LAURA MEQUINENZA

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Terapias conductuales

La terapia de la conducta se basa en la evaluación de los problemas psicológicos funcionales ya sea por exceso, deficiencia o inadecuación y las operaciones terapéuticas necesarias.

Actualmente, debido a la crisis diagnóstica tras la publicación del DMS-5, acucia más la necesidad de priorizar un enfoque transdiagnóstico sin echar por tierra todo el trabajo acumulado aportado por la tendencia clásica del enfoque categorial.

Las categorías diagnósticas siguen vigentes, pero la terapia de la conducta no para de evolucionar tratando de buscar conciliar estos dos enfoques. Tanto para garantizar un enfoque dimensional transdiagnóstico como la contextualización de las categorías clínicas ya que éstas última corren el riesgo de desvincularse y acabar en contextos inapropiados de forma no funcional . Una vía podría ser asociar las principales categorías diagnósticas clásicas con dimensiones transdiagnósticas, ya que a la práctica, parece que el enfoque transdiagnóstico o no está bien desarrollado o se queda flojo al no contextualizar.

  • Enfoque Transdiagnóstico: En lugar de centrarse en lo específico y diferencial de cada uno de los transtornos, la atención se localiza en lo que tienen en común, en los procesos psicológicos que subyacen a muchos de ellos .
  • Enfoque Categorial:Uso de unas cuantas categorías diagnósticas claramente diferenciadas unas de otras .

Dentro de las terapias conductuales diferenciamos 3 generaciones.

  1. Primera generación: Terapia de conducta original (1950), centrando la atención en la conducta externa.
  2. Segunda generación: Terapia cognitivo-conductual, que dominaron la escena desde finales de los 70, hasta la aparición de las terapias de tercera generación, que pone el énfasis en la cognición.
  3. Las llamadas Terapias de tercera generación, que aparecieron a finales de los 90, que ponen el énfasis en el ambiente, el contexto verbal del yo y la relación clínica como contexto del cambio terapéutico.

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