crisálida

Soneto a mi crisálida

Es aveces cocinarse tan lento
estando dentro de la crisálida
el rumor, echas de menos, del viento
y flotar sobre flores ingrávida

Metamorfosis: inmóvil me siento
anhelando transformarme rápida
aleteo inquieta este sentimiento
de quedarme sin alas, inválida.

Mis matices se pintan poco a poco
mis cicatrices lentamente borro
de todo lo malo ya no hay recuerdo.

Se están volviendo más largas mis alas
y está creciendo mi sonrisa ansiada
sueños, con que alzar el vuelo, remiendo.

Poesía a mis 3 fantasmas

– I –

Evitaba mirarme de frente

para ver sólo

el lado gata de mi cara.

Enfundaba el trigo

y disparaba,

sin haber cargado las balas.

Sabíamos

que no íbamos a combatir

posiblemente,

sólo fuera un fantasma

del cuento de Dickens.

Los ojos le borbotaban

y en su boca

yeguas tristes

disfrazadas de panteras.

Paseamos por mi mente

la desordenamos,aún más,

(si aquello era posible).

Con su varita transformó

mis tábanos en mariposas,

y sentí vergüenza de todavía

llevar tábanos encima

y sentí vergüenza

de tener vergüenza

y pensé

que todo era demasiado estúpido

y que era momento

de dejar las vergüenzas

y los tábanos.

Como las niñas

que se disfrazan de princesa

se desvaneció en la madrugada.

Ahora quedábamos

mi otro lado de la cara y yo

mirando los agujeros cosidos

y recosidos

de mis nuevas alas,

quizás era el momento

de volverse a meter, otra vez,

dentro de la crisálida.

-II-

Sostenía en la barba

un palmo de golondrinas

que le enfurecían el gesto

con el que me dedicaba

una manada de lagartos.

Nos limitaban

los espejos y las aguas

y despertaban

pequeñas criaturas

acelerando el momento

en el que debería marchar.

Sobre el mapa estratégico

derrumbó todas las defensas

las que, me mantenían a salvo.

Trazó una ofensiva

de leones plumados

y jirafas albinas.

Tales bestias

las desconocía

mas no quería despreciar

la tinta,

del plan maestro.

Nos envolvía

una bruma de confusión

donde cada paso

nos desacercaba

y cada letra

era barro.

Finalmente,

recogí todas las fichas

y algunas anotaciones

escritas en los márgenes.

Haciendo una bola

los cargué a mi espalda.

Con sus largas alas

me ayudó a subirme

en la ola que me alejaría.

No sin antes llenarme los puños

de flechas y garbanzos

que me trajeran de vuelta.

Sobre la espuma

miraba las nubes

como un lugar apetecible

lejano

pero agradable.

Tal vez las visitara

cuando me crecieran

las alas.

-III-

< No le digas a nadie dónde está este sitio

no me gustaría que se llenara de anfibios >

Aún, el futuro

nos quedaba grande

pero no por ello

dejamos de mirar

los posos del té,

yo me pedí,

los que llevaban azúcar.

La tarde

nos lanzaba antisépticos

para que el frío

tardara en echarnos.

Él, establecía distancias

desde las que saltar

en una competición desigual.

Yo cortaba cintas

o pasaba por debajo

de todas las vallas.

El cronómetro marcaba

el orden equivocado,

sólo me preocupaba

olvidarme

de las recetas milagrosas

como la que hace crecer rosas

en macetas de barbitúricos

o la que dora el carácter

a los cangrejos.

Con el miedo de convertirme

en un crustáceo

al que le amarga un dulce,

barrimos la acera

prometiendo quizás

volver a devolverla, algún día.

Hasta entonces,

con pétalos de luna

y polvo de paso decidido

me remendaría a mi misma

a ritmo de lengua

de gato lame-heridas.

-IV-

Alzaría el vuelo

pronto,

de eso estaba segura,

sólo necesitaba

descansar en mi capullo

mientras mis remiendos cicatrizaban.

Convencida

de que no sería

tampoco esta vez

mi última transformación.

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Diciembre del 2014 – Los 3 fantasmas de Dickens

El último fin de semana del año me han venido a visitar mis tres fantasmas, no los de las navidades, sino los de la poesía en mi vida, aunque no deja de tener gracia que hayan aparecido por estas fiestas, dotándoles aún más de ese aire de cuento de Dickens, lo que me ha hecho escribir un texto que seguramente incluya algún día en un poemario aunque nadie lo entienda.

El primero, vino de madrugada, a la hora bruja, con unas cervezas entre las manos. Me habló de la suerte de ser una persona desarraigada, la libertad y fortaleza que me viene heredada de mi experiencia. De lo innecesario de los amigos con mayúsculas. Hay quién dice que de media cada persona recorre/conoce 12 ciudades en su vida, los hay quién no paramos de dejar ese número atrás. Hablamos de mi pasado, de cómo Madrid me ha marcado y recordamos juntos muchas historias de ese pasado que forma parte de mi fuerte vínculo a la poesía. Antes de que me apadrinaran y empezara a recitar, yo sólo escribía para mí. Hace tiempo que ya no sé si escribo para mí o para una voz que igual algun día me escucha. Me preguntó por las metáforas, por qué la gente ya no usa metáforas. Y me acordé de cuando yo escribía con metáforas que nadie entendía, en qué momento las metáforas dejaron de abundar en mis escritos. Recientemente me desperté con una imagen en la cabeza y posé algunas letras sobre lo que me hizo sentir. Y varias ideas que pululan por mi mente, que tras echar una vista al pasado, parece que empiezan a asentarse y tomar forma. Me dijo que debo creer más en lo que hago, aprender de lo que hago, tomarme en serio lo que hago… ¿Por qué no pruebas a memorizar tus textos y mirar a la gente y apagar fuegos incendiarios? Mientras me titubeaba la voz, me di cuenta que mis mismos miedos y errores en la fotografía, se materializan en cualquier campo de mi vida. Lo correcto, lo que esperan, lo que siento y lo que quiero hacer. Las tres dimensiones que pelean en mi cabeza, hasta que no rompa con mis miedos, seguiré atada con un pie en cada pata y nunca conseguiré avanzar en ninguna dirección.  Además, admitámoslo, las normas no comulgan mucho conmigo, basta saber que es una regla formal y me sentiré fuertemente tentada a no intentar cumplirla. No obstante mi Pepito Grillo cada vez tiene una voz más adulta, y me cuesta no escucharle. No me preocupa tener dilemas, pero a menudo me veo volviendo a la casilla de salida, y empiezo a sospechar que es un mal hábito que he cogido en algún momento. Llevo dos años para hacer un poemario en una editorial que probablemente cierre antes de que decida a mandarles nunca nada. Mi primer fantasma sonreía cómplice, le divertían mis 32 años de cabriolas desordenadas, para él el éxito no era el papel, tanto daba el medio, lo importante es llegar al público, ya sea virtualmente, por escrito, recitando en un bar o escribiéndolo por las calles. Como a un cachorro, me miró con ternura y se despidió alzándome varios metros sobre el suelo. Desde arriba me pesaban muchas estupideces que no sabía que pesaban tanto hasta que no me vi cargando con ellas.

fantasma de la cerveza

El segundo fantasma asomó la cabeza de madrugada, pero no habló conmigo hasta que me vio despertarme por la mañana. Me ofreció un desayuno de esos que tanto me gustan con pan tomaca y mientras me desperezaba me habló  firmemente. Mientras, un árbol salió para saludarme desde un libro. Me reafirmó la importancia de las palabras, de los viejos autores, de saber, de leer. Ahora todo el mundo escribe sin metáforas. Las metáforas otra vez. Un poeta debe dejar reposar su escrito, revisarlo pasados unos días. Utilizar también un lenguaje que no lo dé todo dado, que lo insinúe, pero que el lector pueda llegar a él. La forma y el contenido, mi nuevo fantasma era riguroso y huía del “todo vale”. El talento hay que estudiarlo y trabajarlo. No sólo hay que ser bueno, hay que intentar serlo más. Un texto bueno trabajado, diferenciará al aficionado a escribir del que podrías llamar poeta. Me observaba serio, con el ceño fruncido. Sentía que tenía que demostrarle algo. Me miró a los ojos, y me preguntó si había publicado algo, pensé en mi poemario inacabado. Para mi segundo fantasma, el éxito está en lo selecto, no en lo que gusta a la mayoría. Sé bueno, no hace falta publicarlo en un libro o en internet. Haz algo que merezca la pena y que tenga sentido que lo muestres al mundo. A medida que hablábamos me sentí pequeña, muy pequeña, y vi el mundo enorme y hostil. Como un pequeño insecto me alejé mientras él me animaba a seguir creciendo y luchando. Desde mi condición minuenda me pesaban mis palabras, mis ideas, mis creencias.

Apenas llegué a mi casa y terminé de comer, a la hora que me llamaba la siesta, apareció el último de mis fantasmas. Que decidió aunar mi futuro y mi pasado en un decorado retro que se me antojaba el escenario ideal para mis recitales o mis sesiones. Mientras tomábamos un té, tras analizar sintomáticamente las desventuras de la dependencia, recorrimos los pasos que vendrán tras de mí. La línea que atravesaremos esta noche para empezar la cuenta atrás de lo que llaman el porvenir. Le hablé de mis planes de escapar a un Barcelona idílico donde aspiro a desarrollar un vuelo raso que me haga saltar una y otra vez en las nubes. Pienso mucho en eso y me hace sentir bien pensar en una nueva etapa, cuando Barcelona me acoja, cuando la descubra, cuando me pierda en sus calles y me sienta llena de vida.  Me miraba cómplice pero desconfiaba de mi y me invitó a acostarme cada noche con un poeta muerto nuevo. Él también me habló de las metáforas, del uso del lenguaje, hablamos de ciervos azules que copulan. Definitivamente las metaforas tenían que volver a mi vida. El carpediem se sentó con nosotros y mi tercer fantasma lo miraba a partes iguales con admiración y con recelo. Dialogábamos sobre la prioridad de satisfacer necesidades prevaleciendo sobre la ambición, vivir la vida mientras pueda, disfrutar de la poesía. Disfrutar, al fin al cabo se trata de eso, de vivir las cosas de la forma que te hagan disfrutarlo. Probablemente grandes genios disfrutaban componiendo poemas con la misma locura con la que hago yo mis fotografías. Justo, la semana anterior, había estado trasteando con mis poemas y eso me acercó más a ellos, y menos al momento que los escribí.

(Uno de mis problemas con los poemas es que siempre había tenido una superstición en la que no debía alterarlos, los sentía adulterados. A raíz de hacer poemas inventados, al estilo el árbol, esa superstición se me fue disipando, sin embargo me costaba mucho alterar los textos.  En el último año cada vez he profanado más textos míos, y cada vez me gusta más hacerlo. Pero cierto remordimiento me evita hacerlo tanto o tan intensamente como debería. Algunos de mis textos andan inacabados esperados que un golpe de cordura venga a rearmarlos y finalmente darles el toque de gracia que les haga salir a la luz)

Mi tercer fantasma, con esa mezcla entre erudito y friki costroso, me hizo comprender que,  mi personaje lo voy creando yo, y que simplemente debo asumirlo.

No tengo que llegar a ser ningún consenso con nadie para explicarle por qué debo hacer o no hacer las cosas. No tengo que convencer a nadie que mis textos tienen o no la calidad que sea pertinente. Mis textos son parte de mí, y deben ser una prolongación de mi, como mis fotos, como mis ideas.Y alterarlos y reconstruirlos tantas veces como crea conveniente, como hago conmigo.

Últimamente me siento inspirada, constantemente me vienen frases a la cabeza, aunque la mayor parte del tiempo no puedo pararme a escribirlas. Me gusta esta sensación, espero que me dure. Mi tercer fantasma salió corriendo en la noche mientras se despedía de mí con un abrazo, volveremos a vernos, o no, pero mientras volaba sobre el asfalto sentía, que una vez más, estaba renaciendo y que empezaba un capítulo nuevo.