Soltar lastre

Después de hacer un viaje siempre vengo renovada. Este año lo necesitaba, necesitaba enfocar.  Demasiados proyectos a mitad esperado una oportunidad. Demasiada gente robando energía , restando en lugar de sumando. Sentirte en una espiral que te atrapa y aunque quieras escapar, no hay forma. Así que tomar distancia, es mágico. Coges el coche, y cuántos más kilómetros haces esa fuerza que te empujaba a la espiral desaparece, sin más. Mientras estábamos en un loco viaje sin destino, improvisando ruta, sin planificar mi vida aquí, en Dénia, había dejado de existir.

Siempre me ha sorprendido esa capacidad del ser humano para sentir el presente, para una vez cambia de escenario este nuevo momento es ahora. Las ciudades, las personas, cuando te alejas, cuando cambias de lugar, dejan de ser ahora. Sin embargo cuando no te mueves, tu ahora se prolonga tanto el tiempo, que pasan años y sigues en ese ahora atemporal que te atrapa. Y quizás por eso es difícil proyectar hacia el futuro, o mirar con perspectiva.

Así que siempre que la ciudad me atrapa y me asfixia necesito escapar, con verde, con baños milagrosos en agua dulce o salada. O alejándome lo más posible. Y el norte tiene todo eso, es verde, lleno de pozas, ríos y está lejos. Y me cura. Me hace sentir esa energía que tanto me caracteriza, me carga las pilas, para comerme el mundo. Y todo se relativiza, vienen a mi tantas ideas, tantas cosas que puedo hacer, un torbellino de oportunidades que sembrar y entonces todo es posible.

Estaba mirando el verde, una pradera enorme y mientras mi hermano dormía yo no tenía prisa. Estaba allí. Agusto. Como en una postal. Mirando como las flores se balanceaban a un lado y a otro, como los bichitos iban de una a otra flor. Y yo simplemente sentada inclinando la cabeza a un lado y a otro para que los rayos de sol incidieram de una forma concreta. Me quería quedar en ese momento, en ese lugar.

Y pensaba, porque eso no puedo evitarlo, de cómo alejarme de ese ahora atemporal me acercaba a mi vida, mi vida de la cual hace tiempo me sentia tan lejos que en cierta medida había condenado a mi pasado a tantas personas…y en ese momento todas eran presente, o posible presente y quería ver a todo el mundo, ir a todas partes.

En cierta medida llevo un tiempo paralizada, tanto que he estado una larga temporada sin apenas relacionarme afectivamente con las personas. Y aunque estaba tranquila, este año básicamente ha sido un año de tranquilidad, me faltaba emoción. Y yo que siempre he sido más de quemarme, me faltaba esa llama que te precipita a seguir adelante para seguir ardiendo. Estoy saliendo de ese estado de quietud, alejamiendo, de asexualidad y el viaje ha sido un buen catalizador para poner todo en su sitio.

Al volver del viaje, lo que más claro tenía es que no quería volver a caer en la espiral, así que es momento de dejar atrás las cosas que no sólo no me aportan, sino me hacen caer en una apatía, en un presente atemporal infinito que no me deja avanzar. Y soltar, sienta mucho mejor de lo que una se cree.

Otoño es para cogerlo con ganas, lo difícil es cuando llegue el frío y me coloque en diciembre sin motivación. Ahora hay que coger carrerilla, avanzar con fuerza para que luego nos lleve la inercia. Cada año es así, que la inercia me haga llegar lejos, sin desmotivarme.

Anímate y deja tu comentario!