La coleccionista de azules

Coleccionar azules son algunas de las poesías escritas bajo el personaje de La coleccionista de azules, la cual, observa el mundo con un prisma que solo le permite ver el mundo bajo una gama de azules.

Algunas de estas poesías aparecen en el libro que lleva este mismo nombre.

Invisiblemente humano

Quiero un lugar real, tangible
donde mano, mano,
boca, boca,
seamos otra vez seres de carne y hueso

Donde piel y piel
y oler la risa
y morder el miedo
y otra vez.

Me gusta pensar
que es tu voz
la temeraria viajera
que te trae
invisiblemente humano
a mi oído
pedacito
a pedacito

Invisiblemente humano Laura Mequinenza
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El mundo se ha vuelto loco

El mundo se ha vuelto loco
y las casas ahora son cárceles
jaulas llenas de locos aprendices
queriendo disimular que no saben estar locos
que no saben vivir en una jaula
que no saben nada.
Desde la ventana cada uno berrea en su idioma
hacia los vecinos camisas con pijama
hacia dentro bipolaridad esquizofrénica.
Por las noches el mundo vuelve a dormir
anclándonos a ese pasado remoto
donde las noches todas noches
y los días eran lunes y eran martes
y eran miércoles y eran jueves
y eran viernes y eran sábado
y eran domingo
y otra vez eran lunes
ahora todo es día
todo es casa
todo es jaula.

Podría ser peor.
Podrían negarnos a ser los locos enjaulados
y ser parte de la infantería de esclavos
y ser parte de los que acumulan el hambre
de los que abren ventana
de los que morirán primero
incluso cuando se abran las puertas
y el mundo olvide que encerrados
todos nos convertimos en locos.

Poesía pertenenciente a El lobo azul

La tara

Al buscador de taras

 

– ¿Sabes? En realidad es fantástica. Desde que la conozco he quedado todos los días con ella. Me encanta.
Es dulce, y taaaaan cariñosa. Tiene un cuerpo pequeño, frágil, pero bonito, suave y con las tetitas chititas. Uf, me encanta.
Y una sonrisa, así como de niña, pero con la mirada alegre, vivaracha. Entre alocada, risueña, con una gracia. Me encanta.
Y estuve tan agusto, hacia tiempo que no estaba así con nadie, como si nos conociéramos de toda la vida, esa química, ya sabes. Me encanta.

– ¿Y entonces?

– Estoy pensando, que voy a distanciarme de ella, a ver si consigo encontrarle la tara.

Hace tiempo, unos años, que escribí este pequeño texto. Inpirado en la conversación con un amigo, casi literal, diría yo. Pero está dedicado a tanta gente con miedo a enamorarse que, lamentablemente, es mucha.

La Alacena

Yo no tengo alacena, pero me gusta la palabra,
me gusta tanto que decidí inventarme una, una ficticia,
donde almaceno todo aquello que no puedo guardar en otro sitio.

Y cuando voy, más que alacena,
tengo un auténtico trastero.
Y me reencuentro con las cosas
que siento que ya no tenemos,
y sin querer piso las que creo que compartimos.
Andan por ahí perdidas, sueltas
y tan sucias que es fácil no reparar en ellas.

Alguna vez, he pensado en ir a la alacena y limpiarlo todo
y quedarme sólo con lo que realmente vale la pena,
pero tengo miedo a que el impulso me haga deshacerme de cosas que están ahí,
pero que no sé que aún necesito.
No quiero deshacerme de ellas.

¿Y si rompo o pierdo algo? Algo de esa magia
¿Y si desaparece la telaraña que la sujeta?
¿y si me equivoco y al barrer, la hago desparecer ?

Así que aveces, voy a la alacena, doy una vuelta por allí.
Y curioseo, pero no toco nada,lo dejo todo en su sitio
y confio en que todo está bien y que cuando llegue el momento
sabré rearmar el puzzle de nosotros que aún guardo en la alacena.

https://lauramequinenza.com/videos/la-alacena-micro-abierto-2018/

Polillas

Tengo una yaga en la mano,

una herida que traspasa

de lado a lado, pero no duele.

La piel de mi mano

se ha vuelto fluorescente

y brilla en la oscuridad.

Aveces, se posan polillas

y me lamen los contornos,

se meten dentro

y succionan con fuerza.

Entonces empiezo a sentir un dolor,

un dolor neutro,

que se atrinchera en el estómago

y que me devuelve esa tos asmática y nerviosa

que me hace estornudar todo el polvo.

A menudo les cojo cariño,

aunque duelan

de esa forma escasa, insuficiente.

Pronto llegarán las lluvias

y desaparecerán todos mis parásitos,

con suerte,

habrán dejado huevos

que eclosionen otra primavera.

Hasta entonces,

miraré a través de mi mano,

mi otra mano completa.

Desnudez

-Me gustaría verte desnuda

Y la ropa cayó al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

No. No me refiero a que te quites la ropa y verte la piel.

Quiero verte desnuda,

desnuda de verdad.

Quiero ver lo que te inunda por dentro,

quiero saber qué mueve tus gestos,

quiero perderme en tus historias,

quiero fundirme en las costuras que disimulas con pliegues…

Quiero…

Y la piel se empezó a abrir

a caer del cuerpo por capas

y cada capa era un río de abundancia y sangre

el ansia de conocer más

hacía inevitable devorar cada una de ellas

y cada vez quería más y más.

-No temas. Quiero conocerte realmente.

Es fácil ver a una mujer desnuda,

lo difícil es que se desnude realmente,

que te deje ver lo que tiene dentro.

Y así se volvía a cuartear el tejido

y manaba un torrente infecto,

una cascada de agua estancada

o miles y miles de canicas encapsuladas

que se rompían al tocar el suelo.

-Yo quiero cuidarte. Déjame cuidarte,

déjame mimarte, quiero conocerte toda tú,

destrozar tus demonios,

descubrirte nuevas formas de hacerte sonreír,

no temas, no voy a huir, me interesa todo,

todo lo que venga de ti,

saberte tanto me acerca más a ti.

Me hace quererte más.

Déjame entrar… déjame entrar.

Y en las grietas empezaron a salir los vientos, los ciclones y torbellinos

que tan pronto volaban a los labios

como creaban tormentas.

La carne se tornaba fría y húmeda al tocarla

por muy roja que manara la sangre.

Los ecos que resonaban dentro

tenían voces graves y tenebrosas.

-¿Aún quieres entrar?

En las manos empezaron a caer pedazos mientras abría con cuidado,

quería ver, quería observar, pero no veía nada.

Así que cada vez iba adentrándose más y más,

pero sólo encontró una nada inmensa, un agujero profundo

que no se acababa.

Ya no quería conocer más.

Echaba de menos,

cuando sólo se quitaba la ropa.

https://lauramequinenza.com/videos/desnudez/

Nunca

Decía que nunca se había enamorado

nunca

pero tras los cristales

el azul

y nunca, nunca era una razón

para dejar escapar un azul.

 

Formas de trazar un mapa

He capturado un recuerdo olvidado que viene de mi pasado

un fragmento de silencios y pausas en los que detenerse

cuando, conoces la belleza de la espera y la incertidumbre

por primera vez

cuando no todo se compra o se obtiene fácilmente

aunque sea fácil, aunque sea placentero, aunque todo fluya.

He recuperado una porción de la ilusión que nace al degustar la magia

reaprender a sentir sin prisa, a sentir sin expectativas, a sentir sin comodidad consumista

elaborando una distancia segura donde poder desarrollar nuestro yo mismo

para descubrirnos, para que nos descubran.

He vuelto a tocar el tiempo con las manos

y notar esa caricia efímera que no te deja atraparlo

aunque aveces, lo retengas con fuerza

sabes que se acabará escapando.

 

La cascada no tiene que llegar hoy

podemos remar en todas las demás direcciones

hay tantas formas de trazar un mapa

y nadie nos obliga a llegar a ningun sitio

improvisemos una ruta aleatoria

adentrémonos a la senda sin brújula

la fantasía de desvirtualizarnos en todos los sentidos

y dejemos la ficción para cuando se cierna el bosque entre nosotros

en la frenética jungla que nos devora.

 

 

 

 

 

No tienes que entenderlo

No tienes que entenderlo

pero hay lugares donde encontrarse

apagando el cristal que evita que entre de nuevo el invierno

aunque también nos privará de primavra

y en la parte de abajo del contrato

escribiremos que no hay contrato.

Así podremos aplicar una pomada

que cubra toda la superficie de la piel

hasta hacernos fluir, resbalar

y chocar sin hacernos daño,

blanditos.

Tocarnos con todas las manos,

todas las lenguas, todos los ojos,

todas las palabras y descorchar también los tabúes.

Quiero que me quites los bloqueos sin prisa

abriendo el corsé con las uñas

y estirando de las cintas hasta que caiga al suelo

que degustes la piel escondida que se halla debajo

con uñas y dientes, con besos y caricias, con lengua y sin prisa.

 

No tienes que entenderlo

pero me puedes buscar entrehoras

las horas en las que no hace falta

que tengamos que construirnos

o dejar de ser nosotros mismos.

Abriendo la boca sin cepos

que atrapen la lengua,

sin bridas que nos obliguen a estar erguidos.

Hazme cosquillas con tus palabras

ven a desnudarme con tus frases

a recorrerme entera, acariciándome

con la forma en la que dices que me deseas.

Empótrame con tu lógica,

desgárrame con tu filosofía,

hazme el amor con tu mundo interior.

 

Déjame sin aliento, pero sin prisa.

 

No tenemos por qué entederlo.

Tranquilidad

Texto perteneciente a Poeshopia

Quizás,
un estado de sosiego y tranquilidad
sería ahora lo más deseable
saber con exactitud
cómo será el final de la jornada
sin sobresaltos,
sin conflictos,
sin discusiones
t r a n q u i l i d a d.
Un silencio mudo que solo tú puedas alterar.

Una estancia completa.
Llegar, cada tarde soleada, a presenciar
la cinematográfica escena perfecta
de un rayo de luz posándose en las cosas,
las cosas que permanecen exactamente en su lugar
revelando cuantos días hace que no se retira el polvo.

Dormir,
en el lado exacto de la cama,
con la absoluta certeza de que la manta será nuestra.

Abastecer nuestras aficiones
dejarse volcar en la marejada de nuestra inspiración
sin reservas,
atravesar el umbral del tiempo
transgredir sin pudor lo decentemente aceptado.

También, cultivar un jardín en nuestra agenda
a fuego lento,
sin consenso,
sin acuerdo,
sin límites
sin sexos
o aprender el noble arte
de estar
solo.
T r a n q u i l i d a d.

Disfrutar de la tranquilidad
siendo
uno
mismo sin reservas
sin quejas,
sin problemas.

Sin embargo,
el estado inherente al que me empuja mi querencia
es volverme a enamorar
pero no a enamorarme apaciblemente, no
sino a caer en la locura

despersonalizar hasta la obsesión
las mariposas tejiendo vacíos
no recuperar el aliento
la abrasadora inercia de caer al vacío
sin red, sin freno, sin control
abandonar la lógica, la razón
la droga venenosa que nos haga morir de amor,
un deleite suicida, masoca, indecente
buscar la agonía
chocar contra el muro
abrasarme
inmolarme
el dulce infierno

sabiendo que,
                       inevitablemente,
                                                 enamorarme
                                                                     alterará toda
                                                                                          t r a n q u i l i d a d.

Incluído en el poemario La coleccionista de Azules

 

Bajo el agua

No sabría decirte

cómo antes de todo

las cosas se toman sin reservas

las manos en la nieve

el placer perecedero

que se convertirá en tortura

ardiendo

latiendo fuertemente

arterias como cuchillas

arruinando la experiencia futura

de jugar, ingenuo

con el fuego blanco.

O las rodillas peladas

acariciadas por ásperas aceras

 

La alquimia del conocimiento

nos proveerá de poderes mentales y

mágicamente nos anticiparemos al peligro

Cada vez más a salvo

alejados de la realidad

decoraremos enciclopedias

con milagrosas recetas.

Nuestros hijos serán almidón y plástico

para que puedan rebotar indemnes

por los bosques alquitranados.

 

Análisis de sangre, será nuestro cupido

el currículum, nuestra identidad

el capital,  el ángel de la guarda

la probabilidad, la experimentación, el azar

romanticismo quebrado

papel de periódico mojado

anticipando la lluvia ácida.

 

Pero los pantalones y los guantes

harán sorda nuestra piel

no sabrá,

no conocerá

no tocará la hierba

y si me sacas el paraguas

por miedo a que te pueda mojar

quizás evites que el ácido borre tu cara

o puede que nunca descubras

que se puede respirar bajo el agua.

 

 

Realidad de mentira

Desde donde desentonan mis recuerdos

aveces caen pedacitos

de ese yo, de ese tú, de ese nosotros

que parecen patalear en esta pantalla

que ahora lo domina todo

donde todo (el mundo) se ha vuelto virtual

donde la vida se ha convertido en un desfile de fotografías

chistes, videos, selfies y gatitos, sobretodo gatitos

y los recuerdos, desentonando

efemérides sorpresa

tiñendo esta realidad de mentira

en algo, que algún día

parece que sí fue verdad.

 

Follamigos

Follar como dos desconocidos
sin caricias, sin besos, sin afecto,
salvaje, rudo, en cualquier parte.
Luego volveremos
a nuestra aséptica amistad sin roces.

Sólo podremos achucharnos
cuando llegue la noche
nos abrazaremos
como dos enamorados,
sin sexo, sin besos,
solo caricias y abrazos.

Luego volveremos
a nuestra aséptica amistad sin roces.
Nos despediremos
siempre con un abrazo, con dos besos.
Siempre dudando si nos volveremos a ver.

Cada vez más lejos
en esta extraña amistad
aséptica sin roces,
con sexo, con abrazos,
pero sin besos.

A mis enemigas

Me han crecido los senos

y no paro de alimentar

pequeñas ratas que los muerden

buscando hacer sangre.

Aún no ha nacido el niño muerto

que asomará la cabeza entre mis piernas,

pero todas quieren beber de él.

 

El ocaso recubre las paredes

de óxido y flujos

donde el olor a sexo se confunde

con hedor de entrañas pútridas

y las alimañas

no dejan de lamer

allá donde el negro se confunde con el rojo

esperando encontrar gritos

donde solo hay silencio.

 

Pero nadie grita

Solo hay frío y eco

solo hay frío y viscosidad

solo hay frío y hedor.

 

A hurtadillas

se acumulan jadeos en las esquinas

y se esfuman sin mayor importancia.

En mis piernas mil cicatrices

compiten por perdurar contra las mil que aparecerán mañana.

En mi boca, moscas

y en mi mano

una caricia antes de olvidarlas.

 

Han salido a buscar

un ataud para mis muertos

alguien gritará en alguna ventana roja

pidiendo que los enterremos.

¡Mis muertos ya están en el ataud de mi cuerpo!

Pero pronto vendrá el tiempo a desenterrarlos.

 

Y mientras mis pechos siguen creciendo

pariré de nuevo con dolor estéril

y lo dejaré abandonado en el suelo

y enjendraré nuevas ratas,

nuevas paredes y nuevos muertos.

 

Recitada:

09 de Enero en el micro abierto arte no apto, Soho club bar en Denia (Alicante)

Reincidente habitual

No, no reconozco haberme equivocado al enchufar el interruptor de amar descontroladamente, más bien, descuidé las escotillas de salida y en algún momento estuvimos a punto de morir en un incendio, pero coño, dicen que sólo se vive una vez y me lo tomé tan al pie de la letra que no quise perder el tiempo ideando el plan perfectamente montado en el que no sobrara ni una sola pieza.

No, no creo que sea que descuidé ahorrando en afecto, si si tal vez peco de algo es de malgastar los recursos naturales que me han sido dados con la fé ferviente de que poseo una fuente inagotable y por ello he estado apunto de morir ahogada de tanto abrir el chorro y dejar que me llegara hasta el cuello. Hasta aquí arriba y subiendo, ingenua, tal vez de que lo que me hacía flotar nunca me arrastraría hasta el fondo.

No, no voy a asentir y decir que si, que todo es culpa de haber dejado todas las puertas y ventanas abiertas, que tenía que haberme dejado gobernar por el miedo y llenado de clavos los tacones de mis idas y venidas. Pero quien sabe. Puede que aún esté a tiempo de encadenarme a una causa y no dejar que la talen de mi lado. Disfrazarme de activista suicida y atravesarme la piel con ideas preconcevidas que me traigan de vuelta al engranaje de una vez.

No, no voy a arrepentirme de haber roto todas las cláusulas y contratos que nunca elegí firmar en mi vida, ni de escaparme de vez en cuando a mirar por la mirilla los fantasmas de mis no vidas vividas que se pasean por Utopía. En todo caso sí, de haberme hecho de vez en cuando el pez muerto para que me llevara la corriente sabiendo que no duraría mucho mi mentira y que ésta, pronto me haría saltar por los aires. La absurdez crónica de coleccionar piedras que decoren mi camino.

No, nunca he tenido superpoderes, al igual que todos: yo también sangro, aunque quizás lo que no me guste es sangrar demasiado.

Recitada:

12 de Diciembre del 2017 en micro abierto Arte no Apto en Denia, Alicante

 

 

 

A media cerveza de más

A media cerveza de más,

vocalizamos peor,

pero hablamos más claro.

Hubiera jurado

que habías dejado de quererme,

de perseguirme,

que ya sólo eran sombras

tus ojos brillantes en la madrugada.

 

Y con la voz tomada,

acariciando la mano

que siempre evitas tocar,

me di cuenta que tú

no eres más que otro

que echa de menos esa chica

que desecho cada verano.

 

Y nos cuesta entender

que ambos nos buscamos

en lados equivocados

y hablamos

como si estuviéramos en el mismo momento.

 

Entonces

la cerveza

me ayuda a entender

todo aquello que no somos capaces de entender

cuando no estamos borrachos.

La última botella

Hemos aniquilado la última botella

y todavía no he decidido dónde voy a dormir esta noche.

Es probable que haga círculos

aprovechando el sudor de la mesa

recalculando el trayecto de vuelta.

Cualquier excusa es buena para seguir la noche

cuando no quieres volver a casa

pero no todos los destinos llevan a una cama.

 

Normalmente disfruto con el placer

de acabar en habitaciones de personas que aún no he besado

relamer la impaciencia de quien te tiene cerca

te desea, pero aún no te ha probado.

Siempre me ha gustado jugar,

pero sólo si tengo enfrente

un rival adecuado, alguien

que tb disfrute de este juego.

 

Esta noche, sin embargo

necesito otra botella

tanta sobriedad me desconcierta

me siento el personaje equivocado

en una película empezada.

Demasiadas explicaciones

exceso de confidencias

el recuerdo latente

de quién no está.

Creo que yo sobro en esta habitación

está llena de fantasmas

madriguera infecta de inseguridades.

Posiblemente otra noche

hubiera sido todo distinto

o no, quién sabe.

 

Sin embargo ésta

sé que no voy a volver

y mientras me marcho

sonrío y digo

“lo siento, pero yo

necesito más vino”.

 

Recitada:

08 de Noviembre del 2017 en Anverso: tema “borrachera”, en Valencia

A través del agua

Atravesando las paredes
con cada una de mis manos
se acaban los moldes
las esquinas
los límites.
Comienzo a tirar de la espiral
tú, yo, él, ella
y se enreda el sentido
de las palabras
que no pronuncio.
Paramos.
Realizo una trenza
todos en su sitio
volvemos a los moldes.

Deslizo mis manos
se sumergen
me dejo mojar
poco a poco
hasta zambullirme
entera.

Ahora
dejándome mecer por la corriente
nutrida por las aguas
todo vuelve a cobrar sentido.
Me siento llena de vida
en esta danza mística
mi piel muda
más allá de la desnudez
una nueva yo
dibuja una sonrisa en cada palabra.

Y eso que aún
la arena
cubre mis pies.

Chloé

Ella que no sabía

que dentro le crecía un nenúfar

(porque esas cosas sólo pasan

en los universos de Vian),

quería arrancarse eso

lo que fuera

que llaman Tristeza.

 

Nadie le traía flores de vainilla

y no paraban de crecerle

poemas del cabello,

poemas que hablaban

de jardines

aún no plantados.

 

Ella que no sabía

que se le encogía la habitación

(porque esas cosas sólo pasan

en los universos de Vian),

quería inmortalizar eso

lo que fuera

que llaman Juventud.

 

Nadie encontraría ratones

y no paraban de caerle

sueños entre los pies,

sueños que hablaban

de cielos

de infinitos colores.

 

Ella lo que no sabía

es que no quería vivir

en un universo de Vian.

 

 

Azules

Mi vida ha comenzado a llenarse de azules

pero no azules tristes

que llenan los días de lágrimas y melancolía

No

Mis días se han llenado de azules misteriosos

que se posan en mis noches

para cubrirlo todo de silencio y calma

e iluminarme en los bosques.

Azules aventureros

que se suben a tus ojos

para desafiarme a combatir los miedos

y con arrojo vencerlos.

Azules cálidos

que se visten de paredes

para refugiarnos en pequeños paraísos

donde poder parar el tiempo.

Azules intrépidos

que se anudan a las rocas

para vestirlas de bellas faldas

que nos dejen empapados.

Azules alegres

que se fugan a los cielos

para preparar un desfile

de nubes de algodón.

Azules decadentes

que se disfrazan de girasoles

para colarte en la trastienda

de mi alocada inspiración.

Azules desafiantes

que nos envuelven los pudores

para re descubrir nuestro tacto.

Azules trepadores

que nos marcan la azotea

donde perseguir a las estrellas.

Azules

que te visten de rayas

Azules

que dibujan horizontes

Azules

que me convierten en lienzo

Azules

que han decidido

que mis días dejen de ser días

que mis semanas dejen de ser semanas

para ser

simplemente

azules.

A nadie le importa

“Nos enseñan a olvidarnos de los que caen

a reclamarles cuando están intentando levantarse

a cuestionarles cuando consiguen ponerse en pie

y a admiralos cuando del suelo despegan los pies”

 

Va a ser en uno de esos silencios tuyos,pausados,
en los que se detuvo la luna a descansar
y no volvió nadie a reclamar que las mareas vinieran con retraso,
que tu cólera se encendiera a destiempo
o que el viento peinara los campos equivocados.

Nadie vino a quejarse.

Luego sucedió eso, lo de los renglones
que primero leíamos de dos en dos
y al final daba igual el órden
o si leíamos o llorábamos.

Y nadie, otra vez,
vino arreglar las sílabas
ni a ordenar las frases
ni a devolverte las oraciones.

Nadie vino a arreglarlo.

Recuerdo que la lluvia se enamoró de tus cabellos
y llovía tan a menudo por aquí,
que tu piel empezó a oler a tierra mojada.

Y sé que nadie vino a cambiar los ríos
que hacían mares de tus ojos
ni el rocío que brillaba en tus flores,
ni las eternas primaveras
que llenaban nuestras paredes
de humedades y enredaderas.

Nadie vino a cambiarlo.

Después llegó el invierno cansado
abrazando la puerta
y se quedó allí descansando.
Y tú que si de rosas alegrías,
madreselvas dónde están
y noches de San Juan,
intentabas seducirlo con sonrisas
àra que se marchara,
para que pudiéramos abrir tranquilas la puerta
sin llenarnos los pies de nieve,
y no sólo se quedó
sino que nos entró dentro.

Y nadie.
Nadie vino a quejarse del final de tus sonrisas,
de la tiritera del enjambre de tu temperamento.
Nadie.

Nadie vino a cambiar la escarcha de tu pecho,
el frío de tu aliento, la duda de tu mirada.
Nadie.

Nadie vino a arreglar los silencios,
tus silencios pausados,
las canicas en el techo,
el gorgoteo de las cañerías,
la charca en el estómago,
las aceras de periódico,
los castillos de cartón,
las telarañas en los bolsillos,
el hormigueo en las manos.
Nadie.

Y ahora, ahora vienen a buscarte
y dicen y redicen
y que si azul, que si violeta.

Y les hablamos de la luna, y la lluvia,
esa que trajo el invierno
y que no se nos olviden los renglones,
qué pasó con los renglones.

Pero a nadie le importaba
cómo se te erizaba el rictus,
ni si se nos acabaron los girasoles
y sólo nos quedaban giralunas.

A nadie le importaba
de dónde salían los negros del vestido
pero sí los remiendos.

A nadie le importa
el color de tus mejillas
el tacto de tus yemas
pero sí
cómo dejarlas
sin agua.

Nadie vino a cambiarlo laura mequinenza flexio verbal poesia denia
Fotografía de Txin – Flexió Verbal 2015 – Dénia Performance poética junto a Sergi, Joaquín y Sandra

https://lauramequinenza.com/videos/a-nadie-le-importa/

https://lauramequinenza.com/videos/a-nadie-le-importa-video-intimo/

A ellas

Me han crecido los senos

y no paro de alimentar pequeñas ratas

que los muerden

buscando hacer sangre.

Aún no ha nacido el niño muerto

que asomará la cabeza entre mis piernas

pero todas quieren beber de él.

El ocaso recubre las paredes de óxido y flujos

donde el olor a sexo

se confunde con hedor de entrañas pútridas

y las alimañas no dejan de lamer

allá donde el negro se confunde con el rojo

esperando encontrar gritos donde sólo hay silencio.

Pero nadie grita.

Sólo hay frío y eco,

sólo hay frío y viscosidad

sólo hay frío y hedor.

A hurtadillas se acumulan jadeos en las esquinas

y se esfuman sin mayor importancia.

En mi piernas mil cicatrices

compiten por perdurar

contra las mil

que aparecerán mañana.

En mi boca, moscas.

En mi mano, una caricia

antes de olvidarlas.

Han salido a buscar

un ataúd para mis muertos

y alguien gritará en alguna ventana roja

que nos enterremos.

Mis muertos ya están en el ataud de mi cuerpo,

pronto vendrá el tiempo a desenterrarlos.

Y mientras mis pechos siguen creciendo

pariré de nuevo con dolor estéril

dejando todo abandonado en el suelo.

Y engendraré nuevas ratas,

nuevas paredes y nuevos muertos.

Horacia

¡Oh Horacia!
¿Nos encontraremos hoy?

Cada encuentro contigo siempre fue un misterio, con tus juegos laberínticos buscando recrear París en un Madrid descafeinado.
Me buscabas, siempre me buscaste, con tus enigmas, tus códigos y tu constancia.
Inventando las reglas de nuestros encuentros, planificando alargar el deseo.

Te vi aquella noche, a lo lejos, sin planificar, tras tantas que no surgieron. Apareciste por imposición de tu voluntad cazadora, inquiriendo a tu presa, enmarcándome en un plan con receta para experimentar con el deseo. El deseo de besarnos, de estrecharnos entre los brazos.

Y así fue como empezamos el ritual de regalarnos fruta, de beber cerveza en las calles, emborracharnos juntas y desaparecer siempre, antes de empezar la noche, como una cenicienta maldita.

Me buscabas, con la dedicación del relojero, paciente nos envolvías en conversaciones cómplices, andábamos en sendas paralelas que buscaban no mezclarse pero nos sedujimos, la lluvia nos azotó en plena noche.

Tú, siempre tú, decidiste que sería yo, la maga, tu muñeca tonta que  frágil se rompe en pedazos. Me encontraste y dijiste quiero conocerte, antes de que pudiera oirte, antes de que pudiera percibirte.

La lluvia, digo, la lluvia nos caló y no nos dejó elegir, que fuera en aquel sitio, en aquel rincón, bajo mi abrigo, aquel día negro, el olor a perro mojado, la iglesia…

Y tú me mirabas, arrastrándome a tu mágico juego, el vuelo libélula de tu plan encriptado y me lanzaste garrafas de agua ante mis botellas al mar.

Fuimos la pareja suicida que se agarra de la mano, cayendo felices al desastre, al escombrarse neurótico de tus ausencias repentinas. Tú, anzuelo-tirita, mercromina-tóxica, endulzándome deshaciendo la madeja que agrandaba mi vacío. Bebiéndonos la soledad en vasos de sidra, mordiendo las normas, las pautas, las costumbres y despertarse con la sensación de que hay otro lugar al que arrojarnos.

Las azoteas nos hicieron emisarias de nuestros desencuentros y la madeja convertida en mariposas-piraña nos empujaba al choque frontal. Igual que aparecimos, desaparecimos, el mismo vacío silencioso nos convirtió en reflejo de nuestra historia. Dejamos de buscarnos para quedarnos, para ser otras, atrás los juegos, los abismos, los trapecios, las sonrisas funambulistas, eliminando así el riesgo de quemarnos.

Ahora tú partes a Italia y yo lejos de Madrid, ¡Oh querida Horacia! ¿Nos encontraremos?

 

 

 

Apúntame la dirección

El corazón me bosteza en la mano los días pares,
los mismos en los que, parece
que, te acuerdas de mí, quejándose.

-Claro, claro, “ahora te encanta buscarme”.

En la papelera del ya es tarde,
como todos, como todas,
incluso sin klennex somos dramáticos.
Quieres verme desnuda de nuevo,
o puede que el azul de mis rizos,
bajo la luna, sea más intenso.
Me gritan los párpados
de buscar en los silencios.

Cada viernes,
se arranca una teja en mi mejilla,
inventándome el desenlace final.
Adicta a los finales a la francesa.
Todos nos queremos en silencio
y no me hace falta más que una sonrisa,
para olvidarnos con cariño.
Y aparcar ,el día a día,
en el cajón de los para luego, los quizás.

– ¿Me invitas al balcón de tus ojos?
– Sólo si saltas esta noche.

Mañanas con prisa y sin prisa,
con el mismo sabor a fin de temporada.
Aparcamiento en fase de demolición.
Agárrame del pecho
y dibujemos una flecha aleatoria.
Para fallar, yo también, sé ser profesional.
Regálame la risa, lo demás, no importa.

Apúntame la dirección de aquella tarde,
en la que reímos tanto,
quisiera volver a ella, algún día.

Poema incluído en La coleccionista de Azules

Entonces ella se volvió loca

Entonces ella se volvió loca
y no había forma de conversar
gritaba que quitaran la luna, que no podía verla más
que no lo soportaba.

Entonces ella era una niña
y hablaba como un adulto
pero ya no lo era, y danzaba con su cetro
imaginando que convertía todo en oro.

Entonces ella comenzó a gritar
y la noche se hacía día y el día noche
se bebía el agua del mar
y no paraba de acumular piedras.

Entonces ella inventó un juego
en el que se podía hablar sin palabras
y se podía gritar en silencio
y la “a” era “z” y la “z” no existía.

Entonces ella olvidó todo
y empezó a dibujarlo de nuevo
mezclaba el gris con el negro
y quería dibujar arcoiris rosas.

Entonces ella me echó de su vida
y yo pensé que había camino de vuelta
pero tronaban las paredes
cada vez que me acercaba.

Entonces ella se volvió loca
y no quería el sol, ni las estrellas,
ni el día, ni la noche. Tiraba del cielo
y decía que lo quitaran, que lo quitaran.

Y entonces ella nunca volvió a ser la misma.
Ni yo tampoco.

La alacena

Yo no tengo alacena, pero me gusta la palabra,

me gusta tanto que decidí inventarme una, una ficticia,

donde almaceno todo aquello que no puedo guardar en otro sitio.

Y  cuando voy, más que alacena,

tengo un auténtico trastero.

Y me reencuentro con las cosas

que siento que ya no tenemos,

y sin querer piso las que creo que compartimos.

Andan por ahí perdidas, sueltas

y tan sucias que es fácil no reparar en ellas.

Alguna vez, he pensado en ir a la alacena y limpiarlo todo

y quedarme sólo  con lo que realmente vale la pena,

pero tengo miedo a que el impulso me haga deshacerme de cosas que están ahí,

pero que no sé que aún necesito.

No quiero deshacerme de ellas.

¿Y si rompo o pierdo algo? Algo de esa magia

¿Y si desaparece la telaraña que la sujeta?

¿y si me equivoco y al barrer, la hago desparecer ?

Así que aveces, voy a la alacena, doy una vuelta por allí.

Y curioseo,

pero no toco nada, lo dejo todo en su sitio

y confio en que todo está bien y que cuando llegue el momento

sabré rearmar el puzzle de nosotros que aún guardo en la alacena.

https://lauramequinenza.com/videos/la-alacena-micro-abierto-2018/

A mi crisálida

 

Es aveces cocinarse tan lento

estando dentro de la crisálida

el rumor, echas de menos, del viento

y flotar sobre flores ingrávida

 

Metamorfosis: inmóvil me siento

anhelando transformarme rápida

aleteo inquieta este sentimiento

de quedarme sin alas, inválida.

 

Mis matices se pintan poco a poco

mis cicatrices lentamente borro

de todo lo malo ya no hay recuerdo.

 

Se están volviendo más largas mis alas

y está creciendo mi sonrisa ansiada

sueños, con que alzar el vuelo, remiendo.

El día más triste del año

Ahora nos dicen cuando tenemos que ser felices
y cuando dejar de serlo, después de la navidad,
otro término comercial, blue monday o
el día más triste del año



He oído que hoy es el día más triste del año
y he pensado que igual
era mejor no levantarse de la cama.
Fuera nieva y me parece gracioso pensar
que pueda llegar a nevar
en una ciudad como esta
y sin embargo ni el frío,
ni la nieve, ni el día más triste del año
me han hecho sentir mal.

No estoy triste,
yo, que ando luchando con el nenúfar que me parasita
yo, que he desestimando las sendas de baldosas de azúcar
porque me van más los callejones oscuros
yo, que a cada caricia de menos pierdo razones
para querer verte.

Yo, que no sé escribir poemas alegres de cosas tristes
yo, que tengo una montaña encima del pecho
yo, que dibujo tristezas en la gente que no tiene
y los hago marchitar en mis retratos
yo, que colecciono jardines de ausencias
y en su lugar planto rosales con orgullo.

No estoy triste, el día más triste y frío del año.
No me he muerto,
ni se me ha escapado el alma por la boca
ni se me han fermentado tus excusas.
No se me achica el cuarto
ni se me hunde el cuerpo en la cama
no se precipita el techo
ni se me escaman las costillas.

No te echo de menos
No / te echo / de menos

No se me encoge el estómago
ni me veo fea y vieja en el espejo
no me faltan todas las personas que me faltan
ni asoma hoy el cráter oscuro de mi futuro

No me asusta el fantasma de yo misma
ni vienen las druidas a quemarme en vida.

Mañana, quién sabe,
quizás venga la tristeza a adueñarse de mí
pero hoy
no estoy triste
el día más triste del año.

Texto perteneciente a La coleccionista de Azules



Paris

Hoy me humedezco
pensando en la prohibición
de dormir con bragas.

En alguna parte, duermes,
en una buhardilla.

Pienso en la noche, la primera,
en la que sobre tu cama,
nos desarmemos, sin habernos nunca aún besado,
sin habernos profanado.

Sin bragas.

Puede que no sea en París,
puede.

Liar

Si me vas a mentir
hazlo
hazlo con descaro,
con alevosia, miénteme
pero no te arrepientas, hazlo,
créete tu propia mentira, hazla verdad.

Que no exista nadie que sepa tu mentira,
borra el rastro, las huellas, comete el crimen perfecto.

Miénteme, como tú sabes hacerlo
con esa perversidad inocente,
con esa mirada desafiante, del que se siente ofendido,
del que quieres creer, necesitas creer, y crees.

Cayendo en la tejida trampa de seda que se acomoda
según voy escuchando cómo se formulan tus palabras.
Hipnóticas.
Falsas. Siempre falsas, pero tan tuyas, que parecen verdad.

 

 

Findes Raros

Esta noche estoy esperando que se ilumine la pantalla,
espero que aparezcas para rescatarme de la neurosis
que me producen los días tras los findes raros.
Temo los findes raros, son el cáncer
que se van apoderando de mi seguridad afectiva.

Después de un finde raro, las cosas
ya no vuelven a ser como antes,
donde antes había complicidad,
deja de haberlas,
las frases y juegos de palabras
ya no fluyen naturalmente
y aveces aparecen esos silencios feos,incómodos,
acompañados de miradas de circunstancia.
¡Hasta los besos son raros, saben a artificiales!

Ahora temo verte,
temo que ya no puedas volver a mirarme
como me mirabas antes.
Con esos ojitos, esa ansiedad,
con esas ganas de besarme a toda-hora
o esa forma de abrazarme
y alargar el tiempo para que no me vaya
esa habilidad tuya de secuestrarme,
para liarme siempre y me quede a dormir contigo
aunque tenga exámen al día siguiente
aunque esté enferma.

Temo que cuando nos veamos
el aire se haga tan espeso
que sea incómodo respirar
y las miradas no se claven fuerte en los ojos
sino que deambulen incómodas
a la búsqueda de alguna excusa
para de nuevo alejarnos.

Temo que desandemos el camino andado
y volvamos a ser esos desconocidos sin saber qué decirse
pero esta vez, sin ganas de conocerse.

Plato caliente

 

Yo también querría que todo hubiera pasado de otra forma, que nunca hubiera tenido que irme, que nunca se rompiera nuestro universo felino, que arreglásemos todo conflicto en ese lugar donde sirven ese plato que tanto me gusta o haciéndote gala de uno de tus platos favoritos.
Al final fuimos los valientes que caen por el precipicio, yo también quería saltar, y no pudimos salvarnos.
El mundo no es para nadie, no te engañes. Yo también podría llorar todas mis derrotas, pero el mundo no es para nadie. Estamos hipotecados y hasta nuestros sueños, vienen de fábrica.
Yo, decidí no vender más veces mi alma, y aunque quisieras, no puedo sentirme culpable por ello.
Nunca volvimos a ser los mismos desde que dejamos de felicitarnos diariamente por estar juntos, porque dejamos de estar juntos, y no estábamos preparados para ello.
Siempre fui una soñadora suicida a la que no puedes enseñar un capote rojo, mi naturaleza me lanza contra él con una fiereza inexplicable.
No son mejores los días sin ti, no soy otra que ahora quiera otras cosas, soy la misma poeta incomprendida que morirá sola.
Aveces me tienta una vocecilla oscura en mi cabeza y me dice que mis castillos en el aire son locuras Quijotescas¿ Y si es verdad que soy un Don Quijote que lucha contra molinos? ¿ Y si no tiene cura mi locura? Créeme que mi peor enemigo soy yo misma, ya quisieran mis enemigas hacerme tanto destrozo como me hago yo: Lleno mi mundo de jirones, de pedazos rotos que luego no se cómo volver a juntar. Y cuando estoy apunto de rendirme, la luna me coge del lomo, como si fuera un gatito pequeño en las fauces de su madre y me enseña mi filosofia.
¡Ay! ¡Qué sencillo cuando lo veo todo desde fuera, ahí no tengo dudas ni flaquezas. Lo veo tan obvio, tan sencillo. Y sé que es precisamente ser yo misma, con mis ideas de hidalga colgada las que me hacen sentirme viva, las que me definen más allá de mis triunfos. No es orgullo terco, no.
Es la sensación de seguir adelante con el proyecto de mi misma, es ser la persona que soy y ser feliz. Tú no querrías que fuera otra tampoco, te enamoraste de mis alas violáceas, te gustaba tanto cómo las tendía al sol y la forma en la que la luz las proporcionaba ese color, esos brillos.
De noche, las acariciabas con cautela.
¿Cuántas veces estuvieron apunto de quebrarse, eh? Todas ellas, te alejaron más de mí que la propia distancia.
No, no soy animalillo que puedas encerrar por mucho tiempo. Necesito mis dosis de sol para poder existir. Y en el fondo sabes que nada es culpa de nadie, porque aprendimos que las cosas que hoy puedes reprocharme, eran las historias de otros, no éramos nosotros, nunca lo fuimos.
Y hoy leo tus letras, y sé que no esperas con el plato caliente a la chica que soy hoy, no, no me esperas a mi, esperas a la que un día tuvo que abandonar Madrid, dejar la azotea manchada de nosotros y que dejó de existir ese día.
Lo que quedó de ella en mí, para ti, no fue suficiente, no pudimos saltar el precipicio con mis alas secas. Sólo puedo volar con ellas, cuando lucen, y sabes que hace mucho que no lucían para nadie. Yo no puedo sentirme culpable por haberme ido, por dejar todo manchado y no recoger los pedazos. Me hubiera gustado que no fuera así. Yo también quería poderes infinitos y no haberme tenido que ir. Yo también nos echo de menos…
Pero ahora, ya es tarde para buscar culpables.

Noviembre

Qué bonito es noviembre
qué bonito el sol
qué aún calienta
suave, cariñoso, cercano,
qué bonito el mar
tan azul, tan calmado,
tan solitario
ahora
que nadie viene a bañarse.
Qué bonito todo
y tu cara, sonriente, alegre
con esos ojos tuyos
tan brillantes.
Qué bonito el amor, en otoño,
cuando todo invita a abrazarse
a juntarse.
Y llueve
repiquea el agua en la ventana
qué bonito todo
cuando está mojado
con esos colores
con ese olor
que me recuerda
qué mágico y bonito
está siendo contigo
este Noviembre.

Promesas rotas

Si colocara en un tarro

todas las promesas rotas,

éste reventaría.

 

Imagino cómo flotan los pétalos

que se desprenden de las esperanzas,

adios tallo,

adios raices.

 

Me hubiera gustado

un final más utópico,

menos típico.

Adios.

Amor muerto

Texto perteneciente al poema Cementerio de amor muerto. Parte III

Si no muero demasiado pronto
sé que moriré sola.
Soy una romántica extravagante
enamorada del concepto del amor
una kamikaze adicta
al vuelco emocionante
del salto al vacío.

Coleccionista inconformista
obsesionada con encontrar
la pieza perfecta.

Hoy, se ha vuelto a romper,
como siempre,
después del insomnio adolescente
viene la gran caída,
despegarse esa magia
que cubría la piel
una vez que pierde su efecto.

Frío.
Vacío.
Silencio.

Mi cementerio está lleno
de amor muerto.

Incluído en el poemario La coleccionista de Azules

Tú (de mi colección de tús)

Texto perteneciente al poema Cementerio de amor muerto. Parte II

Tú, de mi colección de tús.
Esos, a los que escribo constantemente.

Hoy, de golpe,
aparecerás en mi vida,
sin yo planearlo,
una obsesión
te llevará a buscarme,
a seducirme,
a volverme loca,
y yo,
una vez más,
caeré en tus redes.

Siempre es igual,
me dejaré llevar,
despertarás en mí complicidad,
me encariñaré contigo,
me acostumbraré a ti,
me dirás que soy perfecta,
que nunca has conocido a nadie como yo.
Y… te creeré,
22 23
te creeré, vehementemente,
con la fe del que quiere creer
del que necesita creer
y cree.

Creeré que estamos predestinados
que el entramado esotérico
ha ideado algo especial para nosotros.

Y, el día menos pensado,
una sombra funesta
acabará con alguno de nosotros
el amor penderá de uno de los dos.
Se acabará el misticismo,
la magia, los ojos brillantes
y arañaremos el pozo de los recuerdos
y ambos buscaremos sin éxito
una cura milagrosa.

Nos alejaremos.
Nada volverá a ser igual,
nunca volverá a ser igual.

Otro amor más,
muerto, para mi cementerio,
los tús de mi vida,
que se acumulan
en mi garganta,
en mi cabeza,
en mi entrepierna.

Me asusta pensar
en que algún día pierda la fe,
la fe de que existe un amor
que no muera
que no irá a parar
a mi cementerio
mi cementerio
de amor muerto.

Incluído en el poemario La coleccionista de Azules

Nadie a quien amar

Texto perteneciente al poema Cementerio de amor muerto. Parte I

A altas horas de la madrugada,
buscar a alguien que haga de salvavidas.
Esta noche,
miro náufragos que posiblemente,
aunque callados,
anden necesitando lo mismo.

Qué silenciosa es la noche
y lenta
cuando no hay nadie a quien llamar
nadie que te rescate
nadie que te eche de menos
nadie
mirando un móvil
inerte
mirando el techo
mirando el azul
tiñéndolo todo.
Una noche más,
no puedo dormir.

A mi cabeza
vienen tantos tús,
tús que no lo son tanto,
podría abrazarme
a cualquiera de ellos
y seguiría sintiendo este vacío.

No lo llenarán, no,
solo, tal vez,
una sola noche.

Mañana todo sabrá a marchito.
Cariño usado de contrabando.
Adioses
que parecen hasta luegos,
pero son eternos.

Esta noche lloraré a todos mis muertos
caerán sus cenizas sobre mí
y cada silencio
será una nueva losa.
Vendrán a mí
cada uno de sus funerales
vacío,
más silencio,
sigo sola.

Esta noche pesa sobre mí
el tiempo parece no querer avanzar
me empeño en fingir
que voy a dormir.

Catálogo de preguntas
existenciales y suicidas
crece esta ansiedad
este esperar que algo suceda
algo mágico que me salvará de mí misma.
Vuelvo a los tús, a los milagros,
a refugiarme en el papel
a sembrar ejércitos de poemas,
a rasgar el tiempo
a inundar telas
a vomitar letras
la melancolía invade,
ahora, todo mi cuarto.

No puedo dormir
no puedo
no consigo dormirme
ni salvarme
ni llamarte
ni olvidarte
esta noche
que parece no querer,
nunca, terminar.

Incluído en el poemario La coleccionista de Azules

Mutilación

Mutilación

Entonces

perdiste la complicidad conmigo

y no conseguí que volviera.

 

Me has llevado de viaje

a un viaje de ensueño

me has mimado y consentido

como a una niña pequeña

Yo

sin embargo

lo que más recuerdo

es cuando cogiste

los dedos de mis manos

e hiciste el recuento

de cual enviarías y a quién

una vez me despedazaras

y me cortaras en trocitos.

Follarse a una misma

    – I –

    Entonces sucedió
    que no podía dejar
    de follarme a mi misma
    y de buscar un yo nuevo
    cada vez que se me acababa el anterior.

    Cada noche me transformaba
    en la treinteañera de quince
    y despertaba emborrachada
    de versos que me devolvían a mi celda.

    Pensé tantas veces en escapar del renglón
    que incluso tejí recuerdos falsos
    en los que vencía quimeras
    que embalsamaban mis muertos.

    Acercarse demasiado a las respuestas
    se convirtió en mi deporte de riesgo favorito.

    Nunca tuve demasiado apego
    a los cuentos con finales felices
    y desarrollé inmunidad crónica
    a las armas de destrucción masiva.

    Al principio lloraba al comenzar capítulos.
    Después desarrollé
    un síndrome de estocolmo compulsivo
    que me empujaba al descariño progresivo.

    La decadencia se apoderó de mi
    como una diabetes de una bulímica.

    Los martes(antes miércoles) como oasis
    fueron el salvavidas que vuela circular
    antes de caer sobre el cuerpo cansado.

    Peligrando el boceto que daría forma
    a la enredadera de mi vida
    salvaguardé las historias
    en pequeñas metáforas mal encriptadas.

    Temiendo quizás perder demasiado pronto
    los recuerdos que algun día olvidaría
    que algún día querría recordar.
    Pasaporte efímero a una inmortalidad de pega.

     

      – II –

      Nadie sabrá de nosotros
      los padres insumisos
      de una generación
      que se consume a si misma.

      Creyendo que decidimos
      mientras tiramos unos dados
      que no mueven nuestras fichas.

      Seremos el fracaso de nuestra especie
      convencidos de nuestros ahoras.
      Renunciar, como hábito burgués,
      asumir, como gesto incosciente.

      Nadie sabrá de nosotros,
      nosotros que vivimos en la generación
      más documentada de la historia
      y nadie sabrá nada de nosotros.

       

        – III –

      Me fuí, como siempre.
      Siempre abandonando todos los escenarios
      dejando silencios en mis cuentas pendientes.
      Apelando a mi naturaleza circular
      que me haría volver, algún día.

      Cuando ya no escueza
      cuando nada importe
      cuando ya todo sea inevitable.

      Huir de los futuribles
      como defensa personal.
      Una vez lejos, nadie inventará
      un final de mentira.

      Sólo hace falta esperar
      a que las piezas vayan ocupando
      el lugar adecuado.

      Para entonces, mi piel
      ya habrá caido
      y podrá devorar fantasmas
      y aliñarlos con la melodía
      de los que siempre sienten envidia,
      así ganen, así pierdan.

      Y continuar, al fin y al cabo para eso estamos
      hasta que no suene el silbato final
      una debe seguir corriendo.

       

        – IV –

      El perdón de los perdones
      a ti misma, / por ser tú, / por seguir siéndolo,
      por no dejar de serlo.

      Perdonada.

       

        – V –

      Y todas mis penas
      vestían de largo,
      las encerré en fiestas aburridas
      a las que no pensaba acudir.

      Las traicioné con penas de mentira
      que vestían de alcohol,
      estupideces adolescentes
      que me entretenían los días.

       

        – VI –

      Apareciste tú, tú, tú y tú también.
      Y cuando creía que no habría más
      siempre aparecía un nuevo tú.
      Y me acostumbré.

      Todos necesarios,
      en la cronología taxidérmica
      de mis decisiones decisivas.

      Fluir cuesta menos,
      cuando una fé enfermiza
      te guía en una senda oscura.
      Algunos lo llamarán destino,
      otros, cosas peores.

      Cara de asco

      Cada día me debato
      en si seguir o no contigo
      No quiero odiarte
      pero estoy cogiendo asco
      de las cosas, que creo,
      que nos separan.

      Puede que simplemente sea yo
      que necesite estar sin ti
      aprender a no sentirte alguien en concreto
      y a “estar” o “no estar”.

      Peleamos,
      antes de llegar a esta repisa
      otra vez discutiendo.
      Tú me pedías un abrazo
      y yo no conseguía dártelo,
      porque no me sale
      me sale cuando me sale
      y ahora no podía abrazarte.

      No reclamaré a nadie esta tarde
      prefiero esperar
      mientras escribo
      mientras observo cómo inunda todo los colores.
      Esa manía del verano de iluminarlo todo
      De llenar de vida
      por ejemplo
      a cualquiera de esas parejas
      con las gafas de moda
      tan psicodélicas
      y con esas caras de asco.

      ¿Será siempre así?
      ¿Acabaremos todos cogiéndonos asco?
      No puedo parar de mirar a esa pareja
      caminan abrazados
      pero se miran con cara de asco.

      ¿Seremos nosotros también así?

      Decir adios

      Aveces es difícil decir adios
      adios definitivamente
      porque el real, no se elije
      simplemente sucede.
      Algo se rompe dentro
      y tratamos de remendarlo
      y no se elije
      empezar a sentir “ese” algo.

      Ahora de cuerpo presente
      no sabemos decir adios
      y lo sujetamos
      mientras se va pudriendo
      en nuestras manos.

      Cabo de Gata – Recuerdos borrosos

      Mientras me ahogo…

      Apareció un valle
      el badén suicida
      nos transportó al desierto.

      Y nuestras pistas nos llevaron
      a unas minas doradas
      promesa de un lugar que jamás pisaríamos
      en busca del minegro
      dos metros más allá
      del sendero donde los jabalíes
      guardarían el mirador del cielo
      estrellas menos contaminadas
      y lunas encriptadas de nubes
      protegidas por infantes con el rostro de la muerte.

      De día pisaríamos arena negra,
      descubriríamos valles de sirenas
      y conquistaríamos el mar
      o se revelaría mostrándonos sus fauces
      para recordarnos que es ingobernable.

      De noche eclipsaríamos a la oscuridad longeva
      que se extendía salpicada de cactus y montañas.
      Buscando excusas adolescentes
      para acercarnos tímidamente
      siguiendo tu olor como una droga
      hasta que la luna
      nos convirtiera en licántropos hambrientos
      y aulláramos
      ante el silencio abisal
      en el que las horas pasaban raudas
      y nos acechara el día
      que nos trajera de vuelta.

      Aunque ambos, ya sabes,
      que siempre fuimos más
      de amaneceres felices.

      Mientras me falta el aire,
      esta dulce sensación de asfixia
      mientras me ahogo
      Lo recuerdo todo… borroso.

      Empezar de cero

      Se raya el cristal en el apartado
      “de lo suscribo todo, sin leer la letra pequeña”,
      perece, vence, final.
      Y no hay más: lo único importante,
      haría cualquier cosa, siempre, nunca.

      Se acaba el bocadillo de sonrisas felices
      y comieron perdices
      y el tragaluz se vuelve vómito
      y no soporto una noche más sola,
      ni acompañada, ni viva,
      y cada mañana es un recordatorio.

      Se vence el calendario
      y caen las arrugas en el lavabo.

      Podríamos bautizarnos
      como nuevos habitantes
      y sangrarnos los fantasmas
      y las excusas,
      pero no hay mapa
      y yo nunca tuve buena orientación
      y me confundiría de salida.

      Sería mirarnos fijamente
      y olvidarlo
      todo
      empezar de cero,
      si es que existe el cero
      y si es que después de olvidar
      se puede
      empezar
      de nuevo.

      Cuando vuelva

      Cuando vuelva, dime que aún te acordarás de mi,
      de esa yo que yo era, de esa yo que está por volver.

      Cuando vuelva, quiero
      que volvamos a perseguir el aroma a té
      que deja el chocolate entre mis labios.

      Volveremos a fingir que somos dos desconocidos
      y me tocarás a escondidas
      mientras nadie nos mira
      o creemos que nadie nos mira.

      Y te llamaré para que vengas corriendo de madrugada
      y me descubrirás vestida de princesa o de guerrera
      y jugaremos a desarmarlas.

      Cuando vuelva
      habrá maullidos en la ventana
      y sonido de palomas en la cocina.
      Y el invierno anidará rojo en mi espalda
      mientras pelean las calzas en mis piernas.

      Esa yo, que inventa aventuras
      para entretenerte y evitar que te vayas.
      Esa yo que sonrie distraida
      cuando metes la pata.
      Esa yo que sabe trepar a los tejados,
      batir las alas y cazar malos pensamientos.
      Esa yo quiero-arreglar-el-mundo
      que no quiere atarte
      y que le gusta verte
      revolotear travieso.

      Cuando vuelva dime que otra vez
      nos hará cómplices el silencio
      otra vez
      ese abrazo-puzzle
      en el que tan bien encajamos.

      Cuando vuelva
      dime
      que aún te acordarás de mi
      y que me pedirás
      que nunca más
      me vaya.

      Amo la decadencia

      Amo la decadencia.

      El hilo transparente cayendo por la comisura de los labios, el azul grisáceo de las piernas amoratadas, el cansancio reflejado en los ojos, la ropa remendada, el papel descolorido, las uñas mal pintadas y mordidas, el cabello pajoso y estropeado, el maquillaje corrido, las medias rotas, la silueta oscura de la decepción asomando al torcer la esquina, la antesala al suicidio.

      Los sueños rotos. La mirada perdida. No poder huir.

      Las arrugas, las imperfecciones de la piel, el asomar desmedido de las costillas o la clavícula, el pelo recogido con prisas y sin coqueteo. El miedo, la ira, arañar la piel, los dientes hincados, la sangre, la oscuridad, el color desaturado. Morir joven. Ser inmortal. El minimalismo obligado al que empuja la pobreza. Enamorarse del ser equivocado. La belleza gastada, la pasión sin frenos, el alcohol usado como antidepresivo. Perderse en los brazos de un desconocido. El sufrimiento teñido de romanticismo.

      Las cuerdas. Las cadenas. Todo lo envejecido.

      Amo la decadencia y sus mil caras, sus personajes, sus pasajes, sus recónditos lugares. Amo la decadencia y la sensación de auxilio que produce, el lugar que siempre te acoje, la segunda casa que todos anhelamos, donde acabamos regresando, de donde nunca nos llegamos a marchar. Amo la decadencia y todo lo que ello conlleva.

      Buscando poemas para el recital encontré unas líneas 
      que resumen las cosas que me parecen bellas, posiblemente
      un montón de elementos para empezar a expresar.

      Miedo

      La parte que se consume de nosotros, crece
      Se alimenta del miedo,
      ese que cultivamos, a cada rato,
      en cada alacena. Miedo.

      Miedo que crece como vello
      que se esconde en mis poros. Miedo.

      Y nace la lumbre que achica la fuerza
      que dibuja muros.
      Envenena la lengua
      arrancando lágrimas
      que nos separan más
      que esta fría distancia.

      Y la noche, que lo cubre todo
      te hace más feo, más borroso
      y te garabatea a ti con dientes fieros
      y a mi con garras afiladas.

      Miedo. Miedo al miedo.
      A que corramos con fuego
      ahuyentándonos
      creyendo ir en nuestra ayuda
      como un perro pequeño
      que teme a su cola.

      Y mi cuerpo me abraza y sé
      que faltas entre mi brazo y yo
      pero no estás
      y sé que esa parte que crece
      se aprovecha de este vacío.
      Que nos hace débiles
      mientras tirita la veleta de nuestro destino.

      Y a solas, juntos,
      sabemos que no hay mano, ni pierna,
      ni boca, ni barbilla, ni pecho
      que se acople mejor a este cuerpo
      pero la piel irritada de tu ausencia
      grita con fiereza su amnesia.

      Y viene el invierno que agita sus alas
      para que crezca el miedo
      el miedo, el frío, el ansia,
      el frío,el miedo, el ansia, el frío…
      ejército de dudas
      arañazos contra el cristal
      que finge protegernos.

      Crece, como el lobo al que no alimentar,
      como la sombra en la tarde,
      como la lluvia en septiembre,
      como la luna creciente,
      crece, la parte que se consume de nosotros
      el miedo que arrebata lo que fuimos.

      La proporción áurea

       

      Idiota, irresponsablemente estúpida
      jugando con ésta proporción áurea
      queriendo encerrarla en un círculo
      para conservarla, para que no se escape
      como si la perfección pudiera conservarse en formol.

       

      Entonces ella se volvió loca

      Entonces ella se volvió loca
      y no había forma de conversar
      gritaba que quitaran la luna, que no podía verla más
      que no lo soportaba.

      Entonces ella era una niña
      y hablaba como un adulto
      pero ya no lo era, y danzaba con su cetro
      imaginando que convertía todo en oro.

      Entonces ella comenzó a gritar
      y la noche se hacía día y el día noche
      se bebía el agua del mar
      y no paraba de acumular piedras.

      Entonces ella inventó un juego
      en el que se podía hablar sin palabras
      y se podía gritar en silencio
      y la “a” era “z” y la “z” no existía.

      Entonces ella olvidó todo
      y empezó a dibujarlo de nuevo
      mezclaba el gris con el negro
      y quería dibujar arcoiris rosas.

      Entonces ella me echó de su vida
      y yo pensé que había camino de vuelta
      pero tronaban las paredes
      cada vez que me acercaba.

      Entonces ella se volvió loca
      y no quería el sol, ni las estrellas,
      ni el día, ni la noche. Tiraba del cielo
      y decía que lo quitaran, que lo quitaran.

      Y entonces ella nunca volvió a ser la misma.
      Ni yo tampoco.

      La que siempre estaba ahí

      Cuántas veces he vislumbrado el final de estas entradas y siempre vuelvo a refugiarme en las palabras, hoy estaba navegando por mis otras realidades y leí sí, las palabras para ella siguen aquí, en este micro cosmos que algún día creé y que sigue aquí, aunque ya nadie lo alimente, hasta hoy, que volvió a mi, recordándote, y releyendo mis últimas entradas, y no pudiendo reprimir ver la nota en letra pequeña de mis apuntes a pie de entrada, donde estigmatizo una realidad, ahora infranqueable, y descubrir, que te has hecho tan invisible virtualmente como físicamente.


      Hace tiempo que dejaste de existir, ahora eres recuerdo agridulce, 
      ya no hay conversaciones suicidas, ya no, 
      ya no tejemos el lenguaje de babel, ya no,

      Ahora eres silencio de cristal, frío y áspero
      siempre fuiste la persona equivocada, 
      como la mano insistente que llama 
      anegada al destino de la respuesta fiera.

      Tú, maldición perenne
      desapareces, por fin desapareces
      y la calma de tu ausencia 
      me atormenta.

      Nunca quise volver al pozo de nuestros desencuentros
      pero tampoco borrarte del diario como un maleficio
      me vendiste una segunda vida de mentira
      y te creí, cuando decías que nunca te irías
      y que nada te separaría como amiga.

      Como todas y cada una de tus promesas
      de tus pactos, de tus acciones
      me volviste a fallar
      y no entiendo de qué me sorprendo
      y cómo es que aún sigo sin entenderlo
      si siempre me fallaste en todo
      y nunca conseguimos comprenderlo.

      Te fuiste y decidí no buscarte
      me cansé de darte segundas oportunidades
      perdonarte lo imperdonable
      y seguir siendo la que siempre estaba para ti.


      Adios

      Entiendo que ahora sí, podemos dar por acabado la historia de un blog,
       ya no más palabras para ella, supongo que necesitaba expresarlo 
      en algun sitio y que no se quedara colgando 
      un capítulo incompleto.

       

      Imagina que puedes no salvar el mundo esta noche

      Imagina que puedes no salvar el mundo esta noche, 
      aunque seas mi salvador, 
      aunque te necesite más allá de todo y de todos. 
      Imagina por un momento que estás aquí, conmigo 
      y que eso es lo único importante, 
      aunque me hunda, aunque se caiga el cielo a pedazos 
      y no tengamos donde escondernos. 

      No quiero que me prometas, 
      no quiero que te encadenes conmigo, 
      no quiero arrastrarte al mundo real, 
      necesito que sigas escalando edificios 
      y colonizando satélites solitarios 
      para seguir existiendo, 
      para conseguir mis poderes, 
      esos que me hacen seguir siendo parte del juego.

      Imagina que puedes no salvar el mundo esta noche, 
      aunque me convierta en damisela 
      y se me encharquen los ojos, 
      aunque sea negro el horizonte 
      y grite asustada en la noche. 

      Imagina, que estamos juntos 
      y eso es lo único importante, 
      aunque se acabe el tiempo de vernos, 
      aunque se asuste la suerte y nos condene. 
      No contaminemos algo tan puro, 
      no construyamos esperanzas vacías, 
      no caigamos en rutinas suicidas, 
      necesito que uno más uno no sean dos, 
      no sean dos, no sean dos, 
      necesito que no sean dos.

      Imagina que no puedes salvar el mundo esta noche, 
      aunque sólo por existir, a mi, ya me hayas salvado.

      Archivándote

      Otra vez un cuarto perecedero
      ya se distinguen sus comisuras
      su sabor a fuera de temporada.
      miro los rayos de luz que filtra la ventana
      y te recuerdo, entre mis cosas, recostado,
      iluminado entre naranjas y ocres,
      pintado con partículas en el reflejo de mi espejo.

      Archivándote.

      Racaneando el momento de envolver, de guardar,
      de rendirse, de empezar de nuevo,
      el descoserse de las paredes,
      dejando hilos sueltos en tantas esquinas.
      Tiro de mi sonrisa que se atasca
      en muecas estereotipadas
      y me detengo en la doble ración que dispongo por las mañanas
      aveces, incluso, cuando no estás.
      Se me encharcan las palabras
      al buscar ventajas de no despertar a tu lado.

      Archivándote.

      Me agarro los tobillos
      para que no se me partan al caminar
      entre los quicios de las puertas que me llevan
      a amaneceres sin guión.
      Levanto la vista y encuentro una galleta,
      un pájaro gordinflón, unas cuantas letras garabateadas
      y AMOR,
      amor en grandes dósis,
      creo que tengo desordenado por el suelo
      y temo no saberlo rescatar todo a tiempo.
      ¿Y si me lo dejo aquí? Sin querer, perdido en un cajón
      o bajo las baldosas o filtrado por las paredes
      como esas humedades verdes
      que se me meten en los ojos
      y florecen azules, o transparentes
      marcando miedos en mis costillas.

      Archivándote.

      Ropa, más ropa que se amontona,
      mezclada con la tuya, esa que te quito,
      esa que me quitas y pienso en la de sitios
      que nos faltan por enjuagar de besos y deseo.
      Un paraiso sin gastos pagados
      que los pobres hasta tenemos
      que subir andando al cielo
      y nos cuesta caro.
      Y te veo a través del objetivo, del derecho o del revés
      estiro mi mano y no puedo sentir el roce de tu piel en tu imagen.
      Araño y rasco como un animal encerrado
      y veo la sangre brotar de mis yemas.
      Temo verte finalmente en llavero
      en imagen mutable y muda que puebla mi pantalla.

      Archivándote.

      Me abrazo a mi colcha que se desvanece
      y se hace invisible y pesada. Siento su aspereza,
      latigazos fríos en mi espalda que reclama dolorida
      la pomada de tu abrazo, el bálsamo de tus caricias,
      las sábanas se tiñen de marea
      en la que me pierdo en la noche.

      Varada en la cima de mis reflexiones
      de un reloj que acelera el ritmo
      segun se me acaban las fuerzas.
      Afeitándome la desidia que me crece en piernas,
      brazos, en la tripa, en el pecho, en la risa.

      Me siento en cada oportunidad de verte
      para almidonar en mi retina
      todo el catálogo de tus estados de ánimo,
      de las formas de darme un beso,
      de las maneras en que me tocas,
      me abrazas, me mimas, me miras,
      de todas y cada una de tus sonrisas
      o tus gestos.

      Archivándote
      Archivándote
      Archivándote

      Con la ansiedad de un corredor de fondo
      que se va quedando atrás
      pero no ha perdido la esperanza
      aún de ganar.

       

      ¿Qué será de nosotros cuando abandonemos el barco?
      Siento miedo de que nos dejemos alguna fórmula milagrosa
      en la habitación en la que a menudo siento que vivo contigo.

      Sálvate tú

      Sálvate tú…
      que yo hoy no tengo fuerza
      he caído rendida
      después de darme cuenta
      que no soy tan fuerte
      como aveces me creo
      y me estoy haciendo ovillo
      de tanto deshilacharme
      y no encuentro las aceras
      a las que poder abrazarme
      para luego salir aullando
      para correr sin zapatos
      para perder el tiempo
      sin saber el camino de regreso
      sabiendo que hoy no seré tu cíclope
      sabiendo que hoy no temblaré
      como una luna de agua
      que pertenezco a esa clase de seres
      que padecen bipolaridad crónica
      y que según me cierro hacia adentro
      mis pies se van hundiendo
      perdiéndose
      abandonados al tragar sin compasión
      de los días que me atusa la marea.

      Sálvate tú
      que no quiero arrastrarte conmigo
      en mi delirio advenedizo
      donde se pierde el juicio
      donde las entradas y salidas
      se convierten en látigos de fuego
      en callejones mortales
      en la tortura de ver
      lo que no quieres ver
      que no quiero que veas
      cómo la calabaza se convierte en carroza
      vendido todo el minuto, el segundo
      la centésima para entenderme
      y aún así las paredes me hacen rebotar
      para darme cuenta que vivo en un espejismo
      que al tratar de tocarlo con las manos
      se desvanece y se convierte en arena.

      Intentaré que las corrientes no me arrastren
      no quiero llegar a la playa
      pero tampoco perderme en alta mar
      es paradójico pensar
      que siempre nado en círculos
      y no me atrevo a alejarme
      más allá de la tercera boya.

      Sálvate tú

      Este texto lo escribí tras escuchar la canción, con el mismo nombre, de Andrés Suárez

      salvate tu laura mequinenza
      Reproducir vídeo

      Aún recuerdo aquel día, en el que casi muero ahogada,cuando dejé de ver la playa y sólo veía la tercera boya. Quizá, es que no oigo los gritos que me llaman desde la playa,quizás nadie sale corriendo atemorizado de que no vuelva,quizá la resaca es fuerte y por eso prefiero que los demás se salven, que esta vez igual no encuentre el camino de vuelta.

      Tren en marcha

      Hay varias paradas
      antes de bajarse del tren en marcha
      y cada una de ellas
      es más emocionante que la anterior.

      Arrancas el techo y siento miedo
      no hay vuelta atrás
      el corazón se ha descosido
      para que lo abramos en canal
      y bebamos de él.

      Lo agarras con las uñas
      con cuidad
      y lo vas bordando despacio
      a ritmo de lengua y delirio.

      Bebemos sangre hasta caer borrachos
      yo de tu lado, tú del mío.
      Nadie entenderá esta sed inagotable
      (sin correas perennes)

      Esta noche
      agarras mi cuello al borde del abismo
      Me cuesta respirar
      y tú tiras despacio de mi.
      Despacio, despacio. Avivando el fuego.
      Despertando los vampiros de pandora
      El camino de vuelta borrado
      entre los espacios que separan
      los dedos de tus pies.

      Uno, dos, el siguiente, el siguiente, el siguiente
      ¡Mañana no existe!¡La cordura no es una opción!

      Maquiavélico
      engarzas tus cuerdas de títere
      abres las paredes
      con la misma delicadeza
      que abres tu boca
      para dejar escapar
      las palabras que me hipnotizan
      los besos que me embriagan
      que utilizas como arma
      ante las comitivas explosivas de mis cavilaciones.

      No dejamos pistas en mi cuerpo
      todos los mártires yacen en tí
      en tu espalda, en tu cuello, en tu aliento

      Me explicas con tus miradas
      lo que no me puedes explicar con palabras.
      Abro los ojos en medio de un desierto
      y tiro del alambre
      que muta en mil direcciones.

      Deshojas la mañana
      desgarrando mis costados para hacerlos coincidir
      giramos en todos los sentidos
      y me convierto en puzzle, en muñeca, en invisible,
      en tormenta, en pregunta, en respuesta.

      Y el sentido deja de tener sentido para convertirse en:

      “Tú y yo estamos en un tren en marcha que no sabemos donde va
      pero que cada estación es mejor que la anterior.”

      El espejo

      El espejo
      Ojos con ojos
      nariz con nariz
      mimetismo perfecto
      labio con labio
      frenético beso
      mano con mano
      seno con seno
      es la postura del espejo

      ombligo con ombligo
      vello con vello
      revueltas
      rítmico movimiento
      otra vez
      labio con labio
      mágico beso
      marea de piernas
      entrecruzadas
      es la mujer y su reflejo
      es la postura del espejo.

      Pequeña dama escurridiza


      NoS ALEjamos o nOs acerCAMos?

      Cada día ando más desorientada,
      espero al menos
      siempre tener ocasión
      de poder compartir
      un puñado de fruta
      y alguna cerveza
      en las plazas o calles
      en los infectos bares
      o donde me dejes
      volver a encontrarte.

      Te quiero

      Te quiero y te desquiero
      te pre-quiero y post-quiero
      te “no quiero” y te requetequiero
      te- quie-ro, ¿te quiero?

      Te quiero y te a-quiero
      inevitablemente te quiero
      te quiero invariablemente
      te …
      …quie…
      … … ro

      Pero quién pudiera amarte
      como antes
      como desde hace tiempo
      que ya no lo hago

      Cuánto he deseado
      que alguna vez me amaras
      como nunca
      como siempre quise
      como ahora
      ya no necesito.

      Y no son lanzas, me alegro de tenerte ahi,
      y espero seguir teniéndote siempre

      y de quererte, y de “que me quieras”,
      con ese afán tuyo en convertir
      los sentimientos
      en palabras.

      Víctimas del photoshop

      ¿Es posible que sea tan permutable
      el estado de ánimo que se vea afectada tu sonrisa
      por el reflejo del paso de los años
      estampado en tu rostro?

      Hoy amanecí con el anuncio de tu tristeza
      con la desventurada manía que tenemos de fingir
      que nos da igual, pero no nos da igual.
      Asustada posas la mirada
      en lo que tú llamas imperfecciones
      y reniegas de ellas con tanto ahínco
      que me llego a sentir culpable

      Y me encierro en un cuarto
      de paredes blancas
      a recorrer los rasgos de otras
      que tal vez como tú, huye de ellos
      me pierdo en la encrucijada de saber
      que tú hoy estás triste
      porque nos dedicamos
      a transformar la realidad
      y mentimos una y otra vez
      en cada paso que damos
      en cada foto que hacemos
      hasta dejar de reconocernos
      ya no sabemos ni como somos

      Y tú estás triste
      porque tal vez no he sido hábil
      o despierta
      o siquiera lo he pensado
      y no te he mentido
      también( o tan bien) a ti
      como a diario
      con el resto hago.

      Tal vez creemos que no nos parecemos tanto
      a los demás como realmente si nos parecemos.
      Olvidado que somos humanos y
      maravillosamente imperfectos

      Adios indefinido

      Quiero besarte
      hasta arrancarte la boca
      desgastar esas caricias
      a medio camino
      entre miedo a romperme
      y deseo de rasgarme
      Te beso y se me pegan los labios
      a esa manera tuya
      a ese tacto controlado
      a esa virtud de desatar mi deseo
      sin prisas
      abriéndolo con calma
      dibujándome en la piel
      en la cadera
      en la espalda
      excusas para que se rompa el tiempo
      nos hagamos presas del silencio
      de tus haceres calculados
      que reptan entre las pausas
      entre las palabras que tienes
      para decirme que te importo más
      de lo que aparentemente debería
      tus calladas miradas
      que se piensan el abrazarme con ansia
      o escapar y desalojar mi cama
      mi casa, mi abrazo, mi beso, mi…
      me tengo que ir y tú besándome
      con mi cuerpo entre tus manos y
      las agujas de un adios indefinido
      apuntando a nuestras caras
      no quiero irme
      no quiero que te vayas
      me tengo que ir
      ¿te tienes que ir?
      Vente
      No puedo
      Otro beso, otro abrazo,
      los fantasmas vuelven a tu cara
      nos vemos,
      el domingo
      si todo sigue
      si estoy
      si eso
      Adios
      Y yo muriendo
      con el sabor de tus besos
      que no se me apaga.
      ¿Nos volveremos a ver?

      La Otra

      Hay dos caras

      una, la que siempre veo

      la que me hace identificarte

      la que no permuta, invariable, plana,

      inexpresiva en lo afectivo

      vividora pasiva de los días.

       

      Pero existe otra, la otra,

      que aparece a veces, que transforma los rasgos,

      que te envilece y te convierte en frágil

      en humano, te enfatiza los rasgos de niña

      supura la dulzura en las comisuras

      transforma el rostro

      ya no es igual.

       

      Barajas el azar de la metamorfosis

      esa persona no es la misma

      la piel se vuelve permeable

      los ojos se enternecen

      y aparece la inocencia perdida

      el origen de todo

      y la atracción actúa.

       

      La atmósfera se llena de partículas

      que te van acercando a la otra

      la que sólo a veces aparece

      el corazón responde a ese impulso de atracción

      es como si su boca se convirtiera

      en el epicentro de tu cosmos

      y la sangre te llamara

      se convirtiera en torrente

      lava arrastrando todo raciocinio

      espontánea ebriedad incontrolable.

       

      La otra cara

      que a medida que la observas

      nada se parece a la anterior

      sabes que es la misma persona

      lo sabes, pero por instantes lo dudas

      y observas cómo los gestos

      se van integrando a la escena.

       

      Tú me miras, me atraes,

      me miras, me acerco,

      (nunca pruebo a besar antes

      de que aparezca la otra cara,

      siempre espero, espero

      esa mágica transformación)

      me miras, te miro

      me has reconocido

      juntamos las bocas

      y nos besamos.


       

      Me pregunto si yo también tendré “otra cara”

      H(art) tura

      Ese, tu libro, que me hace desaparecer del tiempo
      ahora que tendría que estar huyendo o muriendo
      o ambas a la vez,
      ahora te encuentro
      ahora que estoy desgastada
      que las ganas están manchadas
      exhaustas
      He querido dibujar una tregua a mis días
      pero no puedo
      no debo
      pero acaricio las frases
      me cobijo en esos, tus besos, tus besos
      a ratos me arranco los ojos
      a ratos me muero en la pantalla
      y pasa el tiempo

      Me alegro de conocerte
      alguien debe hacerse cargo de encender mi risa

      Sabiéndonos libres

      Sabiéndome libre
      me saben mejor tus besos
      sabiéndote libre
      disfruto más de tus acercamientos

      ¡Qué noche, qué noche!
      Bajo la influencia de la cercanía de la luna
      Buscándome en furtivos besos
      que empezaban intentando ser inocentes
      y seguían desnudándome en mi cama

      Sabiéndome libre
      no me guardo apenas secretos
      sabiéntote libre
      no buscas aprobación en mis gestos

      ¡Qué día! ¡Qué día!
      Que se pasan las horas y no nos damos ni cuenta
      y te marchas a besar otras bocas
      y no me ciegan los celos
      porque ya no me duele quererte
      ni siento que seas pertenencia mía

      Sabiéndonos libres
      qué bien que sienta estrecharte entre mis brazos
      qué bien me saben tus labios.

       

      Aunque ya no lo seas…

      Y no sé ni tu nombre

      Y entonces no para de sonar
      “y no sé ni tu nombre”
      una y otra vez
      y se mete en mi cabeza
      martilleándome
      y los muebles comienzan a moverse
      los cajones se abren y se cierran
      y tú no estás
      y no lo puedes ver
      y me digo < No es verdad.
      Esto no existe, no puede existir>
      Y aparece una aguja gigante
      en la esquina de mi habitación
      precipita sobre mi
      intentando alcanzarme
      y me digo < Otra vez no>
      Y me quedo muda
      cierro los ojos
      y los cajones paran de abrirse
      y la aguja no me alcanza
      se queda inmóvil a un centímetro
      todavía la siento
      sé que está ahí, señalándome
      y yo con los ojos cerrados
      pero no me muevo.

      Aunque la canción no se llame así
      y nadie crea mi historia ^^

      Madrid gris


      Y hay tanta gente en todas partes y todos recluidos en sus distintos rincones, el ser humano se está conviertiendo en un ser asocial que exporádicamente sale a emborracharse para calmar sus necesidades vitales de sociabilidad e instintos más carnales, como el sexo o el afecto.

      Creo que las ciudades están hechas de un gel que insensibiliza, se va pegando a la piel y poco a poco vas dejando de sentir, de pensar, de querer, de querer hacer, las inquietudes se van muriendo y cayendo como piel muerta. Los días van pasando y las calles son ríos de zombis con los ojos vidriosos que miran al frente, podrías matarlos con ametralladoras y seguirían saliendo más y más como cucarachas que no se acaban y el efecto sería el mismo. Un sin fin de cuerpos vacíos, sin alma, sin motivaciones diferentes a seguir hacia el final destino.

      Hoy que llueve no sucede, todos huimos despavoridos a los soportales
      y nos juntamos como polluelos, dan ganas de abrazarse
      y sentir el calor de otro brazos que te acogen.

      De azules y círculos incompletos

      Tranquila…

      Esta noche dibujamos círculos concéntricos incompletos
      que se van uniendo por sus extremos a otros círculos
      formando infinitas espirales que conectan una curva con otra.

      Los azules se están destiñendo,
      clarean en esta paleta que recorro con mis dedos.
      Me da miedo su tacto.
      Mis yemas tiemblan al posarse sobre los azules.
      Temen que se agote,
      finalmente se agote el concepto
      y nunca más pueda trazar una línea azulada
      en este gastado lienzo.

      Tranquila…
      Te he dejado una taza de leche caliente
      para que puedas dormir.
      Me he inventado una trampa de sueños
      para que sin darte cuenta me reveles tus misterios.
      Me dejes caminar en el laberinto oscuro
      para derribar las simetrías que te atormentan.
      Y fabricar el cielo de las dualidades
      donde diferentes “yos” no se enfrentan.

      La vitrina.
      La vitrina está vacía.
      Las muñecas nunca deberían tener consciencia
      y poder escapar de la cárcel de cristal.
      Sus ojos vidriosos ya no miran buscando admiración
      sus delgadas piernas apenas soportan el peso.
      A menudo pierde el equilibrio
      y lanza una mano a la deriva
      arañándote entrañas para seguir en pie.

      Tranquila…
      Esta noche vamos a desordenar los mundos
      vamos a mezclar realidades, a trazar un oasis
      donde no tengan cabida las cadenas.
      Seamos libres en nuestro oasis
      donde tú me besas intensa
      y yo te abrazo entera.

      ” A la robadora de almas… que se escapó un día por la cornisa del entendimiento y nunca más volvimos a hablar el mismo idioma, aún así, hubo un tiempo en el que nos hablábamos sin hablar, nos comunicábamos en sueños y nos protegíamos del resto del mundo, del que creíamos transcender”

      No soy tu dueña


      No soy tu dueña
      ni tú mi perro
      no vendo, ni expido permisos
      ni quiero hacerlo.

      El mundo es ancho
      aunque aveces lo siento extrecho
      y aunque parece larga,
      la vida se consume
      un incienso enorme
      que al final se apaga.

      No soy tu perra
      ni tú mi dueño
      no doy, ni invento explicaciones
      ni quiero hacerlo.

      Quiero fumarme los días
      y vivir mis mil gatunas vidas,
      descubrir los lados de la luna
      aorillarme en cada sonrisa
      rejuvenecer al mediodía
      con todos, con todas
      compartir esta gran pipa.

      No busco atar a nadie
      ni tampoco que me aten
      buscar un estado intermedio
      está en querer hacerlo.

      No hablo de sexo sin conversación
      no hablo de esconderme en una relación
      no hablo de vivir mentiras al portador
      no hablo de saberme olvidada en un rincón
      no hablo de esquivar las caricias
      no hablo de fingidas indiferencias

      Estoy hablando de querernos libres
      de saborearnos y sabernos libres
      Yo no soy tu perra…
      ni tú mi perro.

      A pesar de que la sociedad nos empuja al descariño libre o al amor obsesivo controlado.
      Nunca me gustaron los lados extremos,adoro la amplia gama de grises.
      Recitada
      29 de Enero en sessió de micro obert en Ca Revolta, Valencia

      Vacía

      Vacía
      hoy me siento vacía.

      Yo que hubiera embargado mi alma
      y arrancado la piel a tiras
      por cada uno de tus suspiros
      por coleccionar tus besos
      y conservarlos almidonados
      en mis labios tersos

      Me siento vacía

      De sentirte lejos en la luna que para ti inventara
      de regalarte el cielo y echarme en cara el universo
      de buscarte y rebuscarte
      de inventarme y reinventarme
      una y diez mil veces
      las que hiciera falta
      para en mis brazos retenerte

      Pero hoy mi corazón se quedó inerte
      de tanta flecha envenenada que lo cruzó
      de tanto disparo en falso que lo asustó
      de tanta rabia, de tanta rabia que lo
      hizo enloquecer y exprimir hasta la
      última gota de sangre que le quedaba

      Por eso me siento vacía

      Sin entender que me equivocaba
      sin hacerme a la idea que el amor es ciego
      y que me engañé pensando que eras tú
      que eras tú la que tenía que ser y no otra
      que siempre serías tú y que nuestras guerras
      eran cosas de quinceañeras pasajeras

      Pero me equivocaba
      y hoy mi corazón yace inerte
      y me siento vacía

      A ti, ninfa traviesa

      Y cuanto más felices somos menos te escribo, menos escribo de tí. Y cuanto más lo pienso más injusto me parece.

      Hoy quiero dedicarte unas palabras:

      A tí, ninfa traviesa que te cuelas en mi cama y desbaratas mis nortes y mis vértices.
      A tí, sonrisa infantil que dibujas círculos de colores en mis ceños fruncidos y descolocas los órdenes de mis precipicios.
      A tí, encantadora de la lengua de serpiente que viperina te escupe en el destierro de mi juicio.
      A tí, mi frágil musa que convierto y desconvierto en papel presa siempre de los caprichos de mis sentires.
      A tí, que intentas aprender mi idioma secreto para comunicarte conmigo y con mis mundos paralelos.
      A tí, que aún consigues creer en los cuentos de hadas y no te hace falta soñar con mundos perfectos.
      A tí, que deshaces lo andado una y mil veces para poder reencontrarme infinitamente.
      A tí…
      que tú sabes quién eres.

      ¿Y si te dejas caer esta noche…

      ¿Y si dejas caer esta noche tu voz en mi almohada?

      Cada día se me hace más difícil no amanecer a tu lado, se me hacen eternas las horas que faltan para poderte ver, y quiero pensar que tú sientes lo mismo, que cuando cae la noche en tu ventana suspiras pensando en el momento en el que vengas a dormir abrazadas, a dejarte sumergir en el sueño a mi lado.

      Que las caricias que nos regalamos sean inagotables y nunca dejemos de buscarnos con los labios, de mecer el rostro en las mejillas, de olvidarnos del tiempo sumergiéndome en tu pelo, tú en mi pecho. Y recorrer con mi dedos sin prisa las dunas que dibuja tu espalda, las selvas de tus rizos, los silencios de nuestros suspiros.

      ¿Y… si te dejas caer esta noche … a perderte entre mis sábanas?

      Luna

      Te llamaré Luna, y te llevaré a los cielos
      para que puedas brillar en lo alto.

      Inventaré para tí, un crepúsculo
      donde todo ser
      se estremezca de tan solo pensarte.
      Serás la eterna amante de piel pálida
      y tu cabello negro teñirá el cielo cada noche.

      Te llamaré Luna, y te vestirás
      con piel de mujer
      para esconderte del mundo,
      tu sonrisa eclipsará a los mortales
      y tus manos gélidas hipnotizarán al tiempo
      para que puedas jugar traviesa

      con los lunares que abrigan mi espalda.

      Te llamaré… Luna

      Eva, eres eva, la primera mujer

      “A Eva, la primera mujer”

      La primera mujer. Eres Eva. La primera mujer para mi.
      La primera en colonizar los valles, los montes, las depresiones.
      Mis ríos y mis mares. Buscadora de tesoros y misterios.
      Aventurera que cabalga a lomos de mi temperamento
      que con las riendas en tus manos azotas mi estremecimiento.

      Eva. Que buscas una excusa cualquiera
      para profundizar en los ecos de mi silencio,
      tejiendo la canción que componemos en nuestros encuentros,
      la que mencionas siempre al recordarlos.

      Eva. Que secuestras el sentido de las palabras
      para elaborar un nuevo idioma, uno secreto
      que ni siquiera tu entiendes
      y naufrago al intentar comunicarme contigo.

      Me dejo llevar y me pierdo en tus adentros.
      No busco cambiarte, no alcanzo a entenderte,
      quiero sin embargo poseerte. Amarrarte a mi sentimiento
      y secuestrarte a la isla de mis anhelos…
      pero acrobática amazona te libras de mis yugos
      y fugaz te escapas de mi.
      Pero incoherentemente me quedo atrapada
      en el mundo quebradizo que dibujas a trazos para mi.

      Eva.
      La primera mujer.
      Podrá haber más mujeres,
      pero sólo una será la primera.
      Eva.

      Noches de diciembre

      Lluvia. Frío. Gente. Mucha gente, mucho frío, llueve. Ahora parece que ha dejado de llover.
      Sé que llegarás y que no querrás besarme, o no lo harás aunque quisieras…Mirarás timida y me abrazarás, me darás dos besos cordiales…pasearemos por la calle, miraremos los puestos…Sonreirás nerviosa si te rozo la mano, si te abrazo…si me acerco a tu cara y el rubor subirá acrecentando tu nerviosismo…Y no me besarás. por la gente, por la gente…la gente que no saben quién eres tú, quién soy yo. Y seguiremos paseando hasta que nuestro breve encuentro termine.
      Te acompañaré, te despedirás…me volverás a abrazar…otra vez tus dos besos cordiales quizás buscando un poco de proximidad al rozar tu cara con la mia y unos segundos detener…Pero no me besarás. Y te irás.

       

      Esto sabe contarlo muy bien Luzia Arae en Tú y yo