El ciber punk nos devoró. La tecnología ya es parte de nuestra memoria, de nuestra día a día, de nuestra realidad. Entre parábolas y gritos acusamos del capitalismo atroz que con sus falacias avanza, nos consume. Está acabando con toda especie, recurso o esperanza. Lady Distopía es un memorandum constante de quien es el enemigo y cuales son sus armas.

Yo tenía un clon
si un clon de esos
que son igual igual a ti
pues, ¿que va a ser sino un clon?

Y cuando yo levantaba la mano
mi clon levantaba la mano
y cuando yo abría la boca
el clon abría la boca
pero sucedía
que cuando yo hablaba
el clon no decía nada
que cuando yo sentía
el clon no lo hacía.

Yo tenía un clon
boca vacía, sin corazón.

Y nunca enfadado
y nunca triste
y nunca débil
y nunca enamorado.

Yo seguía levantando la mano
y como un títere
rápido, mi clon, la mano alzando
y yo seguía abriendo la boca
y los labios de mi clon, mis gesto imitando.

Era tan fácil ser clon
y tan difícil ser yo.
Y me miraba en el espejo
buscando trazas de clon
¿Era yo? ¿Era el clon?

Y en mi cabeza
el clon, el clon, el clon.
Y los martes
el clon, el clon , el clon
y de noche
el clon, el clon, el clon,
y en mi cama
el clon, el clon, el clon

Zas
las tijeras cortaron mi pelo
cayó al suelo, y el resto se volvió rojo.
Me marché lejos
por el camino nació una nueva yo.

Sentía el acecho del clon
en cada esquina, en cada banco, en cada acera

Huí, huí, huí
pero retumbaba en mi cabeza
el clon, el clon, el clon
y yo
lejos, ausente, no existía.

Pero no podía evitar
espiar
espiar a mi clon.

Y ahora todos solo conocían al clon
el clon que no hablaba
el clon que no sentía
pero que a todos tanto agradaba.

Ahora mi clon era más yo,
más yo que yo,
y yo,
menos yo,
menos yo que el clon.

El clon, el clon, el clon,
Y tanto pensaba en el clon que no atendía
no me daba cuenta
que mi ahora nueva yo,
otra yo más,
otra yo
que no sentía igual que yo,
que no veía igual que yo,
que no quería igual que yo,
me salpicaba por todas partes.

Mientras yo era la sombra muda
exiliada, prisionera
y no podía evitar, controlar,
que moviera mi mano,
que moviera mi boca,
y vaya que si hablaba,
hablaba, hablaba tan fuerte
y tan lejos
que ya no tenía sentido seguir huyendo.

Y en el reflejo, de nuevo
buscaba trazas de clon
¿Era yo? ¿Era el clon?
¿Era yo? ¿Era mi nueva yo?

Y en mi cabeza
el clon, el clon, el clon.
Y los jueves
mi nueva yo, mi nueva yo, mi nueva yo
y de noche
el clon, el clon, el clon,
y en mi cama
mi nueva yo, mi nueva yo, mi nueva yo

Entonces
se abrió la puerta
y ya no había un clon,
había dos,
mi clon era mi clon,
y el nuevo clon,
era el clon de mi nueva yo.

Por primera vez, en mucho tiempo
levanté la mano, abrí la boca
y el clon de la nueva yo
empezó a levantar la mano,
empezó a abrir la boca.

Sin haber vertido aún
el secreto definitivo,
vamos acumulando
el lado equivocado de la balanza.

Marcamos la distancia
que aún nos queda por recorrer
con el soliloquio de aquel
que aún no ha decidido.

Avanzando,
entre despedidas de papel y cartón,
embalando sueños,
aplazando para un quizás,
para un mañana, para otra vida.

Vistiendo besos marchitos
escribimos la historia del vencedor,
el incansable domado,
que ganó una vida.

Me han avisado que aún no es tarde
para convertirse en uno mismo,
pero creo que perdí la referencia del pedido
y me llegó un yo erróneo.

Si fuera un poco más…y un poco más…
siempre a la sombra de nuestro yo crecido,
esperando que los yo menguados de los demás
sean tal vez más valientes y no se apeen como nosotros.

¿Me dedicas una vida mejor?
Lactantes, que no eligieron existir,
llevando el peso de otras riendas.

Serpentea la caricia
que llega entretiempos por la espalda
alabando las medallas que nos hacen llevar puestas.

En el plato,
dos trozos menos,
pero aún queda vino para largo.

Ahora,
nos miramos,
frente a frente
en la antesala del momento
que maneja el epicentro,
estiras tu mano
y se esfuma la conversación,
mientras acaricio el placer de engordar
la despensa del que no lo necesita,
acumulando
el lado equivocado
de la balanza.

Qué embrujo pensar
poder convertirse, por un momento,
en otros seres
con otras vidas
en otros mundos
en los que la realidad
se presenta tan diferente.

Imagina, quién sabe
ser, por ejemplo, un pez
un pez sobre azul
que no es azul
bajo este cielo
que, a veces, como hoy, llueve.

Me pregunto cómo se siente la lluvia
Allá abajo, cuando uno es un pez
cómo será sentir dolor
cómo serán los colores
cómo serán los sonidos.

Qué magia extraña
Debe ser respirar en el agua
o dormir
o simplemente desplazarse
con el vaivén, volando eternamente
en lo que nosotros llamamos
agua.

O asomar tímidamente
la cabeza a nuestro mundo y…
Qué locura creer
que podemos sentir
lo que sentirían ellos
que podemos, si quiera
entenderlos
cuando los seres de nuestra misma especie
siendo más parecidos
no conseguimos hacerlo.

Cuando

aún tenía 21

me independicé

compartía piso

mañanas en la uni

tardes trabajando.

Una mañana de jueves

no cogí el tren

no me llevó a clase.

Explotó.

Yo no.

Había huelga

yo aún dormía

y me despertaron

miles de mensajes

pero

lo que verdadermente me asustó

fue el mar de ambulancias

– aún vienen a mí

en cada sirena.

<No cojas el metro

no viajes en tren

amenaza bomba>

No hice caso.

Esa tarde

yo cogí esos transportes

Tenía que llegar al trabajo.

Y llegué pero

apenas nadie,

apenas.

¿Qué haces allí, loca?

¿Por qué has ido?

¿No has oído que…?

Aquel jueves de marzo

descubrí

que tenía más miedo

a perder mi trabajo que a morir.

El ala, el ala, el ala
recompensa adrenalina
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
recompensa adrenalina
si sigo moviendo el ala, habrá nuevas recompensas
el ala, adrenalina el ala, el ala, el ala, el ala,adrenalina, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el
ala, el ala, el ala, el ala, el ala, recompensa adrenalina
el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala, el ala,
el ala…

y así la paloma se volvió loca
moviendo frenéticamente el ala en busca de su recompensa

La persona protagonista de nuestra historia , le pasó algo parecido

Botón, recompensa, adrenalina
botón, botón recompensa adrenalina,
botón, adrenalina
botón, botón, botón …
Skinner la hubiera colocado en una caja
si ella fuera una paloma
pero ella no era una paloma
era una persona
y su forma de mover el ala
era apretar un botón
su recompensa
también aleatoria
un ardid para el juego perdedor.
Cuando no puedes controlar
el ala, el ala, el botón, el botón,
el una y otra, y otra, y otra, y otra
y otra, y otra, y otra, y otra vez
repetir compulsivamente la misma rutina
es cuestión de tiempo convertirte
en una de esas palomas locas.

Los locos que aprietan botones
no nacieron solos
ellos, también, son fruto de un experimento
uno rentable.

La búsqueda patológica de la recompensa
no debería ser el negocio de ninguna empresa.
La enfermedad crónica, tampoco.
Despertar al monstruo latente
estimulando la reiteración de la conducta
de apretar el botón, apretar el botón, apretar el botón,
el botón, el botón, el botón, el botón, el botón, el botón…

No culpes a la ludopatía
si te has dedicado a meterlos
uno a uno en cajas
y entrenado desde pequeño
hasta convertilos
en palomas locas
no digas adicción
si has llenado de experimentos nuestros barrios
si has ensuciado la mente adolescente
sois asesinos en serie, asesinos
y vuestras víctimas no tienen nombre
caen en nuestro bando, en nuestras calles, en nuestras manos.


Las muertes sin nombre
son ahogadas vidas que se lleva el dinero
y llevan la mancha de vuestras casas.

-Me gustaría verte desnuda

Y la ropa cayó al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

No. No me refiero a que te quites la ropa y verte la piel.

Quiero verte desnuda,

desnuda de verdad.

Quiero ver lo que te inunda por dentro,

quiero saber qué mueve tus gestos,

quiero perderme en tus historias,

quiero fundirme en las costuras que disimulas con pliegues…

Quiero…

Y la piel se empezó a abrir

a caer del cuerpo por capas

y cada capa era un río de abundancia y sangre

el ansia de conocer más

hacía inevitable devorar cada una de ellas

y cada vez quería más y más.

-No temas. Quiero conocerte realmente.

Es fácil ver a una mujer desnuda,

lo difícil es que se desnude realmente,

que te deje ver lo que tiene dentro.

Y así se volvía a cuartear el tejido

y manaba un torrente infecto,

una cascada de agua estancada

o miles y miles de canicas encapsuladas

que se rompían al tocar el suelo.

-Yo quiero cuidarte. Déjame cuidarte,

déjame mimarte, quiero conocerte toda tú,

destrozar tus demonios,

descubrirte nuevas formas de hacerte sonreír,

no temas, no voy a huir, me interesa todo,

todo lo que venga de ti,

saberte tanto me acerca más a ti.

Me hace quererte más.

Déjame entrar… déjame entrar.

Y en las grietas empezaron a salir los vientos, los ciclones y torbellinos

que tan pronto volaban a los labios

como creaban tormentas.

La carne se tornaba fría y húmeda al tocarla

por muy roja que manara la sangre.

Los ecos que resonaban dentro

tenían voces graves y tenebrosas.

-¿Aún quieres entrar?

En las manos empezaron a caer pedazos mientras abría con cuidado,

quería ver, quería observar, pero no veía nada.

Así que cada vez iba adentrándose más y más,

pero sólo encontró una nada inmensa, un agujero profundo

que no se acababa.

Ya no quería conocer más.

Echaba de menos,

cuando sólo se quitaba la ropa.

Los que establecemos las reglas del juego
hemos decidido
que para poder mutilar las ya precarias condiciones de lo que viene siendo la clase baja
vamos a sacrificar varias generaciones y condenarlas a que no tengan

NI una sola oportunidad de estabilidad
NI organismo regulador que se preocupe lo más mínimo en arreglarlo.

Crearemos una ilusión óptica en las que las condiciones actuales
harán creerse a la población en una aparente burguesía
y se llamarán así mismos clase media
diferenciándose de las generaciones que vamos a sacrificar.

Echaremos las culpas y responsabilidades sobre los condenados
forzándoles a estar constantemente en formación
o en trabajos no remunerados
a las espaldas de los que puedan apostar por ellos
y quizás así consigan eximir su maldición.
Al resto

NI estabilidad, NI oportunidades
NI perspectivas, NI opciones

Condenados,
la maldición de suplicar que sean bendecidos
con un trabajo miserable
que sea pan para hoy
y hambre para mañana

NI casa, NI familia
NI ocio, NI futuro

Sólo les quedará rogar para poder producir
y mientras no produzcan
inventaremos términos despectivos
para que interioricen la culpa,
para que el resto,
los que viven la ilusión óptica o los mantenidos por ésta
les responsabilicen de su maldición.

Nosotros, los que inventamos las reglas del juego,
al enfrentarlos,
habremos vuelto a hacer un trabajo perfecto.

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