KAMIKAZEMENTE

– Nunca me he enamorado.- Y la volvió a besar.

Ella pensó que le estaba desafiando y terminó estrellándose contra él, como tantas lo habían hecho antes, kamikazemente.

– Lo siento. Nunca me he enamorado. No puedo corresponderte – Y mientras se despedía de ella, intentaba comprender qué era lo que las hacía estrellar contra él, inevitablemente.

 

Irrepetible: Videoclip de Alfon – Colaboración – 2013

Microrrelato inspirado en una canción para el proyecto microondas

Polillas

Tengo una yaga en la mano,

una herida que traspasa

de lado a lado, pero no duele.

La piel de mi mano

se ha vuelto fluorescente

y brilla en la oscuridad.

Aveces, se posan polillas

y me lamen los contornos,

se meten dentro

y succionan con fuerza.

Entonces empiezo a sentir un dolor,

un dolor neutro,

que se atrinchera en el estómago

y que me devuelve esa tos asmática y nerviosa

que me hace estornudar todo el polvo.

A menudo les cojo cariño,

aunque duelan

de esa forma escasa, insuficiente.

Pronto llegarán las lluvias

y desaparecerán todos mis parásitos,

con suerte,

habrán dejado huevos

que eclosionen otra primavera.

Hasta entonces,

miraré a través de mi mano,

mi otra mano completa.

Desnudez

-Me gustaría verte desnuda

Y la ropa cayó al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

No. No me refiero a que te quites la ropa y verte la piel.

Quiero verte desnuda,

desnuda de verdad.

Quiero ver lo que te inunda por dentro,

quiero saber qué mueve tus gestos,

quiero perderme en tus historias,

quiero fundirme en las costuras que disimulas con pliegues…

Quiero…

Y la piel se empezó a abrir

a caer del cuerpo por capas

y cada capa era un río de abundancia y sangre

el ansia de conocer más

hacía inevitable devorar cada una de ellas

y cada vez quería más y más.

-No temas. Quiero conocerte realmente.

Es fácil ver a una mujer desnuda,

lo difícil es que se desnude realmente,

que te deje ver lo que tiene dentro.

Y así se volvía a cuartear el tejido

y manaba un torrente infecto,

una cascada de agua estancada

o miles y miles de canicas encapsuladas

que se rompían al tocar el suelo.

-Yo quiero cuidarte. Déjame cuidarte,

déjame mimarte, quiero conocerte toda tú,

destrozar tus demonios,

descubrirte nuevas formas de hacerte sonreír,

no temas, no voy a huir, me interesa todo,

todo lo que venga de ti,

saberte tanto me acerca más a ti.

Me hace quererte más.

Déjame entrar… déjame entrar.

Y en las grietas empezaron a salir los vientos, los ciclones y torbellinos

que tan pronto volaban a los labios

como creaban tormentas.

La carne se tornaba fría y húmeda al tocarla

por muy roja que manara la sangre.

Los ecos que resonaban dentro

tenían voces graves y tenebrosas.

-¿Aún quieres entrar?

En las manos empezaron a caer pedazos mientras abría con cuidado,

quería ver, quería observar, pero no veía nada.

Así que cada vez iba adentrándose más y más,

pero sólo encontró una nada inmensa, un agujero profundo

que no se acababa.

Ya no quería conocer más.

Echaba de menos,

cuando sólo se quitaba la ropa.

Desnudez : Video de Micro abierto Arte no Apto 2016 – Dénia

Alejarse de la tristeza…

Qué fácil si la tristeza fuera un lugar.

 

El libro que no supe odiar

Y ¿Cómo fue tatuarse el código de conducta que nos alejó con sus estándares?

Abrí mil veces un libro para leerlo de principio a fin, sabiendo que en algún momento el libro dejaría de ser tan frecuentado por mis manos. Las páginas, un día sin más, dejaron de rozar mis yemas pero en mi quedaban los recuerdos. ¿Cómo odiar el libro? ¿Por qué hacerlo? De nada serviría obligarme a transitar sus páginas sin interés. Y qué bueno reencontrarse y echar unos recuerdos juntos en el futuro.

El enigma de no saber descifrar el intermitente proceso de encontrarnos una y otra vez con libros que nos dieron la capacidad de enamorarnos y luego culparles por ello.

 

Personas invisibles

No se ven

son invisibles

podría ser un hombre o una mujer

una máquina, una pegatina o un holograma

apenas habría diferencia.

No tienen corazón, no tienen sentimientos

se les puede insultar y mirar mal

solo están para servirnos.

 

Solo están para servirnos

no hay que mirarles a los ojos

no hay que preguntarles cómo están

no hay que tratarles como personas.

Una operación limpia más, insignificante ,

todos los días los seres invisibles conviven entre nosotros

¿por qué debería ser especial hoy?

 

Priorizar la vida

El infinito azul

en un epicentro transversal

el ombligo conectado con el interior

y el exterior.

Morirse una vez al mes

con las gotas cayendo hacia atrás

una sinalefa de dedos posándose en mi yo desnudo

la memoria de los que no nos quieren hoy.

Saltando genocidios en nuestras manos

para exterminar todo el mal

que la lluvia no ha dejado marchar.

 

El autoostracismo defensivo

la avalancha de escusas no pronunciadas

colmando las paredes de una cabeza espandiéndose

tras el pequeño bang.

Vertedero dando de mamar sangre de la herida abierta

labios plegados balbuceando entresijos

partes todas excretables que me nacen muertas

gritando por todos los hijos no natos que he deshechado

 

Enfermar de luna, en la lluvia.

Agrandarse mi vientre

enlazado a las olas

la danza oscura de las que nos llaman brujas

el romperse sin dejar la piel que hemos cambiado.

La mutación oscilante que vertebra la continuidad

aletargados pisando la viscosidad que precede a la extinción.

Lobotomía social sembrando playas de plata

que nos hagan arrojarnos a perder la cabeza.

Una plaga inerte que nos asolará

intermitentemente en el juego de los contrarios

la partida binaria del tú, contra yo.

 

Fármacos, esbirros perennes

laureando en vena

la espiral giratoria que coloca la aguja

siempre en el mismo lugar.

La tempestad cautiva,

aguijón de cristal,

frágil y letal

vulnerabilidad estigmatizada

del león enjaulado.

 

Sabremos muchas cosas

pero el hilo que escribe la eternidad

es aún inescrutable

nos lanza acertijos experienciales

que seguimos sin resolver.

Quizás aullan las entrañas

clamando priorizar la vida

quizás aullan clamando

priorizar la existencia

conquistar.

 

 

Amnesia selectiva

Recordar con la fuerza de los elefantes contruye muros de hormigón en los que guarecerse cuando la sirenas canten, cuando los sunamis bailen, cuando Tokio empiece a temblar.

Abremos oído miles de consejos de cómo aprender a dejar de ser inocentes, a que construyamos la casa perfecta que ningún lobo pueda derruir, a consta de nuestro limitado tiempo. El tiempo que algunos miden en longanizas, creyéndolo eterno, creyendo que las oportunidades estarán esperando pacientes a que terminemos la casa correcta, segura, ideal, donde ningún mal vendrá a estropear la  vida perfecta que los oráculos baticinaron como destino estándar.

Desajustar las manecillas para que no vayan al coro uniforme dirán es síntoma de enfermedad cardiaca de asincronía social. Transtorno inadaptativo crónico de difícil curación a evitar, forjando a fuego una instrucción ejemplar. Instrucción que algunos valoran en libros, creyéndolo libertad, creyendo que abriendo escuelas la nemotecnia los mantendrá a salvo, con el vaso lleno, donde nadie podrá iluminarnos más allá de lo que dictan los textos ya escritos.

La línea curva que junta la inexperiencia inocente con el saber de la vida, me invita a rechazar el fruto de la sabiduría y a desarrollar amnesia selectiva que me haga olvidar el riesgo, la seguridad, la certeza, lo correcto.

Porque ¿quién quiere estar escondido cuando lleguen los girasoles, el amarillo infinito que llene el horizonte?

Nunca

Decía que nunca se había enamorado

nunca

pero tras los cristales

el azul

y nunca, nunca era una razón

para dejar escapar un azul.

 

Septiembre se posa

como un lienzo en blanco

al que saltar