Poeshopia

Juguemos a que mis poemas se transforman en reflexiones que atacan aquellos temas que surcan mi mente cuando nadie me ve.

Como chinches

El gran huésped dormido
alimentaba al enjambre humano
que tanto al sol y al no sol
extraían de él el sustento,
sus costras, heridas y erupciones
aún no lo habían despertado
y la plaga, se multiplicaba
se multiplicaba
confiando que el huésped
siempre estaría ahí
dormido.

Pertenece a El Cristal de la Pecera

Qué atrevido ser poeta

Qué atrevido ser poeta
y degustar con los sentidos
y transformar en palabras
el sabor, que las letras no saben
el amor, que las letras no aman
la lucha, que las letras no luchan
y confiar, que al otro lado,
alguien toma las letras
y sabe, ama y lucha.

Qué atrevida la boca apresurosa
que viene a perder el juicio
en su te entiendo, yo también,
se equivoca.

Y también yo que propago el viento en versos
con mis pensamientos, reflexiones y recuerdos
a quien no los tuvieron,
a quien mi mente no roza,
a quien mi cuerpo no goza.

Y enjuagado, cada uno en su propio embeleso
entienda las palabras que escucha
en sus propias noches y no en la mías.

Qué atrevido ser poeta
y pensar que se puede capturar lo efímero
sin ser impreciso
compartirlo
sin ser incompleto
alzarlo sin dañarlo
conservarlo
sin profanarlo.

Que mis tercas metáforas
sean depositarias de alguna remota verdad
y no sólo meras catalizadoras
emitiendo frecuencias
que nos hacen creer que todos
sentimos con el mismo latido.


Pertenece a Desfragmentando

Discontinuos

Discontinuos, un poema inspirado en el postulado de Max Planck en su Teoría de los Cuantos

 

Así es estar contigo
dis-con-ti-nuo
como un quantum
el afecto, el amor
no son ondas constantes
llenan in -ter-mi-tente-men-te
con sus breves, imperceptibles, descansos.

Nos dibujaron amores analógicos
continuos
que nos llenaban sin descanso
pero somos digitales
discontinuos
unos y ceros
activados o no
emitiendo pequeñas radiaciones afectivas
que percibimos de forma continua
como una una onda

Hasta que el amor
comenzó a parpadear
como un estrobo
entonces empezamos a percibir
sus ceros, sus largos ceros
y comprendimos que amar
que amarnos
era discontinuo.

Poesía pertenenciente a Amor Cuántico

Incertidumbre

Poema inspirado en el principio de incertidumbre de W. Heisenberg

Exacto era un mal
las matemáticas nos contagiaron
aproximado, de vagos
cerca, carente de interés,
intuir sólo para lo efímero, lo circunstancial

Y tú y yo
nos hacíamos una idea aproximada
las palabras no nos alumbraban aún
¿en qué punto andábamos?
y exacto empezó a ser una obsesión
un objetivo, una necesidad.
Era preciso preciar.

Entonces llegaron las palabras
con su luz
su mutadora luz
que todo lo cambiaba

La infinidad se alzaba como un muro
y finito era un lugar al que no queríamos llegar
un río de letras, axiomatizar
nos obligamos
anhelando rigor
encajamos las piezas a la fuerza
de cualquier forma

La incertidumbre nos hacía sentir inexactos
pero no podíamos ver sin cambiar
y cuanto más exactos
más sabíamos
más pares
más unidos
pero menos nosotros.

 

Poesía perteneciente a Amor Cuántico

Soy mujer

Soy una mujer. Una mujer. Una mujer. Una mujer.

¿Qué coño significa ser / una / mujer? Sé por qué pienso que soy una mujer. Aunque realmente me da bastante igual la palabra aunque no tanto la partecilla esa de ser. Pienso en los órganos sexuales. No en el sexo, aunque todo esté íntimamente ligado. Sino en los órganos que utilizamos para ejecutarlo, organos sexuales,

¿Acaso cuando afirmo sin pestañear que soy una mujer, estoy diciendo algo diferente a que biológicamente estoy dotada con los genitales que corresponde a la hembra de nuestra especie, es decir, la persona encargada de gestar un feto en su interior en el caso de culminar con éxito la operación de ser fecunda en el proceso de la reproducción? ¿Algo así como que el hombre es el macho de dicha especie?

Y si estamos hablando de reproducción ¿Es porque estoy pensando que estoy destinada a ser madre?¿Mi identidad está formada en base al recipiente en el que poner la semillita? ¿O es otra cosa?Mujer… ¿Cuántos matices entrañarían entonces el concepto de “ser mujer”? ¿Qué me definiría como tal y qué me haría dejar de serlo?

Desde pequeños, se nos enseña que el ser humano, cuando nace, puede ser niño, cachorro de la especie humana destinado a ser hombre, o niña, cachorro de la misma especie destinado a ser mujer. Macho y hembra respectivamente. Se encasillará en una de las dos categorías antagónicas según la forma los genitales. Las demás varibles de genitales que no se ajustan a los estereotipos marcados se contemplan como anomalías, se invisibilizan o convierten en mitos. Forzando a que los cachorros deban ser reasignados socialmente a las categorías excluyentes anteriores con el fín de ser integrados en la sociedad dicotómica, aunque no les representen. Nos dicotomizan en estas dos únicas variables consideradas los prototipos de infante correcto, ejemplar, válido.

Válidos para procrear, digo yo. Válidos. O presumiblemente válidos. Destinados a la procreación.

Aunque, un momento, si no procreo ¿dejo de ser válida? Si me parezco al prototipo, pero no puedo procrear ¿no soy válida? Si mis genitales no se pueden identificar con ninguno de los dos prototipos de forma excluyente ¿no soy válida? Si mis genitales han sufrido alguna mutilación, modificación, extirpación, enfermedad, mutación ¿no soy válida?

Instinto femenino. Siéntete mujer. Sé una mujer completa. Me siento muy mujer. Me gusta ser mujer. ¿Qué mierda es esto? ¿hasta qué punto “ser mujer” afecta a mi personalidad? Hasta qué punto el sexo genético me identifica, me define, dice algo más de mi de mi condición de hembra? ¿dónde empieza la identificación como hembra más allá del instinto de procrear?

¿Por qué cuando digo soy una mujer internamente siento rechazo?.¿Por qué no me siento para nada identificada con el estereotipo de mujer? No me siento una mujer, aunque sé que lo soy, no tengo duda. Lo que no siento es que esto me haga diferente a si fuera un hombre o alguna categoría no estereotipada. Sin embargo, las connotaciones son diferentes. Bien diferentes. Pero no lo somos. Siento que toda diferencia, los prototivos, los estereotipos son externos a uno.  En este punto creo que sí nos diferenciamos de los animales al completo. Una parte, a la que llaman racional, nos excluye, nos hace creer que somos diferentes y una vez que lo creemos, ya no somos los mismos. Nos convertimos en diferentes.

Priorizar la vida

El infinito azul
en un epicentro transversal
el ombligo conectado con el interior
y el exterior.

Morirse una vez al mes
con las gotas cayendo hacia atrás
una sinalefa de dedos posándose en mi yo desnudo
la memoria de los que no nos quieren hoy.

Saltando genocidios en nuestras manos
para exterminar todo el mal
que la lluvia no ha dejado marchar.


El autoostracismo defensivo
la avalancha de excusas no pronunciadas
colmando las paredes de una cabeza espandiéndose
tras el pequeño bang.

Vertedero dando de mamar sangre de la herida abierta
labios plegados balbuceando entresijos
partes todas excretables que me nacen muertas
gritando por todos los hijos no natos que he deshechado


Enfermar de luna, en la lluvia.
Agrandarse mi vientre
enlazado a las olas
la danza oscura de las que nos llaman brujas
el romperse sin dejar la piel que hemos cambiado.

La mutación oscilante que vertebra la continuidad
aletargados pisando la viscosidad que precede a la extinción.

Lobotomía social sembrando playas de plata
que nos hagan arrojarnos a perder la cabeza.

Una plaga inerte que nos asolará,
intermitentemente, en el juego de los contrarios
la partida binaria del tú, contra yo.

Fármacos, esbirros perennes
laureando en vena
la espiral giratoria que coloca la aguja
siempre en el mismo lugar.

La tempestad cautiva,
aguijón de cristal,
frágil y letal
vulnerabilidad estigmatizada
del león enjaulado.

El hilo que escribe la eternidad
nos lanza acertijos experienciales
clamando priorizar la vida
aullan las entrañas clamando
priorizar la existencia
conquistar.

Amnesia selectiva

Recordar con la fuerza de los elefantes contruye muros de hormigón en los que guarecerse cuando la sirenas canten, cuando los sunamis bailen, cuando Tokio empiece a temblar.

Abremos oído miles de consejos de cómo aprender a dejar de ser inocentes, a que construyamos la casa perfecta que ningún lobo pueda derruir, a consta de nuestro limitado tiempo. El tiempo que algunos miden en longanizas, creyéndolo eterno, creyendo que las oportunidades estarán esperando pacientes a que terminemos la casa correcta, segura, ideal, donde ningún mal vendrá a estropear la  vida perfecta que los oráculos baticinaron como destino estándar.

Desajustar las manecillas para que no vayan al coro uniforme dirán es síntoma de enfermedad cardiaca de asincronía social. Transtorno inadaptativo crónico de difícil curación a evitar, forjando a fuego una instrucción ejemplar. Instrucción que algunos valoran en libros, creyéndolo libertad, creyendo que abriendo escuelas la nemotecnia los mantendrá a salvo, con el vaso lleno, donde nadie podrá iluminarnos más allá de lo que dictan los textos ya escritos.

La línea curva que junta la inexperiencia inocente con el saber de la vida, me invita a rechazar el fruto de la sabiduría y a desarrollar amnesia selectiva que me haga olvidar el riesgo, la seguridad, la certeza, lo correcto.

Porque ¿quién quiere estar escondido cuando lleguen los girasoles, el amarillo infinito que llene el horizonte?

Elegir

Esos momentos en los que, sobre nosotros, caen las oportunidades

y antes que desaparezcan como pompas de jabón en el suelo

debemos rápidamente saber elegir con presteza

y elegir

no siempre

es fácil.

¿Quién sabe qué otras oportunidades nos hubieran llevado dónde?

Los futuribles, mejor para las fantasías y para alimentar la creatividad

las opciones que elegimos libremente

indiferentemente dónde nos lleven

que no pesen como losa

sino como recordatorio

de que aún hay trazas de vida

donde podemos saborear la libertad.

Óbice epicúreo – Entendernos

He visto pasar el tiempo y temor a que todo se marchite. He visto como se marchitan los seres vivos. Lo floreciente comido por los insectos. La selva devastada por los humanos. Los humanos contra los humanos. Los mismos humanos que se marchitan inevitablemente, como el resto de seres vivos. Y otra vez, el renacer de los floreciente.

He visto los ojos del caos en cada decisión del destino llevándose todo a su paso. He visto temblar hasta el más fuerte, el más poderoso y más preparado en manos de Fortuna. El guión desaforado que no pretende complacer a ningún público. El exterminio y la supervivencia como alteregos de una historia sin protagonistas en la que todos son prescindibles. Y he visto en el caos los ojos de la felicidad, ajena a todo lo demás, incluso a su naturaleza efímera aniquilando cualquier discurso pesimista.

Sí. El viento aveces se mueve en dirección contraria, el agua se estanca, los árboles que volverán a florecer parecen secos, la humedad se hace fuerte , el polvo se acumula, los insectos dejan larvas que nacerán cuando ellos hayan muerto, el fuego quema y el frío hiela.

Sí. Lo sé. Hay brazos que no saben curvarse para dar un abrazo, flores que no pueden crecer porque han nacido en una maceta, niños que no han conocido a sus madres que no están muertas, crías de seres vivos expuestos en vitrinas castrados para ser aceptados como posible objeto a comprar, lluvia que devasta y calor que deshidrata.

Sí. Lo sé. Aveces nos alejamos de quien más queremos y mantenemos a los enemigos cerca. El afecto se está capitalizando. La palabra imponiendo sobre el sentimiento. Las descripción sobre la acción. Sensacionalismo sobreexplicativo. Cómplices convertidos en verdugos. Transacción mecánica de afectividad.

Tu voz no se apaga mientras forme un agujero para seguir diciendo lo obvio pero ese no es el problema, sino conseguir entendernos.

No. No hablo del verde amapola que se hace azul cuando las náyades están frías de tanto aterciopelar la hégira de las hespérides que vinieron a prevenir el bamboleo platónico de la precesión de los equinoccios. La masculinidad líquida que va evaporándose en su álgido punto vernal.

No. No hablo tampoco de la telaraña telúrica del phi en una continuidad retiniana que nos haga ver un círculo perfecto allá donde sólo se acumulan pequeños puntos. El isomorfismo que nos convencerá de que vemos lo que realmente no existe y nos hará discutir y matarnos por la refracción azarosa que trapacea trocando el cielo de azul.

El Óbice epicúreo es no hablar el mismo idioma.

 

 

 

 

La hegemonia del tiempo

La hegemonía dice que el tiempo
va hacia adelante en forma lineal
y que es posible medirlo.

Consensuemos un ciclo,
una medida estándar,
dividámoslo en porciones,
cada vez más pequeñas,
y apliquemos dicha medida
a la durabilidad de las cosas,
y, también, de las personas.

Ahora, de verdad,
estamos definiendo el tiempo.
Y como animal, ser humano, o mero ser productivo,
en la estructura jerárquica que establece los estereotipos,
seremos encasillados
catalogados en definiciones
delimitadas por espacios de tiempo.

La mutación de nuestra identidad,
y no estado transitorio,
podrá ser consultada y revisada
a través de signos gráficos, cifras,
que se acumulan unidad a unidad
cual manzanas en un cesto.

Y ahí, en el cesto,
la cantidad, siempre creciente de tiempo,
será una nueva excusa para dividir,
etiquetar, reprimir, discriminar y controlar.

Taxonomicemos
la equidistancia perfecta del ser ideal
organicemos al conjunto de la población
en torno a este parámetro,
observemos la desviación típica
que nos dirá el grado que nos aleja del ideal,
como objetivo a alcanzar
o privilegio perdido.

Antagónico y versátil,
el trampa-disfraz
será el nuevo ardid del imperio
inventando ungüentos y estrategias milagrosas
para desafiar las leyes que dicta
la hegemonía del tiempo.
El hedonismo,la nueva tierra prometida
la inercia,
destinar el fruto de nuestras plusvalías
a alimentarlo
la costumbre,
convertir en descartes
toda muestra visible de lo contrario.

Rindamos culto
todos unidos
a la efímera porción de tiempo.

Poesía perteneciente a Poeshopia


Tranquilidad

Texto perteneciente a Poeshopia

Quizás,
un estado de sosiego y tranquilidad
sería ahora lo más deseable
saber con exactitud
cómo será el final de la jornada
sin sobresaltos,
sin conflictos,
sin discusiones
t r a n q u i l i d a d.
Un silencio mudo que solo tú puedas alterar.

Una estancia completa.
Llegar, cada tarde soleada, a presenciar
la cinematográfica escena perfecta
de un rayo de luz posándose en las cosas,
las cosas que permanecen exactamente en su lugar
revelando cuantos días hace que no se retira el polvo.

Dormir,
en el lado exacto de la cama,
con la absoluta certeza de que la manta será nuestra.

Abastecer nuestras aficiones
dejarse volcar en la marejada de nuestra inspiración
sin reservas,
atravesar el umbral del tiempo
transgredir sin pudor lo decentemente aceptado.

También, cultivar un jardín en nuestra agenda
a fuego lento,
sin consenso,
sin acuerdo,
sin límites
sin sexos
o aprender el noble arte
de estar
solo.
T r a n q u i l i d a d.

Disfrutar de la tranquilidad
siendo
uno
mismo sin reservas
sin quejas,
sin problemas.

Sin embargo,
el estado inherente al que me empuja mi querencia
es volverme a enamorar
pero no a enamorarme apaciblemente, no
sino a caer en la locura

despersonalizar hasta la obsesión
las mariposas tejiendo vacíos
no recuperar el aliento
la abrasadora inercia de caer al vacío
sin red, sin freno, sin control
abandonar la lógica, la razón
la droga venenosa que nos haga morir de amor,
un deleite suicida, masoca, indecente
buscar la agonía
chocar contra el muro
abrasarme
inmolarme
el dulce infierno

sabiendo que,
                       inevitablemente,
                                                 enamorarme
                                                                     alterará toda
                                                                                          t r a n q u i l i d a d.

Incluído en el poemario La coleccionista de Azules

 

La piel que me define

I

Los ojos, nariz, orejas, boca

esta máscara que delimita

este final de mi

me define

La piel que me encierra

me pone límites

me dice hasta aquí

me define

No conozco cómo soy de verdad

la parte que en si, sí soy

que existe.

Torrente introspecto

ecomundo bacterial y conectivo

pulsiones migratorias

trazando rutas infinitas

el musico-ritmo interior

que mi yo automático, no consciente

domina

y yo olvido.

Pero más allá de la máscara

lejos de mi finita presencia

extendidos en mi no ocupación

receptáculos y elementos

toman mi identidad

la vierten sobre si

y al igual que yo no soy ellos

pero son yo,

ellos dejan de ser ellos

y me definen

y son más yo, que yo misma.

 

II

 

Tú. Máscara que te posas en mi exterior

que envuelves mi rostro y aprietas contra si

verduga omnipresente

que plegándote orquestas los días de mi calendario

eres tú, pero no eres tú

cadencia irremediable abrasiva

predominancia ciega

de las grandes esferas danzantes.

 

III

 

Arrojar al suelo el espejo

no le hace falta hablar

ya sé la respuesta.

Mil pedazos la repetiran

y seguirá siendo mentira

y no será hasta mañana

que me daré cuenta

mientras mastico

otras afirmaciones falsas.

 

Explorarme externamente

ardiz con el que perder el tiempo

neblina visual informándome

qué límites nos definen

mirarnos

mi cobertura externa

colisionando con la tuya

ahora entiendo los límites

las máscaras, los disfraces

pero mi contorno

brevemente es invadido por los poros

la electricidad vital que se transmite

de un cuerpo conductor a otro

viaja de tu mano a mi mano

y yo que no entiendo, ni veo

ni sé diferenciar qué soy yo,

más allá de esta cubierta

ahora que entra, algo en mi

que es tuyo o viene de ti

Un vibrante rayo eléctrico

que no le detiene mis limites

que no le detiene los tuyos

¿Somos parte de la misma energía

en dos recipientes compartimentados

distintos o simplemente meros conductores

de algo que no es tuyo y no es mío

pero que a ambos nos conoce por dentro

mejor que nosotros mismos?