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La tara

Al buscador de taras

 

– ¿Sabes? En realidad es fantástica. Desde que la conozco he quedado todos los días con ella. Me encanta.
Es dulce, y taaaaan cariñosa. Tiene un cuerpo pequeño, frágil, pero bonito, suave y con las tetitas chititas. Uf, me encanta.
Y una sonrisa, así como de niña, pero con la mirada alegre, vivaracha. Entre alocada, risueña, con una gracia. Me encanta.
Y estuve tan agusto, hacia tiempo que no estaba así con nadie, como si nos conociéramos de toda la vida, esa química, ya sabes. Me encanta.

– ¿Y entonces?

– Estoy pensando, que voy a distanciarme de ella, a ver si consigo encontrarle la tara.

Hace tiempo, unos años, que escribí este pequeño texto. Inpirado en la conversación con un amigo, casi literal, diría yo. Pero está dedicado a tanta gente con miedo a enamorarse que, lamentablemente, es mucha.

Bulling docente

No sé cuando empecé a ver que el pelo se me ponía blanco,
blanco,
la canas multiplicándose
y yo ingénua
seguía pensando que si llenaba bien el formulario
que si hablaba con la persona adecuada
que si seguía el protocolo
si me conseguía hacerme entender
y conseguía demostrarlo todo.

Todo acabaría bien
todo acabaría bien, me repetía
pero quién coño nos enseña esa sandez
de que todo acaba bien
de que saldremos airosos
del acoso, del abuso de poder,
del maltrato de un profesor a su alumno.

Y mientras mi cabellera iba mutando de color,
mis fuerzas iban cayendo
Comprobar indefensa que mi lucha a contrarreloj con la verdad
sólo sumaba a mi causa más enemigos.
Ahora los demás docentes, sintiéndose aludidos
ahora los demás compañeros, temerosos a las represalias
ahora un director escéptico que no quiere problemas.

Quién me iba a decir a mí que
a los 30 años
uno puede sufrir más bulling
que a los 15.
pero a los 15, uno aún está aprendiendo a decir
esta boca es mía.

Y no sé qué duele más
si la injusticia
secundada por todos con ese maldito silencio cómplice
que les hace mirar a todos hacia otro lado, felices mientras no les salpique
o la impotencia
de que jueguen con tu futuro.
Que uno no se pone a estudiar a los 30
porque su madre le obligue
o para pasar el rato.

Yo que no tenía miedo
yo que tenía boca
yo que no me callaba
me vi convertida en David
pensando que mi voz era una honda
y cuanto más lanzamientos hacía,
más veía crecer el barro sobre mis zapatos.

E impotente comprobar la impunidad
con la que un mal llamado profesor
podía atemorizar en el aula.
No sólo era machismo, no sólo era prepotencia,
no sólo era desprecio, no sólo acoso
era pura maldad.
Observar cómo jugaba a ser dios
a resarcirse de un posible pasado marginado
y elaborar un plan mezquino
para tener a todos sumisamente bebiendo de su mano.

Lo fácil hubiera sido huir, no huí
a cambio,
años de vida perdidos
mi corazón demasiado acelerado y
mi cabello más blanco.
Un título sí, pero los gigantes airosos
siguen cobrándose sus vidas.
La mía ya no.
No todos los jóvenes son tan cabezones
no todos desprecian el camino fácil.

Yo no huí,
pero siento una derrota
al no haber conseguido hacerme escuchar
ahora estudiar me despierta ansiedad
no puedo evitar sentir malestar al evocar
los días en que nada pude hacer contra aquel hombre
el claustro puede dormir tranquilo
hoy por ti, mañana por mí.

Nadie nos protege de los que sustentan el poder,
ni de los profesores, ni de los empresarios, ni de los políticos.

Pero perder
perder no es sólo que el pelo se ponga blanco.

Perteneciente a Desfragmentando

Diciembre del 2014 – Los 3 fantasmas de Dickens

El último fin de semana del año me han venido a visitar mis tres fantasmas, no los de las navidades, sino los de la poesía en mi vida, aunque no deja de tener gracia que hayan aparecido por estas fiestas, dotándoles aún más de ese aire de cuento de Dickens, lo que me ha hecho escribir un texto que seguramente incluya algún día en un poemario aunque nadie lo entienda.

El primero, vino de madrugada, a la hora bruja, con unas cervezas entre las manos. Me habló de la suerte de ser una persona desarraigada, la libertad y fortaleza que me viene heredada de mi experiencia. De lo innecesario de los amigos con mayúsculas. Hay quién dice que de media cada persona recorre/conoce 12 ciudades en su vida, los hay quién no paramos de dejar ese número atrás. Hablamos de mi pasado, de cómo Madrid me ha marcado y recordamos juntos muchas historias de ese pasado que forma parte de mi fuerte vínculo a la poesía. Antes de que me apadrinaran y empezara a recitar, yo sólo escribía para mí. Hace tiempo que ya no sé si escribo para mí o para una voz que igual algun día me escucha. Me preguntó por las metáforas, por qué la gente ya no usa metáforas. Y me acordé de cuando yo escribía con metáforas que nadie entendía, en qué momento las metáforas dejaron de abundar en mis escritos. Recientemente me desperté con una imagen en la cabeza y posé algunas letras sobre lo que me hizo sentir. Y varias ideas que pululan por mi mente, que tras echar una vista al pasado, parece que empiezan a asentarse y tomar forma. Me dijo que debo creer más en lo que hago, aprender de lo que hago, tomarme en serio lo que hago… ¿Por qué no pruebas a memorizar tus textos y mirar a la gente y apagar fuegos incendiarios? Mientras me titubeaba la voz, me di cuenta que mis mismos miedos y errores en la fotografía, se materializan en cualquier campo de mi vida. Lo correcto, lo que esperan, lo que siento y lo que quiero hacer. Las tres dimensiones que pelean en mi cabeza, hasta que no rompa con mis miedos, seguiré atada con un pie en cada pata y nunca conseguiré avanzar en ninguna dirección.  Además, admitámoslo, las normas no comulgan mucho conmigo, basta saber que es una regla formal y me sentiré fuertemente tentada a no intentar cumplirla. No obstante mi Pepito Grillo cada vez tiene una voz más adulta, y me cuesta no escucharle. No me preocupa tener dilemas, pero a menudo me veo volviendo a la casilla de salida, y empiezo a sospechar que es un mal hábito que he cogido en algún momento. Llevo dos años para hacer un poemario en una editorial que probablemente cierre antes de que decida a mandarles nunca nada. Mi primer fantasma sonreía cómplice, le divertían mis 32 años de cabriolas desordenadas, para él el éxito no era el papel, tanto daba el medio, lo importante es llegar al público, ya sea virtualmente, por escrito, recitando en un bar o escribiéndolo por las calles. Como a un cachorro, me miró con ternura y se despidió alzándome varios metros sobre el suelo. Desde arriba me pesaban muchas estupideces que no sabía que pesaban tanto hasta que no me vi cargando con ellas.

fantasma de la cerveza

El segundo fantasma asomó la cabeza de madrugada, pero no habló conmigo hasta que me vio despertarme por la mañana. Me ofreció un desayuno de esos que tanto me gustan con pan tomaca y mientras me desperezaba me habló  firmemente. Mientras, un árbol salió para saludarme desde un libro. Me reafirmó la importancia de las palabras, de los viejos autores, de saber, de leer. Ahora todo el mundo escribe sin metáforas. Las metáforas otra vez. Un poeta debe dejar reposar su escrito, revisarlo pasados unos días. Utilizar también un lenguaje que no lo dé todo dado, que lo insinúe, pero que el lector pueda llegar a él. La forma y el contenido, mi nuevo fantasma era riguroso y huía del “todo vale”. El talento hay que estudiarlo y trabajarlo. No sólo hay que ser bueno, hay que intentar serlo más. Un texto bueno trabajado, diferenciará al aficionado a escribir del que podrías llamar poeta. Me observaba serio, con el ceño fruncido. Sentía que tenía que demostrarle algo. Me miró a los ojos, y me preguntó si había publicado algo, pensé en mi poemario inacabado. Para mi segundo fantasma, el éxito está en lo selecto, no en lo que gusta a la mayoría. Sé bueno, no hace falta publicarlo en un libro o en internet. Haz algo que merezca la pena y que tenga sentido que lo muestres al mundo. A medida que hablábamos me sentí pequeña, muy pequeña, y vi el mundo enorme y hostil. Como un pequeño insecto me alejé mientras él me animaba a seguir creciendo y luchando. Desde mi condición minuenda me pesaban mis palabras, mis ideas, mis creencias.

Apenas llegué a mi casa y terminé de comer, a la hora que me llamaba la siesta, apareció el último de mis fantasmas. Que decidió aunar mi futuro y mi pasado en un decorado retro que se me antojaba el escenario ideal para mis recitales o mis sesiones. Mientras tomábamos un té, tras analizar sintomáticamente las desventuras de la dependencia, recorrimos los pasos que vendrán tras de mí. La línea que atravesaremos esta noche para empezar la cuenta atrás de lo que llaman el porvenir. Le hablé de mis planes de escapar a un Barcelona idílico donde aspiro a desarrollar un vuelo raso que me haga saltar una y otra vez en las nubes. Pienso mucho en eso y me hace sentir bien pensar en una nueva etapa, cuando Barcelona me acoja, cuando la descubra, cuando me pierda en sus calles y me sienta llena de vida.  Me miraba cómplice pero desconfiaba de mi y me invitó a acostarme cada noche con un poeta muerto nuevo. Él también me habló de las metáforas, del uso del lenguaje, hablamos de ciervos azules que copulan. Definitivamente las metaforas tenían que volver a mi vida. El carpediem se sentó con nosotros y mi tercer fantasma lo miraba a partes iguales con admiración y con recelo. Dialogábamos sobre la prioridad de satisfacer necesidades prevaleciendo sobre la ambición, vivir la vida mientras pueda, disfrutar de la poesía. Disfrutar, al fin al cabo se trata de eso, de vivir las cosas de la forma que te hagan disfrutarlo. Probablemente grandes genios disfrutaban componiendo poemas con la misma locura con la que hago yo mis fotografías. Justo, la semana anterior, había estado trasteando con mis poemas y eso me acercó más a ellos, y menos al momento que los escribí.

(Uno de mis problemas con los poemas es que siempre había tenido una superstición en la que no debía alterarlos, los sentía adulterados. A raíz de hacer poemas inventados, al estilo el árbol, esa superstición se me fue disipando, sin embargo me costaba mucho alterar los textos.  En el último año cada vez he profanado más textos míos, y cada vez me gusta más hacerlo. Pero cierto remordimiento me evita hacerlo tanto o tan intensamente como debería. Algunos de mis textos andan inacabados esperados que un golpe de cordura venga a rearmarlos y finalmente darles el toque de gracia que les haga salir a la luz)

Mi tercer fantasma, con esa mezcla entre erudito y friki costroso, me hizo comprender que,  mi personaje lo voy creando yo, y que simplemente debo asumirlo.

No tengo que llegar a ser ningún consenso con nadie para explicarle por qué debo hacer o no hacer las cosas. No tengo que convencer a nadie que mis textos tienen o no la calidad que sea pertinente. Mis textos son parte de mí, y deben ser una prolongación de mi, como mis fotos, como mis ideas.Y alterarlos y reconstruirlos tantas veces como crea conveniente, como hago conmigo.

Últimamente me siento inspirada, constantemente me vienen frases a la cabeza, aunque la mayor parte del tiempo no puedo pararme a escribirlas. Me gusta esta sensación, espero que me dure. Mi tercer fantasma salió corriendo en la noche mientras se despedía de mí con un abrazo, volveremos a vernos, o no, pero mientras volaba sobre el asfalto sentía, que una vez más, estaba renaciendo y que empezaba un capítulo nuevo.