puede que el termómetro estuviera estropeado.
      la temperatura era tan distinta
      y el agua….

      Me detuve a observar
      la estampa de mi cuerpo sin cabeza
      que anotaba frases en un cuaderno.
      Ahora, la sombra dibujaba en el asfalto mi pelo
      que se mecía suavemente.
      Miraba mis rizos como ajenos
      como si pertenecieran a otra muchacha.
      Una muchacha que me atraía.

      Había pasado dos años de prestado
      y estaba empezando a olvidar
      quién era yo,
      debía dejar esa etapa atrás
      y zambullirme de nuevo
      convertirme en piraña sedienta de vida.

      Llevaba días pensando
      en cortarme el cabello
      pero ese momento
      el pelo ondeando
      meciéndose de un lado a otro
      se me antojó una señal
      y temí acabar como sansón.

      –   VI    –

      Me enamora el pensamiento exotérico
      que a muchos les hace verme como loca.
      Probablemente
      son pequeñas superticiones  aleatorias
      movidas por la teoría del Kaos.

      Pero en mi caso,
      son experiencias
      que llenan de motivación mis actos.

      Fluir.
      Siempre con la teoría del fluir.

      Había abandonado
      casi toda atadura
      o sensación de pertenencia
      voluntariamente.

      Y aún así
      me dolían aveces
      algunas costras
      de las heridas del proceso.

      Cada vez me quedaban menos.

      Madrid era esa segunda piel
      de la que era difícil renunciar,
      con ese “Vuelvo a tí”
      repiqueando en mi cabeza.

      Los lunes de agosto
      puede que tengan también
      una configuración astrológia
      que me hagan cambiar.

      Otra influencia más,
      como mi condición lunática,
      como mi apego a los círculos
      o mi devoción por los azules.

      Hubo un tiempo
      en el que me tropezaba
      cada 9 de Diciembre.

      Lunes, Luna, Lunática,
      en el fondo
      trazar un mapa de uno mismo
      no es más que un compendio
      de pequeñas locuras.

       

       

      Completa desconocida

      “Dedicado a la chica de morado que se sentaba ese día junto a mi
      en el metro”

      Y pareces tan frágil y delicada
      Pensara que tal vez te vas a romper.
      Cuando he llegado al andén
      he notado un brillo en tus ojos
      andabas como perdida
      como buscando abrigo en ti misma.

      Y me he sentado
      como siempre hago
      cuando espero al metro.
      Y has venido a sentarte a mi lado.

      Agazapada en tus rodillas, me miras
      y parece que fueras a llorar.
      ¿Por qué en todo este andén
      lleno de gente
      capto una extraña complicidad en tí,
      absoluta desconocida
      vestida de morado
      de pelo corto
      y ojos llorosos?

      Evito mirarte
      porque me desprendes mucha ternura
      pareciera que pidieras un abrazo a gritos.

      Mientras escribo estas líneas
      te alejas
      para buscar intimidad
      para hablar por teléfono.
      Y mientras lo haces
      llega el tren.

      Y perdida entre el tumulto
      a lo lejos
      acierto a adivinar
      un adios.

      Adios

      Espero que esa llamada
      te devuelva la sonrisa
      esa que jamás podré contemplar
      pero que me has hecho imaginar.

      Adios
      completa desconocida.

      09.04.2010

      ” Hoy he recuperado este texto, me produce una sensación de insensibilización
      pensar que en las grandes ciudades nos cuesta comportarnos como personas. 
      Hoy pienso que por qué no hablé con esa chica, 
      quizás si necesitaba ese abrazo. “

       

      Irrecomendable

      “Soy altamente irrecomendable:

      No soy puntual.
      Olvido las fechas,
      los lugares,los datos,
      los nombres
      que etiquetan
      las cosas.

      Me pierdo. Siempre me pierdo.
      Vivo siempre
      como si el día tuviera más horas
      como si la semana tuviera más días.

      Puedo dormir 12 horas
      puedo dormir incluso más de 12 horas
      y a menudo(adoro las sábanas).

      No me gustan las prisas.

      Odio estar atada al tiempo,
      a cumplir con una imagen.

      Soy altamente irrecomendable:

      Soy un desastre. Muy desastre.

      Me arreglo como mucho una vez al mes.
      Siempre voy despeinada.
      Paso de los complejos,
      a la mierda con ellos.

      Hay demasiadas cosas que me apetecen hacer
      como para perder el tiempo haciendo
      las que no quiero hacer.

      Adoro sentirme libre
      aunque no lo sea.

      Ando siempre buscando
      deshacerme de mis virtudes
      para adoptar unos cuantos vicios.

      De pecados siempre ando bien servida.

      No me importa no gustar a la gente
      ni no ser lo que se espera de mi.

      Soy altamente irrecomendable. ”

      Imagino que esto lo escribí en la época de mala o de viciosa. 
      En la que había tanta presión externa queriendo corregirme.
       Hoy lo recupero de alguno de mis mil cuadernos.

      San Juan

      Quién pudiera caer al fuego
      y purificarse,
      nacer de nuevo,
      revivir de las cenizas
      como un ave fenix.

      Dejar atrás la sensación putrefacta
      que nos hace ser débiles
      dejar atrás el olor nauseabundo
      de las inseguridades.

      Quemar todo
      quemarse por fuera
      y por dentro
      hasta que la piel nueva
      nos haga sentir infantes,
      nuevos,
      todo pureza e inocencia.

      Quién pudiera
      esta noche
      arrojarse a la hoguera
      y reaparecer
      una vez se apaguen las llamas
      como una maldita Targarian.

       

      Insonmio

      Algo falla
      cuando este insonmio
      me planta
      a estas 4 y 15 de la madrugada
      y no me sale
      un poro de ganas
      de intentar
      afrontar
      que ya es mañana
      y empezar a hacer
      las cosas que son de “mañana”.

      Me aferro a este hoy
      atemporal
      infinito
      mientras no amanezca
      mientras tecleo
      absorta en la dejadez
      de quien espera que pase algo
      que no pasa

      Algo falla
      mientras espero
      mientras consumo
      las horas que deberían ser de sueño.
      Estática
      gasto el tiempo
      como quien se agarra
      a un clavo ardiendo.

      La cuesta a los 32 se presenta
      como el tiempo que pierdo
      de mi última juventud

      Demasiado todo

      A ratitos se me saltan los ojos de las cuencas
      aguanto el aire para contener todas las palabras
      que me sobran, que me faltan.

      El equilibrio entre deshacerse tantas veces
      que duele verse fragmentada
      como un espejo en el suelo
      después de tanto enfado sin timón.

      Se me rajan los costados al comer cristales,
      defraudada, me palpo las costillas
      y no tengo sangre en las yemas.

      Demasiado todo para nada,
      demasiada calma en mi yo huracanado,
      sin odio, sin ira, sólo furia descontrolada.

      Me mienten las tiritas que cubren mis agujeros.
      Me domina el miedo a levantarlas,
      no soporto el tacto de las heridas
      ni el olor a podredumbre.
      Solo arrancarse cicatrices una y otra vez
      para lucir una piel nueva, tersa,
      un maquillaje pueril
      que acorrala los sentimientos
      en una mano.

      Mar.
      Mar de lunas nuevas,
      de miradas encalladas,
      de un suelo arcilloso y seco
      que marca las raices de mis pasos.

      Fuera seguirá siendo un nuevo día.

      Amo la decadencia

      Amo la decadencia.

      El hilo transparente cayendo por la comisura de los labios, el azul grisáceo de las piernas amoratadas, el cansancio reflejado en los ojos, la ropa remendada, el papel descolorido, las uñas mal pintadas y mordidas, el cabello pajoso y estropeado, el maquillaje corrido, las medias rotas, la silueta oscura de la decepción asomando al torcer la esquina, la antesala al suicidio.

      Los sueños rotos. La mirada perdida. No poder huir.

      Las arrugas, las imperfecciones de la piel, el asomar desmedido de las costillas o la clavícula, el pelo recogido con prisas y sin coqueteo. El miedo, la ira, arañar la piel, los dientes hincados, la sangre, la oscuridad, el color desaturado. Morir joven. Ser inmortal. El minimalismo obligado al que empuja la pobreza. Enamorarse del ser equivocado. La belleza gastada, la pasión sin frenos, el alcohol usado como antidepresivo. Perderse en los brazos de un desconocido. El sufrimiento teñido de romanticismo.

      Las cuerdas. Las cadenas. Todo lo envejecido.

      Amo la decadencia y sus mil caras, sus personajes, sus pasajes, sus recónditos lugares. Amo la decadencia y la sensación de auxilio que produce, el lugar que siempre te acoje, la segunda casa que todos anhelamos, donde acabamos regresando, de donde nunca nos llegamos a marchar. Amo la decadencia y todo lo que ello conlleva.

      Buscando poemas para el recital encontré unas líneas 
      que resumen las cosas que me parecen bellas, posiblemente
      un montón de elementos para empezar a expresar.

      Entonces ella se volvió loca

      Entonces ella se volvió loca
      y no había forma de conversar
      gritaba que quitaran la luna, que no podía verla más
      que no lo soportaba.

      Entonces ella era una niña
      y hablaba como un adulto
      pero ya no lo era, y danzaba con su cetro
      imaginando que convertía todo en oro.

      Entonces ella comenzó a gritar
      y la noche se hacía día y el día noche
      se bebía el agua del mar
      y no paraba de acumular piedras.

      Entonces ella inventó un juego
      en el que se podía hablar sin palabras
      y se podía gritar en silencio
      y la “a” era “z” y la “z” no existía.

      Entonces ella olvidó todo
      y empezó a dibujarlo de nuevo
      mezclaba el gris con el negro
      y quería dibujar arcoiris rosas.

      Entonces ella me echó de su vida
      y yo pensé que había camino de vuelta
      pero tronaban las paredes
      cada vez que me acercaba.

      Entonces ella se volvió loca
      y no quería el sol, ni las estrellas,
      ni el día, ni la noche. Tiraba del cielo
      y decía que lo quitaran, que lo quitaran.

      Y entonces ella nunca volvió a ser la misma.
      Ni yo tampoco.

      Y qué

      Y qué de todo y qué de nada
      si con todo no alcanzo
      y con nada me faltan palabras. 
      Y qué si silvo despierta
      y se me contaminan los días de extrañas hazañas.
      En la encrucijada de disfrazarme de yo
      y vestirme cada mañana de otra.
      Y qué si desgasto mis besos sin activar el contador
      y no le pongo precio a mis abrazos.
      Si te siento mío por fuera y por dentro
      y hacemos caso omiso de las normas del tiempo.
      Y qué si nunca fui amante de los juegos de egos,
      si dejo ganar bazas con indiferencia.
      Si divago con las sendas por las que llegar
      a las personas y atajo sonriente
      y me desvío de los senderos oscuros. 
      Y qué si me enamoro de los detalles
      y me invento mil formas nuevas
      para romper las manecillas.
      Y salto del derecho los días pares
      y me doy la vuelta los días impares. 
      Y qué si te veo bonito, bonita,
      si me pareces lindo, si me pareces linda,
      si yo decido donde empieza la definición de perfecto
      y donde acaba el territorio comanche de las verdades y las mentiras. 
      Y qué si prefiero que me atravieses con un cuchillo
      y me desangres entera a que me eches una cuchara de veneno
      y otra de azúcar cada día en el café.
      Y qué si descorcho sonrisas en limones y mandarinas,
      si garabateo en las sombras y me pierden las luces y los atarcederes.
      Y qué si elegí dejar de ser hombre o mujer
      y me planté en animal disfrazado de humano.
      Si lamo mi hocico pero mido mal las distancias
      y no sé ser prudente.
      Me estrello en cada conversación improvisada
      y resbalo en miradas inquisitivas. 
      Y qué si hay o no hay quién me entienda,
      o si soy yo la que no quiere dejarse entender.
      Si puedo saltar montañas, guardarme trocitos de mar,
      convertirme en lienzo y sentir el color ocre rasgando mi piel,
      si apago los desdenes con látigos incendiarios.
      Y qué si no tengo naturaleza cuaima y me dejo fluir
      Acaso, debería en algun momento
      dejar de lado mi estructura para meterme en el molde? 
      Definitivamente, no contéis conmigo.

      Tal vez


      Tal vez es que extraño algo, aunque no sabría decir el qué.

      “Dono el espíritu en cada conquista
      en las entrañas del que se deja querer
      avanza el navío sin velas
      en cada derrota que tengo al confesarme

      Verdades que se maquillan de despedidas
      verdades que se me clavan como cuchillas
      cada amanecer siento cómo me flaquean las piernas
      y temo caer en la tentación de susurrarte al oido
      lo que quieres escuchar.

      ¿Quién inventó los caminos correctos
      para dejarse amar?
      ¿Quién se engaña más que el que
      por ellos se deja llevar?

      Una noche más un alma errante
      paseando por las calles de esta ciudad.”

      Incomprendida


      Y si gritara y me quedara sin voz???? Y si me quedara sin voz para siempre de tanto que pude llegar a gritar?

      Quisiera gritar y desgarrarme la voz cuando me siento herida, pero mis heridas…me las formo yo misma? O son los demás que al no alcanzar mis espectativas hunden clavos desde los que se despeñan en mi cuerpo?

      Y cuánto he de esperar de los demás??? No debería acaso dejar al azar ir rodando y que nos conduzca libremente por sus senderos misteriosos. Cuánto han de esperar los demás de mi?

      Siempre, siempre, siempre había afirmado que cada uno es como es, y que cada uno debe actuar libremente según le dicte su corazón. Y que si otro espera otra cosa, si se enfada, si no es lo que esperaba, que se dé de cabezazos contra la pared para deshagar esa ansiedad injustificada.

      Y hoy, ahora, me siento un ser ansioso, pienso en romperme la cabeza contra las paredes, pero aún así, no lo veo suficiente. Creo que soy un ser incomprendido y simplemente me he equivocado tal vez con las espectativas que me he marcado, con la vida, con las personas…

      Y sin embargo estoy bien… en una enajenada realidad en la que parece que la anestesia nos sume en un estado de aparente felicidad.
      El mundo puede acabarse hoy mismo, y me siento como si hubiera una droga general que nos afectara, de la que no fuésemos conscientes, que nos hiciera sonreir hacia nuestro inevitable fín.

      De igual forma, siento que cada vez me cuesta más poderme quejar de la forma que quiero. Cada vez me siento que mis gritos se ahogan antes, y que aunque quisiera seguir gritando, seguir ahullando dolorida para mitigar mi pena…la voz se me quiebra y pesada cae como una piedra en el suelo. Es como si al mirarme en el espejo, al no poder ver mi reflejo me pegara de golpes contra el cristal para intentar conseguir verme, y en lugar de eso, al romperlo, me hiriera. Y no llegara a ser consciente de esas herida hasta que no pensara en una lejana yo de otro tiempo, que jamas se hubiera lanzado contra el cristal, y entonces es cuando pudiera percibir la sangre brotando a borbotones…

      (¿De qué hablo? ¿Qué más dá…mis palabras no pueden emerger…hoy me quedé sin voz)

      Vomitando el orgullo

      Y tropiezo una y otra vez con mi mediocre idealismo
      que quiere avanzar sin sentido en un desierto laberíntico,
      sin salida, sin por qué.
      Asfixiada mi voz grita por dentro
      y sólo retumba mis entrañas.

      Muere el silencio de mis pensamientos.
      Muere el silencio de mis ideas.
      Muere el silencio en el que quiero yacer inerte.
      Muere… y me siento impotente al no poder hacer nada.

      Si sigue mi voz agonizando ¿Dónde encontraré el brío para vomitar el dolor que me consume?

      Días infernales en esta soledad disfrazada de rutina