LAURA MEQUINENZA

La mujer del extraño rostro

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Laura Mequinenza
Laura Mequinenza

Artista multidisciplinar

La mujer del extraño rostro

Algunos me preguntan a qué se debe mi rostro, si forma parte de mí, o solo es una máscara. Si vivo como cualquier mortal, o la ciencia ha inundado parte de mis carnes: un metal, una válvula, una tuerca, un engranaje mecánico o incluso cibernético, que me permita sentir menos alguna falla. alguna ausencia, quién sabe, hasta seguir vivo.

A veces me siento un mono de feria en un continuo carnaval, ante esos seres que creen que debo explicarles quién soy o por qué soy así. Y reconozco que la curiosidad es un mal endémico que  comparto con ellos. A menudo me fusiono en largas peroratas explicando mis historias y curioseo las ajenas. Pero es aquí, en la ajena curiosidad de satisfacer los enigmas de lo que esconde o no mis rostro donde he encontrado la paradoja, donde mi ánimo se ha truncado y visto las dobleces de la curiosidad, de que quien mucho quiere saber,y nada quiere contar. O la obsesiva obligación de que el extraño debe y tiene que contestar, por educación, pero por la misma educación no debe jamás preguntar al que ellos presuponen no extraño, sin quizás analizar, que todo al que soy extraño, puede parecerme a su vez extraño o inquietarme a mí y también querer saciar alguna curiosidad.

Y sin más preámbulo, os contaré, que allá de donde vengo, lo que quieres, has de ofrecer. Y lo que no entiendas, mejor preguntar. Así que os contaré de donde vengo, y aquello que tanto os causa curiosidad.

Soy un ser venido de otro tiempo, de un lugar semejante a éste, con las mismas normas terrenales, donde el suelo atrae las cosas hacia sí, pero los hombres y las aves desafían tal naturaleza. Donde hay mares, y  lagos, pantanos y  ríos, mundos paralelos, al que con alguna peripecia, nos atrevemos a explorar. Donde también hay seres que pertenecen a los dos mundos, y quizás sean los vasos comunicantes que los mantienen unidos.

Pero mi tiempo es otro, no atrás del vuestro, ni delante, sino paralelo. Una senda alternativa que no se podría ubicar en vuestra cronología. Quizás, yo también sea un vaso comunicante entre los dos tiempos, y haya conseguido ser como esos seres, que transitan de uno a otro.

Todo es distinto, estéticamente distinto, formalmente distinto, lógicamente distinto, pero al hablar con las gentes. Las distancias desaparecen. Mi cara que tanto inquieta, empieza a serles conocida, mis ropas, simplemente extravagancia, mis costumbres, con el uso, se van fusionando, el lenguaje mezclando. Ambos tenemos esa inquietud enfermiza por descubrir cosas más allá de una ética inquebrantable, con tal de ir a los lugares más desconocidos, desafiar las leyes físicas o desentramar los misterios de la mente y el cuerpo.

Quién pudiera fusionar el cuerpo y la máquina, computabilizar las operaciones mentales, registrar los recuerdos, proyectar los sueños, mejorar la carne caduca por una estructura perenne, con piezas intercambiables, alcanzar la inmortalidad, no envejecer. Mi rostro, ese que tanta curiosidad os produce, fue tan solo un pequeño sacrificio en tal empeño, ese rostro que ya no tengo,es una cicatriz más por la lucha por mi sueño.

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