Poesía intimista

La herida crónica

Son las lunas que no se ven
las que de forma regular
me desconectan de este razonar
me hacen caer en las redes de todo mal.
Vierten sobre mi vientre gritos
que irán tejiendo una nueva cueva
en la que guarecerme.

Mientras la herida sigue abierta,
Pandora acariciará cada uno de mis pensamientos
le dará de beber agua salada.
Las cuencas desbordarán
en un alud contínuo de roer el llano.

Como parte de la rueda que se pisa a si misma,
la herida que se abre y se cierra,
cada vez dolerá más y se sentirá menos.

Anestesiada la preocupación
dejaremos que las voces agudas
rasguen el tejido conectivo
que separa una vida con otra.
Cada porción de tela
colgando a un extremo
para contar un paréntesis
que se cierra sobre si mismo
para dejar de existir.

Mi nuevo superpoder

No hace falta esconderme demasiado,
la invisibilidad forma ya parte de mí,
puedo ocultarme entre la nieve blanca
posarme como una armiño que ya ha mutado completamente.

Invierno, frío. Que ingenuidad pensar
que érais en sí
la dimensión del olvido,
de la lejanía.

Silencio, oscuridad.
Qué reservado os tenías
los misterios que os transitan.

No. No hace falta esconderme
Tengo poderes nuevos.

La Alacena

Yo no tengo alacena, pero me gusta la palabra,
me gusta tanto que decidí inventarme una, una ficticia,
donde almaceno todo aquello que no puedo guardar en otro sitio.

Y cuando voy, más que alacena,
tengo un auténtico trastero.
Y me reencuentro con las cosas
que siento que ya no tenemos,
y sin querer piso las que creo que compartimos.
Andan por ahí perdidas, sueltas
y tan sucias que es fácil no reparar en ellas.

Alguna vez, he pensado en ir a la alacena y limpiarlo todo
y quedarme sólo con lo que realmente vale la pena,
pero tengo miedo a que el impulso me haga deshacerme de cosas que están ahí,
pero que no sé que aún necesito.
No quiero deshacerme de ellas.

¿Y si rompo o pierdo algo? Algo de esa magia
¿Y si desaparece la telaraña que la sujeta?
¿y si me equivoco y al barrer, la hago desparecer ?

Así que aveces, voy a la alacena, doy una vuelta por allí.
Y curioseo, pero no toco nada,lo dejo todo en su sitio
y confio en que todo está bien y que cuando llegue el momento
sabré rearmar el puzzle de nosotros que aún guardo en la alacena.

https://lauramequinenza.com/videos/la-alacena-micro-abierto-2018/

Polillas

Tengo una yaga en la mano,

una herida que traspasa

de lado a lado, pero no duele.

La piel de mi mano

se ha vuelto fluorescente

y brilla en la oscuridad.

Aveces, se posan polillas

y me lamen los contornos,

se meten dentro

y succionan con fuerza.

Entonces empiezo a sentir un dolor,

un dolor neutro,

que se atrinchera en el estómago

y que me devuelve esa tos asmática y nerviosa

que me hace estornudar todo el polvo.

A menudo les cojo cariño,

aunque duelan

de esa forma escasa, insuficiente.

Pronto llegarán las lluvias

y desaparecerán todos mis parásitos,

con suerte,

habrán dejado huevos

que eclosionen otra primavera.

Hasta entonces,

miraré a través de mi mano,

mi otra mano completa.

Desnudez

-Me gustaría verte desnuda

Y la ropa cayó al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

No. No me refiero a que te quites la ropa y verte la piel.

Quiero verte desnuda,

desnuda de verdad.

Quiero ver lo que te inunda por dentro,

quiero saber qué mueve tus gestos,

quiero perderme en tus historias,

quiero fundirme en las costuras que disimulas con pliegues…

Quiero…

Y la piel se empezó a abrir

a caer del cuerpo por capas

y cada capa era un río de abundancia y sangre

el ansia de conocer más

hacía inevitable devorar cada una de ellas

y cada vez quería más y más.

-No temas. Quiero conocerte realmente.

Es fácil ver a una mujer desnuda,

lo difícil es que se desnude realmente,

que te deje ver lo que tiene dentro.

Y así se volvía a cuartear el tejido

y manaba un torrente infecto,

una cascada de agua estancada

o miles y miles de canicas encapsuladas

que se rompían al tocar el suelo.

-Yo quiero cuidarte. Déjame cuidarte,

déjame mimarte, quiero conocerte toda tú,

destrozar tus demonios,

descubrirte nuevas formas de hacerte sonreír,

no temas, no voy a huir, me interesa todo,

todo lo que venga de ti,

saberte tanto me acerca más a ti.

Me hace quererte más.

Déjame entrar… déjame entrar.

Y en las grietas empezaron a salir los vientos, los ciclones y torbellinos

que tan pronto volaban a los labios

como creaban tormentas.

La carne se tornaba fría y húmeda al tocarla

por muy roja que manara la sangre.

Los ecos que resonaban dentro

tenían voces graves y tenebrosas.

-¿Aún quieres entrar?

En las manos empezaron a caer pedazos mientras abría con cuidado,

quería ver, quería observar, pero no veía nada.

Así que cada vez iba adentrándose más y más,

pero sólo encontró una nada inmensa, un agujero profundo

que no se acababa.

Ya no quería conocer más.

Echaba de menos,

cuando sólo se quitaba la ropa.

https://lauramequinenza.com/videos/desnudez/

Priorizar la vida

El infinito azul
en un epicentro transversal
el ombligo conectado con el interior
y el exterior.

Morirse una vez al mes
con las gotas cayendo hacia atrás
una sinalefa de dedos posándose en mi yo desnudo
la memoria de los que no nos quieren hoy.

Saltando genocidios en nuestras manos
para exterminar todo el mal
que la lluvia no ha dejado marchar.


El autoostracismo defensivo
la avalancha de excusas no pronunciadas
colmando las paredes de una cabeza espandiéndose
tras el pequeño bang.

Vertedero dando de mamar sangre de la herida abierta
labios plegados balbuceando entresijos
partes todas excretables que me nacen muertas
gritando por todos los hijos no natos que he deshechado


Enfermar de luna, en la lluvia.
Agrandarse mi vientre
enlazado a las olas
la danza oscura de las que nos llaman brujas
el romperse sin dejar la piel que hemos cambiado.

La mutación oscilante que vertebra la continuidad
aletargados pisando la viscosidad que precede a la extinción.

Lobotomía social sembrando playas de plata
que nos hagan arrojarnos a perder la cabeza.

Una plaga inerte que nos asolará,
intermitentemente, en el juego de los contrarios
la partida binaria del tú, contra yo.

Fármacos, esbirros perennes
laureando en vena
la espiral giratoria que coloca la aguja
siempre en el mismo lugar.

La tempestad cautiva,
aguijón de cristal,
frágil y letal
vulnerabilidad estigmatizada
del león enjaulado.

El hilo que escribe la eternidad
nos lanza acertijos experienciales
clamando priorizar la vida
aullan las entrañas clamando
priorizar la existencia
conquistar.

Formas de trazar un mapa

He capturado un recuerdo olvidado que viene de mi pasado

un fragmento de silencios y pausas en los que detenerse

cuando, conoces la belleza de la espera y la incertidumbre

por primera vez

cuando no todo se compra o se obtiene fácilmente

aunque sea fácil, aunque sea placentero, aunque todo fluya.

He recuperado una porción de la ilusión que nace al degustar la magia

reaprender a sentir sin prisa, a sentir sin expectativas, a sentir sin comodidad consumista

elaborando una distancia segura donde poder desarrollar nuestro yo mismo

para descubrirnos, para que nos descubran.

He vuelto a tocar el tiempo con las manos

y notar esa caricia efímera que no te deja atraparlo

aunque aveces, lo retengas con fuerza

sabes que se acabará escapando.

 

La cascada no tiene que llegar hoy

podemos remar en todas las demás direcciones

hay tantas formas de trazar un mapa

y nadie nos obliga a llegar a ningun sitio

improvisemos una ruta aleatoria

adentrémonos a la senda sin brújula

la fantasía de desvirtualizarnos en todos los sentidos

y dejemos la ficción para cuando se cierna el bosque entre nosotros

en la frenética jungla que nos devora.

 

 

 

 

 

Realidad de mentira

Desde donde desentonan mis recuerdos

aveces caen pedacitos

de ese yo, de ese tú, de ese nosotros

que parecen patalear en esta pantalla

que ahora lo domina todo

donde todo (el mundo) se ha vuelto virtual

donde la vida se ha convertido en un desfile de fotografías

chistes, videos, selfies y gatitos, sobretodo gatitos

y los recuerdos, desentonando

efemérides sorpresa

tiñendo esta realidad de mentira

en algo, que algún día

parece que sí fue verdad.

 

Abriendo madrugadas

Abriendo madrugadas con las uñas teñidas de negro
esta noche tal vez no me acueste tan tarde
es una aventura vivir sin brújula
me sigue sorprendiendo
mi absoluta falta de orientación.

Cada vez estoy más segura
de que mi cabeza no sabe sentarse
nunca he sido de amaestrar a las fieras

A través del agua

Atravesando las paredes
con cada una de mis manos
se acaban los moldes
las esquinas
los límites.
Comienzo a tirar de la espiral
tú, yo, él, ella
y se enreda el sentido
de las palabras
que no pronuncio.
Paramos.
Realizo una trenza
todos en su sitio
volvemos a los moldes.

Deslizo mis manos
se sumergen
me dejo mojar
poco a poco
hasta zambullirme
entera.

Ahora
dejándome mecer por la corriente
nutrida por las aguas
todo vuelve a cobrar sentido.
Me siento llena de vida
en esta danza mística
mi piel muda
más allá de la desnudez
una nueva yo
dibuja una sonrisa en cada palabra.

Y eso que aún
la arena
cubre mis pies.