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Diciembre del 2014 – Los 3 fantasmas de Dickens

El último fin de semana del año me han venido a visitar mis tres fantasmas, no los de las navidades, sino los de la poesía en mi vida, aunque no deja de tener gracia que hayan aparecido por estas fiestas, dotándoles aún más de ese aire de cuento de Dickens, lo que me ha hecho escribir un texto que seguramente incluya algún día en un poemario aunque nadie lo entienda.

El primero, vino de madrugada, a la hora bruja, con unas cervezas entre las manos. Me habló de la suerte de ser una persona desarraigada, la libertad y fortaleza que me viene heredada de mi experiencia. De lo innecesario de los amigos con mayúsculas. Hay quién dice que de media cada persona recorre/conoce 12 ciudades en su vida, los hay quién no paramos de dejar ese número atrás. Hablamos de mi pasado, de cómo Madrid me ha marcado y recordamos juntos muchas historias de ese pasado que forma parte de mi fuerte vínculo a la poesía. Antes de que me apadrinaran y empezara a recitar, yo sólo escribía para mí. Hace tiempo que ya no sé si escribo para mí o para una voz que igual algun día me escucha. Me preguntó por las metáforas, por qué la gente ya no usa metáforas. Y me acordé de cuando yo escribía con metáforas que nadie entendía, en qué momento las metáforas dejaron de abundar en mis escritos. Recientemente me desperté con una imagen en la cabeza y posé algunas letras sobre lo que me hizo sentir. Y varias ideas que pululan por mi mente, que tras echar una vista al pasado, parece que empiezan a asentarse y tomar forma. Me dijo que debo creer más en lo que hago, aprender de lo que hago, tomarme en serio lo que hago… ¿Por qué no pruebas a memorizar tus textos y mirar a la gente y apagar fuegos incendiarios? Mientras me titubeaba la voz, me di cuenta que mis mismos miedos y errores en la fotografía, se materializan en cualquier campo de mi vida. Lo correcto, lo que esperan, lo que siento y lo que quiero hacer. Las tres dimensiones que pelean en mi cabeza, hasta que no rompa con mis miedos, seguiré atada con un pie en cada pata y nunca conseguiré avanzar en ninguna dirección.  Además, admitámoslo, las normas no comulgan mucho conmigo, basta saber que es una regla formal y me sentiré fuertemente tentada a no intentar cumplirla. No obstante mi Pepito Grillo cada vez tiene una voz más adulta, y me cuesta no escucharle. No me preocupa tener dilemas, pero a menudo me veo volviendo a la casilla de salida, y empiezo a sospechar que es un mal hábito que he cogido en algún momento. Llevo dos años para hacer un poemario en una editorial que probablemente cierre antes de que decida a mandarles nunca nada. Mi primer fantasma sonreía cómplice, le divertían mis 32 años de cabriolas desordenadas, para él el éxito no era el papel, tanto daba el medio, lo importante es llegar al público, ya sea virtualmente, por escrito, recitando en un bar o escribiéndolo por las calles. Como a un cachorro, me miró con ternura y se despidió alzándome varios metros sobre el suelo. Desde arriba me pesaban muchas estupideces que no sabía que pesaban tanto hasta que no me vi cargando con ellas.

fantasma de la cerveza

El segundo fantasma asomó la cabeza de madrugada, pero no habló conmigo hasta que me vio despertarme por la mañana. Me ofreció un desayuno de esos que tanto me gustan con pan tomaca y mientras me desperezaba me habló  firmemente. Mientras, un árbol salió para saludarme desde un libro. Me reafirmó la importancia de las palabras, de los viejos autores, de saber, de leer. Ahora todo el mundo escribe sin metáforas. Las metáforas otra vez. Un poeta debe dejar reposar su escrito, revisarlo pasados unos días. Utilizar también un lenguaje que no lo dé todo dado, que lo insinúe, pero que el lector pueda llegar a él. La forma y el contenido, mi nuevo fantasma era riguroso y huía del “todo vale”. El talento hay que estudiarlo y trabajarlo. No sólo hay que ser bueno, hay que intentar serlo más. Un texto bueno trabajado, diferenciará al aficionado a escribir del que podrías llamar poeta. Me observaba serio, con el ceño fruncido. Sentía que tenía que demostrarle algo. Me miró a los ojos, y me preguntó si había publicado algo, pensé en mi poemario inacabado. Para mi segundo fantasma, el éxito está en lo selecto, no en lo que gusta a la mayoría. Sé bueno, no hace falta publicarlo en un libro o en internet. Haz algo que merezca la pena y que tenga sentido que lo muestres al mundo. A medida que hablábamos me sentí pequeña, muy pequeña, y vi el mundo enorme y hostil. Como un pequeño insecto me alejé mientras él me animaba a seguir creciendo y luchando. Desde mi condición minuenda me pesaban mis palabras, mis ideas, mis creencias.

Apenas llegué a mi casa y terminé de comer, a la hora que me llamaba la siesta, apareció el último de mis fantasmas. Que decidió aunar mi futuro y mi pasado en un decorado retro que se me antojaba el escenario ideal para mis recitales o mis sesiones. Mientras tomábamos un té, tras analizar sintomáticamente las desventuras de la dependencia, recorrimos los pasos que vendrán tras de mí. La línea que atravesaremos esta noche para empezar la cuenta atrás de lo que llaman el porvenir. Le hablé de mis planes de escapar a un Barcelona idílico donde aspiro a desarrollar un vuelo raso que me haga saltar una y otra vez en las nubes. Pienso mucho en eso y me hace sentir bien pensar en una nueva etapa, cuando Barcelona me acoja, cuando la descubra, cuando me pierda en sus calles y me sienta llena de vida.  Me miraba cómplice pero desconfiaba de mi y me invitó a acostarme cada noche con un poeta muerto nuevo. Él también me habló de las metáforas, del uso del lenguaje, hablamos de ciervos azules que copulan. Definitivamente las metaforas tenían que volver a mi vida. El carpediem se sentó con nosotros y mi tercer fantasma lo miraba a partes iguales con admiración y con recelo. Dialogábamos sobre la prioridad de satisfacer necesidades prevaleciendo sobre la ambición, vivir la vida mientras pueda, disfrutar de la poesía. Disfrutar, al fin al cabo se trata de eso, de vivir las cosas de la forma que te hagan disfrutarlo. Probablemente grandes genios disfrutaban componiendo poemas con la misma locura con la que hago yo mis fotografías. Justo, la semana anterior, había estado trasteando con mis poemas y eso me acercó más a ellos, y menos al momento que los escribí.

(Uno de mis problemas con los poemas es que siempre había tenido una superstición en la que no debía alterarlos, los sentía adulterados. A raíz de hacer poemas inventados, al estilo el árbol, esa superstición se me fue disipando, sin embargo me costaba mucho alterar los textos.  En el último año cada vez he profanado más textos míos, y cada vez me gusta más hacerlo. Pero cierto remordimiento me evita hacerlo tanto o tan intensamente como debería. Algunos de mis textos andan inacabados esperados que un golpe de cordura venga a rearmarlos y finalmente darles el toque de gracia que les haga salir a la luz)

Mi tercer fantasma, con esa mezcla entre erudito y friki costroso, me hizo comprender que,  mi personaje lo voy creando yo, y que simplemente debo asumirlo.

No tengo que llegar a ser ningún consenso con nadie para explicarle por qué debo hacer o no hacer las cosas. No tengo que convencer a nadie que mis textos tienen o no la calidad que sea pertinente. Mis textos son parte de mí, y deben ser una prolongación de mi, como mis fotos, como mis ideas.Y alterarlos y reconstruirlos tantas veces como crea conveniente, como hago conmigo.

Últimamente me siento inspirada, constantemente me vienen frases a la cabeza, aunque la mayor parte del tiempo no puedo pararme a escribirlas. Me gusta esta sensación, espero que me dure. Mi tercer fantasma salió corriendo en la noche mientras se despedía de mí con un abrazo, volveremos a vernos, o no, pero mientras volaba sobre el asfalto sentía, que una vez más, estaba renaciendo y que empezaba un capítulo nuevo.

Mira qué luces tan bonitas

¡Mira qué luces tan bonitas!

Sonríes grácil e inocente
se te ilumina el rostro al verlas
miras cómo resplandecen.

Te miro
y no puedo evitar pensar
qué inútiles,
cuánto gasto inútil.

En la cantidad de gente
En las calles
En los bancos
En los cajeros
De día vuelan euros
De noche, camas frías.

La alegría como marejada
Quiere ocultar el gris
Quiere ocultar la depresión
Quiere ocultar los rojos
Quiere ocultar la fantasmas
Quiere ocultarnos a nosotros.

Y mientras la calle brilla,
me pregunto a cuánto cotiza la vida humana.
Y cual será la correlación entre hambre y el progreso
o de la ansiedad y el bien estar
o si puede morir de frustración.

Imagino cuerpos cayendo por la ventana
bocas que no llegaron nunca a tener hambre
que no llegaron a sentir en la costilla el frío
ni saben de esconderse
ni de no tener
ni de mirar el cielo contaminado
antes de cerrar los ojos.
Y que no esperan.
No esperan a hacerlo.

Un embudo, donde cada vez más cosas
donde cada vez menos personas.

En tus ojos veo el azul cambiar a verde
rojo, amarillo, blanco

No hay dinero dicen
No hay dinero
Luces
Mira qué luces tan bonitas
Luces, dinero, luces.
Dicen.

Cosas inútiles, cosas.
Cosas bonitas, cosas.

Y mientras las manos abarrotadas
Llenan de palabras las ilusiones
por la calle aparece una voz que
llena mi cabeza

Nadie en la calle
Nadie con hambre
Nadie Ignorante
Nadie Ilegal
Nadie Sufriendo
Nadie callando
Nadie normal
Nadie más que nadie
Nadie, nadie, nadie…

Mira qué luces tan bonitas…

Y tú me miras y me dices

Mira qué luces tan bonitas…