Soy mujer

Soy una mujer. Una mujer. Una mujer. Una mujer.

¿Qué coño significa ser / una / mujer? Sé por qué pienso que soy una mujer. Aunque realmente me da bastante igual la palabra aunque no tanto la partecilla esa de ser. Pienso en los órganos sexuales. No en el sexo, aunque todo esté íntimamente ligado. Sino en los órganos que utilizamos para ejecutarlo, organos sexuales,

¿Acaso cuando afirmo sin pestañear que soy una mujer, estoy diciendo algo diferente a que biológicamente estoy dotada con los genitales que corresponde a la hembra de nuestra especie, es decir, la persona encargada de gestar un feto en su interior en el caso de culminar con éxito la operación de ser fecunda en el proceso de la reproducción? ¿Algo así como que el hombre es el macho de dicha especie?

Y si estamos hablando de reproducción ¿Es porque estoy pensando que estoy destinada a ser madre?¿Mi identidad está formada en base al recipiente en el que poner la semillita? ¿O es otra cosa?Mujer… ¿Cuántos matices entrañarían entonces el concepto de “ser mujer”? ¿Qué me definiría como tal y qué me haría dejar de serlo?

Desde pequeños, se nos enseña que el ser humano, cuando nace, puede ser niño, cachorro de la especie humana destinado a ser hombre, o niña, cachorro de la misma especie destinado a ser mujer. Macho y hembra respectivamente. Se encasillará en una de las dos categorías antagónicas según la forma los genitales. Las demás varibles de genitales que no se ajustan a los estereotipos marcados se contemplan como anomalías, se invisibilizan o convierten en mitos. Forzando a que los cachorros deban ser reasignados socialmente a las categorías excluyentes anteriores con el fín de ser integrados en la sociedad dicotómica, aunque no les representen. Nos dicotomizan en estas dos únicas variables consideradas los prototipos de infante correcto, ejemplar, válido.

Válidos para procrear, digo yo. Válidos. O presumiblemente válidos. Destinados a la procreación.

Aunque, un momento, si no procreo ¿dejo de ser válida? Si me parezco al prototipo, pero no puedo procrear ¿no soy válida? Si mis genitales no se pueden identificar con ninguno de los dos prototipos de forma excluyente ¿no soy válida? Si mis genitales han sufrido alguna mutilación, modificación, extirpación, enfermedad, mutación ¿no soy válida?

Instinto femenino. Siéntete mujer. Sé una mujer completa. Me siento muy mujer. Me gusta ser mujer. ¿Qué mierda es esto? ¿hasta qué punto “ser mujer” afecta a mi personalidad? Hasta qué punto el sexo genético me identifica, me define, dice algo más de mi de mi condición de hembra? ¿dónde empieza la identificación como hembra más allá del instinto de procrear?

¿Por qué cuando digo soy una mujer internamente siento rechazo?.¿Por qué no me siento para nada identificada con el estereotipo de mujer? No me siento una mujer, aunque sé que lo soy, no tengo duda. Lo que no siento es que esto me haga diferente a si fuera un hombre o alguna categoría no estereotipada. Sin embargo, las connotaciones son diferentes. Bien diferentes. Pero no lo somos. Siento que toda diferencia, los prototivos, los estereotipos son externos a uno.  En este punto creo que sí nos diferenciamos de los animales al completo. Una parte, a la que llaman racional, nos excluye, nos hace creer que somos diferentes y una vez que lo creemos, ya no somos los mismos. Nos convertimos en diferentes.

Priorizar la vida

El infinito azul

en un epicentro transversal

el ombligo conectado con el interior

y el exterior.

Morirse una vez al mes

con las gotas cayendo hacia atrás

una sinalefa de dedos posándose en mi yo desnudo

la memoria de los que no nos quieren hoy.

Saltando genocidios en nuestras manos

para exterminar todo el mal

que la lluvia no ha dejado marchar.

 

El autoostracismo defensivo

la avalancha de escusas no pronunciadas

colmando las paredes de una cabeza espandiéndose

tras el pequeño bang.

Vertedero dando de mamar sangre de la herida abierta

labios plegados balbuceando entresijos

partes todas excretables que me nacen muertas

gritando por todos los hijos no natos que he deshechado

 

Enfermar de luna, en la lluvia.

Agrandarse mi vientre

enlazado a las olas

la danza oscura de las que nos llaman brujas

el romperse sin dejar la piel que hemos cambiado.

La mutación oscilante que vertebra la continuidad

aletargados pisando la viscosidad que precede a la extinción.

Lobotomía social sembrando playas de plata

que nos hagan arrojarnos a perder la cabeza.

Una plaga inerte que nos asolará

intermitentemente en el juego de los contrarios

la partida binaria del tú, contra yo.

 

Fármacos, esbirros perennes

laureando en vena

la espiral giratoria que coloca la aguja

siempre en el mismo lugar.

La tempestad cautiva,

aguijón de cristal,

frágil y letal

vulnerabilidad estigmatizada

del león enjaulado.

 

Sabremos muchas cosas

pero el hilo que escribe la eternidad

es aún inescrutable

nos lanza acertijos experienciales

que seguimos sin resolver.

Quizás aullan las entrañas

clamando priorizar la vida

quizás aullan clamando

priorizar la existencia

conquistar.

 

 

Amnesia selectiva

Recordar con la fuerza de los elefantes contruye muros de hormigón en los que guarecerse cuando la sirenas canten, cuando los sunamis bailen, cuando Tokio empiece a temblar.

Abremos oído miles de consejos de cómo aprender a dejar de ser inocentes, a que construyamos la casa perfecta que ningún lobo pueda derruir, a consta de nuestro limitado tiempo. El tiempo que algunos miden en longanizas, creyéndolo eterno, creyendo que las oportunidades estarán esperando pacientes a que terminemos la casa correcta, segura, ideal, donde ningún mal vendrá a estropear la  vida perfecta que los oráculos baticinaron como destino estándar.

Desajustar las manecillas para que no vayan al coro uniforme dirán es síntoma de enfermedad cardiaca de asincronía social. Transtorno inadaptativo crónico de difícil curación a evitar, forjando a fuego una instrucción ejemplar. Instrucción que algunos valoran en libros, creyéndolo libertad, creyendo que abriendo escuelas la nemotecnia los mantendrá a salvo, con el vaso lleno, donde nadie podrá iluminarnos más allá de lo que dictan los textos ya escritos.

La línea curva que junta la inexperiencia inocente con el saber de la vida, me invita a rechazar el fruto de la sabiduría y a desarrollar amnesia selectiva que me haga olvidar el riesgo, la seguridad, la certeza, lo correcto.

Porque ¿quién quiere estar escondido cuando lleguen los girasoles, el amarillo infinito que llene el horizonte?

Elegir

Esos momentos en los que, sobre nosotros, caen las oportunidades

y antes que desaparezcan como pompas de jabón en el suelo

debemos rápidamente saber elegir con presteza

y elegir

no siempre

es fácil.

¿Quién sabe qué otras oportunidades nos hubieran llevado dónde?

Los futuribles, mejor para las fantasías y para alimentar la creatividad

las opciones que elegimos libremente

indiferentemente dónde nos lleven

que no pesen como losa

sino como recordatorio

de que aún hay trazas de vida

donde podemos saborear la libertad.

Óbice epicúreo – Entendernos

He visto pasar el tiempo y temor a que todo se marchite. He visto como se marchitan los seres vivos. Lo floreciente comido por los insectos. La selva devastada por los humanos. Los humanos contra los humanos. Los mismos humanos que se marchitan inevitablemente, como el resto de seres vivos. Y otra vez, el renacer de los floreciente.

He visto los ojos del caos en cada decisión del destino llevándose todo a su paso. He visto temblar hasta el más fuerte, el más poderoso y más preparado en manos de Fortuna. El guión desaforado que no pretende complacer a ningún público. El exterminio y la supervivencia como alteregos de una historia sin protagonistas en la que todos son prescindibles. Y he visto en el caos los ojos de la felicidad, ajena a todo lo demás, incluso a su naturaleza efímera aniquilando cualquier discurso pesimista.

Sí. El viento aveces se mueve en dirección contraria, el agua se estanca, los árboles que volverán a florecer parecen secos, la humedad se hace fuerte , el polvo se acumula, los insectos dejan larvas que nacerán cuando ellos hayan muerto, el fuego quema y el frío hiela.

Sí. Lo sé. Hay brazos que no saben curvarse para dar un abrazo, flores que no pueden crecer porque han nacido en una maceta, niños que no han conocido a sus madres que no están muertas, crías de seres vivos expuestos en vitrinas castrados para ser aceptados como posible objeto a comprar, lluvia que devasta y calor que deshidrata.

Tu voz no se apaga mientras forme un agujero para seguir diciendo lo obvio pero ese no es el problema, sino conseguir entendernos.

No. No hablo del verde amapola que se hace azul cuando las náyades están frías de tanto aterciopelar la hégira de las hespérides que vinieron a prevenir el bamboleo platónico de la precesión de los equinoccios. La masculinidad líquida que va evaporándose en su álgido punto vernal.

No. No hablo tampoco de la telaraña telúrica del phi en una continuidad retiniana que nos haga ver un círculo perfecto allá donde sólo se acumulan pequeños puntos. El isomorfismo que nos convencerá de que vemos lo que realmente no existe y nos hará discutir y matarnos por la refracción azarosa que trapacea trocando el cielo de azul.

El Óbice epicúreo es no hablar el mismo idioma.

La mano que dejo de posarse en mi hombro ¿encontró quizás un lugar mejor donde acomodar sus dedos o fué el propio hombro el que empezó a hacerse incómodo?

Sí. Lo sé. Aveces nos alejamos de quien más queremos y mantenemos a los enemigos cerca. El afecto se está capitalizando. La palabra imponiendo sobre el sentimiento. Las descripción sobre la acción. Sensacionalismo sobreexplicativo. Cómplices convertidos en verdugos. Transacción mecánica de afectividad.

Me preguntas qué es verdadera amistad

Sí. Exacto. Amistad es Amistad. Igual que Amor es Amor. Lo verdadero es lo que existe y se sobrepone sobre lo que no existe, lo que no es real. Más allá de entendimiento, lo que es y existe, es por definición.

Tal como la flor nace y se marchita, solo deja de ser flor cuando no hay flor, incluso muerta y en un jarrón, no deja de ser una flor.

 

 

La hegemonia del tiempo

I

 

La hegemonía dice que el tiempo va hacia adelante en forma lineal y que es posible medirlo

consensuemos un ciclo, una medida estándar, dividámoslo en porciones cada vez más pequeñas

y apliquemos dicha medida a la durabilidad de las cosas.

 

Ahora, de verdad, estamos definiendo el tiempo

y como animal, ser humano, o mero ser productivo en la estructura jerárquica que establece los estereotipos

seremos encasillados en diferentes definiciones delimitadas por espacios de tiempo.

 

La mutación de nuestra identidad, y no estado transitorio, podrá ser consultada y revisada a través de signos gráficos

cifras numéricas, que se acumulan unidad a unidad cual manzanas en un cesto.

Y ahí, en el cesto, la cantidad siempre creciente de tiempo, será una nueva excusa para dividir, etiquetar, reprimir y controlar.

 

Taxonomicemos la equidistancia perfecta del ser ideal

organicemos al conjunto de la población en torno este parámetro,

las desviación típica nos dirá el grado que nos aleja del ideal, como objetivo a alcanzar o privilegio perdido.

 

Antagónico y versátil, el trampa-disfraz será el nuevo ardiz del imperio capitalista

inventando ungüentos y estrategías milagrosa para desafiar las leyes que dicta la hegemonía del tiempo

rindiendo culto a la efímera porción de tiempo idílica.

 

El hedonismo

la nueva tierra prometida a la que destinar el fruto de nuestras plusvalías y esmeros tras su paso

convirtiendo en descartes toda muestra visible o social de lo contrario.

 

II

 

Miénteme. Dime que sigo formando parte de la élite.

Miénteme, dime que no he sufrido la erosión que se hace visible en el rostro.

Miénteme y dime que mis privilegios no han cambiado.

 

Mientras se acumulan las mentiras

una pregunta existencial acompañará las intervenciones sociales

expresando animadamente interés por la actividad gravitatoria de nuestro planeta

durante nuestra existencia

– Dime ¿Cuántos ciclos tienes?

 

 

 

 

 

 

Tranquilidad

Quizás
un estado de sosiego y tranquilidad
es lo más deseable
saber con exactitud
cómo será el final de la jornada
sin sobresaltos,
sin conflictos,
un silencio mudo que sólo tú puedas alterar

Una estancia completa,
con las cosas exactamente en el lugar que elegiste dejarlas
La cinematográfica escena de un rayo de luz
atravesando la ventana
revelando cuantos días hace que no se retira el polvo
La maravillosa lista culinaria
donde no hay horas o comidas prohibidas.

Y dormir,
en el lado exacto de la cama,
con la absoluta certeza de que la manta, será nuestra.

Nuestras aficciones intocables,
abastecidas con toda dedicación,
volcarnos a la marejada de nuestra inspiración sin reservas,
atravesar el umbral de la cantidad de tiempo decentemente aceptado
parar transgredirlo sin pudor

Tambien cultivar nuestra agenda de amistades a fuego lento
un abanico de rutinas destinadas a fortalecer y satisfacer los gustos e inquietudes particulares
sin consenso, sin acuerdo, sin límites
o aprender el noble arte de estar solo en los placeres de la vida.

Disfrutar de la tranquilidad…siendo uno mismo sin reservas

Sin embargo,
el estado inherente al que me empuja mi querencia
es volverme a enamorar
pero no a enamorarme apaciblemente, no

sino a caer en la locura

despersonalizarte hasta la obsesión

las mariposas tejiendo vacíos en el estómago

que no me dejen recuperar el aliento

la abrasadora inercia de caer al vacío

sin red, sin freno, sin control

abandonar la lógica, la razón

la droga venenosa que nos haga morir de amor,

en un deleite suicida y masoca

de buscarla en nuestra agonía

darme de bruces contra el muro

abrasarme

inmolarme

el dulce infierno

sabiendo
que inevitablemente
alterará
toda tranquilidad.

 

 

 

La piel que me define

I

Los ojos, nariz, orejas, boca

esta máscara que delimita

este final de mi

me define

La piel que me encierra

me pone límites

me dice hasta aquí

me define

No conozco cómo soy de verdad

la parte que en si, sí soy

que existe.

Torrente introspecto

ecomundo bacterial y conectivo

pulsiones migratorias

trazando rutas infinitas

el musico-ritmo interior

que mi yo automático, no consciente

domina

y yo olvido.

Pero más allá de la máscara

lejos de mi finita presencia

extendidos en mi no ocupación

receptáculos y elementos

toman mi identidad

la vierten sobre si

y al igual que yo no soy ellos

pero son yo,

ellos dejan de ser ellos

y me definen

y son más yo, que yo misma.

 

II

 

Tú. Máscara que te posas en mi exterior

que envuelves mi rostro y aprietas contra si

verduga omnipresente

que plegándote orquestas los días de mi calendario

eres tú, pero no eres tú

cadencia irremediable abrasiva

predominancia ciega

de las grandes esferas danzantes.

 

III

 

Arrojar al suelo el espejo

no le hace falta hablar

ya sé la respuesta.

Mil pedazos la repetiran

y seguirá siendo mentira

y no será hasta mañana

que me daré cuenta

mientras mastico

otras afirmaciones falsas.

 

Explorarme externamente

ardiz con el que perder el tiempo

neblina visual informándome

qué límites nos definen

mirarnos

mi cobertura externa

colisionando con la tuya

ahora entiendo los límites

las máscaras, los disfraces

pero mi contorno

brevemente es invadido por los poros

la electricidad vital que se transmite

de un cuerpo conductor a otro

viaja de tu mano a mi mano

y yo que no entiendo, ni veo

ni sé diferenciar qué soy yo,

más allá de esta cubierta

ahora que entra, algo en mi

que es tuyo o viene de ti

Un vibrante rayo eléctrico

que no le detiene mis limites

que no le detiene los tuyos

¿Somos parte de la misma energía

en dos recipientes compartimentados

distintos o simplemente meros conductores

de algo que no es tuyo y no es mío

pero que a ambos nos conoce por dentro

mejor que nosotros mismos?