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Estoy gorda

Estoy gorda

Esto de estoy gorda viene a que ayer leí un chiste que me hizo mucha gracia. Me hizo gracia porque precisamente hay verdades que son graciosas de lo irónicas que son. El chiste decía:


– Estoy tan gorda
– Pero si eres preciosa
– He dicho gorda, no fea

La palabra gorda parece tabú. Y más, decir estoy gorda. Parece tabú por su connotación psicológica, por sus implicaciones traumáticas, por el rechazo que produce. Y por su asociación con la pérdida de atractivo.

Eufemismos

“Gordas están las demás” te dicen, “Gorda es otra cosa”, gorda no estás:

– Tú, tú no estás gorda…tú lo que estás… es rellenita

Y así es como comenzamos a usar eufemismos para no ofender, para disfrazar la realidad de otra cosa. Corpulenta, grandota, fuerte, voluminosa, vigorosa etc. Pero todos entendemos la palabra gordo/a y lo que queremos decir con ella. Todos la usamos en un momento u otro. Incluso identificamos a ciertas personas con ese calificativo. Pero no. La palabra gorda no se puede usar, a no ser que hables de la polla, claro.

Invisibilizando el término y no la realidad

Sin embargo lo que está mal visto es decir estoy gorda. Porque el problema se quiere evitar mintiéndonos. Aveces mintiéndonos a nosotros mismos y aveces mintiendo a los demás. No asumimos la realidad de que estar gorda supone una desventaja social. Estar gorda supone formar parte de una de esas cajas sociales extereotipadas. Clasificaciones con una etiqueta en la cabeza. Dichas etiquetas son, a menudo, símbolo o estandarte de exclusión o discriminación. Esas etiquetas llevan tantos matices adheridos, significados adyacentes y mierdas encima, que convierten el calificativo gordo en algo despreciable. Precisamente por eso se intenta ocultar.

El problema no es estar gorda. El problema no es tener más volumen en un determinado momento. El problema no es engordar.  El problema es que se pueda colar en la identidad y manifestar todo ese ideario social. Pasar de estar gorda a ser una gorda.

estoy gorda

Tan sólo han pasado cuatro años de esta foto de arriba. Pero parecen más. Sólo nos separan 20 kilos de peso. Pero aveces, envejece más la gordura que la edad. A pesar de no ser una obsesión, ni una prioridad, ni un trauma sí es una realidad, al menos en esta sociedad en la que hemos estipulado un ideal de belleza muy estricto y una riqueza léxica a todo lo que se aleja de ella.

Alguien puede venir a decirme

– Estás igual de guapa.

– Pero no de delgada.

Y tampoco es verdad del todo. Porque el más que variable estandar de belleza muchas veces va unido al estereotipo y éste a lo que se considera “tener buen cuerpo”. Siempre están los gustos, y si algo me ha enseñado la experiencia, es que el gusto para mirar no se suele corresponder con el de tocar. Pero eso es otra historia.

No quiero dejar de remarcar que, así como el verbo ser es casi innevitable o es parte de nuestra identidad, el estar es circunstancial. Quizás, esa sensación de control de poder modificar la realidad lo haga un término especialmente cruel.

Modelos plus size

Cada vez que veo modelos plus size o campañas que éstas protagonizan, veo literales en los que se hace referencia a las diferentes bellezas, reivindicación de cuerpos diversos. Parece que necesitan decirlo para poder justificar por qué aparece una modelo que de otra forma llamarían gorda. Y es que parece que la visibilidad de la palabra gorda fuera una suerte de apología de la obesidad o de la insalubridad. Olvidando que hay multitud de ejemplos sociales en los que una persona se va a sentir gorda aunque no se lo diga nadie con palabras. Por poner algún ejemplo, podríamos hablar de los transportes públicos donde te puedes ver ocupando el espacio del asiento del viajero contiguo porque los asientos son muy estrechos o teniendo que acudir a tiendas especiales “de tallas grandes” porque  en las tiendas “normales” no hay nada de tu talla.

Hoy viendo esta foto, me he acordado lo difícil que se está poniendo poder hablar con naturalidad en el lenguaje que compartimos. Porque está tan cargado de significado e ideología. Más que poder hablar, parece que hay que hacer una declaración de intenciones, un posicionamiento ideológico y una buena defensa de los expuesto. Parece que ha perdido importancia la intención y ha ganado la interpretación, la subjetiva y multiforme interpretación.

Pertenenciente a Bitácora