Tranquilidad

Cada vez me voy acostumbrando más a estos bailes en los que nos movemos, me siento como cuando aveces he bailado salsa con los ojos cerrados con alguien que baila muy bien. Cuanto más me dejo llevar mejor muevo los pies y cuando trato de pensar para seguir el ritmo, lo pierdo por completo, y los nervios me hacen cada vez bailar peor, chocarme, pegar pisotones. Y tengo que parar, respirar ondo y relajarme. Y volver a dejarme llevar, despacio y poco a poco fusionarme con la música, con el ritmo y disfrutar. Así me siento. Creo que he conseguido, tras varios traspiés, empezar a coger el ritmo, acostumbrarme a la música y dejarme llevar.

Cada vez se me hace más fácil sentirte, estoy empezando acostumbrarme a esa manera tuya de darte a sorbitos. De retenerte para entregarte luego entero. Como esa frase que me sueles decir, lo de que eres complaciente. Complaciente, ¿Quién diría que alguien que se define complaciente pudiera ser tan difícil? Y a la vez tan fácil. Esta semana nos vemos de nuevo. Te tengo ganas, al menos esta vez no te temo como la vez anterior, en la que la incertidumbre me hacía esperarte inquieta. En esa casa de la mujer loca, la del bisel de tul que nos cargamos el último día. Miraba el bisel y te imaginaba frío y esquivo. Qué difícil es la distancia aveces.

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Tranquilidad

Quizás
un estado de sosiego y tranquilidad
es lo más deseable
saber con exactitud
cómo será el final de la jornada
sin sobresaltos,
sin conflictos,
un silencio mudo que sólo tú puedas alterar

Una estancia completa,
con las cosas exactamente en el lugar que elegiste dejarlas
La cinematográfica escena de un rayo de luz
atravesando la ventana
revelando cuantos días hace que no se retira el polvo
La maravillosa lista culinaria
donde no hay horas o comidas prohibidas.

Y dormir,
en el lado exacto de la cama,
con la absoluta certeza de que la manta, será nuestra.

Nuestras aficciones intocables,
abastecidas con toda dedicación,
volcarnos a la marejada de nuestra inspiración sin reservas,
atravesar el umbral de la cantidad de tiempo decentemente aceptado
parar transgredirlo sin pudor

Tambien cultivar nuestra agenda de amistades a fuego lento
un abanico de rutinas destinadas a fortalecer y satisfacer los gustos e inquietudes particulares
sin consenso, sin acuerdo, sin límites
o aprender el noble arte de estar solo en los placeres de la vida.

Disfrutar de la tranquilidad…siendo uno mismo sin reservas

Sin embargo,
el estado inherente al que me empuja mi querencia
es volverme a enamorar
pero no a enamorarme apaciblemente, no

sino a caer en la locura

despersonalizarte hasta la obsesión

las mariposas tejiendo vacíos en el estómago

que no me dejen recuperar el aliento

la abrasadora inercia de caer al vacío

sin red, sin freno, sin control

abandonar la lógica, la razón

la droga venenosa que nos haga morir de amor,

en un deleite suicida y masoca

de buscarla en nuestra agonía

darme de bruces contra el muro

abrasarme

inmolarme

el dulce infierno

sabiendo
que inevitablemente
alterará
toda tranquilidad.

 

 

 

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